SOFOCLES: EDIPO REY

Rafael Capurro
 


  
     

Este texto fue escrito durante mis estudios humanísticos (Juniorado) en el Colegio Loyola de los Jesuitas en Padre Hurtado (Chile) en diciembre de 1965. Ver aquí.
 

  

      
 

I. Introducción


Con este trabajo pretendo analizar un punto que me parece central en la acción de "Edipo Rey": ¿por qué se ciega Edipo?

Creo que es una pregunta que surge espontánea y que a primera vista parece insoluble. Con esta interpretación pretendo examinar el problema desde un ángulo; por lo mismo mi visión es parcial en cuanto que muchos otros puntos quedan tal vez algo oscuros.

Trataré de ir mostrando a través de textos cuál es la conducta interior de Edipo. Eso me llevará a un análisis de la inocencia o culpabilidad, quedando siempre en pie la pregunta inicial: ¿por qué la ceguera?

En el último punto trataré de dar una interpretación.


II. Edipo, ¿un 'complejo'?

Tomo la palabra 'complejo' en dos sentidos.

Por una parte la acepción común cuando decimos: "esta persona está acomplejada". Es decir hay algo en su subconsciente, que lo impulsa a actuar contra sus principios racionales. Esto sin llevarlo al campo de un desequilibrio [1] pero sí como algo que se manifiesta en su manera de actuar.

En segundo lugar 'complejo' es algo que precisamente "no está claro"! Es precisamente esa característica de toda acción humana: la falta de una nitidez absoluta.

Teniendo en cuenta esto, pasemos ahora a un examen del texto, en el que trataremos de ir descubriendo esos impulsos irracionales que impulsan a Edipo. Indudablemente hay una gradación en la manifestación de su carácter, por eso pasaré rápidamente por el prólogo indicando solamente algunos detalles.


1. En el prólogo nos encontramos con un Edipo preocupado e inquieto por la tardanza de Creón (v. 65-75). Sufre, llora y no duerme. Su diálogo con Creón es una serie de preguntas cortas, tajantes y que terminan en una decisión final rápida, de entrega total para solucionar el problema. Hay una reflexión inmediata sobre su persona y comienza a temer:

"quienquiera que sea el asesino, puede querer un día darme un golpe parecido" (v. 140)


En el episodio I tenemos un largo monólogo de introducción, que es una gran maldición contra el culpable; nos deja la impresión de que no hay proporción entre lo que dice y lo poco que sabe del asunto. Hay demasiada confianza en sí mismo; esto lo vemos cuando a continuación el coro lo hace caer más en la realidad y le sugiere que mande buscar a Tiresias. Edipo confiesa que ya lo hizo. El discurso es algo que él necesita para sentirse seguro, sino a qué viene su opinión de que:

"a quién no espantan obras, o amilanan las palabras" (v. 296)?

Viene Tiresias. Edipo ha estado inquieto por su tardanza (v. 289). La testarudez de un viejo adivino basta para levantar en pocos momentos la cólera de Edipo [2]:

"no digo una palabra más. Ahora si quieres rabia con la más furiosas de las rabias" (v. 344)

le dice Tiresias al mismo tiempo que lo acusa del crimen. Las preguntas de Edipo no son plenamente naturales:

"¿y quien te la ha enseñado (la verdad)?" (v. 357)

"a hablar, ¿qué? dilo otra vez para que lo oiga mejor" (v. 359)

El Corifeo comienza a temer que Edipo se esté dejando llevar por la cólera:

"nos parece que si sus palabras estuvieron dictadas por la cólera, también las tuyas Edipo" (v. 404)

Hay un primer esbozo, una primera imagen de un Edipo de carácter impulsivo y por momentos violento; pero al mismo tiempo todo está encubierto por una gran dignidad real, y por una voluntad férrea de descubrir la verdad. Pero hay demasiada precipitación en su pensamiento; hay algo que lo oprime de dentro.


