FAMILIA CAPURRO ETCHEGARAY

por

RAFAEL CAPURRO FONSECA

SUSANA PEREZ GOMAR CAPURRO DE LABAT

MARIO ETCHEGARAY IGLESIAS


Karlsruhe - Montevideo

2006 - 2015

Sitio archivado en la Biblioteca Estatal de Baviera (Alemania)

 

 
 



 
 



INTRODUCCION

Este sitio está dedicado a la historia de la familia de Haroldo Capurro Ruano (1882-1956) y su esposa Elida Etchegaray Etchepareborda (1885-1958).

Los autores Rafael Capurro Fonseca y Susana Pérez Gomar Capurro de Labat, son nietos de Haroldo y Elida. Mario Etchegaray Iglesias es hijo del hermano de Elida, Mario, casado con Marta Iglesias Castellanos y ahijado de Elida.

Comenzamos con la historia de la familia Capurro Ruano para seguir con la de los Etchegaray Etchepareborda y los Capurro Etchegaray y sus descendientes.

Reproducimos todos los textos publicados por Haroldo Capurro Ruano bajo el seudónimo H. Stance con el  título "Ni bufas ni trágicas" (Montevideo 1940) que dan una imagen muy vívida y humorística de la vida en aquella época de la primera mitad del siglo XX.

En la cuarta parte presentamos un artículo periodístico sobre la cabaña "El Aguará" fundada en 1941 por Mario y Eduardo Capurro Etchegaray, hijos de Haroldo y Elida y otros datos de la sociedad Capurro Hnos.

La última parte está dedicada a la familia de Mario Capurro Etchegaray.


Rafael Capurro Fonseca
Susana Pérez Gomar Capurro de Labat
Mario Etchegaray Iglesias (1929-2010)

rafael_susana_mario

Karlsruhe - Montevideo
2006 - 2015


 



I. LOS CAPURRO RUANO


Haroldo Capurro Ruano (1882-1956) era hijo de Luis Federico Capurro de Castro (1843-1905) y de Ema Ruano de Arteaga (24/12/1853 - 13/6/1942).

Luis Federico Capurro de Castro era uno de los cuatro hijos de Giovanni Battista Capurro (1798 -1872) nacido en Voltri (Provincia de Génova)  y de Prudencia de Castro (1821-1888):

1) Juan Alberto (1841-1906)
Elina Charry (hija de Juan Bautista Charry y Nelly Duroux Guillien):
hijos: Alberto, Enrique, María Clara, Elina, Elena, Mercedes, Benjamin, Nelly, Simona


2) Agustín (1842-1885)

3) Luis Federico (1843-1905)
Ema Ruano (hija de Rafael Ruano y Lucía de Arteaga)

hijos: Juan Bautista, Federico E., Haroldo, Ema, Olga, Rafael, Fernando, María Lucía, Lucía

4) Eduardo (1852-1927)

Agustín y Eduardo murieron sin dejar descendencia.


  Don Juan Bautista Capurro -  Doña
Prudencia de Castro de Capurro
Oleo de Cayetano Gallino (1804-1884)
Propiedad de la Sra. Elvira Mousqués de Capurro

   Juan Bautista Capurro  Prudencia de Castro de Capurro
  

Sobre la vida de Giovanni Battista Capurro y Prudencia de Castro y sus descendientes hasta la cuarta generación una buena fuente familiar es el trabajo de Raúl Capurro Castells.

Una fuente muy autorizada es Ricardo Goldaracena, quien en el "Libro de los Linajes" (Tomo 1, Arca Editorial, Montevideo 1976, p. 120-121) escribe:

"De las cinco hijas mujeres que tuvo el genearca gallego Agustín de Castro con su mujer María Genoveva del Carmen de Castro, tres dejaron prole; Prudencia fundó la larga y conocida familia de los Capurro; Carmen fue la ascendiente de una rama de los Risso y Faustina la de una rama de los Illa.

En 1836 se casó Prudencia con Juan Bautista Capurro, marino genovés y también masón, hijo de Alberto Capurro y Magdalena Consigliere. El cavaliere Capurro acumuló envidiable fortuna como agente marítimo, accionista de distintas compañías y hombre de excelente tacto para las inversiones y los negocios, tanto que a su muerte, en 1872, dejó a sus herederos un voluminoso capital situado casi en el millón de pesos, lo que en aquel entonces era una enormidad.

La descendencia Capurro se prolongó a través de sus hijos Juan Alberto y Federico; el primero, rutilante ingeniero, arquitecto y empresario, constructor de hermosas mansiones finiseculares, amén de legislador y Ministro, casado con Elina Charry; y el segundo casado con Ema Ruano Arteaga. De Juan Alberto procedieron las generaciones Capurro Aguirre, García Capurro, Arocena Capurro tres ramas–; Capurro Mousqués, Castells Capurro y Muñoz Capurro. De Federico las generaciones Capurro Calamet, Capurro Castells, Capurro Etchegaray, García Capurro, Varela Capurro, Capurro Fonseca y Barcia Capurro."

El hijo de Prudencia de Castro y Juan Bautista Capurro con el nombre de Federico es idéntico al nombrado Luis Federico.  (Luis) Federico Capurro de Castro y Ema Ruano de Arteaga tuvieron un hijo de nombre Federico. E. Capurro Ruano (Ver más detalles aquí).


Sobre la historia de la familia Ruano citamos a Ricardo Goldaracena quien escribe en el capítulo dedicado a los Gómez y a los Ruano de su obra "Libro de los Linajes. Tomo 2" (Montevideo, Arca Ed. SRL 1978, p. 114-119) lo siguiente:

"En San Esteban de Queiruga, una modesta aldehuela ubicada en el corazón de Galicia, empieza la historia documentada del linaje de los Gómez. Los archivos españoles registraron en mil expedientes las historias de aquellos Gómez que salieron de sus casonas fuertes, construídas de piedra y argamasa, para correr las aventuras de la guerra, de la paz y del amor, las aventuras del heroísmo y del misticismo que escribieron la historia de la expansión de España, primero adentro y luego afuera de sus fronteras. Bajo el reinado de Carlos III, en 1767, nace allá Roque Antonio Gómez, hijo de los lugareños Tomás Gómez y María Antonia Pérez. Joven ambicioso, no tarda Roque Antonio en descubrir que los estrechos panoramas de la comarca natal oprimen sus inquietudes. Deslumbrado por las versiones que llegan desde América, emprende un día su viaje a través del océano desembarcando en Montevideo al filo del último decenio del siglo XVIII.

En Montevideo Gómez se hace rico. Se había establecido en la esquina de la manzana de la Catedral, hoy Rincón e Ituzaingó, con casa de ramos generales, prosperando con opíparas ganancias hasta que sucumbió el poder español. De ese negocio salieron en junio de 1814, cuando ya estaban exhaustas las cajas reales para el mantenimiento de las fuerzas españolas, los víveres y la grasa necesarios para la subsistencia de las tropas. Su irresistible adhesión a la causa realista le valdrá más tarde la persecución de los patriotas, y aunque en muchos documentos derramó don Roque Antonio sus quejas por el quebranto económico que le significó la revolución, todavía en 1840, a cuatro años de su muerte, su casa de comercio continuaba gozando de crédito y prestigio, tal como se puede constatar leyendo avisos publicados en la prensa. Uno de ellos anunciaba un producto que sólo tenían en venta los Gómez y que debió hacer furor en su época: el Agua Angelical, abuela de la cosmética contemporánea, "el mayor preservativo del cutis, lo blanquea, hace desaparecer las pecas, granos, manchas, lo tostado del sol y toda clase de achaques cutáneos, quita las arrugas y da una apariencia juvenil a las personas de cierta edad".

La carrera pública del genearca gallego se inicia como soldado en 1791, al servicio de su rey. Poco a poco escalará posiciones en las milicias urbanas hasta llegar a Comandante de las cuatro compañías armadas de artillería, grado que detentaba en 1814, al tiempo de la caída de la plaza de Montevideo en poder de los revolucionarios. Sus méritos habían sido acreditados ampliamante en la guerra contra los ingleses y en los distintos episodios que pautaran la defensa de Montevideo contra los patriotas insurgentes. A la vez, se había destacado como miembro de la Hermandad de la Caridad, institución a la que ingresó en 1802.

El 26 de octubre de 1795 Gómez se casa en la Catedral de Montevideo con María Rita Calvo, de catorce años, hija de Fructuoso Calvo, gallego de Betanzos, vecino y comerciante de Montevideo. Diecinueve hijos dió la prolífica María Rita a su marido. Mujer pequeña, graciosa, de ojos vivarachos, un retratista la captó alguna vez cubriendo su cabeza con un pañuelo anudado al cuello, a la usanza aldeana. Más grave es la imagen que quedó de su marido, carilleno, de labios gruesos, la cabeza blanqueada por las canas. De aquellos diecinueve hijos, por lo menos doce fueron troncos de extensas y respetables familias.

Los varones Gómez Calvo fueron comerciantes, militares y políticos. Andrés Atanasio (1798-1877), enrolado a la temprana edad de trece años en la compañía de milicias españolas que comandaba su padre, se pasó a las armas de la Patria en cuanto estuvo en codiciones de obrar según su propio criterio. Murió como General de la República, después de una carrera de azarosas alternativas en las que siempre estuvo al servicio de la parcialidad blanca y se lerecuerda como unos de los jefes más ilustrados que tuvo el Ejército nacional en el siglo pasado. Pedro Anselmo (1802-?) fue comerciante y corredor de número, Rafael (1803-1863) fue boticario en Paysandú, donde residió muchos años con su mujer, la preceptora porteña Clara Ximena Ripoll, con la que se había casado en La Merced de Buenos Aires el 23 de julio de 1834. Leandro (1811-1885), el héroe de la defensa de Paysandú. Inició tardíamente su carrera militar; antes había sido comerciante en sociedad con su hermano Francisco Antonio (1813-1900) cuyo nombre aparece repetidas veces en los grandes negocios del siglo XIX. Murió rico Francisco Antonio Gómez y Montevideo conserva como monumento histórico la suntuosa mansión neogótica que se hizo construir en la esquina de 25 de Mayo y Juan Carlos Gómez.  Finalmente Juan Ramón (1822-1893), Ministro de Hacienda de Flores, legislador y miembro de la Junta Económico-Administrativa capitalina, militó en las filas del Partido Colorado. Fue también Juan Ramón Gómez uno de los fúcares uruguayos en la naciente vida industrial y comercial que conoció la República en las dos décadas posteriores a la Guerra Grande: su nombre figura entre los accionistas de la Compañía Oriental de Seguros Marítimos en 1834, y del Banco Comercial en 1838 Fue uno de los fundadores de la Asociación Rural e integró la Comisión Nacional de Caridad en varios períodos, recordándose su iniciativa de creación en 1857, del Asilo de Huérfanos.

Las mujeres Gómez Calvo fueron ascendientes de estirpes de relieve. Seis hijas de don Roque Antonio dejaron sucesión: de Lucía María y María Antonia descendieron los Arteaga; de María Josefa los Artagaveytia, los Arocena, la última rama montevideana de los Márquez (tomo I, p. 176) y una rama de los Rodríguez Larreta; de María de los Dolores procedieron los Hordeñana. María Carmen se casó en primeras nupcias el 1° de abril de 1821 con Ramón Antonio Niego y Soler, y en segundas el 4 de agosto de 1836 con Bernardo Valles Alemán y murió en 1882 después de haber tenido hijos de ambos matrimonios. María Patricia formó su hogar el 14 de febrero de 1830 con Rafael Bosch, natural de Buenos Aires, y también procreó hijos. (...)

La rama primogénita del clan es la de los Gómez Ruano. El General Andrés Atanasio se había casado el 28 de diciembre de 1838 con Petronila Ruano. Estirpe de campanillas salió de aquel tálamo: Alberto Gómez Ruano (1858-1923) fue un estudioso al estilo de la vieja escuela de los intelectuales vernáculos; a él se debe la creación de la Biblioteca y Museo Pedagógico; sus hermanos enlazaron por matrimonio con conocidas familias montevideanas: Adelina se casó en 1867 con Cesáreo Villegas, hijo de otro Cesáreo Villegas y de aquella dama patricia tan recordada por las crónicas que se llamó Felicia García de Zúñiga Sáinz de la Maza; María Lucía fue la mujer de Guillermo Lafone Quevedo, con el que se casó, previa dispensa del impedimento de disparidad de cultos - él era protestante - en 1871; Estela contrajo nupcias con el italiano Carlos Adami, hermano del marido de Herminia Casaravilla Vidal; Petronila dio su mano a Antonio Eleazar; y Elmira a Antonio Suárez, viudo de Paula Pérez, e hijo de Bernardo Suárez y Dolores Ximénez, del linajo del patricio don Joaquín. Finalmente, Andrés Gómez Ruano estableció su hogar en Buenos Aires, donde se casó en 1881 con Lucía Bustillo Díaz.

Los Ruano fueron una opulenta familia de comerciantes montevideanos del siglo XIX. Procedieron de Agustín Ruano, nacido en Málaga en 1775 y casado allí con Carmen Reissig, también malagueña y descendiente de una familia de condes alemanes emigrados a España por el azar de productivos circuitos comerciales, y de allí a Montevideo donde asentaron árbol genealógico de conspicuos entronques (Buxareo, Roo, Herrera y Obes, etc.). De los hijos de Agustín: Petronila fue la mujer del General Gómez, y Rafael el tronco de la estirpe que perpetuó hasta hoy su apellido. Ya en 1835, Rafael, rematador profesional, se establecía en la calle Pérez Castellano, entonces llamada de San Vicente. Asociado más tarde con Gomensoro, aquella casa de remates resultó ser el origen de la que hoy se llama Gomensoro y Castells. Rafael Ruano se casó el 4 de abril de 1842 con Lucía de Arteaga, hija de Juan Antonio de Arteaga y Lucía María Gomez. Sus hijos fueron: Celia, que se casó en 1869 con el socio de su padre, José Bernardino Gomensoro Mayobre, hijo de Juan José Gomensoro y Albín (1802-1858), miembro de la Asamblea de Notables de la Defensa, y de Rafaela Mayobre, y sobrino del Presidente Tomás Gomensoro; Amelia, casada en 1865 con el porteño José Gerónimo Schiaffino; Rafael, que formó su hogar en 1888 con Berta Zubillaga hija de José Antonio Félix Zubillaga y Virginia Ribes; Federico, que contrajo matrimonio en 1879 con su parienta María Fournier Reissig; Ema, que se casó en 1872 con Federico Capurro, hijo de Juan Bautista Capurro y Prudencia de Castro (tomo I, pp. 120-121); Agustín, que permaneció soltero; Elena que fue la esposa del argentino Augusto Bullrich; y Lucía, que lo fue de Agustín de Castro, hijo del Dr. Carlos de Castro e Isabel Caravia (tomo I, p. 122)."

Nota de Enrique Puig Canabal

El padre de Carmen Reissig era Gaspar Zacharías von Reissig que fue vicecónsul de Dinamarca en Málaga y se casó con María Luisa Ruano y Ayala. Agustín Ruano era primo de Carmen. María Fournier Reissig era nieta del corsario de las Provincias Unidas del Río de la Plata en la guerra contra el Imperio del Brasil entre 1825 y 1828, Don César Fournier casado con Cristina Gatti que enviudó y casó con Schiaffino siendo luego la madre de José Gerónimo Schiaffino Gatti. María Fournier Reissig era nieta de Cristina Gatti.




ESTIRPE DE LOS GÓMEZ

Don Roque Antonio Gómez
San Esteban de Queiruga 1767 - Montevideo 1842

hijo de Tomás Gómez y María Antonia Pérez
Oleo de Juan Manuel Blanes


Roque Antonio Gomez



María del Socorro Rita Calvo ("Mamá Señora")
Montevideo 1781- Montevideo 1851
hija de Domingo Fructuoso Calvo y María Espinosa


Rita Calvo



- José María (murió en su juventud)
- Andrés Atanasio - Petronila Ruano ("rama primogénita")
- Lucía María - Juan Antonio de Arteaga

- Pedro Anselmo
- Rafael
- María Carmen -
Ramón Antonio Niego y Soler /  Bernardo Valles Alemán
- María Josefa - Artageveytia (-> Arocena, Márquez, Rodríguez Larreta)
- Marcelino Antonio
- María Patricia - Rafael Bosch
- José María Leandro (General) (1811-1865) - Faustina Lenguas / Carmen Lenguas


Leandro Gomez


- Francisco Antonio
- María Dolores (murió en su juventud)
- Roque Casimiro
- Joaquina
- María de los Dolores -
Hordeñana
- María Antonia - Arteaga
- Juan Ramón

- Manuel Damián

- María Mercedes


Arbol genealógico de los Gómez Calvo

GomezCalvo


ESTIRPE DE LOS RUANO

Agustín Ruano
Málaga 1775 - ?
Carmen Reissig
Málaga

- Petronila - Andrés Atanasio Gómez (hijo de Don Roque Antonio Gómez)
    - Alberto: creador de la Biblioteca y Museo Pedagógico
    - Adelina - Cesáreo Villegas
    - María Lucía - Guillermo Lafone Quevedo
    - Estela - Carlos Adami
    - Petronila - Antonio Eleazar
    - Elmira - Antonio Suárez
    - Andrés - Lucía Bustillo Díaz

- Rafael - Lucía de Arteaga Gómez (hija de Lucía María Gómez y Juan Antonio de Arteaga)
    - Celia - José Bernardino Gomensoro Mayobre
    - Rafael - Berta Zubillaga
    - Amelia - José Gerónimo Schiaffino
    - Federico - María Fournier Reissig
    - Ema - (Luis) Federico Capurro de Castro
    - Agustin
    - Elena - Augusto Bullrich
    - Lucía - Agustín de Castro


ESTIRPE DE LOS DE ARTEAGA

Reproducimos a continuación un texto de Lucía Capurro Ruano, hija de (Luis) Federico Capurro de Castro y Ema Ruano de Arteaga y hermana de Haroldo Capurro Ruano, sobre la familia de Arteaga y en especial sobre su abuela Lucía de Arteaga Gómez.



Gautéguiz de Arteaga

por Lucía Capurro Ruano


"El origen del nombre de este pueblo dimana de haber construido en él Gozalo Fuerte de Moreña y su hijo Fortín Ordoñez, en el año 798, una casa fuerte con el nombre de Gautéguiz, y en el de 914 Garcia de Moreña y Gauteguiz otra semejante con el nombre de Arteaga, los cuales nombres reunidos dieron a esta república el de Gauteguiz de Arteaga. La casa fuerte de este último apellido que absorbió el primero, se reedificó por Fortún Garua, muerto alevosamente de órden del Rey Dn. Pedro 1. de Castilla en Villareal de Alava el año 1398 y fué demolida por Juan Alonso de Mujica y de Pedro Avendaño, caudillos de bando enemigos de Arteaga, el año de 1468. Posteriormente y al terminar el siglo XV volvió a redificarla el sucesor de Fortún, pero no a la libera y sin defensa, sino con arreglo al arte militar de la época y dotándola de sendas piezas de artillería. Construyó un vasto y espeso muro almenado formando un cuadro, son sólidos torreones o cubos en sus cuatro ángulos y dentro de él y casi en el centro, una altísima torre aislda, coronada de saeteras y de almenas, obra que muy deteriorada persistió hasta hace pocos años.

El 17 de Julio de 1856 hallándose reunidos los vizcainos so el árbol de Guernica, acordaron declarar vizcaino originario al príncipe Napoleon por proceder su ilustre madre la Emperatriz Eugenia de las torres de Arteaga y Montalvan y ser su única y legítima poseedora. Noble y antigua casa emparentada con la de Manrique, cuyas armas ostenta combinadas con la de Arteaga. (Delmas y Piferrez)

La Iglesia Católica resolvió en el Concilio de Trento el año 1563 que en todas sus Iglesias se llevaran liros registros de todos los bautizmos que se efectuaran. En Gorley existe la casa paterna de los Arteaga Coicoa.

En el primer libro de la Iglesia Parroquial de Santa María de Gorliz, Obispado de Victoria, en Vizcaya, esiste la primer partida de bautismo de un Arteaga que dice: "En 24 de Junio de 1614 nació Juan Antonio de Arteaga hijo legítimo de Diego de Arteaga y de María Cuenlluechea." Desde esa época todos los Arteagas fueron bautizados en esa Iglesia Parroquial de Gorliz (como consta en sus registros) y asi sucesivamente hasta el año 1792 en que Juan Antonio de Arteaga (nuestro abuelo) fué el primero en ser bautizado en Plenica. Nació y fué bautizado el dia 30 de Setiembre de 1792 siendo hijo legítimo de Juan Antonio de Arteaga natural de Gorliz y de María de Cuculo natural de Plencia. Sus abuelos paternos fueron Juan Antonio de Arteaga natural de Gorliz  y de María Atonia Sagasti natural de Gorliz y sus abuelos maternos Marcos Cucullo y María de Fano naturales de Plencia.

Dn. Juan Antonio de Arteaga vino a Montevideo el año 1810 y se casó en Montevideo el 15 de Abril de 1819 con Lucía María Gomez, hija legítima de Dn. Roque A. Gómez y de Dña. María Rita Calvo, nacida en Montevideo el 13 de Dicembre de 1799 siendo sus abuelos paternos Dn. Tomas Gomez y Dña. María Espinosa. Estos dos Dn. Juan Antonio de Arteaga y Dña Lucía María Gomez, fueron los fundadores en el Rio de la Plata de la familia Arteaga, habiendo tenido seis hijos varones y tres mujeres Lucía Arteaga Gómez (mamá Lucía) se casó con Rafael Ruano. El hijo mayor fué Juan José nacido en Montevideo el 19 de Marzo de 1820 y se casó con María Inés Rodriguez de Brito el 19 de Abril de 1843. Esta era nacida en Montevideo el 13 de Abril de 1820 e hija legítima de Gonzalo Rodriguez de Brito y de María Llambí. Abuelos paternos Manuel Rodrigez y Ana Brito. Abuelos maternos Pedro Llambí y Jacinta Basualdo. Este matrimonio tuvo dos hijos varones y tres mujeres el mayor Rodolfo, nació el 29 de Mayo de 1850 y el 12 de Abril de 1884 se casó con Pilar de Herrera nacida el 6 de Febrero de 1864 hija legitima de Juan José Herrera y de Manuela Quevedo. Abuelos paternos Luis de Herrera e Inez Perez y materno Juan Quevedo y Pilar Antuña."


Nota: la referencia a la emperatriz Eugenia (1826-1920) hace alusión a la última emperatriz de Francia, Eugenia de Montijo, nacida en Granada, hija de don Cipriano Guzmán y Portocarrero, conde de Teba y de Montijo, Grande de España, y de su esposa doña María Manuela Kirkpatrick, de ascendencia escocesa. Eugenia se casó con Napoleon III (1808-1873) y dió a luz a su único hijo, Eugène Bonaparte (1856-1879). A la muerte del emperador en 1873, Eugenia se retiró a una villa en Biarritz.  Eugenia de Montijo hizo reconstruir en 1856 el castillo de Arteaga, originario del siglo XIII, por los arquitectos franceses Couverchef y Ancelet, en agradecimiento al nombramiento como vizcaíno originario a su hijo Eugène.
Ver: http://www.panaiv.com/castillo/castilloarteaga.html



En el "Libro de los linajes" (Tomo 1, p. 126-127) escribe Ricardo Goldaracena:

"Dos ramas del linaje de Arteaga radicaron en Montevideo en el siglo pasado, ambas desgajadas del clan de los Gómez por los matrimonios de dos hijas de don Roque Antonio. La rama mayor de los Arteaga procedió de Juan Antonio de Arteaga (1793-1862), natural de la villa de Plencia, en Vizcaya, hijo de otro Juan Antonio de Arteaga y María Antoniade Cucullo, casado en la Catedral de Montevideo el 13 de abril de 1819 con Lucía María Gómez Calvo. La rama menor fue procreada por un pariente de Juan Antonio llamado José Genaro de Arteaga (1815-1907), originario de la villa de Górliz, también en Vizcaya, hijo de Antonio de Arteaga y Concepción de Libarona, casado en Montevideo con María Antonia Gómez Calvo el 10 de setiembre de 1842.

Ambos vizcaínos, cuñados y parintes, comerciantes respetables de esta capital, formaron aquí una familia de pro que reprodujo, en la escala democrática de la patria de adopción, la función dirigente que a sus antepasadoscupo en otros siglos allende el océano. En efecto, según viejas tradiciones del Señorío de Vizcaya, los descendientes de Furtado García de Arteaga, muerto por orden de Pedro el Cruel en 1356, el primero en apellidarse así, habían sido Parientes Mayores, una categoria nobiliaria - la primera del Señorío - en la que sólo se admitía a los herederos de los primeros pobladores y por consiguiente descendientes de los antiguos condes góticos. Los Parientes Mayores eran convocados a las Juntas del Señorío, que se reunían en Guernica, donde juraban Señor. La costumbre se mantuvo durante siglos y las mismas tradiciones relatan que los Señores de la Casa de Arteaga intervinieron en las jacas de Juan II, Enrique IV y los Reyes Católicos Fernando e Isabel.

Fecundas, según la mejor tradición del clan Gómez, las dos señoras de Arteaga dieron a sus maridos en el Río de la Plata no menos de una docena de hijos cada una, algunos de los cuales resultarían personajes destacados en distintas actividades profesionales y mercantiles.


El 19 de marzo de 1820, bajos los auspicios del promisorio signo de Piscis, viene al mundo el primer Arteaga oriental de esta línea: Juan José (1820-1885), el hijo mayor de Juan Antonio y Lucía María, cuyo destino, de algún modo, estuvo sellado por los atributos del signo natal: estaba llamado a ser el fundador de la primera empresa de saneamiento que tuvo Montevideo. En 1852 había presentado al gobierno la propuesta de esta impostergable necesidad urbana y dos años más tarde era autorizado a realizar la red de cloacas y desagües, cuya construcción y mantenimiento estuvo a cargo de la empresa Arteaga hasta su expropiación en1913. El 19 de  abril de 1845 Juan José se había casado von Inés Brito, hija de Gonzalo Rodriges de Brito y María Llambí (...)."





Casa natal de D. Juan Antonio de Arteaga en Plencia (Plenzia)

Gentileza de Laura Caorsi


casa Arteagacasa Arteaga - detalle


Eugenia de Montijo

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Eugenia_de_Montijo


El pueblo Gautéguiz de Arteaga (Vizcaya, País Vasco)
con la torre a la derecha

Arteaga Vizcaya

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Arteaga_(Vizcaya)


La Torre de Arteaga


ESTIRPE DE LOS CAPURRO RUANO

Luis Federico Capurro de Castro y Ema Ruano de Arteaga

Federico Capurro de Castro Ema Ruano de Arteaga


Luis Federico Capurro de Castro (1843-1905) y Ema Ruano de Arteaga Gómez (+1942) tuvieron nueve hijos:

1) Juan Bautista (estudió en Rorschach, Suiza. Ver aquí)
Elina Castells
hijos: Elina, Ema, Raúl, Elsa, Beatriz, Ivana

2) Federico E. (ingeniero civil) (ver detalles sobre su vida y obra más abajo) (1876-1979)
Julia Calamet / Dolores Avellaneda
hijos: Julia Capurro Calamet, Federico Capurro Calamet, Jorge Capurro Calamet, Eduardo Capurro Avellaneda


3) Haroldo (contador público) (1882-1956)
Elida Etchegaray
hijos: Pedro, Haroldo, Elida, Luis, Mario, Susana, Eduardo


4) Ema Sara (plantó los pinos de lo que es hoy el Parque Roosevelt)
Horacio Garcia Lagos
hijos: Horacio, Rafael, Federico, Rodolfo, Jaime, Ema

5) Olga María (arte cerámico y tapicista) (n. 1886) (ver detalles más abajo)
Jacobo Varela Acevedo
hijos: Adela, Jacobo, Mireya

6) Rafael Mario (médico cirujano)

7) Fernando Augusto (arquitecto, pintor, historiador arqueológico)
Margarita Fonseca Montaldo / Julia Elena Arata
hijos:
Fernando (Bubú) Capurro Fonseca / Rosa María Artagaveytia Usher: Augusto
Ricardo (Cao) Capurro Fonseca / Violeta Marín
Augusto (Nené) Capurro Fonseca
Juan A. (Poro) Capurro Fonseca / Eleonora Boltendahl: Juan

Margarita Fonseca Montaldo / P. Meillet: Pierre (Piercito) Meillet Fonseca

8) Lucía (cantante y profesora de canto)
Pedro Alberto Barcia
hijos: Olga, Lucía, Alberto

9) María Lucía (murió siendo muy niña)


Luis Federico Capurro de Castro y Ema Ruano de Arteaga vivían con su familia vivían la quinta de Haedo en la calle Lucas Obes. Luis Federico fue diputado, senador, miembro del Consejo de Estado, del Banco Nacional y del Banco República (BROU), fundador y primer gerente de la Caja Nacional de Ahorros y Descuentos. Según relata Raúl Capurro Castells, Luis Federico tuvo establecimiento de campo con viñedos en el paraje ahora denominado Margat. Poseía una hermosa quinta en Santa Lucía (Dpto. de Canelones)  y se asoció con su hermano Juan Alberto en diversas empresas industriales.
Fue además pintor y fotógrafo de gran calidad. Su hija Olga fue famosa por sus pinturas en porcelana, dejando una escuela importante. Reproducimos ventana y puerta pintadas por ella en la quinta Capurro. Su hijo Fernando fue un artista de relieve como lo demuestra el catálogo de sus obras que reproducimos. Finalmente el Ing. Federico E. Capurro Ruano fue el fundador de la Escuela Universitaria de Bibliotecología de la Universidad de la República.

Sitio oficial "Quinta Capurro"
Ver también aquí.
Video



Fuente:  Federico E. Capurro: Una memoria más. 1958-1963 (Montevideo 1963, págs. 235-243):


"SANTA LUCIA"

"Julio 5 de 1962

Complicada tarea me he impuesto. "Santa Lucía" significa para mí un pretérito en el recuerdo, otro menos lejano y un presente. Tienen comienzo a través de referencias del pasado siglo - 1870 - y prosiguen a saltos hasta hoy. Entre los sentimientos aparecen vinculados abuelos y descendientes hasta la cuarta generación: queridos progenitores ha tiempo desaparecidos, y bisnietos que juegan hoy a mi alrededor. Numerosos familiares diversamente ramificados, pero todos viendo emerger "Santa Lucía" una evocación común, aunque en distintas épocas recogida.  La historia ya lleva un siglo de episodios amables y sucesos tiernos, entre los cuales habían de interponerse horas angustiosas.

Me siento débil ante su largo recorrido. Es audacia grande lanzarse a trazar, aunque de una manera general, compendiada y cinematográfica, la sucesión de imágenes que mi pensamiento retiene. Daría tema para que un Azorín reprodujera con pocas y magistrales pinceladas el cuadro de la vieja casona nuestra, incrustada en tierras enjardinadas y de labranza. Imploro unas migajas de su inspiración y las mínimas sugestiones de su admirable e inimitable estilo. Y también la busco en mi intento de procurar a mis pocos lectores, el sentido de realidad que imagino al suponerlos transladados al terreno de los hechos, al clima de los ambientes, según vienen acentuando las formas literarias modernas.

Me he impuesto, pues, ajustar mis referencias a una rigurosa modalidad objetiva, ambicioso designio que me señala otro escritor, Alain Robbe-Grillet, técnico prosista, para que detenga mi pluma habituada a pasar rápidamente sobre los acentecimientos y los escenarios, y logre en ella más calma, más detenida pintura de lugares y sucesos, sin despertar cansancio y llevando, en cambio, a quienes me lean, al pasado y al presente, sobre los terrenos de entones y de ahora, de manera que pueda surgir la engañosa posición de una persistente asistencia.

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Bien, Santa Lucía es hoy una ciudad, pero hace un siglo apenas era un pueblito, una aglomeración de casas muy humildes, pero con importante templo católico sobre la plaza central, construída con donaciones de mi bisabuela Mariquita Castro, y ajustada a planos del Ingeniero Alberto Capurro. (A tal iglesia, ya cumplidos los dos a
ños de edad, caminando, fui llevado para ser bautizado, con horror manifiesto del Cura Vicario Fernando Damiani).

Santa Lucia Iglesia

El caudaloso río del mismo nombre le pone al caserío un confín pintoresco, caserío que tuvo el privilegio de gozar durante algún tiempo de estación terminal del primer ferrocarril nacional.

Un buen día, un grupo de personas pudientes de la Capital, pensaron que Santa Lucía podría ser un excelente lugar de recreo. No se hablaba entonces de playas, de ba
ños en el océano, sino que se descubría en el campo y en los ríos buenos factores que, unidos, daban la posibilidad de ofrecer descanso y esparcimiento en el curso de las vacaciones veraniegas, codiciadas pausas a las actividades urbanas. Dieron ejemplo los Chucarro, Magariños, Mitre, Lacueva, Zaballa, Rodó, Rebollo, Castro y Bauzá. Eligieron solares dentro del pueblo o cerca de sus orillas, y allí algunos de ellos levantaron hermosos edificios, prefiriendo otros más extensión de tierra con residencias modestas. Entre estos últimos figuró mi padre. Adquirió nueve hectáreas en el límite con el ejido, sobre una calle que se llamó Ancha y más tarde fue convertida en Bd. Federico Capurro, primer poblador que había de ser así recordado por su iniciativa y por sus méritos, ya que su figura cobró relieve nacional en la industria, la banca y en la política.

Santa Lucia Ciudad


Sta Lucia Quintas


Sta Lucia


Bien, celebrándose en aquellos lejanos días de sus nupcias con mi madre, Ema Ruano, da comienzo a su tarea de transformar la extensión de campo desierto, con la colaboración del experto Don José Campiotti, en una quinta o granja, que comprendería unas tres hectáreas de parque y el resto reservado a plantaciones de árboles frutales y vi
ñas, todo ello dividido por avenidas de magnolias y álamos. Al mismo tiempo adapta un viejo caserón a vivienda residencial y construye otro cuerpo de edificio, más rústico, independiente, destinado a habitación del quintero, con locales para cochera y depósito de herramientas. Poco a poco, nuevas dependencias son añadidas: caballerizas, gallinero, invernáculos, tanque de agua y un muro con verja de hierro sobre toda la extensión de los trescientos metros de frente a la mencionada calle Ancha. Así quedó proyectada la villa de reposo, que había de ser también sencilla explotación agrícola. Nada fundamental se ha introducido después. La planificación fue puntualmente cumplida y sus obras conservadas.

Entretanto, un hotel frente a la estación que ostentaba un gran letrero con su nombre, Oriental, administrado por Don Alberto Suárez, aparecía como formando parte de las necesidades exigidas por el destino a que había de responder la localidad.

Desde la explanada, entre la estación ferroviaria y el hotel, se desprende la ex-calle Ancha, y a un kilómetro de su nacimiento, más o menos, se abre un portón de hierro que da entrada a la propiedad paterna por un camino recto de poco más de un centenar de metros. El tanque de agua a la izquierda y adyacente noria sobre un pozo de agua, dan fe de las pirmeras obras de indispensable utilidad realizadas. Le sigue un peque
ño chalet rodeado de un cerco de tuyas, donde mi padre tuvo instalado su taller de pintura y un estudio fotográfico. Detrás de estas construcciones se extiende el parque cruzado por sendas rectas y curvas bordeadas de cordones de gramilla y plantas diversas, especialmente de camelias, todas ellas importadas con arreglo a una selección esmerada y a normas técnicas sometidas. Entre todo ello se levanta, triunfante, un gigantesco Damahara, árbol de origen asiático, ostentando en la forma y el follaje su belleza y arrogancia incomparables.

Fue la edad dorada para mi padre. Sus primeros a
ños de matrimonio en medio de una actividad inteligente, placentera, creadora, al transmutar un trozo de campo vacío, de pastoreo, en un paraíso lozano, fragante.

Imagino su goce, su deliciosa vida entre las plantas y las flores, surgidas de una tierra casi virgen, que las ofrecía como primeras muestras de su fecundidad dentro de un marco sabiamente trazado, y bajo la diestra dirección de quien ponía en ello sus conocimientos, su gusto artístico y su amor a la naturaleza, esperando con inquietante acecho el resultado de sus inseguras promesas, de sus impenetrables misterios.

Y así fue desarrollándose el plantío y expandiéndose el ramaje que cubre a esta hora canteros y sendas del parque.

A la derecha del ya mencionado camino de entrada, el área es más reducida y su población forestal también es menos compacta. Sólo destácase una calle de ca
ñas de bambú que al juntarse en sus extremos desde las dos filas laterales, ciérranle entrada a la luz. Hoy es comedor fresco y sombrío al aire libre, con espacio para tender una larga mesa bajo un tunel flexible y oscilante de un centenar de metros de longitud.


Quita2010

Foto tomada en noviembre de 2010. De izquierda a derecha: Jacobo Varela, Lucía Pérez Gomar Capurro de Varela, Juancho Labat, Susana Pérez Gomar Capurro de Labat, Annette Fiek de Capurro, Rafael Capurro.

El acceso a la quinta por su frente termina sobre las casas. La residencial a la derecha, y marginando el mismo acceso el local para la habitación del jardinero y servicios. En su cúspide una campana se
ñala el horario de trabajo, esparciendo su sonido mediante enérgicos tirones aplicados a una cuerda unida a su badajo. Del otro lado, cruzando el mismo camino de entrada, un amplio parral de un cuarto de hectárea, proyecta su sombra sobre bancos y mesas estables. En el medio percíbese, a primera vista, una fuente rústica en medio de la cual un bambino de bronce, desnudo, alimenta, con un delgado hilo de agua el estanque a sus pies, donde pequeños peces rojos nadan sin descanso con persistente monotonía. Una gran pajarera, habitualmente vacía, permanece allí ociosa, como olvidado mueble del salón que cubre el parral. Los pájaros, desafiando lluvias o acariciados por el sol, anidan, vuelan y cantan en el espacio abierto, sobre los árboles y entre los arbustos, jazmines y rosales, sin temor a la jaula que nunca fue efectiva reclusión para ellos, y menos hoy que va cayendo en el olvido y la ruína.

De la "basse cour" que sigue al edificio del personal de trabajo, parte una de las avenidas de magnolias de anchas y lustrosas hojas, que empalma en ángulo recto con la de álamos, pretenciosos y escuálidos, juntándose ésta a su vez, a doscientos metros a la izquierda, con la segunda avenida de magnolias que, tomando una dirección contraria a su pareja, termina en el parque. Dibujan ambas vías interiores, zonas rectangulares que dan cabida a montes de frutales ditribuídos en líneas paralelas.

