De mensajes y mensajeros

en tiempos de pandemias biológicas e informacionales




Rafael Capurro

  
 
 
 

Contribución al seminario virtual del Grupo de investigación Escritos (Estudos Críticos em Informação, Tecnologia e Organização Social). Tercer Seminário: Ética em informação em tempos de pandemia. Coordinador Arthur Coelho Bezerra, IBICT (Brasil), 14 de mayo de 2020 http://escritos.ibict.br/
Traducción al portugués.
Video

Sarita: https://youtu.be/y5JbOGT4aCs
Arthur: https://youtu.be/7MPLWC-Y2_8
Miguel: https://youtu.be/B2hDeJdj5mk
Rafael: https://youtu.be/F-rKKTutK8c



pandemias 

De la forma de ser de los virus

La forma de ser de los virus cambia en un mundo digitalmente globalizado. Hay una correlación entre el daño que puede provocar un virus a nivel local y global y el que provocan las fake news digitales. Tanto el concepto de pandemia como algo que afecta a todo el pueblo (del griego: pan) y el de epidemia como algo que afecta dentro de un pueblo (del griego: epi) pueden entenderse en sentido biológico o informacional. Esta última se suele llamar 'infodemia' pero sería más adecuado hablar de pandemias o epidemias informacionales. Lo biológico y lo informacional están ligados en un mundo globalizado por la técnica digital. Lo que ocurre a nivel biológico tiene efectos locales y globales a nivel social y viceversa, lo que ocurre a nivel informacional tiene efectos biológicos. El desafío es cambiar o crear nuevos sistemas de inmunidad biológica e informacional, sin que provoquen en ambos casos lo contrario de lo que suponen proteger, es decir la salud de un organismo o el bienestar de cada uno, de un pueblo o de todos.

 

De la ética de la información

Para ello es necesario una reflexión crítica sobre dichos sistemas que se hace igualmente virulenta cuando estos sistemas de inmunidad faltan o no pueden dar la protección prevista. A nivel biológico no hemos creado todavía una vacuna para proteger al organismo humano del coronavirus aunque sí existen diversas maneras de curar una infección pero no accesibles a todos. Una vacuna consiste en una pequeña dosis del virus que provoque una resistencia del organismo a recibir tales mensajeros camuflados con su mensaje letal. Los sistemas inmunitarios a nivel social no son menos complejos y ambivalentes. Una resistencia a la diseminación del coronavirus ha llevado en casi todos los países a la declaración del estado de excepción en el que los derechos más básicos de la vida social son reducidos a un mínimo y pueden llegar a mantenerse de una forma u otra luego de la pandemia apoyando a sistemas políticos totalitarios. La relación entre ambos fenómenos no ha de entenderse como una analogía sino como una interacción. En tiempos de pandemias y epidemias biológicas e informacionales es necesario un pensamiento crítico que analice las formas de fortalecer o cambiar los sistemas de inmunidad y mostrar cómo y cuando ellos se transforman en sistemas opresores o protectores. Esta es la tarea de la ética de la información hoy.

 

De la angelética

El pensamiento que yo denomino angelética (del griego: angellein = enviar mensajes, anunciar) o teoría de mensajes — no confundir con la angelología o teoría teológica de los ángeles—, puede ayudar a analizar tanto lo que es propio de cada sistema como de sus interacciones. En el caso del coronavirus las interacciones se manifiestan desde el mismo comienzo de la pandemia en Wuhan, cuando un médico oculista, el Dr. Li Wenliang, advierte sobre el peligro del coronavirus pero es silenciado por el sistema político chino con lo cual distribuye fake news al respecto con toda la autoridad y garantía de verdad que tiene o quiere tener este sistema político. El Dr. Li Wenliang, quien se había contagiado por un paciente, murió  el 30 de abril de 2020 a los 34 años dejando un hijo y a su mujer esperando otro. El virus que trae la muerte para un organismo la trae para el mensajero que lo anunciaba como letal y para cientos de miles de personas en todo el mundo. El sistema de inmunidad político se muestra así como un sistema que en vez de proteger a la población la expone a su muerte. El virus naturalmente no sabe nada del sistema biológico y social a los cuales afecta ni del mal que produce. Sólo busca un sistema biológico en el cual pueda multiplicarse. El sistema político chino pone su poder y suvervivencia por encima de todo y reacciona con el desvelamiento de la verdad cuando ya es demasiado tarde. ¿Qué significa demasiado tarde? En un mundo globalizado en el cual los sistemas de producción, de intercambio y de relaciones humanas están interconectados, el virus se expande vertiginosamente por todo el mundo. Demasiado tarde significa entonces que en pocas semanas el coronavirus afecta a millones de personas no sólo en China.