El episodio II comienza con un diálogo significativo entre Creón y el Corifeo:

Corifeo: "quizá fue la ira la que arrojó tal insulto"

Creón: "Pero, ¿conservaba él la rectitud [3], el juicio de un hombre en sus cabales, cuando lanzaba esta acusación contra mí?" (v. 529)

El 'problema' de Edipo se nos va haciendo más sensible. Hay una falta paulatina de 'sentido común', de 'frónesis' [4]. Esta virtud capital en el espíritu griego, es el 'pecado' que minuto a minuto le imputan a Edipo.
Creón le dice:

"Si verdaderamente te imaginas que arrogancia sin razón es algo bueno, entonces no juzgas rectamente ("froneo")" (v. 550)

Y luego le pide razones de su actitud, de esa intranquilidad, mezclada de odio y temor:

"pero muéstrame primeramente la razón de tu odio" (v. 624)

"te veo fuera de tus sentidos ("fronunta")" (v. 626)

Después de la llegada de Yocasta, el diálogo entre Edipo y el coro es significativo:

"escucha, serénate, reflexiona, ¡oh rey!, yo te lo pido" (v. 650)

Y luego Creón le dice:

"Bien se ve que sigues rencorozo al ceder; insufrible eres cuando te domina la pasión. Caracteres así son los mayores verdugos de sí mismos" (v. 673-75)

Tal vez podríamos preguntarnos si en realidad no eran justos los temores de Edipo... el coro opina bien claro cuando Yocasta  le pregunta:

"Palabras vagas, sospechas inciertas; pero uno se ofende de un reproche injusto [...]" (v. 685)

Por supuesto que con esto no queremos probar que la sospecha acerca de sí mismo era totalmente imposible. Pero sí, que el ritmo y la precipitación son los que pierden a Edipo.

El mismo Edipo le dice a Yocasta:

"¡Ah! cómo al escucharte siento de pronto, mujer, que mi alma se turba, y mi razón ("frenón") se agita" (v. 726)

Las palabras de Yocasta son de alarma y angustia, al ver a Edipo:

"¿qué es lo que te angustia? [...]" (v. 739)

"¿qué dices, señor,? tiemblo al mirarte" (v. 746)

El relato de Edipo acerca de su pasado nos añade nuevos matices para entender su mundo interior: su preocupación por las palabras del borracho, y su ida a Delfos. Finalmente esa fuga desesperada y laa violenta defensa de los servidores de Layo.

Notemos que en este segundo episodio hay un avance en la actitud irreflexiva de Edipo. Recordemos además que estamos viendo una obra de teatro y que muchas de estas palabras no hacen más que manifestar actitudes y gestos (cfr. "al mirarte" v. 746). Debemos imaginarnos al coro y a Yocasta con verdadero temor ante la presencia de Edipo.


El episodio III comienza con un monólogo de Yocasta que nos da su impresión sobre Edipo:

"[...] por qué está el ánimo ("thymos") [5] de Edipo increíblemente sobreexcitado con toda clase de espantos, y no conjetura como hombre sensato ("ennous") el porvenir por lo pasado; a merced está de todo el que hable, con tal que diga cosas pavorosas.
Pues, ahora todos estamos desconcertados viendo así aterrado al rey que maneja el timón de la patria." (v. 911 ss)

En el diálogo entre Edipo, el mensajero de Corinto y Yocasta nos preguntamos nuevamene si las angustias de Edipo no reflejan en parte un deseo de manejar su vida... y si acaso su gran temor no sea "tener que vivir a la aventura" como le dice Yocasta. Pero aquí hay una excesiva preocupación por el porvenir; preocupación que en ningún momento se basa en hechos concretos, sino sólo en temores y suposiciones... Hay algo obsesivo:

"eso es lo que me obsesiona" (v. 1015)

La otra escena es de  una violencia extraordinaria. Edipo quiere sacarle al criado una confesión total y para esto está discpuesto hasta amenazarlo con la muerte...