El fondo del predio limitado por una ca
ñada conocida por Los Hornos, que es asimismo linde de la propiedad, se halla dividido en dos potreros donde pacen dos bueyes, una vaca y una mula, esta última sometida a la doble cotidiana ocupación que consiste en el bombeo de agua moviendo lentamente la nori con los ojos vendados, y en otra, menos humillante, entre las varas de un carro. Además son gratos habitantes de la quinta, gallinas, patos, conejos, cerdos y un par de mastines, celosos guardianes de los tesoros allí acumulados.

Dejo así con los escasos colores de que dispongo, pintando el cuadro de "Santa Lucía" suelo complaciente y luminoso que después de haber deleitado a los mayores fue campo agitado de los menores que compartían la disponibilidad de la mansión, invitando, talvez con demasiada frecuencia, a numerosas amistades. Los due
ños abrían las puertas generosamente. Y, por supuesto, acudían huéspedes de la Capital y de Buenos Aires, familiares jóvenes y de edad madura. En cuanto a la muchachada, las cocheras convertidas en dormitorios, eran por ellos invadidas, y poblados los potreros y caballerizas con igual número de cabalgaduras. ¡Cómo no recordar con la sonrisa en los labios y nostalgia en el pensamiento, todo aquel movimiento de alocados paseos en coches y carros, cabalgatas a través de los montes del río, y toda clase de desbordes de una juventud irrefrenable, dejada libre sin vigilancia por quienes entendían superflua cualquier medida de orden! Allá la democrática libertad dominaba sin límites. No se hablaba entonces del comunismo de hoy. Aquel era un comunismo dentro de un libre colectivismo de libre individualismo.

Y no faltó tampoco el inevitable flirt, cuyas consecuencias, naturalmente, fueron desvaneciéndose con los años. Pero dió el buen complemento a aquellas reuniones de juventud emancipada, que había de tejer su trama entre los juegos físicos y los románticos. "¡Qué tiempos aquellos!".

Y así, como los árboles fueron envejeciendo, engrosando sus troncos y extendiendo sus ramas, nosotros también aumentamos de peso y fortificamos los múculos, dando frondosidad a nuestra imaginación, a cierta sabiduría, mientras un juicio crecieno en madurez iba dirigiendo nuestros actos. "Santa Lucía" siguió trayendo simpatías y cari
ño, pero de otra manera.

No sabría precisar el número de cuantos de nosotros tuvimos ocasión de divisar entre el follaje trémulo de los atardeceres de la quinta, la luna de miel brillando en el cielo sereno, visión si no siempre real, por lo menos voluptuosamente fantaseada.

No ha de ocultarse, por otra parte, que "Santa Lucía" fue refugio para atenuar desconsuelos, y sanatorio para alivio de físicas dolencias. Todo lo cual acrecía nuestro afecto, nuestra gratitud, nuestra seguridad de poder siempre contar con su acogida noble y hospitalidad desinteresada.

En 1905 murió mi padre. Su estudio y taller quedaron vacíos. Los motivos de atracción disminuyeron. La quinta sufrió los efectos de pronunciados cambios. No ejercía como antes el influjo que nos hacía presente en el pasado, que era fuerte lazo de conexión con todo aquello que allá habíamos vivido.

Sin embargo, aún existía nuestra madre. Ella era mitad del pretérito, ella compartía acaso con más intensidad las evocaciones de aquellos a
ños. A través de ellas, de su seducción, "Santa Lucía" seguía reinando en nuestros corazones. No fue abandonada, ella persistía en hacerse, desde lejos, presente. Llegaban con frecuencia de allá flores, frutas y hortalizas. La quinta insistía en demostrar que era siempre la misma. Fiestas y almuerzos eran en ocasiones celebrados. Y la familia, por turnos, se tomaba allá sus vacaciones o alguna semana de sosiego. El quintero, Luis Garbarini, atento, laborioso y diligente, cumplía con su deber tal cual fuera asociado en el dominio de la heredad.

Y pasaron más a
ños.

Mi madre en junio del 42 también desaparece. Y ya faltó el alma, el espíritu que aún nos tenía sólidamente vinculados - mis hermanos y yo - para amar como antes a la vieja quinta. Esta había pasado a ser de todos y de nadie. Todos tenían acceso a ella, pero nadie vigilaba, nadie atendía a su custodia. El derecho común no alentaba las colaboraciones. Había muerto asimismo Garbarini. Su hijo fue designado para sustituirlo, pero estaba lejos de prestar sus servicios con la eficiencia de su padre. Se había originado una situación incómoda. El condominio no era favorable. Parecía llegada la oportunidad de concentrar aquel derecho a la propiedad en uno o dos de los hermanos. Se aunaron las voluntades y la quinta hoy sólo pertenece a las dos hermanas, Olga y Lucía.

Los sentimientos respecto a aquella tierra puede decirse que permanecen invariables, pero a excepto de Olga y Lucía, tal desprendimiento en la participación de la herencia nos ha alejado. Para ellas vive como antes. Han ensayado un buen sistema de cuidado y explotación y se trasladan a menudo deseosas de renovar el goce de sue
ños y realidades.

De vez en cuando se organizan almuerzos parciales que suelen convertirse en generales. Hermanos, hijos, nietos, bisnietos, y hasta tataranietos de los fundadores, rodean las mesas, y vuelven después de lasl placenteras horas usufructuadas debajo de los frondosos pinos, afirmando la sociedad familiar multiplicada y diferenciada que se expande pero no se disgrega. hace un par de meses pudieron contarse ochenta y cuantro de sus miembros.

Lucía, la más entusiasta, mejora el predio que le ha correspondido en la división convenida con su hermana, y acude semanalmente allá en busca de materiales, ramas, arbustos, hojas y flores, para componer sus elegantes decoraciones artísticas, tarea que realiza con el gusto, la inteligencia y la habilidad de que ha sido por la naturaleza dotada. Olga, por su parte, recibe a sus relaciones, Amabilia, Dominga y las negras Catalina, Juana Rosa, etc., al igual que lo hacía su abuela, Lucía Arteaga de Ruano que se divertía en departir con otras Domingas y Catalinas, de las cuales extraía episodios que comentaba risue
ñamente. Pero Olga va más lejos, les añade complementos de su cosecha, tranformándolos en cuentos que habrían procurado buenos argumentos a las festivas historietas de Guy de Maupassant. Son ellos pintorescos y cordiales comadreos intercalados entre sus preciosas pinturas sobre porcelanas.

Y ahora, una muy querida heredera, Mireya [sic], se
ñora de Montt, ángel titular de Olga y Jacobo, sus padres, ha surgido como asidua concurrente a "Santa Lucía". Se diría que ha heredado las tendencias de su abuelo. Renueva el taller y el estudio que fueron de pintura y fotografía, en correspondencia con los gustos de los ascendientes, y en singular modo obedeciendo a un delicado y tierno amor filial. Lleva allá en auto a su madre quien se extasia durante las horas en que se ve de nuevo en el mismo ambiente, rodeada de los mismos muebles, cuadros y retratos de antaño, y frente a ventanales que recuadran las mismas plantas y vastos fondos verdes que se destacan en el mismo cielo. Y allí espera otra vez a sus amigas con otros cuentos risueños y acaso ahora con dramáticos relatos.

De un golpe he vaciado en estas páginas todo el contenido que mis recuerdos abrigan, las impresiones de hoy y los sentimientos que llegan a empujones a mi pluma al tiempo que voy escribiendo, sentimientos escondidos que espero no lleguen a exintinguirse jamás. Son sutiles y hondos como los secretos de las viejas pasiones extinguidas, que se ocultan al abrigo del tibio calor de las cenizas."




Quinta Capurro



Quinta Santa Lucía (antigua)
Los bueyes se llamaban Peñarol y Bienhecho
Los perros Chingolo y Bocanegra

Quinta Santa Lucia antigua


Quinta Capurro (Santa Lucía)

quinta capurro


quinta


quinta capurro


quinta capurro


Quinta Capurro (Santa Lucía)
Ventana y puerta pintadas por Olga Capurro Ruano de Varela

Olga Capurro Ruano


Quinta antigua de Santa Lucía

quinta antigua santa lucia



OLGA CAPURRO RUANO DE VARELA


Olga Capurro Ruano


Olga Capurro de Varela



Sobre Olga Capurro de Varela escribe Federico E. Capurro en su libro "Una Memoria Más 1963-1966" (Montevideo 1966, Tomo IV, páginas 147-148) con motivo de su fallecimiento:


"Junio 30 de 1964

Una hermana muy querida, de excepcional naturaleza espiritual y refinada cultura artística, aparte de que como madre y esposa fueran el cariño y la dignidad sus invariables principios, ha desaparecido hoy a sus stenta y ocho años de edad.

La vecindad de nuestras residencias, separadas apenas calle por medio, daba ocasión para diarias visitas, paraticularmente en los últimos años que no fueron favorables para su salud. A pesar de la enfermedad que paralizó sus piernas, no resentíase su buen humor, ni menguaba su espüiritu siempre despierto y dotado de un sutil encanto que desplegaba naturalmente entre la gracia, la imaginación y el chiste, haciendo de su amena conversación un atrayente momento de expansión familiar.

Pintaba porcelanas con admirable destreza, variando los motivos, pero siempre dentro de su propio estilo. Ejecutante y maestra recreábase en dar lecciones a cualquiera que revelara interés y vocación. Y así, juegos de mesa decorados, y primorosos tapices quedan distribuídos en la familia como recuerdos de su viva inteligencia y delicada habilidad.

No obstante sus ideas francamente liberales, pero muy tolerante ante las opuestas, se complacía en recibir sacerdotes con quienes armonizaba en el gusto por las artes, y, respondiendo ellos a la misma tolerancia, nada impedía que coincidieran en la cooperación a favor de la asistencia social.

Esposa de Embajador, brilló en los ambientes diplomáticos y tal como figuraba con alta distinción en los salones de la capital de los Estados Unidos, también en grado idual a que elevábase su bondad, circulaba entre los rancheríos de Santa Lucía. De éstos gustaba recoger cuentos cómicos que adornaba con improvisadas occurrencias, pero respetando siempre su amigable trato con los protagonistas.

Yo la admiraba no sólo con el afecto de hermano, sino además con el aprecio que sugeríame su bien templado y equilibrado temperamento siempre en armónica corrrespondencia con la ilustración y amenidad que ponía en sus expresiones.

Estas virtudes ostensibles en toda su magnitud, crecen ahora al evocar tan bella vida en el fervor de la emoción, llevando la pena a lo más hondo de la sensibilidad y a su mayor persitencia ante su eterno alejamiento."





FERNANDO CAPURRO RUANO

Exposición de la obra de
 Fernando Capurro Ruano
en la Grande Galérie de la Salle Pleyel (Paris)
Catálogo
Amigos del Arte
Montevideo, Octubre 1939



Fernando Capurro


Fernando Capurro


CATALOGO


Retratos al óleo
1. Ana de Pombo
2. Eugenio Garzón
3. Ricardo Marín
4. César de Mendoza
5. Alfredo Wyldt
6. Elina Arocena de Basavilbaso

Obras diversas óleo
7. Brujas
8. Penitentas
9. Precieuses ridicules

Dibujos sobre madera

Retratos
10. J.A.C.F.
11. Princesse indienne
12. Inconnue

Obras diversas
13. Virgen monta
ñesa
14. Murallas de Avila

Paisajes
15. Manzanos de Normandía
16. Versailles
17. Versailles
18. Viejos árboles
19 y 20. Soforas
21. Versailles - arbol hamaux (sic)
22.  Coteau vernon (sic)
23. Oto
ñal
24. Arbol Luxemburgo
25. Mimbral

Desnudos
26 al 30
Dibujos sobre cartón coloreado
31 al 34

Gouaches
35. Paisaje de Davos




CRONICAS
(selección)


"LES NOUVELLES LITTÉRAIRES" (Paris, Junio 1939)

"A la Grande Galerie de la Salle Pleyel, M. Fernando Capurro a récement fait une exposition très complète de ses oeuvres. Cet artiste, qui est arrivé à la peinture par l'architecture possède un sens indéniable de la forme et de la couleur. Ses toiles sont d'inspiration très diverses: avec la même facilité il exécute paysages marines, portraits, compositions. Chaque sujet est adapté a une technique particulière très précise, ainsi par exemple, ses fusains sur bois, qui fait de Capurro un peintre très doué et, sur son plan plastique, en possession complète de son art." (Rene de Berval)

"BEAUX ARTS" (Paris, Junio 1939)

"Cet architecte né à Montevideo et ayant fait des études à Harvard ainsi qu'à l'Ecole de Beaux Arts de Paris, se découvrit un jour une vocation de peintre si impérieuse, et si irresistible qu'il lui sacrifia aussitôt une carrière que s'annonçait brillante. Il est assez curieux de constater que Fernando Capurro n'a voulu tirer aucun parti de sa science de mathématicien, de perspecteur et de calculateur. Il peint et il dessine librement, trop librement peut-être... Ses portraits et ses grandes études d'arbres révèlent son sens de l'homme et son contact direct avec les choses. On appréciera tout particulièrement ses effigies expressives et vivantes de Eugenio Garzón, de Cesar de Mendoza et de Alfredo Wyld. Ses fusains sur bois sont largement traités..." (Waldemar Jorge)

"LA SEMAINE A PARIS" (Paris, Junio 1939)

"A la Grande Galerie Pleyel, cet excellent artiste uruguayen expose une soixantaine de ses oeuvres. Curieux peintre que Fernando Capurro. Il va de la satire et de l'humour à l'irréel et aux symboles: il dessine sur bois au fusain et à l'or; il peint fougueusement à l'huile; il traduit des nus avec précision, science, volupté, et, pour traduire un paysage de France, il erige des arbres-femmes dans le vent. Capurro est le type même de l'artiste ardent, sincère et tourmenté." (Charles Fegdal)




Sobre Fernando Capurro Ruano escribe su hermano, Federico E. Capurro Ruano en su libro "Una Memoria Más  1963-1966" (Montevideo 1966, Tomo IV, páginas 219-221:


FERNANDO

"Diciembre 14 de 1964. Punta del Este.

Anoche, sorpresivamente, el más joven y último de mis hermanos, murió en Punta del Este. Media hora antes había yo estado a su lado.

Me proponía acompa
ñarlo hasta el Cementerio Central, adonde la familia Capurro va llevando sus restos desde el año 1870, fecha en la que mi abuelo paterno Juan Bautista, dispuso la erección de nuestro sepulcro, un templete gótico sobrepuesto a la cripta, frente a la Capilla Central. Pero mis hijos se empeñaron en privarme del cumplimiento de este deber que me dictaban mi conciencia y mis sentimientos, obedeciendo a los suyos guiados por el propósito de eludir un esfuerzo acaso impropio de una existencia demasiado larga ante otra penosamente terminada.

Cedí pensando en que habría entonces mejor satisfecho mi deuda de cariño y de recuerdo escribiendo esta nota para mi cuarto tomo de "Una Memoria Más", mientras el féretro recorre la carretera hasta llegar a su destino.

Fernando, en su confortable casa de Punta del Este, habitada con su esposa Julia Elena Arata, desde hace quince años, se había constituído allí en el eje de sus familiares y relaciones, que era muchas entre residentes compatriotas y argentinos a ellos vinculados por sucesivos afectos surgidos de los largos años de su vida profesional y de inquieto viajero.

Y no sólo por estos motivos nos reuníamos alrededor de Fernando, sino, singularmente, por el atractivo carácter abierto a todas las corrientes de expansiones amistosas, sobresaliendo, por arriba de todo, su vivo espíritu en el que aparecía invariablemente su temperamento artístico, y predilección por los temas de sutiles conceptos que se deleitaba en comentar. Fue arquitecto, historiador, arqueólogo, pintor y poeta. De todas estas facultades dejó pruebas en bellas manifestaciones arquitéctónicas, telas originales, libros apreciados y páginas románticas.


Su vasta cultura en tales sentidos se había desarrollado en frecuentes viajes a Europa, estudios en Estados Unidos y concurriendo a salones de arte y de conferencias que la oportunidad pusiérale a su alcance.


Y todo ello siempre envuelto en su buen humor y optimismo, conalgo de fondo escéptico, de modo que su conversación resultaba agradable, instructiva, sembrada de imágenes coloreadas entre influencias simpáticas y cordiales, afirmadas en su bondad inclinada al elogio, jamás a la crítica acerba.


De ahí justificábase el interés que despertaban sus cuentos, sus recuerdos, relatados con buen gusto, agudo ingenio, comunicando así al ambiente el calor y la alegría del hombre de mundo, del intelectual selecto que gustaba en exponer lo vivido, así como le era también grato conocer las ajenas andanzas, en especial modo cuando referíanse a circunstancias coincidentes en actividades y en evocaciones de tiempos paralelamente recorridos.


Se han disipado, pues, sin esperanzas de retorno, con hondo dolor, inestimables valores concentrados en el cuarto de mis hermanos varones desaparecidos, cingo amigos unidos por los más cari
ñosos y estrechos lazos de aprecio y respeto recíprocos. Teníamos leal placer de abrazarnos. Esto poco a poco se fue desvaneciendo. Hoy, toda ocasión se ha definitivamente extinguido.

El féretro de Fernando ya debe estar cerca de la cripta. Desde allí toda la envoltura de su esencia se irá perdiendo en la lejanía, al tiempo que un hermano la retiene para traducirla en estas páginas fervorosas.


Díjole al médico que preparaba una inyección intravenosa: "No, doctor, es inútil, ya ha llegado el fin". Y expiró.


Hasta en esta frase de extremo instante, quedó revelado el temple de su alma. Había vivido como unidad social de selección, a su manera personal y valerosa, y así se despidió en la quietud y la paz, con mirada serena, terminada su misión entre los hombres, sin odios ni amarguras, siempre dispuesto a encomiar virtudes y a tolerar tendencias negativas, persistentemente ajustado al plan filosófico de las inteligencias superiores.


Así lo hemos visto y así le consagramos nuestra memoria."





 FEDERICO E. CAPURRO RUANO
(1876-1979)



Ingeniero civil
Presidente de la Academia Nacional de Ingeniería  (fundada en 1971)
Académico de Honor de la Academia Nacional de Economía
Ex-Director de Vialidad
Ministro de Obras Públicas
Senador y Decano de la Facultad de Ingeniería.
Fundó en 1945 la Escuela Universitaria de Bibliotecología de la Universidad de la República. Ver también el sitio de la Asociación de Bibliotecólogos del Uruguay.


Rorschach
Juan y Federico Capurro Ruano (ver aquí) (1889)


Federico Capurro Ruano
Federico Capurro Ruano

Federico Capurro Ruano
Federico Capurro Ruano

Ver el sitio J.B. Capurro.

Publicó sus memorias en ocho tomos bajo el título "Una Memoria Más" (Montevideo: La Industrial Gráfica Uruguaya, 1950-1970), primer tomo: 1898-1948, último  tomo 1974-1976.

Federico E. Capurro


Federico E. Capurro: Memorias


Extractos del tomo I (1898-1948) de "Una memoria más" de Federico E. Capurro (Montevideo 1950)


PROLOGO

"Una memoria más" dice el título de este libro, porque es cosa de pretéritos tiempos afirmar que llegando a cierta edad, invariablemente, se manifiestan dos atracciones que jamás antes obraron sobre nuestro ánimo: la de las plantas, elementos sumisos y maleables que nos dan la grata impresión de su flexibilidad, belleza y lozanía, y que impasibles se someten a nuestra voluntad, sin protestas, sin crearnos conflictos, después de los largos y fatigosos años de lucha que indudablemente hemos debido afrontar en el medio social en que actuamos; y la de los recuerdos que, confusos en nuestra mente, deseamos llevarlos con adecuado orden al papel para vivirlos de nuevo, tal como los hechos acaecieron, y así, bien y cronológicamente dipuestos, analizarlos mejor, destacando más los errores que los éxitos, porque los primeros mucho más pesan en el exámen del pasado."

[...]

"Y ahora, para completar el cuadro que refleja los 70 años cumplidos, empiezo mi Memoria, una relación que abarcará más de medio siglo, y en la cual no perderé ocasión de escapar de los escenarios para situarme detrás de las bambalinas." (pag. 26)

[...]

"No puedo afirmar que mi vocación tuvo adecuado campo para ejercitarla. He sido llevado por las circunstancias a una acción enciclopédica que no podría dar satisfacción a los preceptos expresados, y en ciertas etapas de mi vida, me sentí envuelto en situaciones francamente contrarias a mis naturales inclinaciones y a mis facultades. Pero traté de vencer la oposición con que tropezaba, para conservarme digno de quienes en mí confiaron y de mi mismo. No me present así para despertar elogios, sino por lo contrario, ya que tales esfuerzos no fueron siempre feices, y más de una vez dieron motivo a que me sintiera amargado, por entender que la ausencia de ciertas condiciones que natura me negara, se oponían a que yo actuara como lo hubiera deseado.

Me encontrado bien dentro de mis funciones profesionales; menos adaptado en el profesorado y bastante menos aún en la política. No fuí un brillante profesor en la Facultad de Ingeniería, ni un destacado Decano; sólo ejercí la enseñanza ofreciendo realmente todo lo que podía dar y con un buen sentido práctico, y creo haber sido un Decano trabajador y consagrado a nuestra casa de Estudios. Como político me faltaron tres cualidades, a mi modo de ver, esenciales: facilidad de exposición, hábil condescendencia y aguda perspicacia. Hube de escribir todos mis discursos, y, cuando improvisaba en el Senado, sufría mi propia estimación, leyendo las versiones taquigráficas, ante la incorrección de mis expresiones. La dureza de mis actitudes que no podía vencer, tuvieron, yo creo, desfavorables proyecciones en mi vida política, y la ingenua modalidad de mis concepciones sobre los episodios y controversias en que me tocó intervernir, no podían darme la fisionomía de un parlamentario eficaz. Yo lo sabía, lo comprendía. Volveré sobre este punto para ampliarlo y mejor definirlo en el capítulo referente a mi actuación parlamentaria.

En cambio, en el Ministerio de Obras Públicas, más dentro de mi profesión, me sentí mejor capacitado, con más firme confianza en mi mismo, lo que me daba aliento para llevar adelante mis planes de administración y de trabajo, planes que los acentecimientos políticos, como se verá más adelante, cortaron apenas empezaban a tomar cuerpo.

Esta corta introducción es, creo, suficiente para anticipar el tono de sinceridad con que me voy a juzgar a mi mismo y a los hombres con quienes estuve en contacto, que tendrán buena cabida y seguramente más relieve en las páginas que siguen." (pags. 27-28)


CAPITULO I

Primeros Pasos

[...]

    "Tuve siempre una clara conciencia de mi nacionalidad.  La aspiración a ver el Uruguay culto, ordenado, respetado e industrialmente rico, no se apartó jamás de mi pensamiento, y no perdí ocasión – fueron muchas – para afianzar esas ideas con mis esfuerzos.

    Soy partidario decidido del régimen democrático republicano, tal como establece nuestra Carta.  No ignoro sus defectos, pero estoy convencido de que son menores que los que obsérvanse en otros sistemas de gobierno.  Mi experiencia me ha demostrado que no hay ideales accesibles.  La balanza ha de decidir la elección, descartando por anticipado lo que está en pugna con ciertos sentimientos que, como el de la libertad, se ha infiltrado en el alma desde la cuna, y va tomando luego cuerpo hasta llegar a constituír la bandera que se eleva sobre todos los humanos beneficios.  Por esto soy radicalmente contrario a las dictaduras, cualquiera sea su forma.

No tengo creencias religiosas, pero no he sido intransigente. Acepté el casamiento según el rito católico y no me opuse a que mis hijos fueran bautizados. El precio por sostener, en esos casos, mis principios laicos, moderados, habría sido excesivo.

En materia de ideas y creencias jamás he llegado al fanatismo, estado de espíritu que no concuerda con mi temperamento, si bien no he escapado a exaltaciones transitorias.

El matrimonio no había de ser propicio para mí. Viudo dos veces, conservo, a través de recuerdos y sentimientos, los fuerzes lazos que de él surgieron.

Mi padre, a quien he venerado, fué amigo del Presidente Cuestas. Actuó en política en aquella época ocupando, como colorado, una banca en el Consejo de Estado, después de haber sido Senador, y yo seguí sus ideas, simpatizando con la administración escrupulosa con que Cuestas caracterizó su gobierno. Yo tenía entonces 22 años. Recién en aquella postrimería del siglo, se manifestaron en mí las primeras claras tendencias dentro del campo de nuestras disensiones. Y fué mi padre también amigo de Batlle, y yo hube de ser Batllista, partido al que he pertenecido mi vida entera, sin desalientos ni salir del tronco primario. Aunque indisciplinado a ratos, el fondo de mi conducta es, sin duda, de absoluta consecuencia. (pág. 29-30)
 
[...]

El puente sobre el Yi, tendido frente a Durazno, primer y sonado éxito de mi vida profesional, tuvo particular influencia en mi carrera dentro del escalafón de la Administración Pública. En 1905, fuí trasladado a Montevideo para ocupar el cargo de Sub-Director de Vialidad, al mismo tiempo que hacía mi entrada en la Facultad de Ingeniería como Profesor de Puentes.

Concurrió en representación del Poder Ejecutivo, para asistir a la inauguración de la obra, el Ingeniero José Serrato, entonces Ministro de Fomento. Este Ingeniero afirmaba ya su brillante figuración política. (pág. 50)


CARRASCO

Tengo de Carrasco muchos planes, muchos números, pero poca relación escrita, y mi memoria no sé si reflejará con exactitud aquellos primeros días de estudio del terreno, en 1912, durante los cuales, para llegar a Carrasco, no podía prescindir de montar a caballo para salvar los fangales que lo separaban de los caminos pavimentados más próximos; no sé, repito, si mis recuerdos podrán traducir aquellas jornadas de intensa actividad constructiva, cuando tras el transporte de enteros médanos, mediante cientos de vagonetas que vaciaban las arenas en los bañados, éstos de hundían, dando así lugar a que sobre ellos se extendieran amplias explanadas, donde más tarde se trazarían las avenidas. Entretanto ellas eran recorridas por pequeñas máquinas de vapor que arrastraban desde las canteras, distantes unos ocho kilómetros del Balneario, toneladas y más toneladas de piedra con destino a los afirmados y construcciones.

Y avanzaba el trabajo en la superficie del terreno - no se debía perder el tiempo - mientras a cierta profundidad progresaban también las cañerías de desagues.

Por otra parte, ya se iban abriendo las zanjas para los cimientos de la media docena de chalets con que la Empresa iniciaba la edificación, y se extendían las plantaciones en cuanto las estacas delineaban el pintoresco trazado del Arq. Carlos Thays.

Singular diligencia, celeridad  y ordenamiento exigían las obras. Tal atención y las dificultades del viaje, me imponían, durante el curso de los trabajos, diarios madrugones. Salía del centro estando aún los focos del alumbrado público encendidos, para llegar a Carrasco pasada ya la hora de entrada de los obreros a sus tareas.

El Dr. Alfredo Arocena, iniciador y animador de la gran empresa, se hacía a menudo presente, y el señor Esteban Elena, que compartía la dirección con el Dr. Arocena, infatigable y tesonero, daba cuidadosamente instrucciones al equipo de jardineros para bordear las avenidas con pinos y eucaliptus y ornamentar las plazoletas y la rambla.

El espíritu artístico de los promotores, ya puesto de manifiesto en la elección del plan, manifiéstase asimismo en los detalles. Adquieren grupos de mármol en el extranjero, fuentes, centros, motivos decorativos que hábilmente distibuídos, contribuyeron a transformar aquel desierto estéril, desnudo, en parque alegre y, en cierto aspecto, de aristocrático destino.

Y así fué surgiendo el Balneario de Carrasco. El marco sobre el mar había de ser, naturalmente, la rambla, obra delicada como todas las que han de enfrentar los caprichos del mar. Afortunadamente había antecedentes de observaciones hidrográficas en el Instituto Meteorológico, tomados en el Puerto de Montevideo. Transferidas a la playa de Carrasco tales informaciones que abarcaban una buena serie de años, dieron base para fijar la línea y cotas de los muros de las terrazas y escalinatas de acceso desde la playa. Las pendientes límites para los desagues, dentro de aquellos niveles, originaban serieas incertidumbres y preocupaciones. Prescripciones técnicas por un lado, y exigencias económicas, por otro, complicaban en extremo la solución. En fin, un minucioso estudio altrimétrico, cuidando luego con infinita atención el trazado de los perfiles, a lo que había de seguir su exactísimo replanteo en el terreno, que no toleraba errores ni de un milímetro, dieron satisfacción a todas aquellas circunstancias que la naturaleza parecía presentarnos como términos de un problema insoluble.

El terreno constituído por una capa de arena de gran espesor, y saturado de agua hasta muy cerca de la superficie, no dejaba de ofercernos otra temible dificultad, para realizar la instalación de la red cloacal, cuya terminación estaba sujeta a plazos perentorios. Las filtraciones de una arena tan fina, como polvo de talco, a través de intersticios capilares, había llegado a ser la pesadilla del constructor, y a despertar en mi cierta inquietud. Día a día descubríanse las cañerías para reponerlas en línea y cerrar las invisibles entradas. Atribuíanse a misteriosos movimientos del suelo, a fantásticos fenómenos geológicos, a juegos satánicos del destino. La desesperación del contratista no se atenuaba. Con todo, el funcionamiento se hizo normal.

Y sobre todas esas miserias del trabajo, del esfuerzo obrero y de la impaciencia de los técnicos, allí enterradas y cubiertas por una capa basáltica primero, y de hormigón después, millares de automóviles habrían de desfilar muy pronto por las calles de Carrasco, indiferentes, entre los verdes pinos, cuyas raíces algo sabían acerca de cómo por allí abajo, la inexperiencia fue sorprendida y hubo de luchar, no sin tristeza, en defensa de ilusorias ganancias.

Ya dibujado, el espacio reservado para el gran hotel, comiénzase las fundaciones, levantándose los andamios y rápidamente álzanse los muros del suntuoso edificio. El plan general del balneario está todo él en ejecución. Y poco a poco, los trabajos unos después de otro, van quedando terminados. Afluyen los automóviles, al principio, con alguna timidez, y con la misma prudencia, por aquí y por allá, aparecen construcciones de playa, que felizmente, ajustándose espontáneamente a un buen estilo adecuado al lugar, paso a paso, van llenando el amanzanamiento que rodea al hotel. Se hacen comentarios alrededor de los optimistas atrevidos que se arriesgan a edificar en Carrasco. ¡Aquello era tan lejos! ¿Qué porvenir le espera? Los directores de la empresa no dudan. La primera guerra mundial alarma y detiene el progreso iniciado bajo buenos auspicios. Nuevas perplejidades. El espíritu conservador se retrae. Pero antes de la paz de 1918, se había reiniciado ya la marcha ascendente. Carrasco llega a ser lo que se esperaba de él. Carrasco triunfa. Carrasco se desenvuelve rápida y positivamente. Carrasco determina todo el desarrollo de la obra edilicia desde Pocitos hasta él y más allá. Las previsiones se cumplían. Admiramos ahora su actual composición, de lo que se denominó Balneario y sus alrededores, admiramos la composición forestal y residencial, frente a la playa blanca, sobre la que rompen los azules y los verdes colores del mar.

Por mi parte, no contemplo este hermoso cuadro de hoy, sin que se reproduzcan en mi recuerdo los pajonales de antaño, que cruzaba con los instrumentos de ingeniería levantados sobre mi cabeza, como lo hacen los soldados con las armas, para poner a salvo los resortes, las piezas delicadas, fuera del alcance de las aguas.

Cuando atravieso los lujosos salones del Hotel, y observo el numeroso servicio del comedor y bar, mi imaginación vuela años atrás. En 1912, como único albergue, podía contarse con un muy modesto rancho con rústicos muros de piedra, techo de zinc y piso de tierra, situado sobre la avenida principal, a unos cientos de metros de los "Portones", y como camarero a un peón llamado Chango, excelente obrero, pero con pésimas aptitudes para los menesteres domésticos. El contraste resulta original, interesante y curioso, a pesar de que no se aparta del ritmo con que el universo presenta a la vida sus periódicos misterios.

En dos años todas las obras quedaron concluídas. Durante este término yo construí para mi familia un chalet a 80 metros del Hotel. Lo habité siete veranos consecutivos. No me permití el lujo, un buen día, de perder la oportunidad de su venta. No tengo, pues, ahoraa residencia allí, pero consecuente con Carrasco que es para mí un espejo de años juveniles en los cuales mi capacidad de trabajo había llegado al máximo, y de horas felices dentro del marco familiar, vuelvo a la magnífica playa, eligiendo, por lo menos, veinticinco luminosas mañanas de enero y febrero. Cumplo así con un rito, cuyos preceptos religiosamente observo. Adoro el sol después del baño. Recostado sobre la arena, descanso. A través de las realizaciones actuales entreveo el pasado. Bajo los rayos del sol y frente al colorido variado de las unnumerables carpas y sombrillas, entre las cuales graciosas y atrayentes siluetas de bañistas tuéstanse como yo, o se mueven, se acercan o se alejan de la orilla, dibujando todo ello el espectáculo del presente, ábrense a mi espíritu claros horizontes, acariciadoras ilusiones, confianza en el porvenir. Es prueba de que nunca debemos desmayar frente a los inevitables contratiempos contra los que tropieza toda iniciativa. Carrasco es un ejemplo de un gran propósito cumplido. Admiremos Carrasco no sólo como maravillosa estación de recreo, sino también como símbolo de pensamiento habilmente, inteligentemente desarrollado y coronado, y admiremos, apreciemos en tan feliz realización, el vasto alcance de sus consecuencias urbanas y sociales." (págs. 57-60)

CAPITULO VI
[...]

    "Con la muerte de mi madre, en 1942, quebráronse los últimos vestigios del ilusorio amparo a través de los más delicados sentimientos, que mantiene vivo el amor filial, señalándose así la mayor alteración entre los grandes períodos en que inconscientemente dividimos nuestra existencia." (pág. 332)





Ing. Federico E. Capurro Ruano
Diario´"EL DIA", 27 de enero de 1979 (pág. 5)


Federico Capurro

Federico Capurro


Una Memoria Mas pags. 38-39


UnaMemoriaMas pags.296-297


Montevideo, calle 18 de Julio
alrededor de 1880


Calle 18 de Julio


La bahía de Montevideo

Bahia de Montevideo

Fuente:
http://www.e-transhotel.com/montevideo_antiguo.htm


El Cerro de Montevideo

Cerro





RICARDO GOLDARACENA


Sobre Ricardo Goldaracena (1936-2004), el autor del "Libro de los Linajes", escribe Enrique Yarza Rovira:

"A pesar de esa inclinación del intelecto hacia la genealogía, y de saberse descendiente de grandes prohombres forjadores de nuestra nacionalidad, nunca hizo de ella un instrumento de vanidad.  Con vehemencia siempre sostenía

si la ciencia ha podido determinar que cada hombre tiene millones de antepasados y parientes, la humanidad es, entonces, una extensa familia donde no pueden existir distinciones de cuna. La genealogía se vuelve así, mirada desde este punto de vista, un inesperado y formidable fundamento de la democracia”.

De allí que afirmó en sus escritos que

no había rey que no descendiera de algún plebeyo como que no había plebeyo que no descendiera de reyes

poniendo sobre el tapete la vieja ley de la confusión de las estirpes sostenida por el francés Vauvenargues en pleno Siglo de las Luces en el Ancien Régime.

En su primer tomo del Libro de los Linajes, un verdadero “Quién fue Quién” en el Uruguay décimonónico,  advertía al lector: 

Este es un libro de genealogías. Pero no se alarme el lector; no es un nobiliario. Ni los insignes hortelanos y mercaderes coloniales que fundaron familias históricas aquí estudiadas constituyeron jamás una aristocracia..... Esas familias conforman un universo riquísimo, cargado de curiosidades y anécdotas, atestado de personajes, no todos héroes nacionales, naturalmente, pero que abarcan toda la gama de posibilidades existentes entre la gloria y la miseria”.....

Mas adelante agregaba:

si algo pretendo hacer aquí es descolgar retratos y abrir las vitrinas que congelan la Historia, para limpiar el empaque de almidón con que tan injustamente se ha recubierto a tantos individuos, y devolverlos humanizados, en su medio doméstico y social, con sus virtudes y defectos, y con los testimonios de su vida, sus alegrías, esperanzas, triunfos, dolores y frustraciones..."

Esta consagración tesonera a la genealogía y su magistral dominio de los temas históricos expuestos por él con finísimo sentido y sabroso dejo criollo han conferido a su obra un valor destacado y representativo dentro y fuera del Uruguay, particularmente en Argentina y en la madre patria. Entre la frondosa lista de libros de su autoría se citan: “El Libro de los Linajes” (6 tomos), “Con nombre y apellido: una historia de cómo se llama la gente”, y “La ciudad y sus nombres”. Es notable su aporte en trabajos monográficos a la Revista del Instituto. Así publicáronse eruditos estudios, respaldados por citas fidedignas de irreprochables autores y documentaciones archivales."







 
 

II. LOS ETCHEGARAY ETCHEPAREBORDA

Elida Etchegaray Etchepareborda era hija de Pedro (Tatita) Etchegaray y de Graciana (Mamina) Etchepareborda.

Pedro Etchegaray (1850-1935) era a su vez hijo de Jean Etchegaray (Saint-Just-Ibarre 1806 - Montevideo 1876), proveniente de Saint-Just-Ibarre,  y de Gracianne (Graciana) Alzugarat (o Alçugarat ( ? Saint-Just-Ibarre - Montevideo 1882), un apellido existente aún hoy en Bayonne, Pays Basque. Juan (Jean) Etchegaray tenía un negocio al que le decían "El almacén de la vela". Era un lugar donde se reunía gente vinculada a la política.

pais vasco


Pedro Etchegaray nació en Montevideo. Tenía dos hermanas, Mariana y María,  y un hermano, Juan, que murió de fiebre amarilla en 1872 a los 23 años de edad.

Datos y fotos (de setiembre 2012) proporcionados  por Betina Etchegaray Carvallido, hija de Alfredo Etchegaray Vidal y Raquel Carvallido y bisnieta de Pedro Etchegaray Alzugarat (ver detalles más abajo) en Mayo de 2013:

"Ahí van las fotos del pueblo, de la casa de Bernard Etchegaray, donde nació Jean y del molino, propiedad de Bernard.

La casa blanca era la casa de Bernard ETCHEGARAY casado con Marie MARTIREN, donde nació Jean ETCHEGARAY, el 31 de enero de 1806.  Jean se casó con Gracianne ALÇUGARAT BIRON quien no sabía leer ni escribir declara en su acta de matrimonio en la iglesia de Montevideo, ya que vino de Francia y falleció en Montevideo el día 5 de septiembre de 1882. 