 

Del desvelamiento mediático

Pero en realidad no es el virus mismo quien se expande geográficamente, sino que son los mensajeros humanos los cuales a su vez no saben al comienzo que son tales. El desvelamiento de este proceso verificativo social, —hago alusión con este término al término griego de verdad o a-letheia como des-velamiento— no es sólo un proceso cognitivo, el de saber o no saber algo nuevo, sino que el virus hace lo que oculta, y esto es, desde el punto de vista del sistema orgánico, la posible muerte de dicho sistema. El desvelamiento mediático trae consigo un tsunami informacional de tal modo que es difícil distinguir la verdad de la no-verdad y sobre todo aquella no-verdad que es distribuida por diversos agentes políticos o económicos que ponen, como en el caso chino, sus intereses por encima de todo. El ocultamiento mediático de China tiene su contrapartida en formas de desvelamiento que provocan todo tipo de distorsiones e inseguridades personales y grupales.

 

De aprender a leer la crisis

Todo esto muestra formas negativas de ser de la sociedad global. Si aprendemos a leer esta crisis que es virulenta en doble sentido, es decir biológica e informacional, podemos ver las formas positivas que ella impide. El coronavirus desvela así las fallas de una sociedad que se ha definido como global pero ha olvidado que la globalidad informacional es inseparable de la globalidad biológica, o que un organismo no existe por sí solo, sino en interacción con un conjunto y que dicha interacción necesita sistemas inmunitarios que han de ser analizados constantemente para que no provoquen lo contrario de lo que deberían proteger. Visto así, un sistema inmunitario simbólico como ser las reglas morales o legales en una sociedad, han de ser revisadas críticamente a fin de que no se transformen en reglas opresoras en tanto que ocultan o estigmatizan aquello que debería hacerse público. Y viceversa: sistemas informacionales que pretenden hacer todo público a todos sin controles ni revisiones críticas, puede llevar, paradójicamente, a un desvelamiento que es en realidad un velamiento de la verdad a favor de los intereses que dicho ocultamiento produce a quienes gerencian los procesos informacionales o a los agentes que los utilizan para proteger sus ambiciones políticas o económicas.

 

Del mensaje del coronavirus

¿Cuál es el mensaje del coronavirus? Ni más ni menos que mostrarnos la verdad en que vivimos como mundo globalizado interdependientes unos de otros. ¿Pero no es esto algo que ya sabíamos antes? Sí y no. Sí, porque la conciencia de que vivimos en un mundo globalizado pasa de ser conciencia a ser una realidad en el momento en que esta dependencia unos de otros se vuelve comunicacional primero con la imprenta y luego con la tecnología digital. La diferencia entre ambas es que el tipo de globalidad que trae consigo la tecnología digital hace una diferencia en relación al régimen de temporalidad que es propio de estos dos medios. Mientras que la temporalidad de la comunicación impresa permite una permanencia de lo que se comunica más allá del aquí y ahora de los procesos comuniacionales orales, cosa que es propia también de la escritura que se expande globalmente con la imprenta, la tecnología digital hace posible una forma de comunicación cuyo foco es un presente accesible para todos y desde cualquier lugar, siempe y cuando esos todos tengan acceso a dicha tecnología. La versión existencial de esta globalidad comunicacional es un sistema de ser-en-el-mundo global en el cual la existencia física de productos y personas tiende a concebirse en términos semejantes a los que hace posible la tecnología digital. Todos queremos ir a todos lados y todos queremos tener acceso a todo en todos lados. Una panacea cuyas formas destructivas se desvelaron especialmente en el siglo XIX en fenómenos como el colonialismo y el capitalismmo. Lo mismo vale para lo que fueron la epidemias y pandemias en el pasado que ahora se expanden vertiginosamente en un mundo digitalizado.

 

De nuevas formas de convivencia

Sin embargo la tecnología digital no es la causa de todos los males como una crítica antitecnológica y a menudo también anticientífica no se cansa de proclamar, sino que lo que hemos perdido de vista es nuestra capacidad de cuestionar nuestras formas de vida con sus sistemas de inmunidad que se transforman en sistemas mortales en el momento en el que no somos capaces de ver qué tipo de vida ellos están impidiendo o que posibilidades de muerte están posibilitando con el argumento de que la están protegiendo. Tanto la historia de la medicina como la del psicoanálisis o la crítica a la economía política, son ejemplos de formas de pensar críticamente sobre sistemas de inmunidad biológicos y sociales.  El coronavirus nos muestra con su forma de desvelamiento algo que la crisis ecológica viene preanunciando. Su mensaje es que tenemos que buscar nuevas formas de vida en común más allá del paradigma del dominio humano sobre los humanos y sobre la naturaleza si no queremos seguir destruyendo a ambos. Visto así, el coronavirus tiene, paradójicamente, un mensaje de vida pero que necesita ser interpretado como tal. Los virus pertenecen al mundo en el que vivimos y morimos. Tenemos que seguir aprendiendo a convivir con ellos. No son un enemigo con el que estamos en guerra sino un fundamento de la vida. Los virólogos calculan que el número de virus en el mundo es de 10 a la potencia 33 y el de las bacterias 10 a la potencia 31. Los seres humanos somos unos 10 a la potencia 10. Virus y bacterias son básicos para el bien- y el malestar humanos. La retórica de la guerra contra el coronavirus es parte del problema y no de la solución.


Ultima modificación: 6 de mayo  de 2020

 

     

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