"como me obligues a repetir la pregunta, date por muerto" (v. 1170)

La lectura de este diálogo es insustituíble...: preguntas desenfrenadas, cortantes, sin piedad.

En estos momentos toda la acción está centrada en Edipo. Su figura en la representación debe atraer totalmente todas las miradas. El último grito tenemos que imaginárnoslo en una gran carrera alocada hacia el palacio.


2.

"Cómo pereció ella, lo ignoro, porque en ese momento Edipo, lanzando alaridos, cae en medio de nosotros, impidiéndonos asistir a su fin: nosotros no podríamos verle sino a él. El recorre nuestro grupo; va y viene, suplicándonos que le demos una espada, preguntándonos dónde podrá encontrar "a la esposa que no es su esposa, pero que fue un campo materno a la vez para él y para sus hijos". Enfurecido como andaba, un dios sin duda dirige su furor, porque no éramos ciertamente ninguno de los que le rodeábamos.
De pronto, lanzó un grito terrrible, y, como si estuviera llevado por un guía, se echa contra los batientes de la puerta, arranca los clavos de sus hoyos, desencaja la tranca de hierro y se precipita finalmente en medio de la pieza.
La mujer está colgada! Ella está allí, delante nuestro, estrangulada por el nudo que se balancea en el techo [...] Ante este espectáculo el desgraciado lanza un gemido terrible. Suelta el lazo que cuelga, y el pobre cuerpo cae a tierra [...]
Es un espectáculo atroz de ver. Arrancando los broches de oro, que servían para adornar los vestidos, los levanta en el aire y se pone a clavárselos en las órbitas de sus propios ojos. "Así no verán más, decía ni el mal que soporté, ni el que causé; así las tinieblas los defenderán de ver desde ahora a los que no hubiera debido ver, y de conocer a aquellos que, a pesar de todo, hubiera querido conocer".
Y clamando con estas palabras, sin descanso, con los brazos en alto, se golpeaba los ojos, y las órbitas enrojecidas, iban enrojeciendo las mejillas, y a poco ya no eran gotas rojas las que corrían, sino una masa de sangre coagulada la que inundaba su cara! [...]
" (v. 1251-1279)

Creo que la lectura deeste trozo del relato nos pinta inmejorablemente el fin de lo que hemos venido analizando.

El encuentro de Edipo y el coro:

"cada estrofa se divide entre Edipo y el coro, de manera de hacer resaltar, por oposición y acercamiento de los ritmos, el sufrimiento por un lado y la compasión por el otro. Para traducir el horror de la situación el lirismo de Sófocles se hace lo más simple posible. El canto de Edipo no es más que un largo grito de sufrimiento, una especie de gemido, tumultuoso y prolongado; frases apenas hechas, donde las palabras se agolpan, entrecortadas; sensaciones punzantes, que poco a poco se fijan en un sentimiento desesperado." (Croiset 1931)


3. Pero las razones que da Edipo no son de tipo lógico. No hay ninguna de las que podamos decir, esta es la causa por la que necesariamente tuvo que cegarse. Entonces, ¿qué es lo que en realidad ha pasado en el alma de Edipo? [6]


III. ¿Inocencia o culpabilildad?

La idea que tal vez surja más espontánea es que Edipo se sintió culpable, y en un arrebato de cólera se sacó los ojos. ¿Culpable de qué?

Si analizamos su conducta con los ojos del ideal griego, está lo que hemos dicho sobre la falta de mesura. La huída de Corinto es una fuga al cumplimiento de la voluntad del dios, [7]

Ciertamente que ese destino era terrible pero falta algo que los griegos consideraron siempre como capital para lograr la verdadera felicidad: sumisión a los dioses. Edipo tenía poder, riqueza y sabiduría. Pero eso no constituía sino una felicidad aparente.