Laurens ALÇUGARAT, hermano de Gracianne, se vino a vivir a Montevideo y falleció en Montevideo.

Jean llegó a Uruguay el día 12 de junio de 1837 y falleció en Montevideo el día 7 de enero de 1876.

En ese pueblo (Saint-Just-Ibarre) vivía la familia Garicoits.  La iglesia de los vascos, en la calle Julio Herrera y Obes, tiene a Garicoits como el patrono de esa iglesia.  La casa de Alfredo ETCHEGARAY, nieto de Jean, se construyó a tan solo tres cuadras de dicha iglesia en la calle Mercedes entre Paraguay y Rondeau.

También descubrimos que Pedro ETCHEGARAY tenía una fábrica de dulce de leche junto con Irureta Goyena.  Lo vendía en el Almacén de la Vela, en la calle Convención, en la calle Uruguay entre Paraguay y Rondeau y en las vecindades de la casa de los Etchepareborda (donde actualmente está el monumento al gaucho).  Dicha empresa fue estatizada entre 1930 y 1935 aproximadamente.  También en esos años se comenzó la estatización del teatro Solís, la cual se terminó en el año 1937.  Pedro ETCHEGARAY ALÇUGARAT falleció el 26 de marzo de 1935.

La casa de Bernard Etchegaray en St. Just, se ubica en el canton d'Iholdy, département des Basses Pyrénées.  La partida de Jean dice que su padre tenía 46 años cuando nació su hijo y que era "meunier" (molinero) en Cartateguy  La casa blanca se llamaba "Cartateguy".

El otro tema que vale la pena destacar es que si bien Jean nació el 1 de febrero de 1806, Bernardo se presenta ante el Alcalde de la Comuna de San Justo, oficial de estado civil, a las cinco de la mañana! con el bebé! y declara que nació a las 5 de la mañana!

Esa casa se encuentra pegada a la casa de la Alcaldía o Ayuntamiento.  Pareciera hacer honor al apellido ya que es en una altura (Etchegaray significa casa en la altura o en lo alto)."



etchegaray2

etchegaray


Juan Etchegaray y Graciana Alzugarat tuvieron seis hijos:

- Pedro Etchegaray Alzugarat - Graciana Etchepareborda Haubman, nacida en 1844 en Montevideo (o bien en 1850 en Pelotas, Río Grande do Sul, Brasil), fallecida en 1909 en Bordeaux, era hija de Pedro Etchepareborda y Marie Eugenie (Eugenia) Haubman.

Pedro Etchepareborda, de oficio carpintero de carruajes, nació en los Bajos Pirineos y era hijo de Juan Etchepareborda y Graciana Franchisteguy.

Marie Eugenie (Eugenia) Haubman (1817?) era hija de Jean Baptiste Haubman (1796-1848) y Rose Lacroix (o La Croix) (1799-?), originarios de Béguios (Bayonne, Francia). Los padres de Jean Baptiste, abuelos de Eugenia, eran Jeanne Montalibet (ca. 1770-1843) y Jean Wenceslas Haubman (1757-1811), droguiste-épicier en Béguios, descendiente de Wenceslas Haubman, nacido en 1721 en Litoměřice, Bohemia del Norte, radicado en Bayonne, donde contrajo matrimonio con Anne Darasse. Rose Lacroix y su hija Jeanne Haubman, hermana de Eugenia, partieron para Uruguay en 1848, donde se había radicado Jean Baptiste, su esposo, con sus hijos Martin y Eugenia, esta última casada con Pedro Etchepareborda y madre de Graciana.

Agradecemos a la Sra. Eliane Courraud-Taberkane (Touraine, France), descendiente de la hermana de Jean Baptiste Haubman, Jeanne Marie Sylvie Haubman, por habernos comunicado estos datos. Ver su detallada lista de los descendientes de Wenceslas Haubmann así como de los ascendientes de Elida Etchegaray, hija de Pedro y Graciana (ver detalles más adelante).


Pedro Etchepareborda y María Eugenia Haubman tuvieron ocho hijos:
Catalina  - José Rodríguez Abella
María - Luis Burgos
Graciana
- Pedro Etchegaray
Mariana - Manuel Suárez
Dominga - Pratto
Concepción - Cristino Micoud
Juan - Josefa Coppola
Pascuala - José Garese

- Juan (falleció en 1872)
- Lorenzo (falleció en 1873)
- Juana
- Mariana
- María - Julio Etcheverry:

-- María (China) casada con Pons: María del Carmen (Bebé) casada con Carlos Palma, Julio casado con Renée Sala, Eduardo (Ministro de Instrucción Pública y Presidente del Club Nacional de Football) casado von Titita Heber, Mercedes
-- Julio - Esther Vidal Arteaga
-- Juan Lorenzo (Monono)


La palabra *etxegarai* es un compuesto de:
*etxe* = casa
*garai*= alta.

La palabra *etxepareborda* es un compuesto de:
*etxe* = casa
*beste* (*berri)*= nuevo, otro
*borda* = caserío

Sobre la inmigración vasca al Uruguay ver el artículo de Juan Carlos Luzuriaga Contrera "Los vascos y su integración en la sociedad uruguaya del siglo XIX" en este sitio así como este detallado sitio sobre la diáspora vasca en el mundo.


Pedro Etchegaray Alzugarat

Pedro Etchegaray Alzugarat


Graciana Etchepareborda Haubman de Etchegaray

Graciana Etchepareborda


Don Pedro Etchegaray tuvo varias actividades en su vida: comerciante, fuerte hacendado, empresario y político, llegando a ejercer el cargo de senador por el Partido Colorado. Tenía varias estancias en el Departamento de Durazno entre ellas "Cuadra" después llamada "La Pastoral" que heredó su hija Elida, "El Ombú" y "La Mariscala" que abarcaba lo que después fue "El Aguará" heredada también por Elida y luego por sus hijos Mario y Eduardo a la que nos referimos más adelante en este sitio. La familia Etchegaray pasaba los veranos en una quinta en la calle Asencio. Allí vivieron luego por un tiempo su hija Elida con Haroldo Capurro e hijos.

Quinta de Asencio

Quinta de Asencio


Pedro Etchegaray

Pedro Etchegaray


Pedro Etchegaray en "Reboledo"

Pedro Etchegaray en Reboledo

Don Pedro contribuyó con la financiación del puente sumergible del Río Yí. Aun está el mojón que lo nombra como donante. Asimismo  también donó la imagen de madera, de procedencia española, que se encuentra en la iglesia de San Pedro de Durazno en la ciudad de Durazno y que sufrió daños cuando dicha iglesia se incendió. Como la mayoría de los vascos franceses "Tatita" era católico y colorado si bien tenía una amistad personal con Aparicio Saravia como lo indicamos más adelante.

También era accionista del Teatro Solís uno de cuyos socios fundadores en 1840 había sido Juan Bautista Capurro. En esta acción emitida en 1888 se puede leer:

"Esta acción No. 00447 representa el valor de quinientos pesos oro sellado ha sido emitida en conformidad con los estatutos de la Sociedad aprobados por el Superior Gobierno y pertenece en propiedad a D. Pedro Etchegaray. Montevideo Octubre 1° de 1888. Presidente: E. Ponce de León, Tesorero: E. Castellanos."

Teatro Solis


En 1840 se creó una Sociedad con 156 accionistas para construir un teatro. Montevideo constaba con unos 40.000 habitantes y disponía sólo de la vieja Casa de Comedias. El arquitecto italiano Carlo Zucchi realizó el primer proyecto para la construcción del nuevo teatro en estilo neoclásico, siendo adaptado dicho proyecto por el arquitecto Francisco Javier de Garmendia.

Teatro Solís (1840)

El Teatro Solís fue inaugurado oficialmente el 25 de agosto de 1856 recibiendo el nombre de Solís en homenaje al navegante Juan Díaz de Solís. Fue remodelado en 1881 bajo la dirección del Ing. Juan Alberto Capurro.

Teatro Solís
La Ilustración Uruguaya (Montevideo 1884)

TeatroSolis 1884

Fuente: Historias de la vida privada en el Uruguay. Bajo la dirección de José Pedro Barrán, Gerardo Caetano y Teresa Porzecanski. Montevideo, Ed. Santillana 1996, Tomo I, p. 221.

Teatro Solís hoy

solis11

Fuente: http://www.teatrosolis.org.uy/visitavirtual/visita.asp?p=30&l=esp&s=0

Teatro Solís (1910)

solis 1910

Fuente: http://www.teatrosolis.org.uy/visitavirtual/visita.asp?p=1&s=0&i=esp


Teatro Solís
Anuncio en "La Lechuza (Montevideo, 1867)

Teatro Solis Anuncio

Fuente: Historias de la vida privada en el Uruguay. Bajo la dirección de José Pedro Barrán, Gerardo Caetano y Teresa Porzecanski (Montevideo, Ed. Santillana 1996, Tomo I, p. 220)


El tenor Enrico Caruso actuó en 1903. Otros actores famosos en el Solís fueron por ejemplo Sarah Bernhardt, Vivien Leigh y Pierre Brasseur. En el campo musical actuaron entre otros Arthur Rubinstein, Claudio Arrau, Andrés Segovia, Jascha Heifetz y Friedrich Gulda. En el campo del ballet figuraron Isadora Duncan y Vaslaw Nijinski.

El teatro Solís fue cerrado en octubre de 1998 y reabierto en 2004. Se festejaron los 150 años el 25 de agosto de 2006.

El Teatro Solís

Teatro Solis

Fuente: http://www.elpais.com.uy/Especiales/teatro_solis/

Pedro (Tatita) Etchegaray Alzugarat y Graciana Etchepareborda Haubman tuvieron diez hijos y muchos nietos:

- Juan Pedro -  Dolores (Lola) Buysán Giró: Juan Pedro, Oscar, Isabel, Julia, Luis, Federico, Raúl
- José Pedro - María Eugenia Micoud: María Eugenia, María Angélica, José Pedro, 'Gangán', Elia
- María Esther (Totota) - Reynaldo Sosa Días Maderna: María Esther, Graciana, Reynaldo, Alicia, Hortensia
- Elida (Mami) (1885-1958) -  Haroldo Capurro Ruano (1882-1956): Elida (Lila), Pedro (Pacaco), Haroldo (Tato), Susana, Mario, Luis (Lucho), Eduardo (ver detalles mas adelante)
- Alfredo (Etchegaray Etchepareborda) -  Sara Vidal Arteaga: Sara, María Elena, Martha, Alfredo

-- Sara Etchegaray Vidal casada con José Pedro Aramendia Tellechea:
--- María Sara casada con José Carvallido Larghero: Andrea, José Carlos
--- José Pedro casado con Raquel Ferber Arocena: Pedro, Paula, Rafael, Isabel, Ignacio, Raquel
--- Jorge Alfredo casado con Mónica Payssé Alvarez: Jorge, Diego, Santiago, María Mercedes
--- Inés casada con Julio César Benitze Saenz: Ana Inés, Julio Ignacio, Martín, Sebastián
-- Alfredo Etchegaray Vidal casado con Raquel Carvallido Albin: Alfredo, José Pablo, Betina (ver su contribución a este sitio citada anteriormente, casada con Santiago Smith Estrada: hijos: Alexia, Derek, Luis Felipe

- Mario - Marta Iglesias Castellanos: Marta, Elvira, Lucía, Inés,  Mario (co-autor de este sitio), Ana
- Lorenzo - Magdalena Puga Prego; Carmen Puga Prego: Magdalena, Lorenzo, Pedro
- Carlos - María Angélica Requena Cordero: María Angélica (casada con Julio Braga Salvanach), Renée (casada con Jorge Surraco Sonora), Carlos, Pedro (casado con  Bertha Albanell Martino)
- Julio (murió de ni
ño)
- Héctor (murió en la adolescencia)

Pedro Etchegaray vivía en 18 de Julio 892 casi Convención. Alrededor de 1927 Juan Pedro Etchegaray y Lola con sus hijos, que vivían hasta entonces con Tatita, se mudaron a una quinta en el Prado porque Juan Pedro se había enfermado y necesitaba aire más saludable. Murió en 1933.

Pedro Etchegaray y familia viajaron varias veces a Europa, siendo sus lugares predilectos París, San Sebastián, Biarritz y San Juan de Luz. Estos viajes duraban varios meses. Solían llevarse niñeras y en algún viaje, según cuenta la tradición familiar, hasta una vaca para la leche de los niños.

En el viaje de 1909 murió Graciana Etchepareborda (Mamina) de una oclusión intestinal. Para traer el cuerpo hubo que hacer muchos trámites y embalsamarla.  El último viaje a Europa de Pedro Etchegaray fue probablemente en 1923 (Ver en el capitulo de los Capurro Etchegaray).

La familia Etchegaray Etchepareborda en el Golf
de izquierda a derecha
Lorenzo, Carlos, José Pedro, Alfeo Brum, Haroldo Capurro Ruano (?), Mario (?), ...

Familia Etchegaray


Pedro Etchegaray (delante de la columna) y Graciana Etchepareborda
(sentada, delante de Pedro Etchegaray)
  de viaje a Europa  (1909)
con sus hijos Mario, Carlos y Lorenzo y miembros de la familia Harriague

familia Pedro Etchegaray


Mario Etchegaray Etchepareborda
con su perdiguero Tell

Mario Etchegaray Etchepareborda


Mario Etchegaray Iglesias en "Reboledo"

Mario Etchegaray Iglesias


"Reboledo" hoy

Reboledo


Pedro Etchegaray (Tatita) era también propietario de una  estancia muy pintoresca ubicada en Valle Edén  (Depto. de Tacuarembó), de una superficie de unas 8 mil hectáreas, en las estribaciones de la Sierra de Tambores, con costas sobre los arroyos Tambores y Tranqueras y con presencia de cerros, quebradas y grutas.  Esta estancia era, hasta hace un tiempo, muy visitada por prospectores en busca de minerales. Debe decirse también que abundaban los ofidios altamente venenosos, siendo muy arriesgado andar sin botas por esos campos. Lindero a esta estancia se encuentra el tan fotografiado cementerio de Valle Edén, ubicado en un cerrito empinado.

Dos hechos anecdóticos marcan parte de la historia de esta estancia. Uno de ellos fue que, en el casco estuvo alojado por varias semanas Carlos Gardel quien el 11 de diciembre de 1915  había recibido en Buenos Aires una herida de bala que le perforó un pulmón.  En cuanto le fue posible hacerlo después del incidente, Gardel  eligió viajar al Uruguay para hacer su convalecencia en la estancia de Pedro Etchegaray en Valle Edén.  El episodio confuso del balazo y la convalecencia en esa estancia han sido detallados por varios autores biográficos de Gardel, entre ellos, Eduardo Payssé González y Nelson Bayardo.

En el sitio enlaces uruguayos se puede leer la siguiente historia que documenta la relación entre Carlos Gardel y la estancia "Valle Edén" de don Pedro Etchegaray de la siguiente manera:

"El 11 de diciembre de 1915, Gardel fue herido de bala en un incidente ocurrido en el Palais de Glace, ubicado en la Recoleta de Buenos Aires. Gardel eligió Valle Edén para su recuperación. La bala había perforado el pulmón izquierdo sin orificio de salida y el médico estimó que allí podía quedarse sin peligro para el cantor. El extraño periplo Buenos Aires-Montevideo-Tacuarembó-Valle Edén, que en ese tiempo llevaba más de dos días, parece una prueba más de la HONDA vinculación de Gardel con ese lugar. Se alojó en la estancia del Señor Pedro Etchegaray."

El otro hecho anecdótico y quizás legendario de esa estancia es el de haber tenido como capataz de campo, durante cierto período, a un individuo de apellido Pereira que ejercía su autoridad frente a los peones por medio de latigazos.

A la muerte de Tatita, la estancia de Valle Edén se repartió entre siete de sus hijos.  Una de las fracciones le fue adjudicada a Elida Etchegaray de Capurro (Mami) y luego, por vía sucesoria, una fracción de lo de su abuela pasó a la posesión de Susana Pérez Gomar Capurro de Labat y de Enrique (Quique) su hermano.

Carlos Gardel

Carlos Gardel


"Valle Edén"
Cementerio indio

Valle Eden Cementerio Indio


Valle Eden Cementerio Indio


Susana Pérez Gomar Capurro de Labat y Juancho Labat
Estancia "Valle Edén" (Dpto. Tacuarembó)
1972

Susana y Juancho


Susana y Juancho unosos más tarde
Twin Towers, New York

Susana_Juancho_NY


Don Pedro Etchegaray

Pedro Etchegaray


Reproducimos para mayor claridad este texto publicado en un diario en 1935 con motivo de su muerte e incluímos en él algunos enlaces que pueden ayudar a conocer el trasfondo histórico:

"En la mañana de hoy, y después de experimentar las alternativas de una larga enfermedad,  dejó de existir el señor Pedro Etchegaray, de extensa vinculación con la actividad comercial y rural por virtud de una prolongada y perseverante actuación.
No habían sido esas solas las aristas salientes de la personalidad del se
ñor Etchegaray. Su íntima amistad con Aparicio Saravia y la relación que mantenía con los hombres de gobierno de la época, le señalaron una mediación eficaz en 1904, ya que,  merced a su intervención desinteresada y patriótica,  fue posible llegar a algunas inteligencias que culminaron, mas tarde, con la ansiada paz.
Poseedor de una cuantiosa fortuna elaborada mediante los mayores afanes y sin desfallecimientos, el Se
ñor Etchegaray deja de existir a una edad avanzada rodeado del afecto de sus hijos.
El acto del sepelio que se realizará ma
ñana dará lugar a que se exteriorice, en todos los círculos, el pesar que ha producido el fallecimiento de este experimentado hombre de negocios."

Don Pedro vivió en sus últimos días en la quinta de Reynaldo Sosa Días (en Larraga y Reyes), marido de su hija  María Esther (Totota), atendido por el Dr. Alfredo Navarro y cuidado por un ejército de hijos y nietos.

Pedro Etchegaray fue un activo pacificador en la paz de 1897 que culminó con el Pacto de la Cruz. Después continuó siendo un efectivo mediador entre Aparicio Saravia y Juan Lindolfo Cuestas mientras este último ocupó la presidencia de la República (hasta marzo de 1903).

El documento que incluímos a continuación está fechado en 1897. Se trata probablemente de un diploma dedicado a don Pedro Etchegaray por un grupo de amigos (o correligionarios?) con motivo de su activa intervención como pacificador en la revolución de 1897.  Las firmas que se pueden leer son:  Eduardo McEachen, Luis Eduardo Pérez, Teófilo Díaz, Vicente Urta y Rocca, Jorge Pereira, A. Suárez, Juan Buela, (...) Chucarro, José A. Buela, Domingo B., Félix González. 

Ciudadano Pedro Etchegaray

En el artículo de Wikipedia sobre la revolución de 1897 se lee lo siguiente

"La Revolución de 1897 fue un movimiento armado llevado a cabo en Uruguay por militantes del Partido Nacional contra el gobierno que presidía Juan Idiarte Borda; fue liderado por el caudillo Aparicio Saravia, secundado por Diego Lamas.
(...)

Pacto de la Cruz

Las negociaciones de paz culminaron en el Pacto de la Cruz, firmado el 18 de septiembre de 1897 luego de más de seis meses de hostilidades que habían movilizado a un total de 5.000 hombres en la guerrilla y a 20.000 en el Ejército. La Asamblea General lo aprobó el 19, con el solitario voto en contra del ex presidente Julio Herrera y Obes, quien dijo: “Hacen la paz porque no han sabido hacer la guerra”. Los negociadores fueron, en representación del gobierno, José Pedro Ramírez y el hacendado Pedro Etchegaray, y por los blancos el propio Saravia, Diego Lamas, Arturo Heber Jackson, Manuel Artagaveytía y Antenor Pereira. El documento concluyó en Montevideo, donde se registraron multitudinarias expresiones de júbilo, y llevó las firmas de Eduardo McEachen, Juan Campisteguy, Luis Eduardo Pérez, Mariano Ferreira y Jacobo Varela (hermano de José Pedro Varela) como representantes del Poder Ejecutivo, y Juan José de Herrera, Eustaquio Tomé, Carlos Berro y Aureliano Rodríguez Larreta, como representantes del Partido Nacional. Por supuesto, hubo que contar con la aquiescencia de Aparicio Saravia.

El pacto establecía:

    • La renuncia a la lucha armada.
    • El compromiso del Ejecutivo de impulsar una reforma electoral que estableciese la representación de las minorías (“esta cláusula es la base fundamental y esencial de esta negociación” dice el texto).
    • Compromiso de elegir como Jefes Políticos departamentales a ciudadanos que “ofrezcan amplias y eficaces garantías”.
    • Amnistía y vigencia de los derechos civiles y políticos, lo que incluía reposición de los destituidos por considerárselos vinculados al levantamiento.
    • Indemnización de 200.000 pesos a los blancos como “Gastos de pacificación”.
    • Compromiso de adoptar medias que apliquen en la realidad el principio de igualdad entre los orientales y la plenitud de los derechos cívicos
Junto a estas cláusulas escrutas y firmadas se convino verbalmente un acuerdo por el cual seis jefaturas políticas serían provistas directamente por el Partido Nacional. Saravia dejó sus tropas el 24 de septiembre, después de que el gobierno designara jefes políticos blancos en los departamentos de Maldonado, Flores, Cerro Largo, Treinta y Tres, Rivera y San José. Al día siguiente en la estación La Cruz (departamento de Florida) se realizó el desarme de los revolucionarios encabezados entonces por Diego Lamas. Entregaron parte de su arsenal: lanzas y unas 350 armas largas (Winchester, Remington, Mauser); cada soldado recibió 30 pesos y los coroneles 150 (Lamas y otros dirigentes no aceptaron su parte). El llamado Pacto de la Cruz –una primitiva forma de “coparticipación” – eludió la solución definitiva de los problemas del país. De hecho, quedó dividido en dos gobiernos; el de Montevideo y el de Saravia desde su estancia El Cordobés, dada la absoluta primacía que el caudillo tenía entonces sobre su partido. La situación quedó congelada hasta la elección de José Batlle y Ordóñez en 1903 y la Revolución de 1904, mucho mayor, más sangrienta y decisiva de la suerte del Uruguay del siglo XX."

Reproducimos a continuación un texto de José Virginio Díaz quien era periodista de guerra y a pesar de ser colorado tenía una relación muy buena con Aparicio Saravia, por ser primo hermano de la mujer de este último, Da. Cándida Díaz.  Don Pedro Etchegaray solía quedarse a dormir en la estancia "El Cordobés" de Aparicio Saravía, que está a 30 Kmt. de Santa Clara.

“En Santa Clara”

 

      Pedro [Dulcón (nombre ficticio)] se hospedó en Santa Clara, en lo de Etchandy, la gran casa comercial conocida en toda la campaña del Noreste del Uruguay – quien puso a disposición de aquél, el mejor departamento para huéspedes, habiendo atendido el caballo con la solicitud diligente con que lo hacía, tratándose de personas de su particular aprecio.         

      Santa Clara de Olimar, por aquella época, era un pueblecillo silencioso, dormido en el pesado sueño de sus siestas prolongadas, en la quietud de un extenso campo de piedra. Ubicado sobre las puntas del Olimar Grande, en plena cuchilla árida, presentaba un aspecto desolado, despegado como lo estaba de toda arboleda. Era un rincón del mundo especial para dormir la siesta, o seguir un tratamiento curativo de soledad y conventual reposo.

      Para acentuar su desolación, el pueblecillo se levantaba cercano y a la vista del Cementerio… Las tumbas de sus muertos se divisaban a toda hora, desde el umbral de las casas y de las aberturas del rancherío…Era – todo lo contrario de Nico Pérez – un pueblo donde los días se sucedían iguales, sin variante, en desesperante monotonía, sin música ni bailes. Contadas diligencias y pesadas tropas de carretas, lo cruzaban de largo, pues era un páramo de piedra, sin pastoreos, ni aguadas.

      La obsequiosidad de Etchandy, llevó a Pedro a disponer – como lo hemos consignado – del mejor departamento de la casa, el que fue ocupado, en otras circunstancias, por un personaje político de actuación saliente.  Durante la Presidencia de don Juan Lindolfo Cuestas, éste echó mano, para entenderse con el gobierno del Cordobés, de don Pedro Etchegaray, monumental personalidad, que había dejado hondas huellas en la cama que tocó en suerte a Pedro, que aquel ocupara al pernoctar allí…

      Fue en lo de Etchandy, donde la mayoría de las veces se vio Etchegaray con el comandante en jefe de la revolución. En sus ambulatorias  peregrinaciones, el embajador extraordinario del Presidente Cuestas, buscó el apacible retiro de Santa Clara, para ponerse al habla con el gobierno del Cordobés. La imponente personalidad del Sr. Etchegaray se ahorraba, de este modo, unas largas leguas de peligrosa travesía, y su bien nutrida persona no estaba, por cierto, para resistir el trajín de un viaje sembrado de escollos bravíos…La estancia de Saravia se asentaba al pie de un cerro pedregoso, casi inaccesibe, y la senda que conducía a los lares del caudillo ofrecía dificultades de toda índole. En su azaroso andar en busca de acuerdos y componendas políticas, don Pedro Etchegaray, en muy contada circunstancia, se encaminó a verificar la difícil y laboriosa marcha, las más de las veces prefirió Santa Clara, pues Etchandy era hombre de la absoluta confianza del gobierno del Cordobés (…)”

 

Fuente: DÍAZ, José Virginio – “Viaje por la Campaña Oriental”; Ediciones El Galeón – Tierra Adentro ediciones. Montevideo, abril de 2005. Págs. 117 a 119.

Aparicio Saravia (óleo)

Aparicio Saravia



Reproducimos un texto y fotos de El Cordobés publicados en el libro "Estancias, arte y paisaje del Uruguay" Dirección editorial: Manrique Zago. Idea y realización: Madelón Rodríguez Gómez; Textos: Susana Gallinal de Bonner, Fernando O. Assunção, Horacio Artagaveytia, Silvia Chouy de Carrera. Fotografías: Ignacio Naón. Manrique Zago ediciones, Buenos Aires 1997, págs. 113-115:


“El Cordobés”

 

      Cerca de Santa Clara de Olimar, departamento de Cerro Largo, bañada por el arroyo del mismo nombre, se encuentra la estancia El Cordobés. Podría con justicia llamársela el “nido del Aguila Blanca”, ya que su historia se identifica con la de su dueño, Aparicio Saravia, a quien Javier de Viana definió así: "No es un hombre, es un símbolo; no es una idea, es un sentimiento”.

Hijo del pionero riograndense Francisco Saravia, Aparicio recibió de su padre El Cordobés, cuando formó su hogar junto a Cándida Díaz Suárez, con quien tuvo trece hijos. “Don Chico” dejó al morir, en 1893, 30.000 hectáreas de campo.

Eran los años duros, en que los hombres luchaban y morían por una divisa, años de hogares divididos, de hacienda desvalorizada.

La campaña desierta, cimarrona, no podía subir al tren del progreso. Este, con sus hilos de telégrafo y vías de ferrocarril, alambraba los campos y desplazaba a los paisanos a la gran ciudad o a los aledaños miserables de los pueblos.

El Cordobés fue una estancia tradicional, donde nacieron y se criaron los hijos aprendiendo los rudos trabajos camperos, el amor a la divisa blanca ya la patria.

Desde El Cordobés partió Aparicio Saravia a luchar junto a su hermano Gumersindo en la Revolución Federal Riograndense, llevando en su sombrero la divisa “Por mi patria y por la vuestra”. Regresó con la tristeza de la muerte de quien fue su maestro en la guerra y el coraje...

En la estancia se gestó la Revolución del ’97, que buscaba dignificar la democracia del país mediante la justicia electoral.

Idealista y generoso, Aparicio puso a disposición del Directorio del Poder nacional los títulos de propiedad de sus bienes, entre ellos los de El Cordobés.

Pretendía recolectar fondos suficientes para esta última “patriada” del siglo XIX, que reunió alrededor del caudillo de voz queda, risa fácil e intrépido coraje a doctores, puebleros, poetas y gauchaje.

Hubo un enfrentamiento entre los hermanos, todo era blanco en El Cordobés de Aparicio, todo rojo en las estancias de Basilio y José Saravia.

La catedral tenía dos altares: uno adornado con flores blancas, otro con flores punzó, a los que se acudía a rezar a un mismo Dios por los que derramaban su sangre en la compaña oriental. El pacto de La Cruz trajo la paz e inició la etapa de lo que se conoce como cogobierno Montevideo-El Cordobés.

La vieja estancia cimarrona se transformó: se plantaron árboles, se hicieron mejoras. Aparicio recibía allí a personajes de la capital, quienes lo consultaban en asuntos de gobierno. Al llegar a la presidencia José Batlle y Ordóñez, estalló un nuevo alzamiento. Otra vez su Poncho Blanco galopó frente a la montonera, hasta que una bala en Masoller hizo ingresar a la historia al señor de El Cordobés.

Ese sitio es un valioso trozo de nuestra cultura.

Junto a Aparicio descansan allí los más valiosos recuerdos de un pasado que engrandece, por encima de las diferencias, la historia de nuestro país...”




El famoso poncho de Aparicio Saravia

Poncho de Aparicio Saravia




La estancia El Cordobés

Estancia El Cordobés

Estancia El Cordobés

Estancia El Cordobés


Romance a Aparicio Saravia

 

Luis Alberto Zeballos

 

Galopa, que te galopa

por las rutas de la idea,

acaudillando escuadrones

sin medir tiempos ni leguas.

El que con flores de sangre

enjardinó las peleas

y armó ramos de esperanza

para las huestas guerreras

 

Te empujaba Leandro Gómez

con su Paysandú señero,

y por la senda de Oribe

cabalbaga en tus sueños

del brazo de Diego Lamas

en Tres Arboles el fuego,

ya iba templando tu espada,

ya iba forjando tu acero.

 

Saravia de los Saravia,

Aparicio el más guerrero,

tan blanco como tu poncho

fue el agitar de tus sueños.

 

Cuando tu grito llamó

de todas partes lo oyeron,

y si lo escuchó el tirano

más fuerte lo escuchó el tiempo.

Ante su voz se cruzaron

de fuertes lanzas los cerros,

y en los montes y quebradas

se rebeló hasta el silencio.



Fuente: Estancias arte y paisaje del Uruguay, op.cit., p. 115
.


 
  



1. VIDA FAMILIAR

Haroldo Capurro Ruano (1882-1956) era perito contable y trabajaba en el Banco República (BROU) siendo su madre Ema Ruano de Arteaga y su padre, Luis Federico Capurro de Castro (1843-1905) (ver aquí), miembro del Primer Directorio que se instaló el 24 de agosto de 1896 teniendo como presidente el Dr. José María Muñoz y como vocales a los Sres. Manuel Lessa, Eduardo Rolando, José Ma. Irisarri, Federico Capurro, Juan Masa y Diego Pons. La primera sede del Banco estaba ubicada en la intersección de las calles Cerrito y Zabala.


Banco de la República Oriental del Uruguay
(BROU)

BROU


brou2

Fuente: http://www.brounet.com.uy/


Elida Erlinda Etchegaray Etchepareborda (1885-1958)  y Haroldo (Papún) Capurro Ruano se casaron en 1908.

casamiento


Elida Etchegaray Etchepareborda

Elida Etchegaray

A Elida sus nietos la llamaban Mami y sus parientes Minguita porque resulta que los hermanos jugaban a las bolitas de vidrio de todos los colores pero a las azules les decían minguita como el color de los ojos de Mami. Ella decía de su nombre "las 4 E" (Elida Erlinda Etchegaray Etchepareborda).
Elida y Haroldo, llamado Papún por sus nietos, tuvieron siete hijos:

- Elida (Lila) (1910-1968) - Gilberto Pratt De María:

-- Gilberto (1938-2008) casado con
    --- Carmen Percovich: Lucía, Gilberto, Juan Pablo
    --- Beatriz Vallve
-- Olga (1936) casada con Alejandro José Nin Vargas (1933-2004): Alejandro, Verónica, Diego, Juan Luis, Guillermo
-- Ana María (Ani) (1943) casada con Eduardo Vidiella: Eduardo, Gonzalo, Martín
-- Inés (1944-2015) casada con Eduardo Gómez: Magdalena, Eduardo

- Pedro (Pacaco) (1912-1974) - Elina Ameglio:

-- María Elina casada con Carlos Deus: Charlie, Hector, Andrés
--Virginia casada con Miguel Pantazoglio: María
-- Pedro (Pepo)  (†) casado con Raquel de Souza: Agustina, Alejandra, Cecilia, Pedro, Carolina
-- Adriana casada con Guillermo Rafael Pérez Puig: Gabriel, Rafael, Florencia
-- Moira casada con Paul Schurmann: María Jesús, Paul, Moira

- Haroldo (Tato) (1913-1998) - Concepción (Chona) Alzola:

-- Haroldo casado con Marta Cabantous: Silvina, Patricia, Virginia, Nicolas
-- Jorge (†)
-- Daniel casado con Graciela Kosterlitz: Santiago, Valeria, Francisco, Leticia
-- Graciela casada con Carlos Codazzi: Martin, Adriana, Agustina, Rosina
-- Diego (†) casado con Teresa Caviglia: Marcela, Gabriela
-- Gonzalo casado con
    --- Ana Amorin: Mariela, Dolores, Matilde
    --- Andrea Gilardoni

- Susana (1914-1971) - Iván Pérez Gomar Cordero (1912-1967):

-- Iván casado con
        --- Elsa Mailhos: Raquel, Rosina, Eliana
        --- Margarita Roosen: Ivan

-- Susana casada con Juan Pedro Labat:
---  Florencia casada con Fernando Cortabarría: Sofía, Maite, Juan y Theo
--- Andrés (
) casado con Valeria de la Peña: Francisco, Manuela, Juan Pedro y Felicia
--- Natalia casada con Fernando Luis Crosa: Matías, Felipe y Agustina
--- Santiago
--- Pablo
(†)

-- Lucía casada con Jacobo Varela: Lucía, Diego, Rodrigo

-- Enrique (Quique) casado con
--- Mariana Penades Mintegui: Carolina, Agustina, Juan Ignacio
--- Pilar García Helguera
(†)

- Mario (1917-2006), casado con:

-- Raquel Fonseca (1921-1946)
    --- Raquel María (Quela) (1941)
    --- Rafael (1943
† )
    --- NN (1944
)
    --- Rafael  (1945) casado con Annette Fiek

-- Matilde Fonseca (Maty) (1925-):
    --- Ema Matilde (Emita) casada con Ignacio Algorta: Guillermina
    --- Mario
    --- Pablo casado con María Juana Gari Arocena: María José, Juan Pablo, Rafael
    --- Martín casado con Mariana Labat: Felipe (casado con Raquel Alvarez), Martín, Manuel, Theo
    --- Rosina casada con Ricarco Barbé: Ana Inés, Virginia, Florencia, Gonzalo, Sofía
    --- Matilde casada con Raúl Ponce de León: Mariana, Miguel
    --- María casada con Ricardo Vecino Labat: Lucía, Pilar, Nicolás, Francisco

- Luis (Lucho) (1919-1999) - Raquel Touris Wilkins (2006)

- Eduardo (1920-2004) - María Cristina Alvarez Storm:

    --- Eduardo casado con Erna Baethgen: Eduardo, María Lucía
    --- Carlos casado con Nora Ruiz:  Mariana, Isabel, Josefina
    --- Andrés casado con María Sara Echavarren Vazquez: Andrés, Ricardo, Ignacio, Mayte
    --- Juan Bautista (†) casado con Alicia Fernandez: Juan Bautista, Sofía, Guillermo
    --- Gabriel casado con Pilar Barcia: Gabriel, Alberto, Alfonso, Pilar
    --- Alvaro casado con Raquel Bazzano de León: María Cristina, Victoria, Alvaro José.

Rafael y Susana son, junto con Mario Etchegaray Iglesias, los autores de este sitio.

Elida Etchegaray (Mami) y sus hijos (1921)
de izquierda a derecha:
Susana, Pedro (Pacaco), Luis (Lucho), Elida (Mami) con Eduardo en sus brazos
Elida (Lila), Mario y Haroldo (Tato) (sentado)

mami con sus hijos


El matrimonio Capurro Etchegaray  vivió muchos años, como ya la mencionamos, con sus hijos en la casa quinta perteneciente al padre de Mami (Tatita), en la calle Asencio. Constaba de una casa espaciosa y un gran terreno, con pajareras y frontón pelota vasca. Allí se criaban perros perdigueros de la raza Pointer, que eran empleados frecuentemente por Papún y sus cuñados Etchegaray, todos aficionados a la caza.  En esa quinta vivieron hasta que, alrededor de 1940, hicieron construír la casa en la Avenida Dr. A. Ricaldoni en el Parque de los Aliados (antiguamente llamado "el Campo del Chivero") hoy Parque José Batlle y Ordóñez.

A Papún le gustaba mucho comer bien. En el ensayo titulado "Es imposible escribir sin temas" que reproducimos en el capítulo 18, Papún recuerda a un "suculento y copioso estofado con bastante cebolla". A Mami le apasionaba el queso y el chocolate con menta. En las visitas dominicales que le hacían sus hijos y nietos, cuando llegaba el momento del almuerzo, lo más importante para Papún era que la sopera estuviera humeante. Adoraba mezclar lo dulce y lo salado. El postre obligatorio era un exquisito arrollado de chocolate con merengue.

Una anécdota trasmitida por Olga Pratt:

"Entraba en la comisaría de Durazno y el soldado le dice al comisario  "está don Eroldo", el comisario le dice al ordenanza, "no sea bruto, es don Haroldo, salga y vuelva a entrar"  El soldado sale, golpea nuevamente y le dice "está don Haroldo", el comisario le responde "dentra, nomás".


Casa Capurro Etchegaray en la Avda. Ricaldoni

casa Capurro Etchegaray


El matrimonio Capurro Etchegaray  viajó varias veces con sus hijos a Europa, en especial a Francia (París, Biarritz) y a Italia (Florencia). En París se alojaron en 40, rue d'Artois en el 8ème arrondissement a pocas cuadras de la Avenue des Champs Elysées y del Arc de Triomphe. Los hijos eran conocidos, según contaba Haroldo (Tato) Capurro Etchegaray, como "les petits sauvages" porque solían hacer estragos en las grandes tiendas.


De viaje a Europa
El puerto de Montevideo

Puerto de Montevideo

Fuente: http://www.e-transhotel.com/montevideo_antiguo.htm


Barco a Europa


Haroldo Capurro y Elida Etchegaray en Biarritz (Francia)
al fondo el
Hôtel du Palais


Biarritz

En auto por Europa (1923)
Lorenzo Etchegaray (adelante), Pedro Etchegaray (atrás),
Haroldo (Papún) Capurro y Elida Etchegaray (detrás de Papún)
y varias pasajeras

En auto

En  los Pirineos

Suiza


Album de cartas postales de Europa
de Haroldo Capurro y Elida Etchegaray

Postales de Europa


Cartes postales

Paris
Porte Saint-Denis (ver aquí)

paris


Porte Saint-Denis (1908)

porte saint denis 1908


Fuente: http://fr.wikipedia.org/wiki/Porte_Saint-Denis


Saint-Jean Pied-de-Port
(ver aquí)

Saint Jean Pied de Port


Escudo de Saint-Jean Pied-de-Port

saint jean blason

Reverso de postal


El hipódromo de San Sebastíán
(ver  aquí)
 
hipodromo san sebastian


Postal enviada en Europa por Elida y Haroldo a sus
hijas Lila y Susana en París

Postal de Papun y Mami

Recuerdos de viaje: Caja de pipas

Cajad de pipas


Pipas


Haroldo Capurro Etchegaray (Tato) y Concepción (Chona) Alzola,
Elina Ameglio, Eduardo Capurro Etchegaray y María Cristina Alvarez Storm,
Luis (Lucho) Capurro Etchegaray y Raquel Touris Wilkins,
Mario Capurro Etchegaray y Matilde (Maty) Fonseca Piaggio

familia capurro



2. LA CHIMENEA, LAS DIOSAS PROTECTORAS Y
"NI BUFAS NI TRAGICAS"

La estufa de la casa en Avda. Ricaldoni estaba adornada por dos figuras de genios protectores, los dioses lares de la tradición romana (ver también aquí) que se encontraban originariamente en la quinta de la calle Asencio, junto a los cuales, especialmente en los meses de invierno, Papún solía hacer sus reflexiones, que revelan a un buen observador con mucho humor y que eran publicadas en diarios y revistas.

Estas anécdotas, escritas, como lo indica a menudo, no con espíritu de crítica sino de crónica, fueron luego recopiladas y publicadas por Papún bajo el pseudónimo H. Stance con el título "Ni bufas ni trágicas" (Montevideo 1940).


h_stance


Los artículos solían publicarse en el "Mundo Uruguayo" que era una revista editada por Raúl Capurro & Cia. Raúl Capurro Castells, un sobrino de Papún, era hijo de Juan Capurro Ruano (hermano de Papún) y Elina Castells. El Director responsable era Orestes Baroffio y el Director adjunto Julio Caporale Scelta. El administrador era Raúl Castells. Sobre la familia Castells ver aquí


Juan Capurro, Elina Castells

Juan Capurro y su esposa Elina Castells Carafí, Blanca Castells Carafí y su esposo Luis Eduardo Pérez,
Adela Eastman y su esposo Jaime Castells Carafí

Agenda Capurro y Cia.
.


Mundo Uruguayo


Reproducimos en este sitio los artículos publicados en "Ni bufas ni trágicas" comenzando con la "Nota del Autor", la autodescripción del observador "Don Eligio" con sus "cincuenta años largos", sus reflexiones sobre sus experiencias, "propósitos, éxitos y decepciones" como autor las cuales revelan su carácter humorístico "sin acritud, ni mordacidad, ni amargo pesimismo", así como el capítulo dedicado a la mencionada chimenea donde algunos de sus nietos solían pasar horas esperando que saliera una salamandra del fuego. La anécdota a la que hace alusión el autor en estas reflexiones debe ser seguramente "El match de Mister Jones" que reproducimos más adelante (ver aquí).

El personaje "Don Eligio" tiene su historia. San Eligio (ca. 590-660), patrono de los orfebres (su fecha es el 1° de diciembre), nació en Chaptelat cerca de Limoges (Francia) alrededor del 590. Según cuenta la leyenda, se le apareció el diablo vestido de mujer y él, Eligio, lo agarró de la nariz con tenazas. De origen humilde, al servicio del rey Dagobert I "El bueno" (ca. 602-639), un rey miope y campechano, que solía ponerse la ropa al revés de puro distraído, Eligio elige la vida religiosa y es consagrado obispo de Noyon-Tournay (ver aquí y aquí).

En el Orsanmichele en Florencia, un edificio gótico construído originariamente para el mercado del grano y luego, en 1380, transformado en  iglesia, se encuentran en la fachada estatuas de los patronos de las artes (obras de Ghiberti, Donatello y Giambologna). La escultura en mármol de "Sant' Eligio" data de 1415 y es obra del escultur renacentista Antonio (Nani) Di Banco (1380/90-1421). El nombre 'Eligio' proviene del latín y significa 'el elegido'.

Sant' Eligio
(Orsanmichele, Firenze)
Orsanmichele

Fuente: http://it.wikipedia.org/wiki/Immagine:FirenzeOrsanmichele07.jpg


En el capitulo de la chimenea de "Ni bufas ni trágicas" se encuentra una reflexión sobre la transformación de los ideales femeninos y familiares, un tema casi de trasfondo en las reflexiones de Don Eligio (ver más adelante el ensayo sobre "la virtud femenina"), así como un pasaje sobre la exigencia reproductiva en los "países totalitarios". El texto revela lo que muchas mujeres de hoy cuestionan: la relación aparentemente antitética entre el pensar y la femineidad. Pero la reflexión la hace Don Eligio frente a dos diosas, una reminiscencia de los dioses lares según la mitología greco-romana hijas de  Hermes/Mercurio y Lara, protectoras del hogar: una que "ríe y no piensa" y otra que "sonríe y piensa". En este texto se encuentra una frase de Papún a menudo citada por algunos de sus hijos: las mujeres "son más atrayentes y seductoras bien vestidas que mal vestidas o desvestidas".

Las diosas lares en el altar de Augusto ("Ara Pacis Augustae") en Roma

Ara Pacis Augustae


Su deseo, como autor, de que sus "sencillas producciones" puedan "despertar en el semblante de los lectores la expresión de una sonrisa espontánea" tiene muchas, sí, muchísimas posibilidades de cumplirse, siempre y cuando el visitante de este sitio, se tome el tiempo de leerlas. Seguramente que se encontrará con una "brisa fresca e incontaminada" y tal vez logre encontrar a su propio Don Eligio. El artículo a que alude en "Propósitos, éxitos y decepciones" es seguramente "Es imposible escribir sin temas" que reproducimos en el capítulo 18.



Nota del Autor

"¿Qué es lo que podría invocar como excusa de mi audacia?

Fué un pariente e impresor que me dijo, un día: ¿Por qué no recopilas en un tomito, esas notas que has publicado?

¿Cuántos ejemplares habrá que tirar?, me pregunté. Quinientos, tal vez. ¿No serán muchos? ¿Y dónde pondré tanto libro? Y en seguida recorrí con el pensamiento mi casa. Han de caber en el cuarto largo, me dije. Así se le llama a uno donde estudian mis hijos, que está atestado de roperos. Es posible que allí haya lugar; y que para algo, largo hízolo el destino; y luego, no faltarán inviernos fríos. La chimenea exige siempre mucho combustible.

Gran parte de esas sencillas composiciones, parecieron surgir en las tardes y noches invernales de ese fuego rojizo, en el silencio, mientras mi mirada un poco vaga e indecisa sentíase atraída por el chisporroteo travieso y burlón de las llamas inquietas. Se los devolveré en forma tangible; y, desde luego, prometo formalmente obsequiarla con el primer tomo que llegue a mi mano; y, también he de contar con la estrecha y forzada colaboración de parientes y amigos, que recibirán sendos ejemplares con corteses dedicatorias...

Estos fueron mis últimos argumentos que, como una rosada esperanza, podrán consolar del engorro a mi mujer.

Y así quedó resuelta la impresión y satisfecha mi un tanto osada vanidad, que algo de ésto también había en el fondo." (p. 5-6)

Haroldo Capurro

(H. Stance)


 

Don Eligio


"Don Eligio no es un artista, no es un poeta, no es un erudito, no es un pensador, ni con mucho menos, un filósofo. Es un hombre que vive, vaga, mira y observa las cosas, y los acontecimientos, siendo incapaz de profundizarlos. Cáusanle horror los abismos; así llámales él, a los ignotos y oscuros caminos que ahondan los temas. Dice que se pierde. Y así vive, recogiendo de la superficie, sin indagar su origen, las cosas bellas y las cosas buenas, las cosas amenas, que son las que siente y las que impresionan su cerebro ingenuo, bondadoso y clemente. La tragedia lo abruma. La maldad lo desconcierta.

No es un hombre grave; más bien, ligeramente risueño. Tiene una mirada despejada y con claridad se advierte en sus ojos verdes, franqueza, y reflejos de pensamientos de melancólico escepticismo, subrayados por un gesto ligero de indulgente ironía, que dibujan dos labios finos al borde de una boca grande, inquieta y simpática.

No es rico, no ama el dinero. Alienta, además a su vida, un fondo de raro optimismo: no habla nunca de felicidad; dice que la única manera de no sentirse infeliz es la de no pensar en esa concepción incierta.

Esta breve sentencia encierra todo el secreto de su sencillo espíritu filosófico.

La observación, a su manera, es su rasgo prominente.

Además, don Eligio, tiene cincuenta años largos, con experiencia adquirida. Es alto, delgado y calvo. Viste jaquet negro, un cuello exagerado, pantalón angosto. Usa gafas de carey y su aspecto general es algo sacristanesco.

Pero este sujeto tiene su debilidad. De sus observaciones resultan, a veces, crónicas y artículos que algunos diarios y revistas le han hecho la distinción de publicar. Esta circunstancia lo hace más humano, pues satisface un poco su orgullo y su vanidad.

Y ahora les confesaré: cuando don Eligio se me acerca, cosa que hace con cierta irregularidad, todo lo olvido, y me abstraigo en sus risueñas reflexiones, que me agradan porque las encuentro libres de acritud y maldad.

Es con estos simples relieves que veo y siento a este personaje, creado por mi imaginación y fantasía, que vive en mi interior, que me acompaña en mis paseos, en mis viajes, en mis desvelos, y siempre que encuentra a mi mente libre de preocupaciones; y por eso es mi amigo, lo aprecio y lo quiero.

Yo pienso que hay muchos hombres que albergan en su interior, un Don Eligio similar al mío; y digo similar, porque he visto que se presenta bajo múltiples aspectos y con distintas características: y así he podido observar que un médico, tiene aficiones de ingeniero paisajista; otro con un taller mecánico; un ingeniero decididamente músico; un empleado de banco, poeta; un honrado comerciante, pintor; un literato, marino; un abogado, coleccionista de rosas... y así infinidad.

Pues bien, todos éstos son otros tantos Don Eligios que engendra la inquietud de los hombres. Imaginarios mitos protectores, que suavizan la tensión de muchas vidas agobiadas por la monotonía de sus existencias de trabajo, que las gentes suelen criticar, y que debieran ser tolerados con benévola indulgencia.

Solamente hay que cuidar dos cosas: que Don Eligio no sea un Gargantúa, ni un Don Juan, porque lo verán, sus creadores, inexorablemente, alejarse en cuanto asomen en la vida las ingratas sombras del crepúsculo." (p. 7-9)


Propósitos, éxitos y decepciones


"Siempre he tratado de escribir mis temas joviales e irónicos, cosechados al azar y al margen de mi camino, con humorismo sin acritud, ni mordacidad, ni amargo pesimismo.

Siempre pienso, también, que la humanidad agita en su mente, casi sin tregua, pensamientos dolorosos, tristes y sombríos. La obsesión de las enfermedades, de las penas; las necesidades materiales de la vida, el trabajo, el desaliento, la ambición, la vanidad, la codicia, los errores cometidos, la inquietud del porvenir, y hasta el amor y todo lo complejo de nuestra imperfecta e impenetrable constitución fisica y moral, mantienen nuestros pobres espíritus inquietos, en una penumbra gris y monótona. Y no sé por qué experimento una grata satisfacción, cuando pienso que la lectura de mis sencillas producciones, pudiera despertar en el semblante de los lectores la expresión de una sonrisa espontánea.

Nunca he pretendido provocar una risa desmedida; no me anima ese propósito. Mi finalidad cólmase con sólo hacer sonreír; y, ni tanto, bástame el brillo que despiden los ojos animados por el reflejo interior de una idea amena y simpática.

Se me imagina, sin pretensión, ni vanidad alguna, que contribuyo, muchas veces, a quebrar la monotonía, el hastío de la vida, sólo sea por un instante, y a moderar la tensión y la nerviosidad de agitadas mentes por penosas preocupaciones, aunque sean solamente algunas; que alcanzo como mensajero oficioso, una suspensión de hostilidades, con sólo el pasaje ligero de una brisa fresca e incontaminada de impurezas.

Y ahora será muy fácil advertir, con lo dicho, y ya nadie podrá poner en duda, después de estas meditadas reflexiones, que he descubierto un procedimiento filantrópico ignorado; que no socorre con caracteres muy nutritivos, es cierto; que no hará engordar a nadie; ni contribuirá a que evite una pulmonía en invierno, algún pobre desamparado que ambule con poco abrigo; pero bien se podrá apreciar que es, asimismo, una abnegada caridad de orden espiritual, generosa y barata.

Ahora diré: ni para mí, ni para mis pobres menesterosos, los resultados de mis aspiraciones y de mis esperanzas, son siempre muy lisonjeros. Llenos encuéntrolos de inesperadas contradicciones. Ya me han reservado, mis producciones, algunas sorpresas, no trágicas, por cierto, cómicas más bien; y, en armonía con mi confesada inclinación altruísta, dos singulares casos voy a referir, vividos y ciertos, sin exageración alguna.

Escribí, un día, un relato picaresco, y se lo remití a una revista argentina.

Plublicáronlo ilustrado y elogiado con estas amables palabras: "El lector advertirá el estilo ameno del autor, la gracia del episodio, y el humorismo de buena ley con que ha sido tratado el tema". Estaba yo satisfechisimo. Parecíame ésta, una consagración definitiva.

MUNDO URUGUAYO, conoce el texto de esa publicación, y la reproduce.

El tema, como he dicho, era algo picante, y sin haberlo podido evitar, ponía un poco en ridículo debilidades de un distinguido gentleman inglés.

Un simpático y sagaz corredor de avisos, buen psicólogo, en vista de la gracia y del éxito alcanzado por el cuento, aprovecha esa brillante oportunidad para granjearse, con ese talismán infalible, las simpatías de un opulento comerciante sajón a quien deseaba contratarle un importante aviso.

Lo aborda y le insinúa la lectura del cuento que llevaba preparado, que el otro acepta gustoso; y confiado y alegre, espera el resultado de esa previa y risueña preparación de espíritu, indispensable, según él, para ofrecerle el contrario del aviso.

No bien terminada la lectura, vuélvese, el hombre y, ceñudo, le entrega la revista al obsequioso corredor, diciéndole en un tono despectivo: "Parece increíble que una revista seria publique semejante porquería".

Mi pobre amigo, desanimado y corrido, contábame este dramático episodio con cierta melancolía, pues ya no hubo forma de conseguir el aviso que tanto necesitaba. Y yo, también, en vista de mi fracaso, quedé algo desorientado.

Más tarde, publica MUNDO URUGUAYO, otra producción mía. Era alegre de todo punto de vista. Habíanme hecho elogios, yo creo, sinceros.

Subo al tranvía en esos días, y advierto cerca mío, pasillo por medio, a un caballero, así me pareció, que hojeaba, precisamente, el número que contenía esa chistosa publicación.

Veré, me dije, si se detiene en la página que lo transcribe, colmadas mis inocentes aspiraciones, aquellas de las sonrisas y de la brisa fresca e incontaminada, de que hablo en las primeras líneas, aquí, al principio.

De reojo yo lo observaba. Estaba bien trajeado; pero me llamaron un poco la atención unos dedos muy gordos y una mano, en general, gruesa, tosca y ordinaria, y sospeché un mal presagio; pero prosigo.

Detúvose en la tercera o cuarta página. Leyó con aire indiferente, me pareció, treinta o cuarenta líneas de un bonito artículo, bien escrito, sentido, fino y emotivo, publicado sobre Juana de Ibarbourou, y pasó de largo, para hacer un alto, en seguida, en la página que contenía mi relación.

Yo lo seguía espiando con disimulo, con cierta curiosidad y placer. Pues bien: el hombre empezó a leer, también con aire indiferente, y a medida que iba avanzando lo veía cada vez más serio. Es cierto que yo hablaba en él, de las secreciones de las glándulas, de las funciones fisiológicas del epitelio, de Marañón, y de otras cosas un pcco raras; pero al fin, no era para tanta gravedad. Y así extremáronse las cosas y contrayéronsele los músculos de la cara, con extraordinario asombro mío, hasta llegar a una expresión de dolor y casi de rabia. Yo estaba humillado.

No alcanzó a leer ni la tercera parte de la página y siguió de largo dando vuelta las hojas con manifiesta brusquedad, para detenerse extasiado en presencia de unas deliciosas y semi desnudas estrellas de cine, que por fin, y ante sus indiscutibles encantos, le hicieron aflojar esa horrible tensión provocada por mi jovial narración.

Recorridas seis o siete cuadras más, hizo parar, el sujeto, el tranvía; mete la revista en el bolsillo, y al salir por la puerta delantera, y en tanto lo seguía con la vista desconcertado, se agacha y recoge, del pescante, media bolsa de papas, que echa groseramente al hombro, y una damajuana de vino.

Nadie podrá imaginar el suspiro de alivio que salió de mi pecho. Era el epílogo del drama. Esos inocentes tubérculos y esa graciosa damajuana,  objetos de todo punto indiferentes para todos, resolvieron mi doloroso enigma, me iluminaron, fueron una revelación tranquilizadora para mi atribulado espíritu." (p. 11-16)


Don Eligio y su chimenea


Muchas son las personas que ignoran, en este país, todo el agrado que puede proporcionar el alegre y acogedor fuego de una chimenea, desde
ñada por el progreso como procedimiento de calefacción anticuado y en desuso.

En cambio, para mí, en las tardes y noches invernales, tiene un atractivo encantador e irresistible, ese hogar con la trémula y primitiva llama de leña; fenómeno atávico, posiblemente, cuyas raíces podríamos encontrar en el ancestral culto del fuego.

Me parece, además, algo así como el regazo hospitalario de una casa. Su sola presencia es una promesa de reposo. Es un refugio. Consuela y recrea. Con algún silencio a su derredor, siéntese uno predispuesto a la reflexión íntima; y yo, me propongo, ahora, divagar sobre la chimenea de mi casa, y guardar como recuerdo de mi pensamiento errante, sin rumbo, en este momento, estas deshilvanadas líneas, nacidas al calor de su confortable lumbre en una noche de agosto inclemente.

Dos atrayentes cabezas de mujeres jóvenes, casi de tamaño natural, descubriendo el nacimiento de sus gráciles hombros, asentadas sobre sendas columnas rectangulares de granito azulado, de cierta altura, decoran esa chimenea de ladrillo rústico, sin revocar, de líneas armónicas.

Con singular concepción quiso representar el hábil y original escultor, dos dioses lares. Dos divinidades secundarias, dos genios protectores del hogar en la mitología romana.

En raras familias existe, por estas latitudes, lo que realmente constitutía el hogar en otras épocas, y no muy remotas todavía; y escasa tarea les ha quedado a esas dulces y pacíficas deidades paganas.

Y se comprende sin mayor esfuerzo. No se constituye un hogar con un solo hijo, ni con dos, liberal y máxima concesión de fecundidad, generalmente acordada por error, a las mujeres de nuestro tiempo.

La aspiración más anhelada de perfección femenina, culmina en una silueta fina, ágil, de carnes duras, flexibles e intactas, y es de toda evidencia que la maternidad conspira bárbaramente contra ese ideal de la época.

Las mujeres quieres ser finas, delicadas; y los hombres así lo exigen, también. Entonces se alcanzan los mayores sacrificios; las privaciones, el dolor, hasta la salud se pone en segundo término... Y, en realidad, no debemos censurarlas, desde que ningún hombre ahora– experimenta el menor placer en abrazar a una ballena, y vano propósito sería el pretender reprimir, y menos suprimir, esas expresivas y satisfactorias conmociones amorosas.

El antiguo y popular dicho "Gordura es hermosura" es una atrocidad incomprensible. La grasa y el tocino han dejado de pertenecer, decididamente, a la complicada farmacopea de los estimulantes amorosos.

El problema es más serio, para las mujeres, de lo que parece a primera vista. Muy lejos estamos de las remotas épocas de los intolerantes iconoclastas. Vivimos en el culto de la imágnes femeninas más perfectas y estupendas que ha conocido la humanidad. La selección de las bellezas de cine, que accionan frescas y risueñas en la pantalla, constituyen un término de comparación terrible para las mujeres.

Además, se han suprimido las sayas largas, y en muchos casos hasta las cortas, y han de presentarse al natural, en verano, en las playas. Y como se comprenderá, los hombres que no son muy torpes, con esta estimulante y agradable clínica moderna, han alcanzado conocimientos anatómicos serios y saben apreciar lo que es un cuerpo de mujer.

Todo esto no es una fábula, y estará muy bien; pero suprímanse los hijos en el hogar y éste habrá perdido el noventa por ciento de su carácter primitivo.

Agréguense todas las demás circunstancias que nos rodean, tientan y apasionan: espectáculos públicos a toda hora, el cine que ha formado legiones de fanáticos que asisten diariamente, revelando una indomable resistencia cinematográfica. Los deportes, los autos que facilitan las rápidas y cómodas evasiones; y hasta las ligeras bicicletas, cuyo uso se está divulgando milagrosamente entre las mujeres, y muchos otros atractivos que encierran, en sí, con un poco menos de rígida moral, el germen de la inquietud y de la libertad, y fácil será comprender el descalabro sufrido por los hogares de otro tiempo.

Yo no sabría qué pensar a este respecto. No me abriga un espíritu de crítica sino de simple observador. Pero, a la verdad, que aquellas respetables familias eran verdaderos establecimientos de reproducción solemne e intensiva, con diez o quince hijos, donde requeríase que las mujeres fueran gordas y robustas, ya que se les exigía a esos heroicos y temerarios organismos, el máximo de rendimiento. Aunque parece, según las últimas noticias, que en este delicado momento histórico, este proceso humano reproductivo a marcha forzada, que deben realizar las mujeres al unísono con la fabricación de cañones, aeroplanos y demás máquinas mortíferas, ha llegado a ser uno de los ideales más halagüeños, en el que cifran las más bellas esperanzas de glorias guerreras futuras, los férreos conductores de los países totalitarios.

Pero, vuelvo a mis simpáticos dioses o diosas, que me acompañan cotidianamente con discreto silencio.

Mis diosas, que tienen el inmenso encanto de su juventud imperecedera, sonríen. Sin ser bellas, son agraciadas y de líneas normales. Una de ellas se peina con raya al medio, coqueta, con dos rodetes que le ocultan las orejas. Su mirada se pierde en línea recta, y sonríe, casi ríe, sana y francamente, con una alegría simpática y comunicativa. Ríe y no piensa.

La otra es muy distinta. Usa melena, algo despreocupada. Adviértese en su semblante una expresión de particular inteligencia. Baja su mirada, mira de soslayo. Dibújase en sus labios una sonrisa complaciente, benévola, con alguna ironía y un leve reflejo de amargura. Esta sonríe y piensa.

Téngoles a ambas vivísima simpatía; pero las mujeres que no piensan mucho, máxime cuando son bellas, resultan adorables y profundamente femeninas. Viven guiadas por los impulsos más delicados y emotivos de los sentimientos. El corazón prima sobre el cerebro. No en balde el amor se anida en el pecho. Y en cuanto se ponen a pensar seriamente, se alejan fatalmente de su sexo, y esto será siempre, para ellas, un acontecimiento funesto.

Además, una mujer que sea decididamente femenina, tiene que pensar en vestirse bien, y si lo hace con conciencia, poco tiempo le ha de quedar para pensar en otras cosas serias. Y deben insistir en vestirse bien, porque siempre son más atrayentes y seductoras bien vestidas que mal vestidas o desvestidas. Aunque puede ser que para algún nudista yo esté exagerando un poco.

Y bien; en tanto que discurro sin rumbo orillando estos intrascendentales temas, sentado delante de mi chimenea, advierto que el fuego quiere extinguirse. Apago la luz. Sólo queda iluminada la estancia por la lumbre de la leña que parpadea agitada. Las sombras obscuras proyéctanse inquietas en las paredes que las guardan prisioneras.

Levanto la vista y paréceme que mi diosa pensativa quiere acentuar la expresión de su ironía, mientras mira de reojo estas cuartillas, que yo, algo incomodado, doblo y guardo. Pero ya están escritas. Se ha cumplido mi inocente propósito; y por esta noche, esto es todo." (p. 23-28)



3. LA IGLESIA CATOLICA


Papún era agnóstico como lo dejan entrever algunos de los textos de "Ni bufas ni trágicas". Mami era muy católica. Sobre este tema ver también el capítulo 11 "Don Eligio en un bautismo".

El Oficio del Domingo
con la iniciales de Elida Etchegaray

El Oficio del Domingo


En el living de la casa en la Avda. Ricaldoni había un mueble en madera al que le decían el "Prie-dieu". Se trata de un reclinatorio con una talla de la Virgen y con muchos cajones disimulados, que los nietos se divertían para descubrirlos.

Por más detalles sobre el origen de este tipo de mueble cuyo nombre data en Francia de principios del siglo XVII, ver aquí.

El "Prie-dieu" era muy apreciado por Mario Capurro Etchegaray quien lo heredó.

Prie Dieu



4. EL VIAJE A LAS CATARATAS DEL IGUAZU


En cuanto a viajes, además de varios realizados a Europa, Mami y Papún disfrutaron mucho de su visita a las Cataratas del Iguazú en 1936. Reproducimos impresiones de ese viaje contadas por "Don Eligio" en un capítulo de "Ni bufas ni trágicas".

Iguazu1


Cataratas del Iguazú
Foto de época

Iguazu


Haroldo Capurro Ruano
Hotel Iguazú
1936

Hotel Iguazu



Don Eligio en su viaje al Iguazú


"La primera etapa, Montevideo-Buenos Aires, no me sugiere nada de particular. Ninguna novedad. Tengo que saludar a gentes que conozco, y que no me interesan mayormente.

Yo quiero caras nuevas, ideas nuevas, nuevos panoramas en este breve paréntesis de mi vida ordinaria. Amo lo ignoto, lo imprevisto, la sorpresa. Pero ya en el trasbordo al buque que debe conducirnos al Alto Paraná, las cosas cambian. Ya estoy en lo desconocido en absoluto. Las fisonomías no me acusan reminiscencia alguna. Provincianos, algunos porteños. Emigrantes europeos, nórdicos o esclavos, de ojos claros, con expresiones de sorpresa. Mal vestidos, sucios, pobres, con caras rudimentarias; gorros pequeños con prolongadas viseras no exentas de alguna comicidad.

Pregúntoles a dónde se dirigen. Al Paraguay, me contestan, a poblar tierras vírgenes. Son los desheredados de la fortuna; pero los más fuertes. Los que tienen más valor. En cada uno de estos colonos adviértese el drama que soportan, y el dolor y la esperanza en la mirada. Esta misma demostración de alegría y de coraje, significa la selección de los mejores; las semillas más fértiles que pierden las naciones de origen, que se arraigan en tierras de promisión, que formarán las nuevas razas en un conglomerado más vigoroso.

Dejamos el puerto de Buenos Aires rumbo al Norte. La proa de nuestro barco quiere enfocar el Paraná.

Llega la hora de la comida. Somos seis en mi mesa. Tres mujeres, tipo pueblo de campo, vestidas con dudoso buen gusto. Caras risueñas, feúchas y ostensiblemente mal perfumadas. Dos hombres las acompañan. Por la conversación, deduzco que son todos de Formosa. Yo guardo discreto silencio. Uno de los caballeros impone su oratoria. Nos entera que sale del hospital donde estuvo cuarenta días, y desarrolla con una insistencia terrible el detalle de sus vicisitudes hospitalarias. Sentíame algo torturado, y no bien terminó la comida, con un saludo cortés, me alejé para no volver más; y aunque no conozco a Formosa, ni había oído hablar jamás a una persona de Formosa, téngoles, ahora, a esa gobernación y a sus dignos habitantes, un invencible temor.

En seguida una sólida provinciana, con una cara redonda como un queso, se instaló en el piano. Sin resuello y como si guiara un carricoche, por un camino de campaña, dando un tumbo aquí y otro allá, nos enjaretó, con la máxima gravedad, un tango, una rapsodia de Listz, O sole Mío, La donna e mobile, algo de Albéniz y no sé cuántas cosas más. Todo esto dió motivo a nutridos aplausos que enardecieron sus bríos, y a que un pasajero se acercara con cierta precaución a la puerta, diciéndole a otro: "Venga a oír a madame Cortot".

Apareció también el caballero que cuenta cuentos verdes, rodeado de señoras que quieren alejarse y que no se alejan; pero que nerviosas, lo oyen, se escandalizan y se sonrojan.

Quedó así comprobada, una vez más, la observación que había hecho tiempo atrás. Y es que la de que, en todo viaje, a bordo, siempre hay una mujer que toca mal el piano y un señor que cuenta cuentos verdes.

Contamos también entre nuestro pasaje al político típico del Río de la Plata. Simpático, de mirada vivaracha y sagaz; que toma mate y usa, alrededor del cuello, un ponchito de verano con carácter de bufanda. Dos elementos que significan confianza, modestia, democracia, patriotismo y hasta desinterés, de gran utilidad y sugestivos para alcanzar la simpatía y el voto de los electores en nuestras campañas.

Tampoco faltó la atrayente y distinguida porteña de rizada cabellera rubia, que paseábase sobre cubierta, ceñidas sus delicadas y sinuosas formas con un elegante pijama de un excitante y provocativo color rojo escarlata, acompañada de su inseparable perrito Pomerania. Los niños encantábase con el cuzquito cuidadosamente abrigado, en su mantita con bolsillos. Las mujeres, en particular las casadas, criticábanla con ironía. Los hombres, algo más indulgentes, sentíanse ligeramente inclinados a contemplar las atrevidas indiscreciones del pijama escarlata, que aprobaban con expresiones de disimulada complacencia, y que, sin duda alguna, daba una nota amena y de risueño colorido.

Otra dama en extremo simpática y atrayente, declaró que tenía la friolera de veintitrés perros, que los adora y que les llama sus hijos (no tiene otros), enseñándome una foto en la que se advierte su interesante figura rodeada por toda esa jauría.

Y como es de suponerse, también figuró la señora que alimenta una pasión frenética por el bridge. Jugó todo el viaje de ida, y yo pienso que estaba deseando terminar con las cataratas y demás paparruchas, para poderse dedicar sin molestias a su juego favorito, la verdadera ilusión de su vida. Nada podía iluminar su semblante de emoción y frenesí como la descripción de un reñido partido de bridge.

Y mientras se desarrolla a bordo esta sencilla comedia sin argumento, el vapor sigue su ruta.

Hemos pasado el Rosario. El Paraná, muy vasto y turbio, no ofrece hasta ahora sino una costa llana y un panorama muy extendido.

Yo me dejo llevar por ese río sereno, mecido en un estado de beatitud y tranquilidad encantadora.

A Corrientes llegamos. Esto significa otro trasbordo para los pasajeros que se dirigen al Iguazú.

Somos veintidós. Cupido nos obsequia con cuatro parejas de novios, fresquitos, en su luna de miel. Y apareció lo imprevisto para mí. Encontrábase mi camarote rodeado y sitiado por esos ocho infelices mortales. Una pareja de cada lado y dos al frente. Mi inquietante posición causábame bastante nervosidad. Invoqué con fervor la protección de Morfeo, y  conté con el cansancio, con el mío, no con el de ellos, que fué para mí, en esas noches aciagas, auxilio inexorable.

Entre tanto habíamos alcanzado el Alto Paraná. Aquí las cosas cambiaron. Descubrióse en sus márgenes otra vegetación. La flora exuberante y lujuriosa. Ya entramos en la región semisalvaje, y hasta los pueblitos y los puertos evocan con sus nombres la idea de los primitivos guaraníes: Ita, Yahapé, Ipapé, Itapí, Apipé...

Al día siguiente dejamos a Posadas al sud-oeste. La neblina invade el Paraná durante la noche. Densa, la bruma se desprende de la selva. La navegación se hace imposible. Fondea el buque aprisionado en esa red impalpable. Es necesario esperar que aclare. Solamente el sol, en la mañana, desgarra esa cortina y se observa, entonces, sobre el río de plata, la agitación de infinidad de tenues gasas blancas movidas por la mano invisible de alguna hada milagrosa, que las recoge con ademán delicado, para reintegrarlas a la selva virgen, su guarida misteriosa.

Brilla el paisaje esplendoroso. Ya a esa altura el río no tiene más de doscientos metros de ancho. Refléjanse en él las dos márgenes de altos barrancos que decora una selva enmarañada y áspera. Apretados y cubiertos los árboles de enredaderas y lianas, empinados unos sobre otros, curiosos, espejan en el río sus caprichosas siluetas dejando en el centro una senda clara. El silencio nos rodea. Sólo la sirena de nuestra embarcación rompe alguna vez la quietud y la calma, y contesta, en el acto, con un eco hostil, como alarido de fiera irritada, la selva oscura en la lejanía.

Sumido estaba yo en lo más hondo de esta poética y romántica evocación, cuando se apareció una bondadosa y sensible señora para mostrarme el retrato de una perrita scottish-terrier que se llama Negra. Y me dijo, no sin cierta emoción: "Mire si no es un amor mi Negrita querida, si no dan ganas de comerla". Yo la miré. Me pareció un bicho negro y peludo, y pensé, entre mí: es cuestión de gustos. También me hizo saber, la misma, que tenía un hijo, de ella, no de la perra, pero de éste no me dijo cómo se llamaba ni me mostró retrato alguno.

Y con ésta son tres las damas que revelan sus incontenibles y exaltadas aficiones caninas.

Y luego, Puerto Aguirre. Y de aquí a las cataratas tan sólo veinte kilómetros.

De su magnitud y belleza, qué podría decir yo que se aproxime a esa inmensa realidad!

Forma el Iguazú en lo más recio de la selva una curva graciosa que se ensancha antes de las caídas. Es una frente límpida y serena de mujer, que plácida mira el infinito. Caen las aguas a raudales al llegar al borde y piénsase en el nacimiento de las cabelleras rubias de veinte diosas de los ríos y de las fuentes, de veinte Nereidas, que sueltan sus maravillosos rizos esponjados. Son copos que riega el rocío de un pulverizador milagroso, y que sin cesar se esparce, en partes copioso y en otros tenue, como una nube blanca que oculta el fondo del abismo, del que sólo nos alcanza su ronco fragor.

Y para colmar el milagro de ese esplendor, el espectro solar, la descomposición de los rayos del astro rey, en infinidad de arcos de la paz, nitidos, pequeños y grandes, que aparecen y se ocultan en un juego infantil, dándole al conjunto la inmensa grandeza del himno más luminoso y armónico que la naturaleza de nuestro planeta pudo elevar al cielo.

Y todavía, y cuando el viajero se aleja, y entre la selva oscura y por encima de ella, percíbese una nubecilla verde y roja que, agitándose suavemente cual un sedoso y tenue pañuelo de colores, se despide con su único lenguaje de exquisita cortesía.

Y luego, a bordo de nuevo.

Un drama nos acechaba. En una noche oscura; el ruido de un choque. Unos gritos desesperados. Nuestro vapor retrocede. Baja una lancha que equipan cuatro hombres. Escudriñan las tinieblas en el río. Se oyen algunas voces. Regresan doce. Ocho de ellos empapados, lívidos, tiemblan azorados. Todo esto en el espacio de diez minutos. El barquito embestido desapareció en las profundidades del Paraná. Se cuentan los hombres. Falta uno, dicen. Eramos nueve. Un muchacho paraguayo que estaba enfermo y arropado en su poncho, fué el triste tributo de esa brevísima tragedia.

Y en marcha de nuevo. La vida también aquí ya quiere llegar a una normalidad. Ya son pocas las novedades. Los novios más tranquilos. El repertorio de cuentos verdes algo agotado y las curiosidades satisfechas, apagan un tanto los bríos de todo el pasaje. Recién cae el telón y algunos episodios confúndense un poco en mi memoria. Es el tiempo que sigue su marcha inmutable en su acción destructiva.

Queda en mi mente como punto principal, culminante e indeleble, la inmensa belleza de las cataratas, obstinándose en surgir, también, con frecuencia, la visión fugaz y nítida de aquel diablillo travieso e inquieto ceñido en su pijama escarlata.

Es la mujer, el eterno y adorable femenino, que no tolera posiciones de segundo plano, que exige su puesto de honor, que no cede su cetro, que se hace presente y se impone siempre en la mente de los hombres en sus infinitas y tentadoras manifestaciones.

De mi Diario de Viaje. Agosto 1936." (p. 55-63)



Iguazu2



5. LA MUSICA Y EL TEATRO


Elida y Haroldo gustaban mucho del teatro y de la música clásica y solían concurrir sobre todo al Teatro Solís y al Sodre a disfrutar obras de teatro, conciertos y la ópera. Mami tocaba el piano y le enseñaba a Susana Pérez Gomar, su nieta y co-autora de este sitio, la Bagatelle en a-Moll "Für Elise" (Para Elisa) (1810) de

Ludwig van Beethoven

Beethoven


Comienzo de "Für Elise"
para escuchar la música presione aquí

Für Elise


A Papún le encantaba que Mami tocara el piano. En el living de la casa
de Ricaldoni había un piano de cola. Papún y Mami poseían una gran colección de discos con música clásica de 78 RPM (vueltas por minuto). Cada disco duraba unos cinco minutos.  El long play de '33' se introdujo después de la guerra. Ver más aquí.

Disco

Sús clásicos  preferidos eran las sinfonías de Ludwig van Beethoven, siendo la sinfonía No. 6 llamada "La pastoral" la que dio el nombre a la estancia.

En el articulo que reproducimos a continuación relata Don Eligio un concierto en el Sodre donde pudo escuchar la 5. Sinfonía de Beethoven llamada "Sinfonía del destino" (escuchar aquí el comienzo) así como también el "Carnaval" de Hector Berlioz y la obertura del "Barbero de Sevilla" de Gioacchino Rossini (escuchar aquí). No le gustaba para nada el "Boléro" de Maurice Ravel.