Además está lo que hemos dicho sobre el deseo de hacerse su propio destino, tratándo de olvidarse voluntariamente del dios. [8]

Aristóteles nos habla de un "error de juicio". "Error" y no falta moral o pecado. No hay trueque de suerte por una especial perversidad o maldad del héroe trágico, que tampoco se distingue peculiaramente por su virtud y justicia. [9]

Pero, por otra parte, ¿acaso no comprendemos y aprobamos de corazón la huída de Edipo? Nos parece una huída profundamente vital y humana. Además no creemos que lo que Edipo busque sea tanto la felicidad, cuanto la vida misma. El debe huír de algo que va contra su misma naturaleza, contra su misma existencia de hombre. Además está la ternura especial por sus padres:

"¿y por el hijo de otro hubiera tenido tanta ternura?" (v. 1025)

Además ¿por qué iba a ser culpable de algo que él no había querido cometer? [10]

Entonces, si es inocente, si su actitud fue leal y valiente, ¿acaso no valen más los hombres "por sus ideales que por sus realizaciones?" ¿Por qué quitarse los ojos? ¿Cuál es el motivo de la ceguera?

IV. La ceguera

Creo que a esta altura del análisis ya vemos claramente la complejidad del problema. Hemos analizado los impulsos irracionales y el juego culpabilidad - inocencia. Edipo no tiene una conducta perfectamente nítida y clara. Sus realizaciones difieren muchas veces de sus principios. Pero aún nos queda en pie la pregunta, ¿por qué la ceguera?

1. Una 'catharsis'

'Catharsis' significa purificación. Edipo ha cometido un crimen, y como le dice el mismo Creón al coro:

"Ustedes, si no tienen respeto por la raza de los hombres, respeten al menos al fuego que alimenta a este mundo (o: a esta sagrada luz [11] del sol que todo lo vivifica); tengan vergüenza de exponer al descubierto a sus razos un ser tan manchado, que ni la tierra, ni la sagrada lluvia, ni la luz del día, podrían soportar." (v. 1423

La ceguera como 'catharsis' es inexplicable si no tenemos en cuenta el amor de los griegos por la luz.

Edipo siente
vergüenza de sí mismo:

"hay cosas que no es menos vergonzoso evocar que hacer" (v. 1409)

Pero alguien podría preguntarse: ¿no hay tal vez un rechazo del mundo visible para sumirse en el mundo del pensamiento? Creo que no. Teniendo en cuenta el ideal griego, su amor por la belleza y la forma, su culto al hombre y a la naturaleza, interpreto que el instinto guía a Edipo a quitarse los ojos como un acto supremo de desagravio; ha deshonrado a su madre, ha asesinado a su padre, ha tenido una descendencia incestuosa...: es mancha, es pecado, ya no es más digno de ser iluminado por los purísimos rayos del sol ni puede gozar de las maravillas de la naturaleza; su sola presencia constituye una ofensa. [12]

Y ese deseo de purificación está expresado por Edipo mismo:

"rápido, en nombre de los dioses, rápido, ocúltenme en alguna parte, lejos de aquí; mátenme, tírenme al mar o en lugares donde al menos no se me vea más" (v. 1410)

Hay un deseo de confundirse con la naturaleza purificadora:

"déjenme habitar más bien las montañas, este Citerón que sedice mi cuna" (v. 1451)

El agua, la naturaleza, eso lo purificará; pero él no puede gozar de eso porque sólo le produciría dolor:

"¡es tan dulce al alma vivir fuera de sus males!" (v. 1390)

¡Hubiera quedado sordo (v. 1387 ss.) si le hubiera sido posible! [13]


2. La lección de Sófocles

"Une tragédie, à la fin de laquelle on pourrait dire absolument du personnage principal qu'il a eu tort ou raison, aurait quelque chose d'abstrait et d'étroit et ne ressemblerait pas à la vie; elle serait sans profondeur et sans attrait. Tout est complexe au point de vue du droit dans les tragédies, et par conséquent aussi dans ses dénouements. Mais ce qu'on peur dire, c'est qu'à ce moment final de l'action, presque toujours après la catastrophe, dans uns sorte d'apaisement relatif, sombre et douloureux, le caractère définitiv des choses apparaît mieux, et la mesure des responsabilités, divines ou humaines, se laisse plus aisement apprecier. Les passions violentes sont tombés, le jugement devient possible, et les choses mêmes laissent entrevoir plus clairement de quelles concessions mutuelles il pourra se former." (Croisset, op.cit.)