Papún poseía un aparato para ver slides en tercera dimensión. Los nietos miraban sobre todo las del infierno con demonios terroríficos de ojos verdes brillantes. Esto les costó más de una pesadilla.

En su ensayo "Es imposible escribir sin temas" (ver más adelante capítulo 18) cita Don Eligio el aria del Chevalier Des Grieux del tercer acto, escena segunda: "Ah! Fuyez, douce image" de la ópera "Manon" de Jules Emile Massenet (1842-1912) estrenada en París en 1884. Escuchar la melodía aquí.

Su hijo Eduardo heredó la pasión por la música y era un excelente guitarrista. De joven solía tocar el órgano en la iglesia de Atlántida.

También ofrecemos el texto "El mendigo hechicero" en el que Papún cuenta la historia de su amigo andaluz que pasaba frente a su casa tocando en su "organillo de manubrio" "un pasodoble y una jota. Otro pasodoble y otra jota, siempre los mismos". En este ensayo se perciben algunos tonos meláncolicos a los que aludimos en el capítulo 18.

Organillero
Palermo (Buenos Aires) 1900

Organillero


Las tres horas de las tardes invernales en Montevideo


"En esta vida moderna, se nos ha presentado un problema diario que yo considero de cierta importancia; y es el de cómo se pasan esas tres horas interminables de seis a nueve de la tarde, en invierno, dado que en verano nuestras risueñas playas nos amparan generosamente.


Antaño se terminaba el trabajo a las seis. Luego, una media hora de paseo o de charla con los amigos en una esquina, o en el café, breve término, y en seguida a la mesa.

Se comía – ahora parece que poco se come – a las siete o siete y media. A las ocho y media era necesario estar vestido para ir al teatro, o para alguna reunión de casa de familia, o en el Club, etc.


Ahora, lo poco que se come, nadie lo come antes de las nueve; y de las seis a las nueve son tres horas largas, larguísimas, interminables.


Es cierto que tenemos de tarde los teatros y los cines que bastante nos alivian. Secciones con denominaciones de aperitivos, aperitivos espirituales. Y todavía, como práctica social, las reuniones de damas y caballeros, en los cafés y en las confiterías, donde se ingieren los reales aperitivos burldos, porque las gentes no se resignan a pasar solitarias en sus casas el tiempo que les queda antes de la comida, ni a dejar de gustar los agradables y perniciosos licores.


Yo, como todos, sigo la caravana, naturalmente.


El sábado me invitaron para un concierto vespertino en el "Sodre", a palco. Resolvía la tarde, y además acepté la invitación porque era a palco.


No soy un aficionado muy entendido, debo confesarlo. Puedo apreciar algunas cosas; pero hay otras que son para mí imposibles de entender, verdaderos misterios, a pesar de mis tenaces empeños. No digo ligeramente, como la mayoría de las personas, que no son buenas ciertas producciones, porque alguien me enseñó que debía decir que no las entiendo. Y para convencerme, un erudito y distinguido caballero, en París, discutiendo ese tema, me dijo: "Le voy a leer una página estupenda de las cosmogonías de Sócrates". Y me la leyó en griego. Naturalmente, no comprendí nada. Y le repliqué: "¿Por qué está en griego?" Me la tradujo, y tampoco la comprendí. Esa demostración era la evidencia. Uno puede comprender las palabras, de la misma manera que siente las notas aisladas, pero no alcanza al fondo del asunto, su belleza íntima.


Ahora les explicaré por qué prefiero ir a palco a los conciertos. Porque cuando los temas son enigmas impenetrables, para mí, y bravos, retrocedo lentamente, y sin hacer el menor ruido, para el antepalco, y me escabullo, gano la calle en un momento, respiro libremente y siento en el acto cierto alivio.


Esto no es posible hacerlo en otra localidad cualquiera. En los conciertos hay que observar un silencio religioso. Se cierran todas las puertas en cuanto comienzan las ejecuciones. Aparece, al menor ruidito, imperceptible, un letrero sobre el proscenio, de color rojo vivo, que le dice al público, "Silencio". Y de este letrero imperativo, se hace, yo creo, un poco de abuso. he presenciado, más de una vez, en ciertos momentos en que el público se siente realmente poseído de entusiasmo, ya con las manos en alto, con vehementes deseos de estallar en aplausos, aparecer, con el efecto de una ducha fría, helada, el letrerito de marras que repite, "Silencio". Y lo peor es que ya después no aplauden lo mismo. Se les entibia el entusiasmo y se advierte claramente que aún están bajo la impresión de la ducha fría.


Bien: en este último concierto, oí con placer el Carnaval de Berlioz, la Quinta Sinfonía de Beethoven y la obertura del Barbero. Todas composiciones a mi alcance.

El teatro estaba espléndido. Lleno de mujeres elegantes, de semblantes, en general, satisfechos. Las mujeres que están elegantes siempre tienen caras más felices que las que no lo están, y aunque no entiendan mucho se divierten. En cambio, los hombres, como yo, en cuanto no entendemos, nos aburrimos. Y no creo que haya duda alguna, que una mujer bien vestida, con un traje que le siente bien, no se aburre nunca. Por eso le decía, yo, a una señora que me confiaba un poco avergonzada, que no sentía tanto como antes la música: "Será, señora, porque usted no se preocupa, ahora, tanto de sus vestidos como antes. Hágase hacer un lindo vestido en una modista cara, y cómprese un modelo de sombrero bien a la moda, vaya luego a un concierto, y por difícil que sea, se dará usted cuenta en seguida, que el espectáculo es otra cosa".


A mí me sucede, en cuanto no comprendo, que mi atención se fatiga, y entonces mi pensamiento se escapa de la sala, huye. Y esto me pasó el otro día en cuanto empezó el concierto de violín acompañado con la orquesta.


Era muy difícil para mí entenderlo. Yo comprendría perfectamente las inmensas dificultades que vencía el ejecutante. Pero las veía, no las sentía. Veía claramente que aquello imponía un esfuerzo enorme, y además era largo. Y el concertista sudaba y sudaba. Tres o cuatro veces tuvo que secarse el sudor que le corría por el cuello, la frente y las manos.


Entonces yo pensaba en estas cosas, pues se había presentado otra vez el caso de las cosmogonías de Sócrates y me era imposible seguirlo.


Terminado ese número del programa, correspondía a continuación el Bolero de Ravel. Dos amigos míos, excelentes melómanos, me había dicho que en cuanto empezara el Bolero de Ravel ellos se iban del teatro, porque les parecía insoportable. Le comunique esta opinión a mi huésped, en el palco, y él me contestó que si no fuera por las señoras que acompañaba, él también se iría. Y yo, como tenía confianza con ellos, en cuanto sonaron los primeros acordes, siguiendo mi vieja táctica, retrocedí lentamente y gané la calle. Había salvado el peligro. Llegué a mi casa, me dejé caer sobre un sillón, estiré mis piernas, y al calor de un alegre fueguito compuse esta croniquilla. Y así, dí por transcurridas satisfactoriamente las tres horas temibles en esta tarde. 


Pero es el caso que este es un problema que se nos presenta diariamente. ¿Y cómo podré resolverlo mañana, pasado... todos los días?" (p.145-149)



El mendigo hechicero


Entreabro los ojos. Son las ocho. Vuelvo tardíamente a la realidad de vivir. Desperezo, con cierta fruición, mis miembros entumidos; pero paréceme que no tengo el espíritu muy bien dispuesto.

¿A qué aspiro? ¿Qué pido? ¿Qué quiero? Bien no lo sé. Noto en mí, esta mañana, una tendencia sombría y esa opresión, esa inquietud, que nos impulsa a exigir de la vida siempre más de lo que buenamente nos brinda.

Sin embargo, una previa y ligera indagación atmosférica, a través de los vidrios de mi ventana, revélame la existenciade un sol radiante que alegra los árboles y las flores de mi limitado panorama, y esto me reanima un poco.

Oigo, en seguida, el risueño y a la vez melancólico sonido de un organillo de manubrio. Es mi amigo, el andaluz, en la calle, que se acerca; propietario legítimo de ese primitivo y descalabrado instrumento musical fabricado con trozos de caña. Suele visitarme. Somos amigos.

Sabe, el humilde, que lo recibo con agrado. Sabe, también, que a esa hora estoy afeitándome en el cuarto de baño. Esta higiénica dependencia de mi casa, antigua, casi vetusta, tiene una ventana a la calle, muy baja, de reja.

Y sabe además, y sobre todo, que por un convenio tácito, yo entreabro automáticamente esa ventana cuando oigo que se aproxima, para alargarle la mano con algunos centésimos.

El andaluz, con su concierto matutino, que inflamará la cólera de los noctámbulos, me inunda de alegría. Alimento una viva simpatía por ese pobre hombre, a quien considérolo, además, un amuleto eficaz, de virtud insuperable. Aunque ésto es ya algo de mi fantasía.

Cambiamos los buenos días, y cierro en seguida la ventana. Un pasodoble y una jota. Otro pasodoble y otra jota. siempre los mismos, constituyen su no muy vasto repertorio musical, un tanto desafinado, con tiempos irregulares; pero con sonidos suaves y dulces como silbos de aves cantoras.

El pobre andaluz es viejo; tiene una cara bondadosa de víctima resignada. Tiene, también una cotorra paradita sobre ese miserable organillo que lo sustenta. Compañera inseparable, humilde y simpática como él; desdichada y cautiva pitonisa, saca la suerte, y de vez en cuando injerta, siempre a destiempo, sus importunos, estridentes y desafinados chillidos, entre las notas de esas alegres composiciones del folklore español.

Se aleja el andaluz y su órgano. Me visto y me desayuno, y a la calle. No quiero penas, no quiero preocupaciones, a lo menos por esta mañana. Vino el andaluz. Me pondré mi armadura de bondad, de tolerancia, de filosofía...

Camino unas cuadras y llego a la esquina con el propósito de tomar el tranvía.

Siéntome más optimista. Iníciase el sortilegio del mendigo hechicero.

De pie a mi lado, advierto a una negrita joven. Tendrá veinte o veinticinco años. Qué hermosura! Pero, no la negra; su juventud. La negra es atroz. Madre prolífica, ostenta dos pequeños vástagos de bronce. Parecen mellizos y mamones. Uno en cada brazo. Flacos, los chicos. Macilenta, ella. Encantada los contempla con su aspecto casi famélico, y les sonríe mostrándoles sus blancos dientes, a los dos monitos, que se agitan un poco al sentir la trasmisión del calor de esa mirada que ellos solos aprecian, comprenden y festejan.

Serán el fruto, seguramente, de un idilio de amor. El amor hace prodigios; pero cuando pienso en este poema voluptuoso, me estremezco. Aquí tiene que haber actuado también dulcemente un Romeo. ¿Y cómo será?  No quiero saberlo. Sólo puedo afirmar, una vez más, en este caso, que Cupido es a veces un monstruo. Alcanza todos los extremos. ¡Hasta dónde es capaz de lanzar sus flechas divinas!

Pienso, en seguida, que en el sorteo de nuestras existencias, pudo haberme tocado un número semejante en este mundo.

Bien o mal, podría, el Omnipotente, haberme ubicado entre la categoría de los negros o de las negras. Pude, perfectamente, ser, yo, un negro, como podría haber sido abogado o prestamista, lo que, nada de ésto, por suerte, tampoco lo soy; o ser la negra, y tener que amamantar, entonces a los dos negritos... Me espanto otra vez.

Excítase mi mente y paréceme que he orillado un abismo traidor. Estoy aterrado. Quiero huir; mas la voz del mendigo detiéneme y me dice: Ahí tienes otra vida, obsérvala con detención. ¿De qué te quejas?

Sobrepónese con energía mi pensamiento a esas oscuras y tenebrosas imágenes.

Mírome mis manos blancas y limpias. Salto de alegría y de dicha, y al comprobar la verdad de mi ruin impotencia en esta vida, siento ansias de gritar. ¡Ya nada quiero! ¡Nada pido! ¡Soy un hombre feliz! (p. 51-54).





6. TENACIDAD Y AUDACIA


Reproducimos a continuación un texto en el que Papún alude a la vida en casa de sus padres, Luis Federico Capurro de Castro y Ema Ruano, discurriendo
sobre dos virtudes clásicas, la tenacidad y la audacia, la andreia de los griegos y la virtus romana, ejemplificadas en el cocinero gallego Evaristo y el aviador norteamericano Charles Lindbergh (1902-1974) y... su gato. Más de Don Eligio como filósofo en el capítulo 18.

Charles Lindbergh

Charles Lindbergh

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Charles_Lindbergh

Papún cita a la Victoria de Samotracia una estatua que él había admirado personalmente en el Musée du Louvre en París. Es curioso que no reflexione sobra la paradoja que en la tradición greco-romana la tenacidad y la audacia sean virtudes eminentemente masculinas.


La Victoria de Samotracia

Samothrace Louvre


La Victoria de Samotracia no simboliza en realidad a la audacia sino que personifica, como lo dice su nombre, a la victoria (en griego nike) como atributo de la siempre pensativa  y deliberante diosa Atenea. En la Acrópolis de Atenas hay un famoso templo dedicado a la "diosa de la victoria sin alas"  (nike aptera). El escultor Fidias había creado para el Partenón una famosa escultura de "Atenea Parthenos" sosteniendo una nike alada en sus manos.

La "Atenea Parthenos"de Fidias

Atena de Fidias
Fuente: http://fr.wikipedia.org/wiki/Phidias
(ver también aquí)



Tenacidad y audacia


La bondad de las ideas que conciben los hombres, tiene un valor relativo, en cuanto a su trascendencia; todo depende de la tenacidad con que se sostienen.


¿Qué les parece esta sesuda sentencia?... Pero no se alarme, el lector, no tengo el agresivo propósito de hostilizarlo en tan grave tono de magister dixit; aunque, un poco en serio, creo que es uno de los resortes fundamentales que llevan al éxito y al triunfo.


Claro está que hay además muchos otros factores, sin excluir la ciega fortuna, la inteligencia, la preparación técnica, la capacidad práctica, etc., que colocan al hombre en envidiables posiciones; amén de la ausencia de escrúpulos, el enga
ño, la hipocresía, el servilismo, el robo, la traición, tan de moda ahora y otros no menos estoicos, solapados y utilitarios atributos, que con astuto y bien disimulado artificio, suelen dar fuerza y dinero, y por tal, fingida e interesada consideración.


Mas, las dos manifestaciones excelsas, que llevan al éxito, que me conmueven, me sorprenden, me subyugan y me encantan, son la tenacidad y la audacia. Me parecen, en el fondo, de esencia ideológica, nobles y heroicas.


La primera constituye el triunfo infalible y doloroso, a largo término, a paso lento, con la propiedad noble del acero, firme y resistente; la otra, la audacia valiente, es la victoria brillante, gloriosa, o la desaparición y el aniquilamiento con el consiguiente ignominioso olvido. Y para los espíritus nobles, de ideales ardientes, son ambas, áureas virtudes, extremas y opuestas, y no exentas, con frecuencia, de cierta comicidad.


Voy a referir un ejemplar caso de tenacidad que registró mi memoria desde hace muchos a
ños.


Había una ve, en casa de mis padres, un hábil, bondadoso y simpático cocinero, gallego. Llamábase, Evaristo.


Un día, obedeciendo quién sabe a qué impulso recóndito, recogió un trozo de ca
ña. Con éste, al parecer inofensivo, tallo nudoso, ingenióse e hizo, él mismo, con un fierro candente, una flauta. Luego ensayó su sonido, que lo cautivó.


Por supuesto, no conocía ni una nota de música. No obstante, fué, para él, ese momento, una inspiración del numen. Orfeo se introdujo y se instaló definitivamente en ese cerebro inculto. Decidió, Evaristo, que debía llegar a ser un gran flautista. Peregrina ocurrencia para un cocinero.


La violencia de su inclinación fué más fuerte que todo, que la cocina, que su mujer, que la hija; porque también tenía mujer e hija.


Con algunas economías compró, más tarde, una flauta auténtica que acariciaba con amor; y desde ese día, había quedado tácitamente establecido que en nuestra casa no se podría comer. O crudos, o recocidos, o fríos, llegaban los cotidianos y domésticos alimentos a la mesa, en homenaje a esa impetuosa inspiración artística. Ese ilustre flautista tocaba siempre, de día, de noche, entre plato y plato, a toda hora. Era el más alto exponente de una tenacidad feroz. No quería fortuna, no quería amor, no quería cocina, no aspiraba a nada; él únicamente anhelaba con ansias insaciables, sólo comparables a la exaltación religiosa del más fanático cenobita, a tocar la flauta; e iluminado por su rutilante estrella flautera, vivió feliz, desde ese momento.


Después de muchos a
ños de constante dedicación, llegó a tocar en los cinematógrafos y en los teatros. Y ahora, viejo caduco, con más de setenta y cinco años de edad, prosigue, soplando siempre, sin desfallecer, con el mismo candor pueril, su sonoro y exclusivo ideal.


Creo haber traído con felicidad, un indubitable caso de tenacidad, modesto y elocuente, y deseo justificar ahora, mi profunda admiración por los audaces.


Lindbergh, me servirá de ejemplo. Este volátil y heroico súbdito norteamericano, es el caso más extraordinario de osadía quese me ha dado observar en mi vida, y merece algún análisis.


Es delgado, alto, altísimo. Pálido, rubio, con ojos claros y dulces, de suave mirada infantil, casi inocente. Nada revela en su exterior, osadía e impetuosidad. Y, sin embargo, el que haya cruzado el océano impresionante en toda su inmensidad, cómodamente instalado en un transatlántico, a buena marcha durante seis o siete días, sin parar de dia ni de noche, rodeado de agua y cielo, y observe un aparato del tipo que usó Lindbergh, podrá imaginar lo que significa de grandioso y casual el éxito de la fabulosa e inconsciente proeza de ese prolongado personaje y de su gato. Pues sabido es que se introdujo en su frágil aeroplano con un desgraciado e inocente felino, y llegaron amos, después de un ininterrumpido vuelo de treinta y seis horas, desde Nueva York al continente europeo, vivos, ilesos y exhaustos.


Pues bien, esta es la emocionante victoria del coraje; de los sentimientos sobre la razón; del corazón sobre el cerebro, impulso sublime, genialmente simbolizado en la Victoria de Samotracia, que Lindbergh debe haber conocido y sentido profundamente; y sin duda alguna habrá sacado a priori, de zu haza
ña, las mismas revelaciones que a mí me sugirió, un día, que atentamente la admiraba en el Louvre.


Obsérvese con detención esa magnífica escultura griega, hecha trescientos a
ños antes de la era cristiana en conmemoración de una gran batalla, y se verá en ella, el símbolo perfecto de la osadía y del empuje.


Sobre la proa de una nave, en actitud de avanzar resultamente, ha sido tallada esa figura de mujer robusta y valienta. Cúbrela una túnica que agitada por el viento, adhiérese al cuerpo y permite descubrir su torso de atleta, el avance firme de su pierna derecha, y su rígido muslo. No puede haber más movimiento en una inmóvil estatua de mármol. Desplegadas las alas, con el pecho saliente y agresivo, que invita a la acción, parece estar diciendo, "adelante"; y para colmo de simbolismo quiso el destino perfeccionarla en su misión. La  mutiló arrancándole la cabeza; y se advierte claramente, que afirma, con su recia actitud, más ahora que antes, decapitada, una idea que puede sintetizarse en breves palabras: "Para vencer no es necesaria la cabeza; y aun mejor es sin ella; el osado ejecuta y no piensa; valor y adelante".


Esto es lo que debe haber convencido a Lindbergh. Y el coloso venció, y no cayó al mar, ni al abismo ignominioso del olvido, y plenamente justíficase el asombro y la admiración que el mundo, atónito, le tributó, alcanzado que hubo el éxito.


Y luego, parece que ha sustituído al inocente gato por una mujer, su mujer, no menos inocente que un gato por ser mujer, que tampoco ha de tener mucha cabeza, lo que, por suerte, no es inconveniente para el caso, que lo acompa
ña impasible y sonriente, en todas sus temerarias y descabezadas empresas." (p. 33-37)



7. ATLANTIDA

Los Capurro Etchegaray poseían una hermosa casa de vacaciones en el balneario Atlántida de la que disfrutaron también sus nietos.

En "Ni bufas ni trágicas" describe Papún dos viajes en ferrocarril a Atlántida, a una velocidad de ochenta kilómetros por hora, uno en el "Aguila Verde" "en primera clase" y otro en el "Aguila Azul". Los Capurro Etchegaray tenían un Mercury azul. El chauffeur se llamaba Renovato.

Estación Central de Ferrocarril
construida por el Ingeniero Luis Andreoni
inaugurada el 23 de junio de 1897

Estacion Ferrocarril

En su viaje en tren a Atlántida, Papún reflexiona sobre los nuevos medios de comunicación, en especial la radio, cuyas molestias de entonces son muy similares a las actuales. El texto incluye sabrosos comentarios sobre ropa interior femenina marca "Evva".

Es interesante observar que Papún, siempre del lado del progreso, piense que para solucionar el problema del ruido producido en el vagón por la radio se podría inventar otro aparatito que lo aislara a uno de toda clases de ondas "cortas y largas" y "que nos conecta y nos desconecta a voluntad". Esta idea es hoy realidad - con otras consecuencias.

Reproducimos también un texto con el título "Nudismo y pudor" en el que Papún se muestra defensor acérrimo del pudor como valor moral, visto desde una perspectiva que hoy llamaríamos tal vez romántica, poniéndose un poco irónicamente del lado del clero y de la policía!

Una nota al márgen: en este ensayo dice Don Eligio que, según la Biblia, Eva, después del pecado, se cosió un delantal de hojas de higuera y no de parra como se suele creer. En realidad, en el relato del Genesis (cap. 3, verso 21) dice Moisés que Yahvé mismo les hizo a Adán y Eva  vestidos de pieles. Un dios modisto, entonces y... seguramente debería de estar fresco!

Sobre la historia del ferrocarril en el Uruguay consultar este artículo de Marcelo Benoit. Ver también una foto de la Estación Central de Ferrocarril aquí.

Sobre Atlándida ver: Federico Bonsignore Caro:  Libro de la historia de Atläntida, WorldPress 2011.


Casa de Atlántida de la familia Capurro Etchegaray (ca. 1964)
Rambla y 12


Casa Atlantida



Casa de Atlántida hoy (2008)

casa atlantida 2008


Atlántida ayer y hoy

Atlantida

Fuente: http://www.atlantidaonline.com/inicio.htm





Un viaje en el Aguila Azul


Veraneo en un balneario del Este, y suelo viajar en auto, pero sugestionado, no hace mucho, por el anuncio de unos nuevos coche-motores, que han bautizado con los simpáticos y sugestivos nombres de "Aguilas Blancas" y "Aguilas Azules", me decidí a cambiar de vehículo y a ensayar ese nuevo método de locomoción. Como soy por temperamento progresista, marcho en las avanzadas.


El itinerario decía y dice que salen los "Aguilas" a las nueve y media. Puntual, a las nueve y veinticinco estaba en la estación. Le pregunto al jefe si el tren salía a esa hora.

Sí, señor me contesta;   pero hoy viene algo retrasado.
¿Mucho?  le pregunto.
Sí, bastante.

¿Pero siempre  insisto  ha de venir a la hora?

A veces.


Estas fueron sus últimas palabras. como se comprenderá, quedé algo intranquilo. En fin, el coche llegó a la diez. Es decir, pasan, o más bien se deslizan, los "Aguilas" en parejas, a corta distancia uno de otro y sólo paró en la estación un azul. Experimenté en ese momento una peque
ña decepción. Habíame hecho la ilusión de viajar en el blanco. Me parecía más bonito: sentíame, esa mañana, con espíritu romántico, un tanto iluso, todavía algunos débiles retoños, aunque efímeros, aparecen por incidencia. Tuve que resignarme y aceptar el azul; creo que es igual al blanco, sólo diferénciase el color del plumaje. Me encajo, pues, en el azul.


Estribo, cómodo. Primera impresión, óptima. Moderno. Limpio. Agradable. Velocidad excelente. Marcha perfecta. El atraso es pequeña cuestión de organización. Demora ocho o diez minutos en cada parada. Sobre una hora de viaje, media de atraso. Pero esto es un detalle sin importancia; es sólo cuestión de paciencia, y se comprenderá que si me he decidido a escribir, no ha de ser en balde ni para resolver tan nimio y limitado asunto. Mi finalidad tiene más vastas proyecciones.


Había omitido, hasta ahora, la profunda impresión, el choque, que experimenté al penetrar en el "Aguila". Una radio, sí, se
ñores, una radio a toda máquina, potente, violenta, estridente, bárbara, irritante, agresiva, que no paró ni un solo momento de atormentarme durante una hora y media. Llevaba un libro que deposité sobre una mesita, y así quedó, sin ni siquiera intentar abrirlo, piadosamente vigilado, a la par de otros. Esas poderosas voces parecían salir del fondo del vagón y de abajo del asiento en donde se había sólidamente instalado una señora enorme de gruesa. No era posible leer.


Emboqué, de entrada, un corito de una opereta; a continuación, dos o tres anuncios reclames; en seguida, "Lucevan le stelle", un tango, un pasodoble, más reclames, y así sin resuello, a las nueve de la ma
ñana. Recién había tomado el desayuno.


El Fernet Milano
repitió por lo menos treinta veces el speaker – limpia el intestino, es aperitivo y digestivo. La ropa interior mejor es la de jersey marca Evva, con dos v, así la pronunciada. Presiona el speaker, con singular insistencia, la v en Eva. Un recauchutador, palabra nueva, y el recauchutaje, también, y no sé cuántas cosas más, indispensables para la vida moderna. No me quedaba otro recurso que mirar el paisaje y vagar con el pensamiento sobre los temas que con tanta insistencia me ofrecía la radio.


La obsesión del Fernet Milano me impresionaba un poco; pero deseché esa idea en el acto. No me atraía la limpieza del intestino, ni el aparato gastro-digestivo y conexos. Y juré, en venganza, no probar el Fernet Milano en mi vida.


Prefirió mi fantasía rondar la ropa interior marca Evva, y mitigaba mi suplicio pensando en mi vecina de enfrente, joven y bella figura, y veíala, en mi risue
ño pensamiento, en graciosa actitud con una elegante combinación de jersey. Pero en seguida sugirióme el anuncio marca Evva, una seria objeción. Debe referirse, el anunciador, indudablemente, a la Eva de la fruta prohibida, a la más célebre, me dije. Y si se refiere el anunciador a esa Eva –y no puede ser otra– el título no tiene afinidad alguna y es absurdo. Eva nunca usó ropa interior ni de jersey ni de otro tipo. La Biblia dice que después del barro en que nos ha metido, porque antes vagaba completamente en cueros, digo, después del pecado, se dió cuenta de su desnudez y se cosió un delantal de hojas de higuera, un modesto delantalito, y como se comprueba de hojas de higuera; y puntualizo este detalle que desvirtúa la creencia general con respecto a la hoja de parra, dejando constancia de esta secular y honesta gloria de la higuera.


A mí me parece que Eva debió haber hecho también un soutien. Soy partidario del soutien, y francamente si se le hubiera ocurrido, con toda facilidad, aprovechando algunas de las infinitas variedades de hojas que tiene la naturaleza, sencillamente, con un hilito y dos hojitas, pongamos las de geranio, que son bonitas y olorosas, colocándonos en el extremo mínimo, hasta la del filodendro, según el caso, estaba perfectamente resuelto el asunto.


Pero las cosas habían sido dispuestas de otro modo. En seguida después del pecado, apareció Jehová, que se paseaba por el huerto en el Edén, llamó a Adán y a Eva, descubrió el desaguisado, les dió un tremendo reto, condenó a todo el linaje, e "hízoles a Adán y Eva túnicas de pieles y vistióles". Por lo visto, no le pareció bastante decente el delantal. (
¿Que dirá ahora si ha visto a algunas de nuestras bañistas?) Y hete aquí que en un momento, como quien no quiere la cosa, la mujer condenada a sufrir, el hombre a sudar para ganarse el pan, y Jehová, que con la confección de las túnicas, echa la simiente de ese temible y afeminado gremio de los modistos que contribuyen con indiscutible eficacia a que las mujeres sean cada día más adorables y más caras.


Una nota descomunal, final de una romanza
–debía ser un do de pecho– me hizo temblar en el asiento. La sostuvo, el muy bruto, por lo menos durante dos kilómetros de marcha. No podía moverme, no podía sallir del vagón, no era posible tirarme por la ventanilla, marchaba el motocar a ochenta kilómetros y una mano férrea invisible me tenía allí apretado en mi asiento, sin escapatoria posible.


Mi divagación paradisíaca se disipó por completo. Sentíame impulsivo. Resolví, en el acto, enrolarme en alguna de esas sociedades o ligas que existen contra los ruidos; pero en seguida pensé; no puede haber nada que se oponga al progreso, todo será inútil y al punto brilló la chispa en mi cerebro. La única manera de defenderme, en estos casos, sería la de inventar un aparatito eléctrico, pongamos un sombrero, un collar, unas caravanas, lo que sea más conveniente, que se aplique a la víctima, con una llave que lo aisle de toda clase de ondas cortas y larga, que nos conecte y nos desconecte a voluntad; que nos libr de los coros cursis, de los anuncios, de "Tosca", de esas charlas grotescas, y de todos los ruidos inoportunos que nos revientan los tímpanos, de manera que cuando queramos leer con tranquilidad, en casos semejantes, tengamos el derecho de hacerlo sin estar obligados a oír a la fuerza a  todas esas porquerías, de la misma manera que cuando uno no quiere ver algo que le desagrada tiene la facultad de hacerlo con sólo cerrar los ojos.


La idea queda lanzada, así, a cuatro vientos, y no dudo que encontrará a algún filántropo que la llevará a la práctica en defensa del buen gusto y del aparato auricular de la humanidad, sin exclusión de las desdichadas víctimas que tienen la necesidad de viajar en el "Aguila Azul". (p. 17-22).


Un viaje en el Aguila Verde


"Quiero advertir al lector, que no invento ni exagero; y que no es el espíritu de crítica, sino el de crónica, el que me guía al escribir este artículo.


Se trata de una amena hora de viaje en un coche-motor, entre Montevideo y Atlántida; de una hora teórica, bonificada, ordinariamente, por el espíritu generoso de la empresa, y los felices signos que caracterizan a esta época de abundancia y excedentes, con un suplemento de tiempo que oscila entre diez y treinta minutos, por el mismo dinero y sin recargo alguno. En este viaje, sólo nos acordaron veinticinco minutos más.


Aguila Verde le llamaré al coche-motor que me cupo en suerte. No estoy seguro de esta denominación; pero como hay otros similares, aunque de distinto plumaje, que se les llama Aguilas Blancas y Azules, creo que a éste le corresponde ese título, pues tiene el sugestivo tinte de la dulce esperanza.


A las seis menos cuarto de la tarde, de un día de fuego y pesado de este mes de Enero, entraba, lento y silencioso, mi Aguila Verde, a la estación del Ferrocarril Central, a colocarse en su sitio de arranque.


Quince o veinte pasajeros lo esperaban, y se precipitan, entre ellos, yo, con el fin de conseguir ubicación conveniente.


El coche estaba ardiendo. Parecía un bollo recién sacado del horno. Había pasado toda la tarde expuesto a un sol canicular, cerrado y protegido del viento entre los galpones de la empresa.


Nos sentamos en esa hornalla y se abrieron todas las ventanillas, pero quiso aumentar nuestra desventura, una máquina que rugía abrasadora, andén por medio, con un poder de irradiación impresionante.


Así empezó nuestro viaje. Sudando a mares.


Estos coches motores, constan de primera y de segunda. Esta última, con doble capacidad de la primera. No tienen nada más que una sola puerta, tal vez por aquello que "casa con dos puertas es mala de guardar". Para entrar a la segunda es indispensable cruzar por la primera.


Nos encontrábamos todos sofocados, tratando de no ahogarnos, sobrero en mano, sacos abiertos y dándones un poco de aire con cuanto venía a nuestras manos.


Yo puedo asegurar, que la atmósfera de aquel vagón repleto era realmente mortificante.


Por fin se mueve nuestro independiente coche-motor. Pensaba respirar un poco, cuando veo que se le ocurre a la dama que dominaba la ventanilla, cerrarla, porque el viento le desordenaba el peinado, que ella arregló cuidadosamente.


En cada estación subían más gentes, las que, después de haberse embretado, de pie, en todo espacio libre que quedaba en segunda, invaden la primera para hacer lo mismo, sin reparo alguno.


Aquello era ya un mazacote de gentes de ambos sexos, y se podía advertir, desde el lustroso moreno de origen africano, de cabellera rizada, hasta el lácteo, lacio y rubicundo nórdico europeo, toda la gama de los tonos epidérmicos, y de todas las edades, desde el ni
ño de pecho hasta el venerable anciano de más de cincuenta años. Y si debemos estar a la declaración que hizo en alta voz un caballero, a quien varias personas saludaron con el honroso y académico título de doctor, y cuya veracidad no se debe poner en duda, esa sección de primera, tenía una capacidad para diez y seis personas y éramos treinta y ocho.


Se levanta, en Pando, la dama que tenía a mi lado, y la sustituye en el asiento una madre joven y fecunda, con tres ni
ños más. Ya éramos cinco en este reducido espacio.


Ubica, la madre, a uno de los chicos en su falda, a otro de pie lo recuesta en ella y coloca al tercero sentado entre ella y yo.


El estado de compresión a que yo estaba sometido, era máximo.


El chico que estaba de pie se puso pálido, y repetía ciertas contracciones toráxicas amenazando un desborde que me tenía preocupado. La valiente mujer alentó la resistencia del muchacho, y por suerte no pasaron las cosas a mayores.


El otro chico de siete u ocho a
ños que me separaba de la mujer, solía poner su manita abierta y ardiente sobre mi pierna. Yo no le veía la cara que se ocultaba debajo de un sombrero de brin algo sucio y desflecado: sin embargo, yo presentía una maniobra oculta. Y en efecto, esa manita, a pensar de la constante y secular lucha que sostienen las madres con los niños, realizaba en las fosas nasales de su dueño, una labor inmensa, dejando deslizar, luego, su travieso dedito por mi pantalón, con astuto disimulo.


Por suerte tenía yo en mi mano un ejemplar de un periódico antidictatorial, combativo y bien escrito. Y ahora se verá hasta dónde puede alcanzar la acción valiente y bien orientada en un momento oportuno, del periodismo independiente.


Doblé ese diario con cuidado, y cuando apareció la mano cautelosa de regreso de su exploración, con no menos disimulo, le opuse como una lanza, la punta de mi rollo, y pude comproar que se batía en franca derrota, algo fastidiada.


Pero estaba en libertad. Y a veces la libertad es fatal. Esa mano libre, volvía en seguida, ágil e inquieta, a su improba tarea, cual mariposa a su flor.


En lo más recio de nuestra solapada, silenciosa y original contienda, nos encontrábamos, cuando nos sorprende un estruendo formidable.
¡Patatrac...! Y en seguida se mezcló, a las ya violentas y ácidas emanaciones que nos envolvían, una mayor y más penetrante. Algo se le había caído a un pasajero que estaba de pie. Era una botella que derramó todo su contenido por el piso del vagón.


Unos decían que era ca
ña, otros, alcohol de quemar, otros guindado, otros fernet, una vieja apergaminada dijo que era aguardiente con no sé qué yuyo para el "romantismo". Era evidente la disparidad de opiniones, y se notaba cierta inquietud entre la concurrencia. Al fin, se agacha un señor y levanta, por el cuello, el cuerpo mutilado, inerme e inerte de la víctima que aún conservaba una etiqueta que decía "Oporto". ¡Cómo sería ese oporto! Pero todos comprobaron la verdad y se tranquilizó el ambiente.


Por suerte, pocos momentos después, había dado término a mi desdichado viaje, y a empujones, chapaleando oporto y pisando vidrios, me abrí camino y atravesé esa atmósfera suculenta y espesa, y pude respirar, por fin, en el andén de la estación de Atlántida, unas bocanadas de aire puro, tan ansiadas por mis narices y mis pulmones torturados sin piedad, en ese viaje "de primera clase"." (p. 111-115)


Nudismo y pudor


"En una estampa de una antigua edición mitológica greco-romana, que hojeo, por incidencia, adviértese al numen pagano, Júpiter, en el Olimpo, sentado en su trono, soberbio y poderoso.


Tiene a su diestra a una mujer, fuerte, de serena mirada, la Justicia. A su izquierda, una frágil doncella, ataviada cual antigua tanagra, con una simple y pundorosa túnica griega. Encarna, esta última, una deidad de todo punto adorable. El Pudor. Son dos sugestivas divinidades alegóricas de artística cepa helénica.


Yo no sabría decir si la justicia impera aún en este planeta, y mucho me temo lo contrario; pero asevero, sin titubear, que el pudor, ese don divino que protegía a la mujer como un tenue velo, despreciado y escarnecido, en franca derrota encuéntrase.


La contemplación de la vida cotidiana en nuestras playas, en la última estación, nos ha dado una pauta decisiva a este respecto.


Cabe, en estas líneas, una brevísima referencia para los hombres. El espéctaculo que nos ofrecían era repelente. En desagradable promiscuidad se pasean, hércules, efebos, altos y bajos, gordos y flacos, con sus trajes de ba
ño desprendidos y el torso descubierto. Viejos adiposos, deformados por las afrentas del tiempo, con vientres abultados, pechos hundidos, verdaderos macacos adultos, se lucen con cierta indecorosa inconsciencia. No puedo dejar de aplaudir la última disposición policial que obligó a los hombres a cubrir un poco más sus grotescas humanidades.


En cuanto a las divinas mujeres, ya es otra cosa. Se ha llegado a un punto en que no saben éstas, qué descubrir, o cómo descubrir lo poco, lo poquísimo, si cabe esta denominación. Bien ce
ñido al cuerpo, visten, un diminuto pantalón, el que con cinco centímetros escasos de pierna ya acordó la libertad definitiva a los poderosos muslos. Observándolas de atrás, adviértese la emancipación total de la espalda. De frente, lo absolutamente indispensable con dos cintitas; débiles cancerberos, no muy incorruptibles, pareciéronme. Pero no del todo satisfecho con esto, nuestras bellas sirenas, tiéndense indolentes en la arena, sueltan las cintas y recurren a sus delicadas manitas, que sostienen, entonces, con negligente vigilancia, gracia y coquetería incomparables, esa frágil protección.


A duras penas resiste el pudor su terrible combate, atrincherado en los últimos baluartes, a lo menos por estas tierras; pues todos sabemos que en Alemania, y en otros países nórdicos, en sociedades especiales, practícase el nudismo absoluto, y Dios nos ampare de semejantes extremos. No me atrevo, ni quiero pensar lo que será aquello. Una familia por demás honorable y distinguida que sea, en su vida ordinaria, en una fiesta, en una recepción, debe ser algo atroz.


Por suerte en nuestro medio ya se ha entablado la lucha. El obispo y el jefe político, el clero y la policía, defienden con ahinco, aunque no con gran eficacia, la moral. Predica el sacerdote en la iglesia; ataca esa costumbre disoluta; hace sentir el imperio material de su autoridad hasta los confines de sus dominios, las puertas de sus templos, y obliga a las mujeres a que se cubran sus tentadoras desnudeces en los recintos sagrados. Pero no bien terminan las ceremonias, corren, nuestras devotas, risue
ñas y descocadas, a ponerse ese pseudo traje de baño y se encaminan a las playas.


Más allí, seguramente, debe erguirse, de pie, Satanás, procaz corruptor, irónico y satisfecho, para proseguir con el Creador, su solapado combate, donde, como siempre y sólo están en juego, se pierden y se ganan, nuestros míseros y débiles espíritus.


Yo creo que el ángel caído está en un error y la iglesia también. Demasiada carne relaja. Y además, de cien mujeres que se desnudan a nuestra vista y provocan el examen de su cuerpo, noventa y nueve nos causan una desilusión. Son los noventa y nueve que sobre cien tienen las piernas demasiado cortas.


Pero, allá, allos, se las arreglen con su contienda. Yo, por mi parte, rindo fervoroso culto al pudor. Siento profundamente el encanto y la belleza de los valores espirituales. No me declaro, ni partidario del clero, ni de la policía. Posiblemente por espíritu de rebeldía en ambos casos. No tolero tutelas espirituales e irrítame la fuerza y la violencia; y sin embargo, en este caso, dispuesto encuéntrome a asociarme a esas dos fuerzas casi omnipotentes, y a marchar, prendido del brazo, con un cura al lado y un guardia civil del otro, para luchar en esta gloriosa cruzada; por el pudor, como valor moral; por la belleza espiritual que encarna, y porque anhelo sorprender, algún día, como emblema de nuestra victoria, excitada por la audacia de una mirada indiscreta, a una bella mujer sonrojarse." (p. 29-32)




En la playa
Enero de 1948

En la playa


En Atlántida
Haroldo (Tato) Capurro Etchegaray: segundo desde la izquierda
Susana Capurro Etchegaray: quinta desde la izquierda

En_Atlantida


En el golf de Atlántida

golf de atlantida


En Atlántida (1934)
de izquierda a derecha
arriba: Elida (Lila) Capurro Etchegaray, Gilberto Pratt, Federico García Capurro,
Eduardo Capurro Etchegaray, Martínez Haedo (?), ?, Elvira (Pachola) Boix Micoud,
abajo: Jacobo Varela Capurro, Niní Traverso, ?, ?, Mario Capurro Etchegaray,
Iván Pérez Gomar, Susana Capurro Etchegaray

Atlantida 1934

Raquel Fonseca de Capurro en Atlántida
Marzo de 1945

Raquel Fonseca


Playa Carrasco

playa carrasco


Playa Pocitos

playa pocitos



8. "REBOLEDO", "LA PASTORAL" Y "VALLE EDEN"


Durante muchas temporadas, desde 1915 a 1940,  los Capurro Etchegaray  iban a la estancia de Pedro Etchegaray (Tatita) en estación Reboledo (Dpto. Florida). Con un casco de unos doce dormitorios, allí se reunían con muchos otros familiares y se participaba de las labores de la estancia, además de efectuarse numerosas cabalgatas, baños en el Río Santa Lucía Chico y otros paseos.


Elida (Mami) y Totota (María Esther Etchegaray de Sosa Días)
con sus hijos en Reboledo

Reboledo


En el patio de la estancia de Reboledo
Graciana Sosa Días, María Esther (Totota) Etchegaray de Sosa Días, Reynaldo Sosa Días,
con los hijos de Elida (Mami) Etchegaray : Haroldo (Tato), Susana (?), Pedro (Pacaco)
al fondo perdices cazadas

Reboledo1


Trabajos de campo en "Reboledo"
Elida y Haroldo (a la derecha)

reboledo trabajos


Pescando en el arroyo Cuadra

Susana Capurro Etchegarary y Mario Capurro Etchegaray
Estancia "La Pastoral" (Dpto. Durazno)
ca. 1930

Susana y Mario Capurro Etchegaray



Los Capurro Etchegaray iban a menudo con sus hijos y nietos a la estancia "La Pastoral" (Dpto. Durazno)
. Durante los viajes a la estancia Papún contaba a sus nietos que las grandes piedras grises que se veían al costado del camino habían sido originariamente elefantes!

Papún en los bretes de "La Pastoral"

papun en los bretes
 

En "La Pastoral" existía un gran carruaje tirado por varios caballos al que le decían "el breck" y que se solía usar para hacer paseos hasta el arroyo Cuadra o a alguna cañada.

Estancia "La Pastoral" (Dpto. Durazno)

La Pastoral


Haroldo Capurro y Elida Etchegaray
Desayunando en "La Pastoral"

Mami y Papun en La Pastoral


Como ya lo indicamos al comienzo, después de la muerte de don Pedro Etchegaray (Tatita), la estancia de "Valle Edén" se repartió entre sus siete hijos.  Una de las fracciones le fue adjudicada a Mami. El grabado de César Pesce Castro reproduce las casas de "Valle Edén".

César Pesce Castro era pintor y estaba casado con María Teresa Piaggio Garzón, hermana de Ema Piaggio Garzón, quien a su vez era la madre de Raquel y de Matilde Fonseca, esposas de Mario Capurro Etchegaray (ver aquí). César Pesce Castro fue el primer director del Museo Nacional de Bellas Artes, creado en 1929, designado en 1930 con el nombre del pintor Juan Manuel Blanes, e inaugurado en 1935. Este museo de tipo de villa palladiana, fue diseñado por Juan Alberto Capurro de Castro, tío de Papún, hermano de Federico Capurro de Castro (ver aquí). Ver el sitio del Museo Blanes donde se encuentra una colección europea de finales del siglo XIX donada por la familia Rossell y Rius y otras adquisiciones de pintura nacional.


"Valle Edén"
por César Pesce Castro

Al Sr. Haroldo Capurro, muy atte.
César Pesce Castro

Marzo de 1942

Estancia de Don Haroldo Capurro "Valle Edén"
Las casas y el cerro "La paloma"


Cesar Pesce Castro



Don Eligio en la Sierra de los tambores

"Valle Edén"


María

Sierra de los tambores


"En una de mis salidas a campa
ña me encontré, un día, al abrigo de una enramada agreste, apoyada a un rancho de piedra, rústico, que se destaca solitario en el centro de un valle de esa sierra desierta, armoniosa y sombría.

Iluminaba todavía el paisaje, a esa hora, y a flor de tierra, en el occidente, un sol, cruzando entre los claros de los cerros, con miradas de soslayo, sus últimos destellos de una luz ya más débil, más pálida.

Absorta e incierta, mi vista sentíase atraída por tanta seducción, vagando al azar de una perspectiva a otra.

Era un proscenio encantador de belleza, de quietud melancólica y de silencio.

Sólo planeaban, alas tendidas, sin esfuerzo, ocho o diez oscuros cuervos, dibujando con obstinación en el espacio, elegantes espirales concéntricas, guiados por su instinto, que había descubierto una tentadora carniza.

Se advertía una manchita blanquecida movediza en la cuenca del valle, allá, abajo.

Era una madre inquieta, la ovejita de la fábula, que todavía empeñábase en defender a su cría, en vano ya tendida exánime a su lado.

Salvo la angustia de ese pobre animal, todo era sosiego. Ya se habían recogido los hombres y las bestias. Todo era poesía, y poesía sentimental, menos María...

María era una peona cocinera, criolla pura. Pelo y ojos negros. Ni alta, ni baja. Ni joven, ni vieja. Ni gorda ni flaca. Acusa una modalidad indiferente; constante y claro estado de ánimo. Sin embargo, su expresión podría llegar hasta ser agradable, si no tuviera que soportar la afrenta que le infiere la ausencia de sus cuatro incisivos superiores. Cuando sonríe descubre desagradablemente una encía roja, que limitan como mojones blancos, sus dos colmillos aún firmes e intactos.

Y para tener una imagen más completa, agréguese a todo esto su adelantado estado de gravidez. Asoma una evidente exageración, de su cuerpo angosto una barriga denunciadora y puntiaguda. Usa un vestido negro, muy liso y tirante, abrochado adelante con grandes botones, que se empeñan, con decididos y loables esfuerzos, por detener el desborde de su desproporcionado contenido.

Rompo el silencio para decirle:

"María, está usted por tener otro hijo.

– "Sí señor", me contesta.

"¿Pronto?"

"Pronto, sí, señor."

Y como si yo supiera que no era casada, le pregunto:

"¿Y quién le jugó este chiste? Fue Juan Ramón, sin duda." (Juan Ramón es el capataz).

"No, señor, me contesta, Juan Ramón es un hombre serio. Fue ese loco de José." (José es un muchacho alegre, atolondrado y domador). Qué iba a hacer ¡bah! si es un loco ése... ¡Bah!

– "Pero usted tiene muchos hijos y no son todos de José, insisto yo."

– "No señor, tengo bastantes. Ocho. Los cuatro primeros son de un padre, tres de otro y este último... pero ¡bah!... míos, míos no tengo más que dos; una chica de ocho años y otra de catorce meses."

"Pero, ¡cómo! ¿los otro seis no son suyos?"

Y ella me contesta con la misma indiferencia casi ingenua y casi distraída:

"Sí, digo, ¡bah!... los tuve; pero ya no son míos, los dí. Todavía hace pocos días le di uno de tres años a una vecina del pueblo..."

Callamos, se hace de nuevo el silencio. Vaga mi pensamiento, ahora, como mi mirada.

¿Qué idea tendrá esta pobre mujer de su conducta en la vida? Se repite en mi memoria su frase "¡Bah! qué iba a hacer, si es un loco ese José..." Es José, el loco.

Y los hijos, ¿se pueden regalar así con esa indiferencia?

Atrae mi atención de nuevo la sierra y aquel pobre animalito en su desesperada y angustiosa defensa por su cría...

María se fué de la estancia y volvió un año más tarde. Dice que le agrada el pago.

Tuvo una chica, de José, se la dió al padre.

Pero mi pobre ingenua estaba otra vez encinta. Plácida e indiferente, como siempre, hacía su trabajo.

Yo pasé unos días en la estancia y no hice alusión a su estado.

Regresé a Montevideo y volví dos meses más tarde. María ya no estaba encinta, a lo menos aparentemente.

Me informó el capataz que se había ausentado durante una semana y que había vuelto con otro niño.

Ya estaba trabajando de nuevo, y entablé con ella la siguiente conversación:

"Me apercibo, María, que ya tuvo familia."

– "Sí, señor."

– "¿Y qué fué, varón o mujer?"

– "Una gurisa, señor."

– "Es el noveno hijo."

– "No, el octavo."

– "Pero si usted me dijo la vez pasada que ya había tenido ocho."

– "Sí, pero me equivoqué en la cuenta." (Un error puede tenerlo cualquiera)

– "¿Y ésta, también es de José?"

– "
No, señor, ésta es de allá del Queguay."

– "¿Y es gordita, sana, usted la cría?"

– "No, señor, a mi no me gusta criar... esta es guacha."

Y me indicaba una mamadera que tenía a su lado, mientras la pobre gurisita bien arropada en su cunita, con sus ojitos negros, vivos y brillantes, miraba de reojo a esa madre tan singular." (p. 71-75)





9. EL CLUB DE GOLF DE PUNTA CARRETA


Papún fue co-fundador en 1922 del
Club de Golf del Uruguay en Punta Carretas. La primera comisión directiva estaba integrada por Haroldo Capurro como presidente.

Socios fundadores del Club de Golf del Uruguay
sentados, desde la izquierda: Julio Castells, Haroldo Capurro (Presidente), 
Dr. Jose Pedro Urioste y Leo Dally,
De pie, desde la izquierda: Joaquín Serratosa  Cibils (Secretario),
Frank C. Pearson y Allen O. Crocker

papun_golf

(fuente: http://www.cgu.com.uy/historia.asp)


Haroldo Capurro Ruano (sexto desde la izquierda, de pié)
seguido de sus hijos Pedro (Pacaco), Haroldo (Tato) y Mario

golf


En "Ni bufas ni trágicas"  se encuentran dos relatos de una partida de golf que reproducimos a
continuación. En el primero de ellos reflexiona Papún sobre la relación entre ocio y trabajo y la
'cuestión social'.

Muestra además su extensa cultura en el campo de la pintura con alusiones a  Hobbema, Ruysdael y
Corot, de las letras, citando al poeta italiano "rebelde y mordaz" Carlo Alberto Salustri apodado
"Trilussa" (1871-1950) "el único escritor italiano que se atreve a desafiar al Duce y su régimen",
la mitología greco-romana con el mito de
Pan y Midas y... el golf. Papún poseía una gran colección de
libros de arte entre los que se encontraba uno de Corot. En su casa había también cuadros al óleo
con paisajes campestres y de ciudades italianas adquiridos tal vez en alguno de los viajes a Europa.

El segundo relato es de un humor fino y de aguda observación en el contexto de un deporte proveniente
de las Islas Británicas en vías de acriollarse en el Club de Golf del Uruguay.


Club de Golf

Golf de Punta Carreta




Don Eligio asiste a un interesante
match de golf


Cultivo la amitad de un hombre maduro que aprecio y distingo; pero juega al golf. Ese apacible y silencioso deporte lo apasiona, y quiso que yo presenciara el desarrollo de un match en el que él intervenía con carácter de uno de los principales protagonistas, y no pude rehusar su cortés invitación.

Condújome a un parque encantador. Me presentó a su compañero de juego; un correcto gentleman. Ambos tenían todas las exteriores, simétricas y ordenadas características de los perfectos caballeros.

Pretendieron que yo fuera juez en esa pacífica contienda.

Dos muchachos con sendas valijas de cuero, surtidas de variados y brillantes instrumentos, seguíanlos de cerca.

Empuña, mi amigo, con galano continente, una de sus herramientas, si así puede llamárseles sin irreverencia. Coloca una nívea pelotilla sobre el césped, y zuuuuuunt... con acción impetuosa y veloz, sacúdela y lánzala al espacio infinito.

Procede el otro contrincante, con otra pelotilla y con prolegómenos semejantes; y zuuuuuuunt... con violencia inaudita, parece también, que quisiera violara los secretos de los ignotos y misteriosos dominios del firmamento. Y sumidos en un silencio religioso, en marcha pausada, animados de un tenaz espíritu de persecución, en pos de las pelotillas, se laeja la sosegada caravana, compuesta por los dos gentlemen, los muchachos y yo, a corta distancia, respirando hondo una brisa matinal, tibia y perfumada.

A la verdad, no se penetra bien en el primer momento de qué se trata; pero en seguida no pueden figurarse el irresistible interés que despierta ese extraordinario deporte.

Las evocaciones bellas y variadas, serias y risueñas, acuden en tropel a nuestro espíritu. Magníficas, dilatadas y aromáticas praderas, verdes y húmedas, limitadas por sombríos grupos de árboles, trajeron a mi mente los paisajes de Hobbema, de Ruysdael, de Corot... Sobre todo de este último, insuperable maestro y cultor de la poesía de la paz, del sosiego agreste.

¡Y cómo no habían de evocar esas frondas densas y salvajes las divinidades agrestes de la Mitología greco-romana! Pan, el voluptuoso, cornudo y caprípedo dios de los bosques. Y por asociación de ideas, las leyendas doradas. El juicio de Midas que quiso repasar mi memoria.

Había una vez un rey frigio que se llamaba Midas. Era todavía en los tiempos heroicos en que Apolo, el magnífico y gallardo dios de la armonía, y Pan, el subalterno dios de los bosques, andaban por este mundo.

Pan osó desafiar a Apolo y llegaron a una lid en la que Midas debía fallar como juez supremo.

Pan hizo vibrar su flauta de siete carrizos. En seguida, acompañado de su lira, cantó Apolo sus melodías divinas. todo el mundo convino en que el triunfo correspondía a Apolo. Mas, el monarca acordó la victoria al dios de los bosques.

Saliéronle, en el acto, a Midas, como por encanto, dos orejas de asno.

Pan fué a esconder su vergüenza a los montes. Midas trató de ocultar sus orejas debajo de la corona. Pero un turiferario de ese rey, advirtió el suceso, y corriendo fué a una lejana y pequeña pradera, entre la selva, cavó una fosa y enterró su secreto. Pero como la verdad no se puede ocultar, brotaron alrededor de la fosa algunos rosales que agitados por el viento, siguen diciendo a todo el mundo que Midas tiene orejas de asno.

Y así solazábase mi pensamiento. Miraba, luego, el cielo azul, las aves, los insectos...

Cantaba un grillo... Sería el Grillo Rengo de Trilussa. El poeta rebelde y mordaz. El único escritor italiano que se atreve a desafiar al Duce y su régimen.

Yo no me apoyo más que en una pata
decía el grillo– pues que la faltante
quedó presa en el nudo de un bramante
para mi suerte ingrata.
Cuando advertí que estaba prisionero
enlazado, en poder de un rapazuelo,
sólo pensé, más pronto que ligero,
volver a mi jardín en nuevo vuelo.
Fué el dolor grande... mas la redentora
gotita que en rubí ti
ñó la herida
cual chispa al sol brilló libertadora.

¡Y Dios bendecirá en la humanidad
Cada gota de sangre así vertida
para escribir la voz de Libertad!


Una carretera gris y polvorienta, orilla el parque por uno de sus costados. Encorvado el dorso, tostado por el sol y sudoroso, en alto el pico que dejaba caer con rítmico ademán, accionaba un obrero en un desmonte.

A nuestro paso, levantó la cabeza y me observó. Me impresionó la expresión de su resignada conformidad, y trájome a mi memoria esta elocuente fabulilla:

Un pequeño jumento, viejecillo flaquito y con sobrados arreos, arrastraba penosamente el carrito de un verdulero. Todos los días hacía el mismo recorrido en un pequeño pueblito, y entanto su dueño defendía el sustento de ambos, discutiendo con su modesta clientela el precio de las hortalizas, el burrito, dotado del buen sentido que aguza la ignorancia, muchas veces, en los hombres, y en los asnos inteligentes, meditaba silenciosamente.

Pasaba siempre frente a una granja donde un cerdo holgábase satisfecho en su paseíto matinal, o tendido al sol, rechoncho, ostentaba el brillo de la piel de su rosado y voluminoso vientre.

El jumento mirábalo de reojo, el pasar, diciéndole: "Esa vida no puede durar" y seguía sumiso sin más emulación que los improperios y la fusta. Y así, repitiéndose su estribillo, pasaron muchos días, semanas y meses. Mas un día no apercibió el borrico al cerdo. Levantó la vista, y suspenso de un paraíso abierto de par en par, estaba, y muda e inerte su pobre cabeza, sin pena de nadie. Mirólo el jumento, y variando el estribillo exclamó: "No te decía yo que esa vida no podía durar!"

La mirada del obrero, habíame parecido una advertencia personal y buscaba excusas; mas en ese momento, interrumpía mi inquietante meditación, la oportuna terminación del match.

Los dos mudos adversarios habían recobrado como por encanto el uso de la palabra. Presencié un cálido y sólido apretón de manos. Pidiéronme mi opinión como árbitro. Recordé la aleccionadora leyenda del rey frigio y me excusé por no encontrarme aún suficientemente instruido; pero les dije que el deporte parecíame lleno de interés y... y no me dejaron continuar. Verbosos estaban: "Y jugándolo", agregó uno de ellos, "subyuga y apasiona", con mi decidido asentimiento.

Pocos momentos después, cómodamente instalado en el auto de mi amigo, retirábame encantado de haber tenido la oportunidad de apreciar en esa gloriosa mañana, la interesante técnica de ese inspirado deporte." (p. 139-144)


El match de Mister Jones


Links de Golf. Punta Carreta. Montevideo.


"Presentaré, desde luego, a los actores que lucharon en este curioso partido de golf, para referir, en seguida, sus singulares derivaciones.

La primera figura, míster Jones. Distinguido ingeniero británico, muy culto, muy educado y flaco, flaquísimo. Lo más flaco posible. Cara enjuta con innumerables arrugas, gafas de metal y un gacho de color verde dudoso terminado en punta.

En segundo término su compañero de juego. Un señor, inglés clásico, serio, impasible, que sólo actúa, para el caso, en carácter de acompañante necesario.

Luego, dos caddies. Criollitos de ojos vivarachos y traviesos.

Por último un perrito foxterrier. Tiene fachita de bastardo, con las características bien marcadas de su raza.

Bien manchado. No es feo ni lindo. No parece joven ni viejo. No es alegre ni triste. No tiene nombre y nadie sabe su origen. Es un elemento errante que se presentó en los links de nuestro golf, violando, con absoluta falta de respeto, la disposición "Dogs not allowed loose in the links", que quiere decir, más o menos: "No se permiten perros sueltos en los links". Duerme debajo del cobertizo de las máquinas y come quien sabe dónde. Es el tipo del perfecto bohemio. Lo vemos aparecer con frecuencia en el tee del hoyo N° I. Se sienta, observa, y no sabemos, obedeciendo a qué razón, repentinamente se levanta y sigue, con su rabito parado, a una pareja de jugadores, a un trotecito uniforme y pausado. Con prudencia y seriamente. Cuando los jugadores llegan a un green, el cuzco se detiene y espera, para dirigirse luego, detrás de los caddies, al tee del hoyo siguiente.

Por otra parte, nadie lo molesta, y es muy posible que esa actitud de espectador pacífico lo haga respetable.

El día de este suceso deportivo, el animalito siguió a nuestra pareja. Pero me había olvidado de completar la personalidad de míster Jones, y lo voy a hacer ahora, pues lo considero indispensable.

Mr. Jones no es un hombre joven , tiene seguramente más de sesenta años, pero se conserva ágil y es fuerte. Es decir, relativamente fuerte. Sus músculos mueven con holgada facilidad su liviana estructura general. Es un jugador mediocre y caminador incansable; mas ha llegado el momento de descubrirle su defecto. Mr. Jones tiene un punto débil. Todos los hombres tienen uno o más puntos débiles, y en particular después de cierta edad, y el de Mr. Jones, sólo hablaré del que viene al caso, es importuno y se advierte fácilmente. Con frecuencia se detiene, nuestro amigo, durante el partido, se inquieta denotando algún malestar, y luego de mirar a su derredor, con cierto recato, como corresponde a su arraigado y proverbial pudor británico, lo vemos que se arrima sigilosamente a algún árbol y alivia su molestia. Por suerte, para él, la cancha de Punta Carreta está plagada de árboles, y esta circunstancia facilita y encubre el desahogo de sus imperiosos y repetidos impulsos.

Pues bien, seguiré mi relato. Al finalizar el primer hoyo, un caddie le dice a su compañero "all square" (nada hecho). ¿Qué quería decir con eso? No podía referirse al match de golf; míster Jones había perdido el hoyo. Pues es muy sencillo, lo voy a explicar. Mr. Jones durante el trayecto recorrido, no pudo contener su impaciencia, y el perrito, siguiendo una secular, ridícula e incómoda modalidad canina, de la que los perros hacen uso y abuso, lo había  imitado. Y aquí la chispa. Los caddies reparan los hechos, encuentran un filón, descubren su recreo y su timba, y como se encontraran a una distancia prudencial de los jugadores, entre risas y chacota, formalizan su apuesta, uno a favor de Mr.Jones y el otro a favor del perro.

El partido se siguió desarrollando en condiciones normales y con lucha brava. Los perros son fuertes en ese terreno y su contrario no le iba en zaga, como lo probó en todo momento, tenaz adversario. Mas, al finalizar el hoyo N° 15, un caddie le dice al otro, en voz baja: "dos arriba, Mr. Jones", pero no en tan bajo tono que no lo oyera el interesado, que se apresuró a corregir honradamente al caddie, diciéndole: "uno arriba". Se refería, naturalmente, al match con su golfer contrario, ignorando la maniobra oculta de los pillos. El muchacho guardó un silencio prudente, pero miró a su compañero que le cruzaba, al punto como un relámpago, con un signo de asentimiento, una sonrisa socarrona por debajo de la amplia visera de una gorra inmunda que tenía embutida hasta las orejas.

El partido terminó sin otras incidencias. Los muchachos, con una alegría contenida y bien disimulada, no perdieron de vista ni a míster Jones ni al perrito. El control fué perfecto.

Terminado el hoyo N° 18, Mr. Jones agradeció a su compañero, cortésmente, el amable rato que habían pasado, y juntos, en animada conversación, se encaminaron al Club-house.

Los caddies se retiraban con las valijas, y sin detener su marcha, mientras uno decía: "Págame los diez centésimos; Mr. Jones uno arriba", el otro, alargando el brazo con evidente desgano, entregaba la moneda, mirando de reojo con un gesto despectivo al perrito, ya tendido en el césped con aire distraído, inconsciente de vergonzosa derrota.

Entre tanto, en esa tarde serena, un majestuoso sol de brillo rojizo, perseguido por las sombras de su eterna ruta, se hundía lentamente en las aguas turbias de nuestro inmenso Río de la Plata." (p. 45-49)



Rio de la Plata

Uruguay




10. DON ELIGIO EN EL TRANVIA

Papún era un buen observador de la vida diaria como lo demuestra el texto  "Don Eligio en el tranvía".


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Don Eligio en el tranvía


"Que el tranvía es un carromato con la ligereza y la agilidad que caracterizan a los paquidermos, ya nadie lo duda. Pero, hasta no hace mucho, una malograda disposición municipal, recientemente derogada, en vista de las continuas protestas del público, hacíame más llevadera mi asidua concurrencia a ellos, pues había descubierto una derivación inesperada, agradable y de cierto interés.

Me refiero a la ordenanza que imponía la obligación de descender por la plataforma delantera; y la nota interesante me la brindaban, desde los asientos, también delanteros, la observación de las extremidades inferiores, que era, en un continuo y apeñuscado pasar, todo lo que permitía ver, de las pasajeras y los pasajeros, la limitada distancia que imposibilitaba la apreciación de conjunto.

Era un desfile que el azar nos ofrecía, a veces con caracteres risueños, otros dramáticos, con frecuencia sugestivos y otras veces grotescos.

Es cierto que el campo de observación, en las mujeres, nos ha sido un tanto limitado, en estos últimos tiempos, con las polleras laragas; y es indudable, que unos años antes, habría sido más interesante, cuando la moda y el pudor – que suelen andar desavenidos – en una retirada, que yo pienso estratética, habían decidido hacer retroceder los baluartes de la defensa a una insegura y peligrosa posición a la altura de las rodillas. Pero, en fin, todavía nos queda un margen razonable para amables comentarios.

En general se puede comprobar, una vez más, que las mujeres que presumen, insisten en los zapatos ajustados. Seguramente con uno o dos centímetros menos de lo indispensable. Y esto nos revela todo el sacrificio y el tormento que es capaz de resistir el bello sexo, no obstante las imperfecciones que revelan, muchas veces, con evidentes y poderosas huellas.

Se sigue usando los tacos altísimos, que las obliga a caminar como si lo hicieran en un terreno en violento descenso y temblando, en posición insegura, que parecería evidenciar la indecisión del camino que tienen que seguir. Y sin embargo, así temblando y todo, las vemos, en la vida, dar los pasos más valientes y arriesgados con una osadía que asombra.

Se pueden advertir los calzados graves y serios, que revelan la viudez bastante avanzada, el desaliento en las mujeres que han perdido toda la esperanza, la virtud llevada al extremo.

También los abandonados, que no se limpian nunca. Los exóticos, que ponen de manifiesto la fantasía y el mal gusto de sus dueños. Y en fin, al detenerse en la observación, en ese original escenario, algo del carácter y de las modalidades podría deducirse de sus numerosos actores.

Detrás de unos pies delicados, ágiles y jóvenes, con elegantes calzados de afilada silueta, coronoados por un tobillo fino como armónica base de una pantorrilla bien torneada y sugestiva, aparecían, inesperadamente, ofreciendo un violento contraste, unos pies rechonchos, embutidos en zapatos ordinario, que a duras penas contenían sus prisioneros inflamados. Los tobillos, que estaban revestidos con un capa de grasa flácida, desbordándose al margen de un pliegue, me hacían estremecer excitando mi pesimismo, sin quererlo, con deducciones aterradoras.

Nos hablan, los pimeros, de los privilegios que la fortuna acuerda a sus escogidos; los segundos, de la injusticia inicua e incomprensible.

En seguida unos pies de hombre. De algún humilde. Pies que ya no discuten dimensiones. Resignados con su destino. Con zapatos grandes. Han tenido otro dueño. Sobra material en abundancia. Toman, entonces, la forma de embarcaciones y realizan su última travesía. Son los que solemos ver en las postrimerías, destrozados; no ya en pares, sino sueltos, huérfanos, en algún terreno baldío, entre cascotes, cacerolas oxidadas, latas de conservas, palanganas y otros enseres de uso doméstico inservibles, o en boca de algún cachorro que corre y juega con ellos hasta el cansancio, sacudiénlos a dentelladas para abandonarlos, luego, en sus tristes reflexiones y añoranzas.

Quizá acudirá el recuerdo de haber rozado torpemente, a instancias de su dueño audaz, y por debajo de una mesa, el pie delicado de una dama, que como electrizado, se retira, en un salto atrás de felino herido, dejándolo confuso y avergonzado.

O en otra oportunidad, que lanzado al espacio, con la velocidad inicial de un proyectil e investido de la delicada misión de argumento final y decisivo, pasó raspando la cabeza del adversario de su dueño, estrellándose contra la pared.

O también, el recuerdo de las horas felices de reposo, pasadas en la puerta del dormitorio de algún hotel de lujo, con sus dulces compañeras, tendidos en cuadrigas de graciosa línea, provocando miradas oblicuas y sonrisas de simpatía de las gentes que pasaban... y no sé cuántos más.

No sería posible cerrar esta breve divagación, ni rozar siquiera un tema semejante, sin traer a la memoria los más célebres zapatos que ha conocido el mundo. Los que deben haber vencido en popularidad las botas de siete leguas del ogro de Pulgarcito y al seductor y diminuto zapatito de la Cenicienta. Dirígese mi alusión a los que están ya grabados en la mente de toda la humanidad, que nos hablan, a la vez, de toda la tragedia, la melancolía y la comicidad que persiguen la vida de un impenitente y en extremo simpático vagabundo. A los que supo crear la extravagancia de ese genial actor, Chaplín, el que en su excepcional destino, y en su obstinado empeño de representar el exclusivo y silencioso papel de un miserable, alcanzó a ser millonario." (p. 95-99)



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11. EL CASAMIENTO VISTO POR DON ELIGIO


En "Ni bufas ni trágicas" Papún describe lo que es un casamiento visto por Don Eligio, comenzando por el noviazgo visto como "el estado ígneo y nebuloso premarital" pasando por el juez y el sacerdote hasta llegar al momento de "desenvolver el paquete".

Reproducimos fotos de la boda de Mario Capurro Etchegaray con Raquel Fonseca Piaggio (1921-1946) publicadas en el "Mundo Uruguayo". Más información sobre Raquel Fonseca de Capurro se encuentra aquí.

Boda de Raquel Fonseca Piaggio con Mario Capuro Etchegaray
Noviembre 20 de 1940, 17 horas

Boda Fonseca Capurro


Boda Fonseca Capurro2


Raquel Fonseca de Capurro
con Raquel (Quela) y Rafael (1945)

Raquel Fonseca


El casamiento visto por Don Eligio


"Todos saben perfectamente lo que es un casamiento, naturalmente
. ¡Quién no sabe lo qué es un casamiento! Y además el diccionario lo define: "Acción y efecto de casar o de casarse"....

Dicho así nomás, parece una pavada, una zoncerita sin importancia ni consecuencia. Casi todos lo hacen. Y sin embargo, para mí, que he presenciado muchos casamientos y vigilado su acción y efectos como dice el diccionario, se me hace siempre una catástrofe.

El hombre se suele casar por diversas razones. Para formar un hogar tranquilo, por ambición, por vanidad, por razones sociales, por interés, de puro idiota, y hasta por exclusivo amor, algunas veces.

Ahora bien; la mujer, ya no es así. Sólo la lleva una encarnizada finalidad que se culmina al cazar a un hombre, que lo aprisiona luego con la inexorable exigencia de que le debe estar eternamente agradecido, y creer y pensar que es la más dichosa solución que pudo alcanzar en este encantador planeta y que con nadie pudo ser más feliz que con su no menos encantadora mujercita.

Pero, veamos, generalizando: el hombre trabaja; no mucho en este país, pero al fin trabaja. Necesita una compañera plácida, bondadosa, dulce, que lo secunde en esta lucha cruenta por la existencia. Busca un alivio, y por extraordinaria contradicción hace un esfuerzo sobrehumano para conserguir el dinero que le permita vivir con tranquilidad al lado de ese ser tan adorado que es la mujer que él cree que ha sagazmente escogido. Está por llegar a la meta. hay que ponder la casa, hay que alhajarla. La novia trae generalmente a la casa, camisones y otras prendas íntimas y delicadas, transparentes y de la menor duración posible, y vestidos y más vestidos. Nunca se acuerda de las cacerolas, de la sopera, de los platos, de las escobas, del jabón y de infinidad de otras cosas higiénicas y no higiénicas de las que tendrá que hacer uso, fatalmente, a los cinco minutos de haberse casado. Todo ese prosaico e indispensable material doméstico lo debe llevar el hombre que no sabe nada del asunto y que son de exclusiva administración de la mujer, que con frecuencia, tampoco sabe nada.

Con todo, el hombre se encuentra encantado. Gallardo y alegre, respira hondo, se siente feliz. No ve nada de eso, ni lo quiere ver. El amor, en sus variadas y exaltadas manifestaciones, esa cortina de humo que rodea a la mujer como a un "destroyer" en marcha para la batalla, sólo le permite ver de esas dulces criaturas los ojos lánguidos, que lo acarician –aunque con frecuencia también lo acarician con las manos– su figurita elástica, el sonido de una voz afectuosa, las sonrisitas y los demás encantos más o menos ocultos en esta época.

Estos son los prolegómenos del accidente, lo que vulgarmente se llama, el noviazgo, y que yo denomino, creo con más propiedad, el estado ígneo y nebuloso premarital.

Los torpedos aparecen más tarde y una vez que las autoridades legales y eclesiásticas ajustaron las ligaduras con todas las formalidades cuidadosamente previstas.

Los acontecimientos se extreman. Llega el momento de la boda. La novia se baña y se viste de blanco. El novio se baña y se viste de negro.

La familia y las relaciones los rodean y se visten en general lo mejor que pueden. Ahora lo que no sé es si todos se bañan. Emociones y lágrimas.

Aparece el juez. Se pone una banda con los colores de la bandera nacional, cual un ancho vendaje, cruzado en el pecho o ciñéndole la barriga. Esto lo caracteriza, le da jerarquía, importancia y arrogancia.

Hace algunas preguntas que turban a la pareja. Por ejemplo, a la muchacha, si lo quiere al hombre como marido. Se suelen ruborizar pero contestan invariablemente que sí.

Lo mismo al hombre. Luego, con el mismo tono de autoridad, les recuerda los artículos del Código, puntualizando la fidelidad recíproca, y entonces se perciben las sonrisas irónicas de los desfachatados que nunca faltan en esos casos; les recuerda que la mujer debe obediencia a su marido y vuelven ciertas disimuladas manifestaciones de hilaridad de los escépticos experimentados; y, por último, que el hombre debe protección a la mujer, y ya todos se ponen serios. La palabra protección es muy elástica, se comprende, entonces, hay que ver lo que cuestan y no deberían estimularlas.

Terminadas estas formalidades legales, aparece el sacerdote casi siempre. Las mujeres y una parte de los hombres quieren la aprobación de este intermediario virtuoso y solemne. Y aquí podríamos entrar en el terreno de los sentimientos espirituales en que yo no me quiero meter ahora; pero, además, las mujeres, saben que esta segunda ceremonia consolida algo más la posición alcanzada no sin duros sacrificios, esfuerzos y privaciones, y las tranquiliza un poco para el futuro.

Y después de esto, el hombre es definitivamente marido, alcanza ese título un tanto desprestigiado, y la mujer es ya esposa, un título superior que significa la meta de su conquista alcanzada.

Y en este estado de cosas le entregan al hombre a su compañera y sale con su paquete debajo del brazo y se encamina hacia su casa para desenvolver ese paquete.

Lo que tiene adentro, sólo Dios lo sabe. Es necesario que pase algún tiempo, para poder ver más claro. Por de pronto, que se oculte la luna de miel. Esta situación puede durar unos días, un mes, dos... todo depende del entusiasmo que tengar por la luna y por la miel; pero al fin un día se extinguen fatalmente los entusiasmos como si hubiera llegado el cuerpo de bomberos.

Pasarán algunos años, vendrán los hijos y mil complicaciones, y luego veremos que la perfilada, ágil y elegante silueta del "destroyer" que ocultaba la desvanecida cortina de humo, se ha transformado en un imponente acorazado, que sin cesar bombardea con la metralla de sus exigencias, siempre imprescindibles, a aquel que en un tiempo fué gallarda y joven figura de varón. Este, impotente entre tantas agresiones, resignado, pelado, flaco y barrigón, resistirá estoicamente y sin defenderse, las andaradas cotidianas de los cañones de quince pulgadas par entregarse al final, emprendiendo el largo viaje, dejando a su compañera que le sobrevivirá quince o veinte años, llorosa de pena, triste y satisfecha, por toda la felicidad con que supo rodearlo durante toda la vida.

Pero todo esto no será ni ha sido nunca un obstáculo para el matrimonio, y así es que vemos hombres que no se desalientan y reinciden obstinados hasta tres y cuatro veces, posiblemente por espíritu deportivo, o quizá, también, por una invencible y explicable curiosidad de descubrir lo que contiene adentro cada paquete." (p. 89-94)




12. NIETOS Y BISNIETOS

DON ELIGIO EN UN BAUTISMO


En "Ni bufas ni trágicas" Papún relata el bautismo de su primera nieta, Olga Pratt, hija de Elida (Lila) Capurro y Gilberto Pratt. Olguita fue bautizada por el P. Domingo Tamburini, párroco de San Juan Bautista (Pocitos). Papún era el padrino de Olguita. Cuando la fue a anotar el Padre Tamburini le dijo que no la bautizaba porque no tenía nombre de santa. Entonces Papún se fue a la Catedral, pidió el Santoral y allí encontró una santa rusa llamada Olga. Se lo llevó al Padre Tamburini, el cual no tuvo más remedio que ponerle Olga a secas. El Padre Tamburini era enjuto y campechano. El fue quien año tras año, los 8 de diciembre, bendecía las aguas desde la playa Pocitos.