Después de la catástrofe el hombre debe sufrir como hombre; el sentimiento debe estar iluminado por una profundidad de pensamiento. He aquí la conversión de Edipo. El ideal griego de 'sophrosune', el núcleo del espíritu helénico, surge triunfante como lección maravillosa en medio del dolor. Mostrar un alma que en medio de su desgracia terrible, es capaz de meditar como lo hace Edipo,
¿no es transfigurar el dolor mismo?

Al mismo tiempo que Edipo lava su mancha, en su mismo dolor encuentra la verdadera sabiduría.
¡Aquella que le había imputado tanto Tiresias, "el vidente ciego"!

"¡Ah, qué consejos les daría
hijas mías, si tuvieran edad
parar comprender" (v. 1509)


Notas

[1] Patrick Mullahy, "Edipo, mito y complejo", Ateneo, Buenos Aires, 1953; prólogo por G. Bachelard. Es un análisis de tipo psicológico del llamado 'complejo de Edipo' visto por grandes psicoanalistas. No interesa directamente para este tipo de interpretación literaria.

[2] 'orgué': ira, disposición interior, agitación interior del alma.

[3] 'orthós': rectitud.

[4] 'sophrosyne' es la salud en la sabiduría. Es lo contratio de la 'hubris', que es por esencia inmoderación, e impide al hombre mantenerse modestamente en su rango. Pero esta sabiduría es más instintiva, menos consciente que 'sofía': se la siente y se la vive, no se la razona. Es la reflexión misma. El recogimiento interior que implica con 'frónesis' es una cualidad del alma, es el carácter reflexivo y sensato, más bien el proceder consciente que la habilidad de la 'sofía', sabiduría del hombre maduro, inteligencia fértil en ardides. Equilibrio interior, secreta gravedad, se manifiesta al exterior por la ponderación de las palabras y de los actos, es decir, por la moderación, por el "méden ágan" ("nada en demasía"), y el "to métron" (la medida). La medida es para Sófocles el principio del ser. Es el piadoso reconocimiento de una justicia que reside en las cosas mismas y cuya comprensión es el signo de la más perfecta madurez.

[5] 'thumós':
señala la ebullición interna de la cólera o del alma en actividad más bien que el 'aliento vital' simbolizado a menudo en el 'humo' producido por el aliento de la respiración.

[6] Sería interesante hacer un paralelismo entre la 'locura' de Edipo y la del Hamlet de Shakespeare.

[7] El griego no tiene obediencia servil a los dioses. Además de los dioses externos posee unos interiores: las pasiones y virtudes que son la interpretación de las pasiones divinas (Eros, Atenea, Apolo). A los dioses (seres superiores) hay que reconocerlos, honrarlos, amarlos y respetarlos. Ellos tienen el poder de proporcionar castigos. El ideal griego es immanente y su ética está relacionada con la vida. No hay obsesión por el cielo y el infierno. Existe sí un 'más allá' triste y oscuro. Es notable el monoteísmo afirmado por Sófocles (v. 870).

[8] Podremos hablar tal vez de una 'culpabilidad objetiva': la sangre piede a la sangre; esto tiene como consecuencia castigos objetivos: enfermedad, pobreza, muerte, etc.