Equiapostólica Princesa Santa Olga
11 de Julio según el Calendario Eclesiástico

Santa Olga

Don Eligio reflexiona sobre la relación entre la Iglesia Católica y la riqueza. Desde entonces "la comprensión de las masas", o su incomprensión, se ha agudizado. El cambio de "política" de la Iglesia Católica ha tenido lugar en parte y en algunas partes más que en otras.



Don Eligio en un bautismo


"Se dice que el bautismo es  una institución de origen egipcio. Nadie está bien seguro, aunque en la India, desde tiempos inmemoriales, purificábanse en la aguas del Ganges.
Pero de que sus raíces remóntanse a muy remotas épocas, pruebas abundan.

En la antigüedad, practícabase por inmersión, y era el símbolo de la purificación por el agua cristalina, y lo es todavía.

Y también se dice que asimilaron esa práctica los hebreos en su larga perigrinación por el desierto.

En la Sagrada Escritura, el Antiguo Testamento no menciona el bautismo, es cierto; y en cambio el apóstol San Juan, lo practicaba, pues bautizó en el Jordán al Redentor.

Era común en los primeros siglos del cristianismo recibir el bautismo en la agonía; ahora, es costumbre administrar ese sacramento pocos días después de nacer. Y por una serie de evoluciones, que dieron motivo a infinitas controversias entre los más reputados teólogos, desde San Agustín, Santo Tomás, los papas Eugenio IV, Alejandro VII y muchos otros, se ha llegado a practicar por la Iglesia, en la forma que todos conocemos.

Yo tuve el agrado de presenciar hace algunos días esa solemne ceremonia. Una bebita angelical de redondas y sonrosadas mejillas. Un pequeño séquito. La madre risueña y orgullosa; brillantes los ojos y encendido el semblante. La plenitud de un organismo en su augusta misión, que asume sola la responsabilidad de otra vida.

El padre modestamente satisfecho. Yo encuentro que los hombres en estos casos desempeñan un papel un tanto secundario. El mérito que les alcanza es mezquino, no hay duda, pero, en fin...

Pues bien, la satisfacción es compartida generalmente, en mayor o menor grado, también, por los abuelos y por todos los ascendientes. Todos se atribuyen alguna participación en el asunto, cuando se advierten en el vástago cualidades que lo hacen digno de admiración. En cambio cuando perciben defectos, nadie quiere cargar con la responsabilidad del fracaso, aunque no falta nunca entre los vivos o extintos antepasados, alguno que ostentara las mismas fallas, y que debe soportar, entonces, el peso de las críticas de sus desgraciadas e involuntarias intromisiones.

Un templo en construcción. Las iglesias están siempre en construcción. Es una normal anomalidad.

¿El estilo? Indefinido. Una mezcla de todos, es la característica de nuestra tierra; como la raza que la habita. En realidad no hay raza ni estilo que la caractericen todavía.

En el interior, obreros y andamios, que predisponen mal a la devoción. Sería por eso, que todos hablaban en alta voz.

Un sacerdote enjuto, nervioso, locuaz, criollo activo, que tampoco dice su presencia, mayormente, al espíritu.

Entramos al bautisterio. Un libro grande para inscribir la criatura.

¿Cómo le van a poner? interroga el cura. Olga, contesta  la madre. ¡Sólo Olga!, exclama.

Exige otro nombre. El abuelo y padrino, un poco viejo, que no exterioriza un aire de excesivo fervor religioso, recuerda que en la familia ya se le ha puesto un apodo –cuando no– y se atreve  a decir en voz baja: Piringa. Se advierten algunas sonrisas y el cura frunce el ceño. Quiere un nombre de iglesia. Se hace un pequeño silencio. María, dice el cura. Y fué por María. La beba se llamará Olga María.

Cargó con ella la madrina, y a la pila. Se inician los latinismos.

La beba con ostensible irreverencia duerme y bosteza una y más veces. El cura prosigue. Le sopla en la carita para que se retire el espíritu inmundo que la domina. La beba hace una mueca. Le toca las orejitas y la nariz con los dedos mojados en saliva (esto no me agrada), y parece que la beba piensa como yo, pues demuestra una ligera tendencia a impacientarse. Le pone sal en los labios con los mismos dedos. No quiero pensar en los dedos...Y tanta asepsia las pobres madres con el chupete! Pero en fin, excítanse las glándulas salivares de la boquita, se percibe un franco desagrado y al ratito devuelve otra vez.

Yo no creo que fuera por efecto de la sal, más bien por efecto de la gula. Ya había pecado. El único pecado capital que tolera su inofensiva y tierna edad. Un poquito de agua fría en la cabecita que la estremece y se terminó la ceremonia. Y ya limpia del pecado original y exorcisada del demonio que la poseía, dice el sacerdote: "Y ahora ya tiene alas". ¡Pobrecita! Que me perdone ese hombre sagrado, yo creo que ya las tenía.

Volvimos a la nave central. Nos explica el clérigo, el desarrollo y las preocupaciones de su acción en las mejoras. Nos habló de un artista que trajo de Florencia, del precio de los mosaicos, de los "vitreaux". De todo como si fuera cosa propia. "Me cuesta", no decía. "El decorador es carísimo, y ese oro que cubre los capiteles"...

Yo oí, en un momento dado, al padrino que le decía a una señora: "Hacen mal en decorar con tanto oro esas columnas. Luego no será de extrañar si llegan los revolucionarios y les tiran bombas".

Y tal vez tenga razón. Hace algunos años vi en la puerta de una iglesia en Europa, a un grupo de mendigos, leprosos famélicos, y en el interior la imagen de una virgen que me deslumbró con el brillo de las joyas que la rodeaban. El contraste era en extremo violento.

Yo pienso que esas cosas ya no se van a poder hacer. La comprensión de las masas ya ha cambiado mucho. Tal vez no se va a poder predicar la caridad desde el púlpito, dejando a los miserables con las manos tendidas en las puertas de los templos, mientras en su interior se atesoran riquezas inútiles. ¿No sería prudente cambiar de política?...

Se despidió la comitiva. "Que Dios se la conserve, señora" fueron las últimas palabras del sacerdote.

Y por último, en la casa, los consabidos dulces, sandwichs y el chocolate.

La bebita fué objeto de amables piropos. "Si parece que tuviera tres meses, cuando no tiene más que uno". Esto a esa edad es un requiebro. No será lo mismo más tarde, cuando alcance los treinta años, si le llegan a decir que representa sesenta. ¡Qué explosión!

Ya habían transcurrido más de dos horas. Con imperativa protesta se hace sentir la chicuela, reclamando lo único que realmente le interesa en esta vida, por ahora. La madre se la lleva, y se inicia la retirada general. Cámbianse, sonrientes, los padrinos, al saludarse, los ya en desuso y apolillados títulos de comadre y compadre; y para terminar esta breve croniquilla, creo que no desentona, dado el tema que trata, un "Y aquí paz y después gloria". (p. 39-43)



En la antecámara del dormitorio de Mami y Papún había un fauno. Cuando los nietos entraban a ese cuarto la pregunta infaltable era ¿el fauno está hoy triste o contento?

Fauno


Elida Etchegaray (Mami) y sus nietos (1951)

nietos


Papún con dos nietos

Papun y nietos


De colegio
Susana Pérez Gomar, Rafael Capurro, Lucía Pérez Gomar, Ivan Pérez Gomar
(ca.  1953)


de colegio



Los nietos de Mami y Papún ya grandecitos

primos capurro



Elida Etchegaray (Mami), Susana Capurro Etchegaray y Susana Pérez Gomar Capurro
Montevideo (Calle 18 de Julio)
Fotomontaje realizado por Susana Pérez Gomar Capurro

Susana Perez Gomar


Esposas y maridos de los nietos de Mami y Papún

primos y consortes


La tercera generación
bisnietos de Haroldo Capurro Ruano y Elida Etchegaray

primos_capurro


Sofía Cortabarría Labat
nieta de Susana Pérez Gomar Capurro de Labat

Un deber de colegio: La historia familiar en inglés

"My great grand grand grand grandfather's name was Juan Baptist Capurro who married Prudencia de Castro. Juan Baptist came to Uruguay to buy earth. He bought a beach that was called "Capurro Beach" because he wanted to make a port. He had two children: Juan Alberto and Luis Federico. Luis Federico married Ema Ruano de Arteaga Gómez. They  bought a field that now is called Villa of Santa Lucía. They had 9 children the third one was Haroldo Capurro Ruano married with Elida Etchegaray Etchepareborda. They lived in the villa of Santa Lucía. They liked to travel to Europe with all his hijos.Tuvieron seven children, fourth was Susana Capurro Etchetgaray married with Iván Perez Gomar Cordero. They had four children the second is my Mima grandmother (Susana). She is a painter and artist and had four children and the first one is my mother called Florence."


 

sofi



13. DON ELIGIO EN EL CINE


Don Eligio reflexiona sobre el cine haciendo referencia a las estrellas de su época tales como "las incomparables piernas de Ginger Rogers", a "la sonrisa angelical y la suprema gracia infantil de Shirley Temple",  "la perfección helénica del cuerpo de Bárbara Stanwyck" y... "las creaciones geniales de Walt Disney con su ratón Mickey, Pluto, los chanchitos..."

Don Eligio alude también a las "estrellas" de la política: Benito Mussolini con sus "posturas teatrales" y sus "poco tranquilizadoras mandíbulas duras y caninas" y a Adolf Hitler, imitado ridículamente por Charlie Chaplin, en "El gran dictador" (1940), la primera película sonora de Chaplin (ver también aquí) cuyo discurso final reproducimos en este capítulo. Ver más aquí.

Citamos algunas de las películas de la época tomando como referencia este sitio.

Películas con Ginger Rogers:
- Honor entre amantes ("Honor Among Lovers" 1931) Estreno 1932 en el cine Ariel
- Que no lo sepa papá ("Vivacious Lady" 1938) con James Stewart. Estreno 1938 en los cines Rex y Ariel

Películas con Shirley Temple:
- Seamos optimistas ("Stand Up and Cheer" 1934). Estreno en 1934 en el cine Ariel
- El hombre de sus sueños ("The Bachelor and the Bobby-Soxer" 1947) con Cary Grant. Estreno en 1948 en el cine Trocadero.

Películas con Barbara Stanwyck
- La novia secreta ("The Secret Bride" 1935). Estreno en 1936 en el cine Rex.
- Carne y  fantasía ("Flesh and Fantasy" 1943) con Charles Boyer. Estreno en 1944 en el cine Trocadero.

Películas con Charlie Chaplin
- Tiempos Modernos ("Modern Times" 1935). Estreno en 1935 en los cines Rex y Ariel
- El gran dictator ("The Great Dictator" 1940) con Paulette Goddard. Estreno 1941 en el cine Trocadero.

Sobre la historia del cine uruguayo desde 1898 consultar este sitio donde se puede leer bajo el título "Auge, caída, coproducciones. 1935-1948" lo siguiente:

"La aparición comercial del cine sonoro, sumió en una aguda crisis a todas las cinematografías latinoamericanas, que carecían de recursos para el recambio tecnológico. En Uruguay, esto se vio agravado por la casi inexistencia de infraestructura, que hacía difícil incluso rodar películas mudas. Habrá que esperar en consecuencia hasta 1936 para poder ver y oir la primera cinta sonora uruguaya, que fue "Dos destinos", producción de los estudios Ciclolux dirigida por Juan Etchebehere y protagonizada por Pepe Covi y Tina Lova.

El resultado es un curioso drama realizado en condiciones precarias, que vale en todo caso como testimonio documental del Montevideo de los años treinta. No hay que olvidar que esta película es contemporánea a la dictadura de Gabriel Terra, en consecuencia, narra la sacrificada vida de un jovencito proveniente del medio rural, que contra viento y marea hace la carrera militar, y culmina con previsible boda con la muchachita buena del pueblo. En la banda sonora -y como no podía ser de otra manera- se escuchan todo el tiempo marchas militares ejecutadas por la Banda del 4to. Batallón de Infantería."

Pingovolante

Pingovolante

Fuente: http://www.loscineastas.com/Cine%20Uruguayo/historia1.htm


Cine 18 de Julio

Cine 18 de Julio

Fuente: http://www.loscineastas.com/Cine%20Uruguayo/historia1.htm

Ginger Rogers

Ginger Rogers

Ver: http://www.doctormacro.com/


Shirley Temple con Cary Grant

Shirley Temple

Fuente: http://dannymiller.typepad.com/blog/2005/01/shirley_temple_.html


Barbara Stanwyck y Henry Fonda en el film
de Preston Sturges "The Lady Eve" (1941)

Barbara Stanwyck Herny Fonda

Fuente: http://www.rakemag.com/today/movies/archive/ladyeve.gif

Barbara Stanwyck (1943)

Barbara Stanwick

Fuente: http://www.movieactors.com/40stars/stanwyck2.htm


El ratón Mickey de Walt Disney

El raton Mickey


Charlie Chaplin

Charlie Chaplin

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Chaplin


Don Eligio en el cine


"Llego del cine, satisfecho. Presiento algunas sonrisas irónicas de gentes superiores. Con qué poco se conforma este hombre, dirán algunos. Pero no importa.

Me suelo ubicar algo atrás, en las últimas filas, y quiso el azar, hoy, que se acomodaran, una a cada lado mío, en muelle actitud, dos señoras blindadas con sendas pieles amorosamente perfumadas.

Era deliciosa esa semi oscuridad, esa inocente proximidad, esa fragancia...

Ahora bien, les diré; yo prefiero que no haya gente muy joven al lado mío. He solido observar que son algo intempestivos y fuera de lugar, ciertos suspirillos que acompañados de murmurios, de leves succiones, astutamente protegidos por la oscuridad, se intercalan, a veces, en el fragor de una batalla, en los atracos de los gangsters, en el momento más patético de un naufragio, o cosas por el estilo, causándome, sin poderlo remediar, un temblor, o más bien un trastorno nervioso en la emotividad del suceso que presencio.

Mas hoy no fué así. Esas dos señoras no tenían necesidad aparente ni urgente, con seguridad, de recurrir a esos deshogos amorosos, pues estaban acompañadas de caballeros que respetaban las distancias razonables y convenientes que distinguen, con evidencia, a las parejas casadas de las solteras.

Otra cosa voy a decir. Yo no concurro sino a los cines caros, a los más caros. La experiencia me ha aleccionado, esta vez, a tiempo.

El precio, desde el punto de vista higiénico, que es el único fundamental para mí en lo que puede referirse a diferencias de clases, decide y selecciona la calidad del público. No hay duda. En el teatro, por ejemplo, el público se ve y se mira. En el cino el público no se ve; en cambio, se aspira, se respira y se suspira. (Y algunos afirman que también se toca; pero esto no reza conmigo ni me molesta.) Y es en esas inevitables funciones fisiológicas de los pulmones, donde está el riesgo. Y si se duda, concurran en un día de fiesta a uno de esos cines baratos, cuando está la sala repleta y salpicada la platea de inquietos y simpáticos muchachos, muchachitos y muchachones, y sabrán decirme luego la diferencia que existe entre los bálsamos aromáticos y las emanaciones pérfidas.

Salvados, con algunos centésimos más, estos inconvenientes, del aparato respiratorio, yo encuentro que el cine tiene virtudes muy apreciables.

Es el más deleitoso y dulce soporífero que ha ideado el hombre. Es el sueño y el ensueño programados, organizados, mecanizados y sincronizados...

Para que la ilusión sea más completa, aconsejo entrar a la sala cuando ya están apagadas las luces.

Se inicia el milagro al encontrarnos en la oscuridad, como si se hubieran cerrado los ojos, y en el acto se siente uno mecer gratamente en los brazos de Morfeo.

Se ilumina la tela y comienza el ensueño.

La ilusión del cambio del medio ambiente es completa, lo que ya no es poco.

Es cierto que desde el punto de vista auditivo, aunque los sonidos musicales son buenos, está todavía bastante lejos de la realidad; porque la voz no se ubica en el personaje que la emite, surge de abajo, de arriba, del costado, no se sabe de dónde; porque suele ser brutal; porque no hay matices suaves; porque un suspiro parece un bufido; la respiración de todos es asmática; los pasos groseros; el cierre de una puerta es un escopetazo y mucho más...

Pero el escenario, en cambio, en su infinita variedad de decoraciones, es grandioso.

Viaja uno en transatlánticos acompañado de viajeros exóticos, comtemplando mares bravíos. Hemos conocido el polo, los trineos, los esquimales, el ecuador, con su vegetación lujuriosa, la selva, las fieras, las serpientes, las montañas, y sus más altos picachos cubiertos de hielo. Nueva York, Viena, Londres, París, Roma... Un laboratorio científico, los hospitales más modernos, las fábricas. Pero todo esto en movimiento, en la inquietud de la vida. Tan pronto estamos en un cabaret elegante contemplando el repiqueteo mecánico de máquina de coser, que en sus zapateos impecables, nos muestran las incomparables piernas de Ginger Rogers, y todas las perfecciones de las demás piernas. ¡Y qué piernas! O presenciamos una danza española que sólo puede animar el alma, el talle, el andar y el cuerpo de una chula andaluza, arropada en su mantón; o la sonrisa angelical y la suprema gracia infantil de Shirley Temple, o nos extasiamos ante las posturas teatrales y las poco tranquilizadoras mandíbulas duras y caninas de Mussolini, o las cómicas actitudes de Chaplin, y las no menos ridículas y malas imitaciones de este último, en Hitler. O nos sentimos atraídos por la gracia exquisita en los ademanes y en el andar, de las artistas francesas, perfeccionadas por la distinción de su raza y de su medio, o el paso seguro, la agilidad y la fuerza que engendra el deporte en las mujeres americanas, o la perfección helénica del cuerpo de Bárbara Stanwyck y toda esa selección de los más estupendos ejemplares femeninos que ha producido la humanidad. Y también el mundo a través de las edades. Egipto en la época de los faraones, Roma en la de los césares, Paris en 1830 con George Sand, Chopin, Dumas, Hugo, reunidos en la redacción del Fígaro. Las creaciones geniales de Walt Disney con su ratón Mickey, Pluto, los chanchitos... Bien se alcanza la seducción del cine en ese desfile heterogéneo e infinito, a pesar de las cintas idiotas, de los grotescos detectives, y de las dolorosas transformaciones que suelen hacer algunos bárbaros de argumentos de interés real.

Al fin, cesa el efecto del narcótico. Se ilumina la sala. Aparece la luz. Es la ilusión de haber abierto los ojos. Es la realidad de un despertar. Se esfuman las imágenes. Se desvanece el ensueño. Vuelvo a la vida, a mi mundo, a mi vida de tan limitado horizonte..." (p. 101-105)



Benito Mussolini

Benito Mussolini

Fuente: http://www.dictatorofthemonth.com/Mussolini/Jun2002MussoliniEN.htm


El Gran Dictador

El Gran Dictador

Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/The_Great_Dictator


DISCURSO DE EL GRAN DICTADOR   (Charles Chaplin 1940)

(Discurso final de Chaplin, un barbero judío al que las circunstancias han llevado a ocupar el papel de dictador, caracterizado por Hitler)

«Lo siento, pero yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio. No quiero gobernar ni conquistar a nadie sino ayudar a todos si fuera posible: judíos y gentiles, blancos o negros. Tenemos que ayudarnos unos a otros, los seres humanos somos así.

Queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos. La buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado nosotros. El maquinismo que crea abundancia nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos, nuestra inteligencia duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que máquinas, necesitamos humanidad, más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades, la vida será violenta, se perderá todo. Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros. Ahora mismo mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, a millones de hombres desesperados, a mujeres y niños victimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes. A los que puedan oírme, les digo: ¡No desesperéis! La desdicha que padecemos no es mas que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano.

El odio de los hombres pasará y caerán los dictadores y el poder que le quitaron al pueblo se le reintegrará al pueblo. Y así, mientras el hombre exista, la libertad no perecerá. ¡Soldados, no os rindáis a esos hombres que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen qué tenéis que hacer, qué pensar y qué sentir, os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como a carne de cañón! ¡No os entreguéis a estos individuos inhumanos! ¡Hombres-maquinas, con cerebros y corazones de máquinas! ¡Vosotros no sois máquinas, no sois ganado! ¡Sois hombres! ¡Lleváis el amor de la Humanidad en vuestros corazones! ¡No el odio!. Sólo los que no aman odian. Los que no aman y los inhumanos. ¡Soldados, no luchéis por la esclavitud, sino por la libertad! En el capitulo 17 de San Lucas se lee: «el reino de Dios esta dentro del hombre» No de un hombre ni de un grupo de hombres, sino de todos los hombres, ¡en vosotros! ¡Vosotros, el pueblo, tenéis el poder! ¡El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad! ¡Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de hacer esta vida libre y hermosa de convertirla en una maravillosa aventura!

¡En nombre de la democracia: utilicemos ese poder actuando todos unidos! ¡Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres el trabajo y dé a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Con la promesa de esas cosas las fieras alcanzaron el poder pero mintieron: no han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. ¡Los dictadores son libres solo ellos pero esclavizan al pueblo! ¡Luchemos ahora para hacer nosotros realidad lo prometido! ¡Todos a luchar para libertar al mundo, para derribar barreras nacionales para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia! ¡Luchemos por el mundo de la razón! Un mundo donde la ciencia, donde el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad. ¡Soldados, en nombre de la democracia, debemos unirnos todos!.

(Final de la película: voz en off de Chaplin sobre el rostro en primer plano de Hanna/Paulette Godard)



14. DON ELIGIO EN EL ESTADIO

Don Eligio reflexiona sobre un deporte eminentemente uruguayo: el fútbol (Ver aquí). Comienza relatando una visita al Parque Central, sede del Club Nacional de Football, pues "todavía no existía el Estadio Centenario" así llamado por haberse inaugurado a 100 años de la jura de la Constitución. Este fue inaugurado el 18 de julio de 1930 (Ver aquí). El estadio del Parque Central fue sede de la Copa Mundial de 1930 en la que Uruguay le ganó a la Argentina 4-2 en el final que se jugó en el Estadio Centenario (Ver aquí).

Sobre la historia del Estadio Centenario ver el texto de César di Candia (aquí) que comienza así:


"Durante la década del veinte la ciudad de Montevideo vivía en pleno ataque de colosalismo edilicio. Por esos años se habían erigido el Hotel Carrasco en febrero de 1921, el Monumento a Artigas en 1923, el Palacio Legislativo en 1925, el puente sobre el Santa Lucía en 1929. Faltaba un estadio de fútbol gigante, acorde con las glorias acumuladas por los futbolistas amateurs que habían logrado los campeonatos olímpicos en 1924 y 1928. Pero además, un Campeonato Mundial que sirviera de marco a su inauguración. Ambas cosas se lograron en un tiempo asombrosamente breve.

En febrero de 1929, la delegación del club Nacional de Fútbol integrada por José G. Usera Bermúdez y Roberto Espil presentó en la Asociación Uruguaya de Fútbol un proyecto reclamando para Uruguay la sede del primer Mundial profesional. La AUF hizo suya la idea, la presentó al Congreso de la Confederación Americana y allí fue aprobada por unanimidad. En mayo del mismo año, la FIFA eligió a Montevideo como sede de un evento internacional jamás disputado al que habría que hacer coincidir con los festejos del centenario de la Constitución de 1830. Quedaban catorce meses y todo por hacer."

Por los datos ("mis dos hijos mayores, entonces nueve y diez años") la ida al Parque Central a la que se refiere Papún al comienzo, data del año 1922 cuando él tenía unos 40 años. Fue el "el entusiasmo deportivo de los muchachos" (Pacaco nació en 1912 y Tato en 1913) el que lo "arrastró" al Estadio. A Papún no le gustaban las "aglomeraciones". Salió del Estadio "arrastrando por una mano" a Pacaco "que pudo resistir los estrujones de la avalancha en que nos vimos envueltos en un momento dado".

En 1933 o 1934, unos doce años más tarde, concurre sólo al Estadio Centenario, el cual no quedaba lejos de su casa de la Avda. Ricaldoni.

Pero el espectáculo, como bien lo dice Papún, "no está solo en el field, sino también en el público". Una verdad más verdad que nunca hoy en día.


Estadio Centenario

Estadio Centenario


Estadio Centenario
Inauguración 1930
Tribuna Olímpica

Estatio Centenario1



Un match de futbol en el Estadio

Impresiones de un profano


"Hacía próximamente doce años que no presenciaba un match de futbol. Concurrí, en esa época remota, mi última vez, a la cancha del Parque Central. Todavía no existía el Estadio Centenario.

Jugaban, como el domingo, Nacional y Peñarol. Mis dos hijos mayores tenían, entonces, nueve y diez años. No entiendo ese deporte y no me agradan las aglomeraciones; pero el entusiasmo deportivo de los muchachos, me arrastró a esa contienda.

Ya, desde entonces, concurría una pueblada a cada partido, y de éste no tengo sino un solo recuerdo. Salí de la cancha con el menor desmayo, al hombre, colgado como un trapo, arrastrando por una mano al mayor, que pudo resistir los estrujonesde de la avalancha en que nos vimos envueltos en un momento dado.

Mis ardores deportivos por el fútbol, que ya no eran muy grandes, quedaron definitivamente extinguidos desde entonces.

Y ahora, a instancias de mis amigos, que siempre me hablan maravillas, volví; pero esta vez solo.

A las tres y media, animado con un espíritu pacífico, me encontraba en la boletería. Me habían aconsejado la Tribuna América; pero no había entradas. Ni una. Asómbrense por lo que esto significa. En esa tribuna se alojan perfectamente varios miles. Me ofrecieron una platea, y la acepté, y no me arrepiento; me encontré bastante bien.

Cuando uno entra, el espectáculo es realmente asombroso. Estaba el Estadio maciso de gente. Cincuenta mil personas agitadas e inflamadas de entusiasmo. Llegué en el preciso momento en que entraban los campeones al field.

En las gradas es generalmente mayor el número de hombres, y el fondo es oscuro; pero algunas partes encuéntranse salpicadas con los tonos vivos de los vestidos de nuestras bellas, que le dan, entonces, un colorido de risueño atractivo.

En la platea hay muchos bancos para sentarse; pero las gentes no se sientan en los bancos. Siéntanse en los respaldos y ponen los pies en los asientos. Es una práctica general. Yo hice otro tanto. Con preferencia se paran porque ven mejor; pero eso no dura. De atrás gritaban: "Sentarse... qué se creen, que son transparentes... melones!" Yo le pregunté a mi vecino si eso de los melones era para nosotros, contestándome, el interpelado, y señalándome una tribuna sombría que tronaba amenazadora: "Y eso no es nada, allá en frente, lo bajan de un naranjazo, si uno se para".

Con esa advertencia, opté, en el acto, y en previsión de algún proyectil anónimo, por quedarme sentado.

No hay duda de que el deporte es varonil y hasta elegante en ciertos momentos. Yo no sabía bien lo que iba a presenciar; pero la multitud me contagió un poco de su emoción, y confieso que durante el partido, se me crispaban las manos, muchas veces, cuando las ciudadelas amenazaban una caída, de cualquier bando que fueran.

No puedo hablar de técnica, porque no entiendo. Sin embargo se observa que hay una evidente contradicción entre la contextura de los jugadores y las características principales de la finalidad del juego, que debe ser a base de agilidad y destreza. Del torso a los pies, de aspecto pesado. Hacen la impresión de no estar hechos para la velocidad, sino para la fuerza y la resistencia.

Las manos no las usan nada más que para cometer infracciones, que son penadas en el acto por el juez, o para ataque o defensa personal; aunque para esto último, también se utilizan, con indudable éxito, los pies; lo que demuestra, con frecuencia, que no se practica el deporte en una forma muy caballeresca.

Yo admiro al juez. Tiene que ser heroico y veloz. Veloz en toda la extensión de la palabra. Corre siempre como un gamo, de un lado al otro del field, con un pito en la boca, y con la mirada fija en la pelota. Toma resoluciones rápidas, fulminantes, instantáneas, porque así lo exige el juego.

Todo lo que le dice el público al juez es inaudito. Yo creo que recibe más diatribas e insultos anónimos un juez en medio match de futbol, que cien personas normales en toda su vida. En las localidades en que yo me encontraba, que son las más distinguidas, según me dijeron, había un caballero bien vestido, fuerte, con una voz potento de tenor abaritonado, de pie, que se desahogaba protestando contra el juez, con indirectas y alusiones que alcanzaban siempre a la madre del pobre hombre; más bien a la virtud de la madre, que ese mismo violento e intransigente espectador, hacía extensivas también a las madres de los jugadores. ¡Pobres mujeres!...

Alguien que estaba a su lado, le dijo, "Mire que hay señoras"; pero él, le contestó que era la verdad, que eran unos burros, y siguió impertérrito.

Dos señoritas que no estaban muy lejos de ese ingenuo caballero, no olvidarán, de seguro, su suave estribillo.

No hay duda que la gama de adjetivos, que se puede aprender es extensa; a veces soeces y otras graciosos. Nadie se contiene.

El espectáculo, como se ve, no está sólo en el field, sino también en el público. Yo me daba vuelta con frecuencia para oír y ver vociferar a las mujeres. Es increíble el estado de nerviosidad que las invade.

Pude observar desde mi posición, un poco baja con relación a las gradas, mirando para arriba, a las bocas de par en par abiertas, en actitudes sostenidas, de las mujeres, en un estado de paroxismo extraño. Y, entre paréntesis, se advierte que es deficiente el estado bucal de la concurrencia, con mucho oro y huecos oscuros. Traslado este dato a los dentistas por si les interesa.

La excitación es extraordinaria. Gritan a desgañitarse. Más las  mujeres que los hombres. Las linfáticas y las anémicas tórnanse lívidas y ojerosas. Las sanguíneas se inyectan. En genral todas desmejoran. Las viejas gritan como las jóvenes y parecen más viejas. Las feas más feas. Las contracciones faciales son extrañas y a veces asustan. Aparece el subconciente y el inconciente en una forma terrible. Un observador sutil creo que podría advertir el fondo peligroso de más de una mujer. Si yo fuera mujer, confieso que trataría de contenerme. Pero todo es en vano. Nombran a los jugadores a gritos, animándoles. ¡Varela! ¡Gestido! ¡Choquita! A este último le dan un diminutivo cariñoso. Había una señorita monísima, que al final quería gritar y ya ronquita, sólo le salía un Choquita, pobrecita, que más parecía un cacareo de gallito chacarero anémico, que una exhortación a la victoria.

Y como todo termina en este mundo, terminó también el match, sin que hubiera vencidos ni vencedores. No hicieron ni un goal: pero una parte importante del público aplaudía y ovacionaba un triunfo. Yo no comprendía lo que pasaba. Entonces le dije a un muchachón que estaba a mi lado: ¡A qué tanto alboroto si nadie ganó! Y él me contestó, con ademán despectivo, y en ese tono peculiar de los muchachos del pueblo: "El qué, que nadie ganó... qué sabe usted de fobal".

Tenía razón. Expliqué esta contestación, más tarde. Resulta que era la final de una serie, cuyo empate constituía la victoria.

El escándalo y la gritería era infernal. Sombreros, carteras, bufandas, gorras, pieles, pañuelos, pañuelitos de todos colores, banderas, banderittas, banderolas, todo agitábase en manos nerviosas.

Y a todo esto la banda ya había entrado en el field. Los jugadores vencidos desaparecieron como ratones en sus cuevas. En cambio los vencedores, con una bandera enorme desplegada y tendida horizontalmente, seguían con aire de triunfo, a un paso cortito y acompasado, a esa bandada y, al compás de una marchita, se dieron una vuelta saludando y recogiendo los laureles y las aclamaciones de sus delirantes partidarios.

La multitud se retiró en perfecto orden, y el acto no fué para más."  (p. 121-126)





15. DON ELIGIO Y LA PESCA

Don Eligio reflexiona sobre la pesca de caña comenzando con pescas de otros tipos. 

La frase latina: "homo homini lupus" ("el hombre es un lobo para el hombre")
es una famosa cita del poeta romano Plauto (ca. 250-184 A.C.).

Este es un dicho auténtico de Papún con relación a las relaciones 'pesqueras' entre seres humanos o, más específicamente, entre varones y mujeres:
"No es posible que hayan muchas mujeres que se resistan al amor, si están previamente bien cebadas"

Puerto del Buceo

Pueto del Buceo




Un concurso de pesca

"Las gentes, en general, malvadas y envidiosas ridiculizan a los pescadores; y con señalado y perverso ensañamiento, a los pescadores de caña.

Hay infinidad de definiciones y chistes destinados a estos beneméritos e inofensivos deportistas, con alcances malevolentes, como si se tratara de seres obtusos, dignos de compasión.

Pues, yo, aunque no pertenezco a ese paciente gremio de los pescadores acuáticos, los admiro. Más, pienso que un pescador debería ser el mundo emblema de la humanidad. Y si prestamos un poco de atención, nos apercibimos que el hombre desempeña, en esta vida, espiritual y prácticamente, por una extraña paradoja, el triple y contradictorio papel de pescador, de pez y de pescado.

¿Quién no anda por esas calles de Dios a la pesca de algo? Un negocio, un cliente, una mujer, un hombre, un empleo, una jubilación, una idea, unos pesos, un objeto de arte, un libro, un amigo que lo invite a almorzar...

¿Y quién no anda cuerpeando algún anzuelo?
¿Y quién no resulta pescado, más de una vez?

Todos esos correctos caballeros que se estacionan en la calle Sarandí de seis a nueve, tienen la impávida y silenciosa actitud de los pescadores. Pasan las damas alegres y apetitosas, que podrían ser muy bien los peces; delicadas y esbeltas cual pejerreyes, o redonditas como pampanitos. Aunque no siempre son ellas los peces, pues suelen ser también pescadoras. Mas, en este terreno, se tropieza con cierta dificultad para descubrir cuál es el pescador y cual el pescado. Sólo al final, el cataclismo matrimonial nos revela clara y duramente la verdadera posición de la víctima. Menos mal que con el divorcio, se ha descubierto un procedimiento que permite sacarse el doloroso anzuelo después de haberse comido la carnada, y esto no deja de ser un alivio en esta especialidad de pesca.

Pero yo no quiero referirme a la variedad infinita de pescas, más o menos solapadas, que practican los hombres entre sí. Ya lo sabemos: "Homo homini lupus". Sólo quiero hablar de un concurso de pesca de caña que tuve el placer de presenciar hace algunos días.

Habia advertido, publicado, un meditado trabajo con el título de "Reglamente para el concurso de pesca", que debía realizarse en este mes.

Como yo tenía verdadero interés en presenciar tan divertido y alegre certamen, lo lei, naturalmente, con suma atención, y previamente, para poder ir bien preparado.

El reglamento consta de catorce suculentos articulos, así no más, como quien no quiere la cosa; como los catorce puntos de Wilson. Y para que el lector se entere de este prolijo e interesante  trabajo, voy a citar a los más serios particularers.

Empieza diciendo que el concurso es individual y pueden tomar parte en él todos los aficionados nacionales y extranjeros, y eso está muy bien; hubiera sido realmente odioso y antipático excluir a los extranjeros, sobre todo teniendo en cuenta que la inscripción era gratuita.

Dice que los concursantes usarán una caña que tendrá como máximo dos anzuelos, y como mínimo uno. Esto último del mínimo, a la verdad, no lo dice, pero yo creo conveniente aclararlo, pues no sería poca afrenta para los demás competidores si se presentara alguno sin anzuelos. Y en seguida hay una limitación muy importante. "En ningún caso la línea podrá ser más larga que la caña".

El lugar del concurso está dividido en espacios de un metro cincuenta y los participantes deberán ocupar el centro del mismo no se escapa detalle– y tienen que tener la caña en posición que no moleste. Excelente medida para la concordia y armonía de esa inspirada familia pesquera.

Luego se puntualizan que no pueden abandonar el sitio, y si por alguna razón imperiosa tuviran que hacerlo, lo harán pidiendo permiso al comisario del sector. Bien dispuesto. Como en la escuela. La disciplina ante todo.

No se toleran ayudas y se prohibe cebar antes de empezar la prueba. Magnífica previsión. Si a los pescadores de la calle Sarandí, pongo por caso, se les permitiera cebar antes de la prueba, a las muchachas que pasan por allí, está claro que el éxito sería para el cebador. No es posible que hayan muchas mujeres que se resistan al amor, si están previamente bien cebadas.

Se inicia la prueba con un tiro de mortero. ¡Pum! y se termina en la misma forma. ¡Pum!

El pescado deberá ponerse a espaldas del concursante y el que obtenga el mayor número de piezas ganará el concurso, y en caso de empate el Comisario decidirá la forma de desempate. Este es un problema que si no pica debe tener bemoles para su solución.

Pero, en fin, esto es lo fundamental, y con esta preparación previa me encaminé hacia la muralla sobre la costa del mar.

Aire salino, puro, respírase. Se advierten indumentarias variadas y sin pretensiones. Muchos tirantes a la vista. Es un deporte que no exije traje apropiado. Exento de elegancia y eminentemente democrático. Todos se sientan en el suelo.

Desde el primer momento se presiente claramente que se trata de un espectáculo agradable, tranquilo, húmedo y moral. Altamente moral. Nunca he visto en el mundo, nada más rigurosamente moral que un pescador en sus funciones, un pez o un pescado. No despiertan en ningún momento, esos tres elementos, separados o conjuntamento, el más ligero pensamiento impuro.

Todo es silencio y atención. No hay violencias. Las miradas ansiosas, se concentran en las boyas. Si la boya se sume o si no se sume. "That is the question". Si se sume se anima el pescador. Si no se sume, al fin resulta un tanto monótono el juego; pero los sostiene la esperanza a esos dichosos obstinados, aunque el cuadro languidece un poco. Las cañas cuelgan en actitudes de abandono y laxitud. El estado de un pescador desanimado se revela en el acto por la posición de la caña.

Habría unos cien concursantes que tentaron la suerte durante dos horas lánguidas. No picaba, Neptuno, Tetis, las Oceánicas, Anfitrite, las Náyades, las Nereidas, y todas las divinidades del mar, y de las aguas, parecían haberse opuesto al éxito de ese ejército de pescadores organizados.

Ganó el premio un señor griego con cuatro ejemplares. Mas yo sabía que el resultado sería pobre. Un eximio pescadorque consulté, me contestó después de chupar la línea que había sacado del agua: "No hay nada que hacer". Pronostica el resultado por el sabor, como si catara un vino.