[9] Desde un punto de vista cristiano tal vez interpretaría el problema así: Cuando el hombre intenta catalogar como injustos los mandatos de Dios, es decir, cuando se apropia del poder hacer que una cosa sea buena o mala según su voluntad, se hace juetz de sus propios actos, quiere ser como Dios (cfr. pecado de Adán y Eva). Es decir, quiere tener el poder de decir esto es bueno o malo porque yo lo quiero. Pero lo que el hombre debe ver es que hay una escala de valores que no coincide con la escala humana. Hacer el mal no es una cosa tan dramática mientras que el hombre conserve una conciencia despierta para juzgarse. El pecado está no en hacer el mal sino en estar de acuerdo con él. Porque el hombre puede no estar de acuerdo con él mismo que hace el mal. El que se encapricha en tratar de unificar las escalas de su apreciación humana para 'devenir' el principio de su propia conciencia moral, ese hombre no ve, no cree, que hay Alguien que sabe por experiencia cual es su bien o su mal auténtico. (Cfr. D. Bathélemy, Dieu et son image, Paris: Cerf, 1963, pp. 45 ss).

[10] A. Dain: Sophocle. Paris: Les Belles Lettres 1958, Introduction: "Oedipe a été choisie comme exemple parce que le revirement qu'a subi sa fortune est un des plus brutaux et des moins mérités que connaisse la légende grecque. Oedipe est simplement l'homme designé pour souffrir le plus des coups du destin, voire pour les provoquer. C'est un impulsif qui réagit avec une vivacité aux événements et qui même prétend les dominer. Or, c'est là justement qu'apparaît le mieux l'impuissance humaine: plus il veut lutter, plus il s'enfonce dans le piège qui lui est tendu par les dieux; plus il déploie de courage à vouloir à tout prix trouver la vérité, plus il se fait lui-même l'artisan de son malheur. Par une tragique ironie, ses plus nobles efforts contribuent à sa ruine."

[11] 'fos' = luz. La luz es un elemento esencial en el paisaje griego. La aman tanto como a la patria y a su misma vida. Los griegos aman la claridad y el detalle preciso. La atención se fija en esa 'perla brillante', la pupila de los ojos.

[12] Sería interesante hacer un estudio de los ojos (luz) por un lado y de las tinieblas por otro, y ver esto en otros pueblos. Por ej. los hebreos: cfr. Enciclopedia de la Biblia, A. Diez Macho, Garriga 1963: "Para el hombre primitivo que no contaba prácticamente sino con la luz solar, la noche fue siempre símbolo de la inacción, de la impotencia para el trabajo, el tiempo en que el hombre vivía como ciego. Por ello la identificación entre noche y tinieblas."

[13[ Si tal vez alguien se pregunta ¿por qué Edipo no se mata? (es la pregunta que hace el coro: v. 1367), notemos que el mismo Edipo no da razones: "no me digas que lo que he hecho no está bien, ni me des más consejos" y el largo monólogo que sigue es un volcarse de sus sentimientos pero no encontraremos en él una razón lógica. Podríamos hacer un análisis posterior a los hechos y decir: Edipo no se mata porque no quiere cometer un nuevo crimen; ha aprendido la lección y cumple con su oráculo: usar miserablemente una vida sin destino (v. 245); la muerte no es solución para él, pues volvería a ver a Yocasta y a Layo; sin embargo, podría haberse matado luego de haberse cegado. ¿Por qué no lo hace? El mismo nunca lo supo.


Bibliografía

Bathélemy, Dominique: Dieu et son image, Paris: Cerf 1963.
Croiset, Maurice: Oedipe-roi de Sophocle. Paris 1931.
Croiset, Alfred; Croiset Maurice: Histoire de la littérature grecque III, Paris 1899.
Dain, Alphonse: Sophocle. Paris: Les Belles Lettres 1958.
Diez Macho, A.: Enciclopedia de la Biblia. Garriga 1963.
Dodds, Eric.: Los griegos y lo irracional. Madrid 1950.
Fontoynont, V.: Vocabulario griego, Santander 1944.
Sophocle, Paris: Les Belles Lettres 1958, II
Sófocles, Madrid: Aguilar 1962

 
Ultima actualización: 23 de juliio  de 2017

 

 
     

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