Un chubasco importuno disolvió las huestes que se retiraron en silencio, como siempre, blandiendo sus flexibles lanzas. Y antes de terminar esta breve reseña quiero citar las opiniones publicadas, del doctor Biliard, con respecto a la pesca.

Dice, este distinguido médico: que es una distracción tranquila y cautivante desde las primitivas edades de la humanidad, y que es un ejercicio moderado. Exige ingenio, atención, decisión y paciencia, sobre todo esto último. Dice también que aguza los sentidos y hace volver al instinto del animal en acecho, y esto debe ser muy ventajoso para la vida; y que es una pasión y sin embargo no comporta excesos.

Y dice también otras cosas más, quizás no menos interesantes, pero yo creo que esto es lo principal." (p. 127-132)



16. DON ELIGIO Y LA MEDICINA

De los hijos de Papún y Mami el único que se dedicó a la medicina fue Pedro (Pacaco). El doctor al que alude Don Eligio en esta historia es probablemente José Pedro Urioste.  En el artículo titulado "Es imposible escribir sin temas" que reproducimos en el capítulo 18, Don Eligio cita al famoso médico y humanista español Gregorio Marañón.

Sobre la medicina en el Uruguay, consultar este artículo del Dr. José Portillo "Historia de la medicina estatal en Uruguay (1724-1930)"  publicado en la Revista de Medicina del Uruguay, 1995 (11), p. 15-18 (accesible aquí).

La frase de Don Eligio: "llevados por la corriente de la época, ocupamos una parte muy apreciable de nuestra vida, alternando en nuestras manos el volante del automóvil y los palos de golf" es de gran actualidad en muchas sociedades así llamadas desarrolladas. Hoy añadiríamos que nuestras manos se ocupan también de manejar la computadora y todo tipo de aparatos digitales.

Don Eligio comienza evocando...

las playas del Uruguay

Playas del Uruguay



Un buen médico


Existe, desde la Colonia hasta el Chuy, tendido a lo largo de la costa y en caprichosa disposición un cordón de ensenadas y playas, donde la luz en todo su esplendor y el aire diáfano, excitan el brillo de sus arenas.

Quiso la naturaleza pródiga, dotar a la República del Uruguay, con ese lujoso collar de perlas, de buen oriente, que la engalana.

Y en un pintoresco balneario, en embrión, de esa mismaribera, la religión había logrado, en su acción perseverante, cimentar las raíces de su credo, erigiendo una capilla. Modesta concepción inicial, sin estilo bien definido, allá, inconclusa, soterrada en parte entre pinos y médanos. Sólo su torre ágil atraía, con el sonido evocador de sus campanas, las miradas de sus parroquianos que la veían destacarse por encima de las copas de los árboles, señalando, como el índice de una mano sagrada invisible que los invitara a la reflexión, el infinito misterioso y apacible del cielo azul.

Se realizaba en un día de fiesta, de extremo calor, una comunión general, y el rebaño de fieles, de la vecindad, sumisos y supersticiosos, acudía dócilmente, con andar pausado, a la ceremonia.

Ataviado con sus mejores ropitas, eas buenas gentes, humildes de condición, grandes y chicos, sentían la leve inquietud que provocan las prendas que no son de uso diario, y que parecían asociarse, con sorda confabulación, a la alta temperatura del momento, rozando la epidermis, y comprimiendo las carnes, que clamaban por el aire y la libertad, que sus dueños anhelan siempre conquistar en esos casos, con ansia mal disimulada.

El sacerdote llegaba del pueblo vecino, guiando un Ford, envuelto en una nube de polvo del camino, a cumplir su rol de director espiritual en ese acto de tanta trascendencia moral.

Una vieja amistad por uno de los más distinguidos médicos de mi tierra, y una crónica afición deportiva, me habían llevad, en la mañana de ese mismo día, con mi ocasional adversario, a la cancha de golf, que dista un par de kilómetros de la playa, naturalmente, en auto. Llevados por la corriente de la época, ocupamos una parate muy apreciable de nuestra vida, alternando en nuestras manos el volante del automóvil y los palos de golf. Concluyentes manifestaciones de la destreza de los hombres de estos tiempos. Algo así como fueron los briosos corceles y las lucientes espadas, para los valientes y apuestos caballeros de la edad media. Mas, llegados a nuestro plácido campo de batalla, advertimos que nos encontrábamos sin "caddies". La ceremonia religiosa, ejerciendo su místico poder, había desviado la corriente de los muchachos. Pero como nosotros no nos podíamos resignar a renunciar a nuestra lucha deportiva, ni a realizar el combate sin el recurso de esos pacientes escuderos, resolvimos regresar hacia la capilla, en busca de nuestros elementos.

Subimos de nuevo al auto, y en el trayecto, compadecidos de una mujer que caminaba, en un grupo, con un chico en brazos, con tan abrumadora temperatura, paramos para invitarla a subir. Aceptaron, la mujer y el grupo, la invitación, y se llenó el auto.

En estas circunstancias, se me ocurre hablarles del médico, sentado, en ese momento a mi lado, requiriendo por sus condiciones. Consideraba que no sería reconocido, pues se encontraba en traje de sport, en mangas de camisa, con un modesto sombrero de brin. Y sucedió lo previsto, no fué reconocido, pero no es extraño. Con esas vestimentas no se perciben diferencias, todos los hombres se asemejan. Y no sé por qué en el traje ordinario, se advierten muchas veces, ciertas variedades de nuestra especie, aún en esta época en que lo externo pierde cada día su valor. Y es evidente que hay muchos hombres, que no obstante la uniformidad monótona de los trajes de diario, saben guardar una singular actitud, que traduce, inmediatamente la importancia de la personalidad que representan, o el dinero que tienen, o el que desearían tener, y no hay duda que consiguen hacer cierta particular impresión.

Pero el traje de sport es como el traje de baño. No admite posturas. Un personaje con un mameluco de baño, no puede aparentar distinción especial, ni riqueza, ni importancia, ni arrogancia. Son todas virtudes que se ocultan tímidamente cuando un hombre está semidesnudo y descalzo. Es la posición del desarme. Sólo los jóvenes fuertes y bien proporcionados, pueden lucir, hasta cierto punto como las mujeres, también jóvenes, sus encantos físicos, que los coloca, en el acto, en un plano envidiable y superior.

Pues bien, volviendo a mi sujeto, declaro que es exacto, seguramente, por las causas que puntualizo, que las mujeres no conocieron al médico, pero no es menos cierto que hicieron grandes elogios del mismo.

Paramos el coche a cierta distancia de la capilla. Bajó mi compañero y se alejó en busca de los muchachos. Bajaron también las pasajeras que quedaron cerca del auto agradeciendo nuestra atención y esperando a algunas de sus compañeras que habían quedado rezagadas por falta de asiento. Sin explicarme la causa, en ese momento, insistí de nuevo, interrogándolas sobre la capacidad de mi amigo, contestando, una de ellas, con el mayor respeto, y con las siguientes palabras:

"Mire, señor, es un médico muy bueno. Fíjese, hace poco hubo un choque de autos, allá, cerca de la estación. Y esto lo vimos todas. Un chófer cayó con tan mala suerte, que se hizo en la cabeza una herida que parecía de cierta importancia. Se llamó al médico, que lo examinó, y dijo: Esto es muy grave, no hay nada que hacer. Y se fué. Y luego, con tono más alto y con énfasis, exclamó: "Si será buen médico, al día siguiente, el hombre... se murió. No hubo nada que hacer. Es muy buen médico."

Llegaba mi amigo en el momento en que disolvíase el corrillo y se disipaban los murmullos de asentimiento y respeto que causara el atento auditorio, tan sabrosa referencia." (p. 133-137)




17. DON ELIGIO Y LA POLICIA

Don Eligio reflexiona sobre el tráfico por la rambla costanera, la policía, la cárcel, los formularios y la burocracia pública, 22 funcionarios involucrados en "su caso"... en 1937. Su delito: "atentado contra la integridad personal; esto es, el marchar a sesenta quilómetros". Naturalmente que dicho atentado fue cometido por la policía y no por Don Eligio. Nos parece que en el mundo de hoy en estas cosas, lamentablemente, no ha cambiado mucho. Pero también es cierto que en Buenos Aires "en un caso semejante" a uno "le toman el número y le aplican una multa de veinte pesos". Como dice irónicamente Don Eligio, los uruguayos habían perfeccionado los métodos.

La historia comienza evocando las playas del Uruguay.



Mi cautiverio

Soy un hombre ya algo entrado en años y créome normal.

Hace de esto un par de días; transitaba, yo, en dirección al golf, por la rambla costanera, invitado por unos amigos que obsequiaban con un almuerzo a un distinguido caballero argentino.

Eran las doce menos cuarto. Recorría tranquilo, risueño y distraído, ese trecho que decoran donosamente tres o cuatro adiposos gasómetros y una chimenea solitaria en el medio de la calzada, desorientada, con toda la apariencia de haber perdido a su fábrica.

Próximo ya a este monumento, me hace señas un funcionario uniformado. Me detengo en el acto a su lado. Surgen de improviso, como por encanto, otros dos funcionarios iguales y dos policías en sus respectivas motos. Estaba materialmente rodeado. Uno de ellos me pide la libreta de conductorhabía olvidado de decirles que yo manejaba en ese momento mi auto. Se la entrego, naturalmente. Toman una serie de notas. Se la reclamo. Ignoraba la causa. No me la devuelve y se limita a decirme: "Siga la moto de ese oficial".

Cinco hombres había intervenido ya en mi captura. Y en marcha, fuímos a parar, a pocas cuadras, a una comisaría. Otro guardia civil me acompaña al interior. Me atienden otro escribiente y otro oficial. Pido para hablar por teléfono. Se me autoriza. Aprovecho para comunicarles a mis amigos que no me esperen, previendo que el asunto sería largo. Y en efecto, me despachan de allí para otra comisaría que está en la calle 18 de Julio, con otro guardia civil a mi lado, en mi coche.

Entro con mi celosa custodia. Un mostrador. Me atienden otro oficial y otro escribiente Se inicia un expediente. Declaraciones de edad, nombre de mi padre, de mi madre, etc. Espero más o menos una hora y media delante de ese mostrador. Llegan mis amigos. Quieren socorrerme. Imposible. Me pasan, al rato, a un segundo patio. Me acompaña otro hombre, chauffeur de camión. Tenemos un banco para sentarnos. Es un local ventiladísimo y frío. Le pregunto a mi compañero de infortunio por qué estaba allí. Y me contesta: "Yo estaba a unas diez cuadras de Colón, en la carretera. Me prendieron cuando iba manejando mi camión. El agente que me detuvo sostiene que yo iba a 58 kilómetros y yo le decía que no iba más que a 55".

Algo resignado, yo, por temperamento, me reía de la irritación del pobre sujeto cuando nos interrumpe el guardia civil que nos custodiaba para decirme: "Parece que usted se lo toma con soda, esto".

Pasa otra hora. Deseaba conseguir algo para comer. Ya eran más de las dos. Vanos esfuerzos. Nadie tiene el menor deseo de socorrernos.

Nos hcen pasar de nuevo als mostrador. Allí aparecen en ese momento, un chauffeur y un soldado con máuser. Eran los encargados del carro celular, que según nos dijeron, debían llevarnos a la alcaidía de la carcel central. Antes de llevarnos me preguntan si tengo armas. Un agente me palpa. Fué el único momento desagrdable. No me agradan que me toquen y menos que me palpen. Un comisario, amable, me dice: "Usted puede ir en su coche, si quiere, acompañado por un guardia civil". Y en marcha para la cárcel central, con otro guardia civil al lado. Y yo siempre mudo y sin la menor protesta.

Entro. Traspaso las rejas. Me alojan en un pequeño escritorio. Me vigila un soldado con máuser, que al pasar por delante de mi puerta me mira de soslayo, entre sorprendido y curioso.

Me atiende un alto empleado cortésmente. Le manifiesto mi deseo de mandar comprar algo para comer. Pone a mi disposición un hombre para ese objeto. No encuentra sandwiches en el barrio. Me trae dos panes y un poco de jamón.

Termino mi frugal almuerzo. Aparece otro hombre que me dice: "Tiene que pasar a ficharse". Otros formularios. Declaraciones, firmas, impresiones digitales de todos los dedos juntos de las manos, con algunas de llapa de los pulgares. Y ya estoy prontuario o algo por el estilo. Termino esa operación y me dice el empleado: "Puede lavarse las manos", y en otro pequeño patio encuentro una pileta con jabón de piso que se utiliza, entre otros, para ese fin.

Otro funcionario, también muy amable, de la misma repartición, me entera, por fin, de que estoy allí, a disposición del juez en atención a un artículo de un nuevo código que yo no sé si está en vigencia o no está en vigencia; pero que probablemente lo aplican con carácter de ensayo para comprobar el efecto que hace, tal como si se tratara de una vacuna. Se llama mi delito, atentato contra la integridad personal; esto es, el marchar a sesenta quilómetros es un atentado.

Y sigue mi cautiverio. Hay que esperar al Juez. Caigo, por último bajo su jurisdicción y... estoy en libertad. Si ustedes han tenido la paciencia de contar, ya verán que se han empleado unos veintidós funcionarios de la policía, del Municipio, de la justicia y del ejército, para atender mi caso. Y plenamente se justifica el aumento de la burocracia, y de las fuerzas organizadas si se quieren hacer bien las cosas.

Voy en el acto a visitar a mi amigo el caballero argentino. Me excuso. Le explico lo que ha pasado. Me dice que en Buenos Aires en un caso semejante le toman el número y le aplican una multa de veinte pesos. Natural que eso es muy sencillo; pero el hombre ve que aquí se han perfeccionado los métodos. Yo no insisto, no quiero avergonzarlo. Son muy patrioteros los argentinos, y a nadie le agrada que le digan que su país está atrasado en los métodos.

Y esta es la hora en que ando persiguiendo mi libreta que tiene veinte años de existencia, inmaculada de multas de esa naturaleza, antes de este desventurado incidente.

Nadie podrá negar la exactitud de lo que dejo escrito."

(El Plata, Setiembre 30 de 1937) (p.  65-69)



18. DON ELIGIO COMO FILOSOFO

Para terminar reproducimos tres reflexiones de carácter filosófico, si es lícito utilizar este término, ya que Don Eligio no se consideraba un filósofo 'profundo' sino un observador. Pero, al fin de cuentas, un buen observador no es, volens nolens, a menudo también un buen filósofo? Don Eligio cae por instantes, lo que le ocurre raramente, en un estado melancólico. Ver, por ejemplo, el comienzo del ensayo "El mendigo hechicero" que reproducimos en el capítulo 11. La melancolía es la enfermedad filosófica par excellence. Don Eligio recuerda también en este contexto a Tirso de Molina, y al Don Juan Tenorio de José Zorrilla  "que sólo salen a la luz en tan tristes fechas" es decir en la Semana Santa!

Melancholia
de Albrecht Dürer

Melancholia Dürer

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Melancol%C3%ADa


Don Eligio se parece mucho, en sus ensayos, a Michel de Montaigne.

Michel de Montaigne

Montaigne

Fuente: http://fr.wikipedia.org/wiki/Michel_de_Montaigne

La primera reflexión con el título "Es imposible escribir sin temas"  es una autoreflexión sobre el escribir mismo: no hay pensamiento sin objeto. En este ensayo cita Don Eligio a Gregorio Marañón (1887-1960) un famoso médico humanista español cuya obra "Manual de diagnóstico etiológico"  fue uno de los libros de medicina más vendidos en el mundo. Citamos de este sitio escrito por Juan Francisco Jiménez Borreguero (UMEM, Unión Mundial de Escritores Médicos). Ver también el sitio de la Fundación Marañón.

"Su actividad dentro de la sociedad, está marcada por los grandes ejes de su personalidad: la generosidad y el deber, y los de su generación: el espíritu de sacrificio y la pasión, lo que le llevó a implicarse, como a una gran parte de intelectuales, en el destino de España. Su prestigio como médico le valió para sensibilizar y convencer al Rey Alfonso XIII a fin de realizar un viaje, "a pie y a caballo" a la región más mísera de España: las Hurdes, lo que significó mejoras sociales inmediatas con la creación de un Patronato y el final de algunas enfermedades endémicas.
Mas tarde se imlicó también, tras las elecciones, junto a Ortega, Machado etc., en la llegada de la República, manteniendo en todo momento, desde su compromiso con la dignidad humana, una actitud crítica hacia los excesos de ambos bandos en el drama de la guerra civil, lo que puso en grave peligro su vida.
Durante su exilio por Francia y los países hispanoamericanos realizó numerosas conferencias (varias por día), además de artículos en periódicos, en este período así mismo verían a la luz nuevos libros, entre ellos el más importante de Medicina: Manual de diagnóstico etiológico.
A su regreso del exilio y "arropado" por el prestigio universal, prosigue su actividad profesional: se reintegra discretamente a la vida académica y social, "sin renunciar a su profundo liberalismo" y cultiva de forma fecunda casi todas las ramas del saber.
Su radical vitalidad hace que nada de cuanto le rodea le sea ajeno, además de su dedicación en "cuerpo y alma" a la Medicina, escribe sobre casi todo: historia, arte, la cocina, el vestido... etc.
Y analiza en sus obras, con un género literario singular e inédito, las grandes pasiones humanas a través de personajes históricos, la timidez en "Amiel", el resentimiento en "Tiberio", el poder en el "Conde Duque de Olivares", el donjuanismo en "Don Juan", etc."

Gregorio Marañón

Gregorio Maranon


Gregorio Marañón con Machado, Ortega y Gasset y Pérez de Ayala

Maranon, Ortega, Perez de Ayala, Machado


En su ensayo "Es imposible escribir sin temas" cita Don Eligio el aria del Chevalier Des Grieux del tercer acto, escena segunda: "Ah! Fuyez, douce image" de la ópera "Manon" de Jules Emile Massenet (1842-1912) estrenada en París en 1884. Escuchar la melodía aquí.

En el segundo ensayo Don Eligio discurre sobre un tema por así decirlo clásico para él, la virtud femenina.

Naturalmente que en el centro de estos (y de otros) ensayos está la figura de Cupido.

L'Amour victorieux
Le Caravage (1602–1603)

Caravage Cupidon

Représentation classique d'Éros/Cupidon
Fuente: http://fr.wikipedia.org/wiki/Cupidon

El tercer artículo trata de el tema de la filosofía moral: el libre albedrío. Ver también el ensayo "Tenacidad y audacia" que reproducimos en el capítulo 6.

¿Qué es el hombre? A esta clásica pregunta filosófica responde Don Eligio en su ensayo sobre la virtud femenina:

"El hombre, todos lo sabemos, es una mixtura, una aleación, un conglomerado, una combinación nebulosa de cualidades buenas y regulares, y rara vez encuéntrase huérfano de alguna malilla.
Nunca es del todo bueno, ni del todo malo.
Nadie puede decir exactamente qué se propone el Omnipotente cuando nos crea. Mas con toda evidencia, podemos afirmar que nosotros no hemos elegido nuestra inteligencia, nuestras disposiciones, nuestras pasiones, el color de nuestros ojos..."

Hoy podemos imaginarnos que gracias a la técnica moderna, sería posible elegir nuestra inteligencia, nuestras disposiciones, nuestras pasiones, el color de nuestros ojos... Si esto llegara a ser posible, ¿qué es el hombre?

El alquimista
de Joseph Wright of Derby (1771)

Wright alchemist

Fuente: http://it.wikipedia.org/wiki/Alchimia


Uno quisera seguir el ejemplo de Don Eligio y de tanto en tanto buscar un lugar ameno, junto al mar, rodeado de pínos "entre ondulados y níveos médanos" y dejar divagar al pensamiento sobre cosas de la vida que no sean "ni bufas ni trágicas" acompanañado no por la clásica lechuza de Atenea, sino por un dormilón criollo y siempre conscientes de que en el medio del idilio algo menos inspirador e imprevisto nos puede caer del cielo producido por otras aves.

Lo acompaña a Don Eligio un libro del ensayista y poeta Paul Morand (1888-1976), las "Fábulas" de Esopo y "una edición relativamente pequeña de un Diccionario Enciclopédico, báculo indispensable, preclaro y generoso de mi ignorancia". Es muy probable que el Don Eligio de hoy esté acompañado de algún que otro libro pero ciertamente lo está de un laptop con acceso a internet. ¿En estas nuevas circunstancias mediáticas, será capaz Don Eligio de producir ensayos de este calibre? ¿Y por qué no? Todo es cuestión de probar. Lo peor, tal vez, que puede pasar es que fracase. ¿Y, en ese caso, qué hacer? Déjemosle la palabra a Don Eligio:

"Recogí mis libros. Me levanté. Abandoné mi refugio un tanto humillado. Llamé al dormilón. Te dejo el sitio, le dije. Esta mañana ha sido un fracaso y una lección para mí. Te deseo mejor suerte, y hasta pronto.
Y esta es la hora en que reconstruyo este breve y sencillo episodio cómico-trágico de tan escabrosa realidad."



Es imposible escribir sin temas

Encuentro al Director de la revista por la calle, detiéneme y me dice: ¿No podría escribirme un artículo ameno, risueño, usted, novel escritor?

A mí me pareció que había exagerado un poco en eso de escritor, no obstante, acepté la invitación y le contesté que ensayaría.

Con esa ardua consigna, levántome temprano al día siguiente y a la costa a inspirarme. Cielo azul, mar azul. Una mañana de otoño, tibia, serena, sin pizca de viento. Tiéndome en la arena. Tranquilidad absoluta. Sólo agítabase el agua en la orilla, a la que llegaban, extendidas y perezosas, las olas de un pesado mar de fondo, que rompían uniformes, con el mismo estrépito monótono y sonoro. Una que otra gaviota destacba su blanco plumaje en el fondo azul, y planeaba, indolente, vagando, como mi pensamiento.

El Director habíame pedido una nota alegre, y yo no veía, en mi mente, sino ideas melancólicas, y en vano exprimíame el seso en estériles esfuerzos. Y ahora se verá lo que salió en ausencia del zumo risueño pedido. Unas pocas reflexiones que recuerdan cosas mías, personales, tan extrañas que jamás podré explicar.

No puedo ni debo ocultar, en primer término, que yo no soy un hombre uniforme, mentalmente, con una naturaleza íntima homogénea; por el contrario, al despertar, de mañana, preséntome con múltiples y opuestos aspectos, tendencias y matices. Debe ser el resultado de las digestiones, o de las indigestiones, no estoy bien seguro. Ahora están de moda las glándulas, todas las glándulas, las funciones fisiológicas del epitelio, y no sé qué más que provocan en nuestra psiquis derivaciones imprevistas y extraordinarias. (Entiendo que así lo sostiene Marañón). Sólo así me explico lo que a mí me sucede. Amanezco un día literato, otro tenor, tenorio, filósofo, pintor, político, poeta, dulce, agresivo, enérgico, modesto ambicioso, manfichista y qué sé yo.

Y aquí he descubierto dónde pueden revelarse, muchas veces, las verdaderas tendencias de un hombre, sus reales aptitudes, aunque fuerzas oscuras desarmen y tronchen, como acontece con frecuencia, con inexorable crueldad, nuestras más nobles aspiraciones.

Voy a hacer memoria de dos o tres casos realmente singulares en este sentido.

Hace algún tiempo, desperté, un día, lírico, dulce. Creo que había comido poco por la noche anterior, Una frugal ensalada de frutas. No podía causar este sobrio antecedente digestivo, sino una consecuencia artística y amable. Y, en efecto, al despertar, sentía en mis oídos ritmos, melodías, sinfonías sentimentales. Tírome de la cama tarareando el "Fuyez douce image" de Manón. Un poco gastado; pero inspirado y sentimental. Y al cuarto de baño a ensayar. Resulta allí la voz más bella y tiene más volumen. Me entusiasmo y levanto el tono a todo pulmón. Creo que tengo bastante oído y sentíame emocionado. Iba a repetir por quinta vez el ensayo, ya estaba perfecto, y siento que golpean la puerta con violencia. Era la mucama que me avisaba que estaba el señor Martínez. Voy en seguida, le contesto. Es la providencia que me lo envía, pensé. Mi querido amigo Martínez es un músico de primer orden. Lo voy a consultar. Podría yo llegar a ser un gran tenor. Salgo corriendo a recibirlo al vestíbulo, salúdolo, y antes que nada me interrumpe en seco, y me dice: te compadezco, querido: ¿Quién es ese bárbaro que rebuzna de ese modo? Me quedé helado, y como vivo en una casa de apartamentos, le contesté que no sabía, que seguramente devía de ser algún vecino. ¿Cómo explicar este exabrupto? Yo no lo sé.

No transcurrieron muchos días de este lamentable episodio, y sucede que, una mañana, despiértome tenorio. Algo así como Don Juan y Casanova. Yo creo que el origen de tanta exaltación amorosa debe encontrarse en esos menjunjes de cocteles que ha dado la moda, ahora, en hacernos ingerir, en todas partes, en generosas y repetidas dosis. Pues bien, entreabro los ojos, y en la penumbra del cuarto, paréceme divisar, sentado a los pies de mi cama, inmóvil y sonriente, la imagen real del malicioso e informal Cupido. Una aparición patente, impresionante. "Levántate, me dice, ya son las diez, vamos a ver a Aurora". Aurora es una divorciada, buena moza, cuarentona. E insiste: "Aurora te quiere. Además es un buen partido. Es cierto que no es del último modelo; pero ha sido bien cuidada, perfectas tiene todas sus piezas, todos sus dientes, pelo natural sin tinturas, ni una esmirala de válvulas, y con poco uso. Está claro que esto no se puede demostrar matemáticamente como si yo tuviera un cuenta kilómetros; pero yo estoy bien enterado y lo puedo aseverar".

Pareciéronme irrespetuosas y chocantes las apreciaciones de este Cupido moderno, que se expresaba, de tan delicada dama, como si se tratara de un auto de segunda mano; pero cedí dócilmente a la tentación, y me dije: vamos a probar, el que no arriesga no vence.

Arréglome con esmero; cuádrome delante del espejo a fin de darme los últimos toques; la punta del pañuelo a la vistaa; ladeo un poco más mi flamante sombrero de paja, y en marcha. Cupido me sigue.

Mora, esta dulcinea, en una quinta. Era cerca del mediodía. A distancia la percibí con una primita, en el portón, sonriente, frescachona, encantadora, en un marco de flores. Me entusiasmo, henchido, inflamado el pecho de gozo y de satisfacción. Sólo veía el cielo en aquellos ojos divinos. Menudeo el paso, y ya casi frente a ella, levanto el brazo para descubrirme y saludarla, y al punto tropiezo con una losa de la vereda que no había advertido levantada. Tremendo traspiés. Trastabilleo. Impulsado violentamente, doy tres o cuatro inseguros pasos. Congestionado por el esfuerzo y la cólera, paso como un bólido delante de Autora balbuceando un confuso bueos días. Cae mi sombrero de paja nuevo y emprende rodando como un disco, una marcha acelerada que me obliga a perseguirlo, mientras oigo, mortificado, detrás mío, el murmullo de una explosión de risas mal contenidas. Maldición... Cupido se había perdido de vista.

Y véase, ahora: despiértome otra vez, literato. Así como hoy, con tendencias serias y sentimentales, raro en mí. Como antecedente gástrico extraordinario, solamente recuerdo un suculento y copioso estofado con bastante cebolla. Escribo, esa mañana, una nota rebosando melancolía. La escena desarrollábase en un cementerio; pero no pude terminarla. Pasaron varios días y nunca se repetía esa sombría e indispensable disposición de espíritu. Por una singular coincidencia sucede que, al mes siguiente, se agrava una parienta y muere un amigo que me debía cien pesos. Extraordinaria y dúplice oportunidad. Cayó mi espíritu en un estado de melancolía tal, que me permitió, con tiempo sobrado, terminar lo que yo creo que puede llamarse una bella página sentimental.

Se la llevo al Director de la revista. La lee y me dice: es buena, está bien escrita, la vamos a publicar. Pasaron tres meses, y como la nota no se publicara, le pregunto: ¿Y la nota? ¡Ah, es verdad, aquí está, me contesta, y golpea con la mano una carpeta, "la vamos a publicar". Y nada durante otros tres meses. Vuelvo a interrogarle, y me dice: "Su nota, sí, el episodio aquel del cementerio, si, ya recuerdo, aquí la tengo, es muy triste, la vamos a publicar... en Semana Santa."

Me corté un poco, al momento, pero luego reaccioné, me acordé de Tirso de Molina, de Zorrilla, del Juan Tenorio, que sólo salen a luz en tan tristes fechas, y habrán tenido ellos también que resignarse. Pues pasó la Semana Santa y nada, tendré que esperar a la otra.

Sin una sola idea, y holgazán, con mi pobre pensamiento que seguía vagando melancólico, se acabó la mañana, y algo contrariado, regresé pensando: es imposible escribir sin tema." (p. 83-88)



Don Eligio discurre acerca
de la virtud femenina


El hombre, todos lo sabemos, es una mixtura, una aleación, un conglomerado, una combinación nebulosa de cualidades buenas y regulares, y rara vez encuéntrase huérfano de alguna malilla.

Nunca es del todo bueno, ni del todo malo.

Nadie puede decir exactamente qué se propone el Omniputente cuando nos crea. Mas con toda evidencia, podemos afirmar que nosotros no hemos elegido nuestra inteligencia, nuestras disposiciones, nuestras pasiones, el color de nuestros ojos...

Yo me imagino que todo está en nuestro origen, en la preparación inicial. Se me supone, con una fantasía asaz pueril, digna de un estudiante de preparatorio, que el Creador, tiene al alcance de su mano todos esos fluídos mágicos, todos esos elementos hipotéticos imponderables, en una serie de frascos, tal como el alquimista barbudo y misterioso rodeado de matraces y hornillos rojizos, en la penumbra de un laboratorio impregnado de ácidos y exhalaciones gaseosas.

Crea a una mujer, y nunca pudo hacerla de una prosaica costilla masculina como asevera la Biblia, habria sido muy sencillo, y para ello, el maravilloso taumaturgo, junta al azar y en arbitraria dosis, belleza, sensibilidad, memoria, inteligencia, alegría, sensualidad, simpatía, pudor, melancolía, criterio, gracia, snobismo, voluntad, egoísmo, gula, sentido religioso, rastacuerismo, romanticismo, tejido  adiposo para las rotundas caderas, color y sombras para los ojos, tinte para la cabellera, abundantes glándulas mamarias para los senos, y a la postre, todos los infinitos y complejos atributos indispensables para obtener una mujer completa.

Agita bien la mixtura, la echa en el absurdo crisol, que no puede ser otro que el que nadie ignora, y surge una mujercita, ser milagroso, ideal y contradictorio, cajita mágica de inesperadas sorpresas.

No creo que la virtud, casta ave féix, sea un atributo básico. No puede tener el mismo origen directo. Es una resultante que aparece, luego, de la combinación de esa mezcla confusa. Y todavía, y para hacer a la virtud más extraña, brota inopinadamente el azar, que acecha con situaciones siempre inesperadas, acompañado del encantador y traicionero sentimiento de la tentación; momento feliz de la tentación, sabroso y excitante titubeo que contraría, emociona y seduce, único impulso oscuro, que, en verdad, puede considerarse del manantial satánico.

Conocí a dos hermanas calcinadas en el mismo crisol, que tuvieron idéntica educación, crecidas en el mismo medio, y sin embargo, dos vidas radicalmente antagónicas las separaron.

Era, una de ellas, virtuosa, rígida, y la otra, un alegre y encantador diablillo.

Pasaron los años. No llegó a ser bella la primera y era insípida. Fría, con carácter y voluntad inflexibles. De un pudor excesivo. Sin elegancia. Colgábanle los brazos como postizos, de marioneta en reposo, de un cuerpo desgarbado, de unos hombros míseros. Había llegado a una edad en que las mujeres que ya no tienen nada que esperar de la vida, sin recuerdos gratos del pasado ni esperanzas en lo porvenir, agrias, se abrazan de la religión, se hacen beatas, y transportadas por la fe le piden al Todopoderoso que no las abandone en la otra.

Ya habían pasado para ella, sus mejores años, sin amor, sin ilusiones, intacta su virtud rígidamente blindada. Y sin la persecución de los hombres que la hicieran feliz y desgraciada, tuvo que soportar sus penas, su hastío, musitando plegarias interminables entre las paredes frías de los claustros sombríos.

Cruzó la vida sin riesgos. Satanás poco o nada tenía que hacer en ella. Fácilmente advirtió su aleación glacial. No se acerca a los témpanos. Desarrolla su acción nefasta en la zona tórrida. El fuego ardiente es su medio. Dedicóse a la otra que ostentaba todo lo que excita las pasiones en la vida. Bella como un ángel... Unos ojos brillantes, una alegría comunicativa. Cuerpo de Venus. Temperamento de fuego.

Y aquí, a no dudarlo, se le fué la mano al taumaturgo prodigioso. Y para mayor mal de sus pecados, voluntad escasísima, bondad infinita, y a todo esto, un abandono casi inconsciente, del que fácil presa supo hacer el ángel caído. Los hombres la persiguieron. La hicieron feliz y desgraciada. Y tuvo que sufrir. La sociedad no perdona.

Vaticinios de una vida eterna y dichosa pronosticaron para la virtud inmaculada, de la primera; censuras dolorosas y crueles recayeron sobre la segunda. Una mujer de mérito y otra desdeñable.

No quiero erigirme en acusador de responsabilidades de la vida. Sería enredarme en un laberinto de reflexiones del que sería incapaz de salir; pero me domina un invencible espíritu de piedad, de indulgencia, de simpatía para la pobre pecadora..." (p. 107-110)



Don Eligio y el libre albedrío

Engarzado en un arenal de la costa, existe un verde pinar encantador. Los pinos marítimos, ya crecidos, se agrupan y mézclanse en armónico desorden entre ondulados y níveos médanos.

Surgen, aquí y allá, apiñadas matas de junquillos que levantan en alto, con garabo, donosos pompones blancos.

Podríase, muy bien, si no fuera por la temperatura estival que se respira, creer que nos rodea un paisaje de nieve del Tirol, del Canadá...

Allí debajo de un grupito de esa adorable flora, tengo yo mi cueva.

Allí, tendido, paso algunas horas interminables, felices, y alterno un poco de lectura con divagaciones estériles de mi pensamiento.

Cuando me acerco, levántase refunfuñando un dormilón. Esa ave gris y nocturna. Parece que estuviera siempre cansada de volar. Siempre tendida en el suelo con sus alas desplegadas. No reposa jamás en los árboles. Vuela ocho o diez metros, y se deja caer otra vez rendida. Se aleja y yo ocupo el mismo sitio. Los dos descubrimos el mismo refugio.

El viento, sostenido, murmura entre la hojarasca. O más bien, parece que los pinos riñéranle al pasar. Pero ese ladrón astuto se burla de ellos, y corre incansable robándoles su aroma.

Allí la tranquilidad es ideal. Lejos de los ruidos mecanizados.

Del progreso, vestigios se advierten, es cierto. El hombre, con laudable espíritu, plantó esos árboles, que crecieron, luego a su capricho... y aquí se detuvo mi pensamiento.

Atrajo mi mirada la arena brillante. Acertó a pasar a mi lado una hormiguita negra, a la que yo con un impulso violento, perverso e inconsciente, maté, con mi talón, hundiéndola en la arena. Crimen y ocultación de la víctima simultáneos.

No sé por qué lo hice. Obedecí, sin duda, a un instinto atávico, tan inútil como cruel. El hombre es malvado y parece que no puede estar sin ejercitar su crueldad...

Fue el Destino y sus Parcas. Hay que ser fatalista, me dije.

¡Pero quién puede haber guiado mi acción y con qué objeto, para que muriera esa pobre hormiga, tan inútilmente!

Advertí en ese momento en mí una tendencia peligrosa de pensador con la osada pretensión de descubrir arcanos inviolables, cosa que quise contrariar enérgicamente, en el acto. Y razón tenía para ello, como se verá, un oscuro presentimiento me inquietaba.

Me recosté. Tenía tres libros al alcance de mi mano. Uno de Morand, las Fábulas de Esopo y una edición relativamente pequeña de un Diccionario Enciclopédico, báculo indispensable, preclaro y generoso de mi ignorancia.

Cayó en mis manos Esopo. Leí algunas fábulas que me causaron, como siempre, gratísima impresión. Pero era en vano, y no obstante haber leído a Esopo, sentía mi cerebro preñado de ideas.

Dejé maquinalmente el libro a mi lado, y mi frente, espejándose en el cielo, agitaba sus pensamientos inquietos, mientras mis ojos escudriñaban, con mirada obstinada las profundidades del firmamento. Fué un minuto solemne. Ardía el fuego de mi inspiración. Reincidió mi pensamiento. Recordé, de nuevo, mi inconsciente acción que le costó la vida a la hormiga, y me preguntaba: ¿quién puede sostener ese tan discutido dogma filosófico que admite la existencia del libre albedrío? Y...

Mas me sorprende, en ese instante, un pequeño choque extraño y húmedo en el medio de mi frente. Tuve la impresión de algo untuoso, tibio y frío al mismo tiempo. Pero en seguida me dí cuenta de la triste realidad.

Alguien había ubicado en mi pino protector, y en exacta línea vertical sobre mi cabeza, un pajarillo, que no debía ser muy pequeño, y que, tan inconscientemente como yo lo fuí al matar la hormiga, quiero esperarlo, dejó caer su injuria en el eje de mi potencial inspirador.

Nubláronse salpicados mis lentes y mi pensamiento.

La burla fué demasiado grotesca. Fué una ironía cruel. No eran por cierto gloriosos laureles los que pretendieron ceñirse en mis sienes ardientes. Comprendí, también, que después de leer a un clásico debía, yo, haber guardado un respetuoso continente. Pero al último, no sabía qué pensar y puesto que no había rebelión posible, me impuse una resignación heroica.

Recogí mis libros. Me levanté. Abandoné mi refugio un tanto humillado. Llamé al dormilón. Te dejo el sitio, le dije. Esta mañana ha sido un fracaso y una lección para mí. Te deseo mejor suerte, y hasta pronto.

Y esta es la hora en que reconstruyo este breve y sencillo episodio cómico-trágico de tan escabrosa realidad." (p. 117-120)


La edad en los hombres

Es un tema escabroso, áspero, para muchos; para mí, no tanto, y eso que desvanecidas en una bruma gris, vagas y remotas reminiscencias sepáranme de mi primera infancia.

En cuanto a la edad de los hombres, quiero referirme; porque  en lo que puede pensarse de la edad de las mujeres, mi divisa, es galanura e indulgencia. Cumplo acordándoles, con vivo agrado, una tolerancia de un tercio de la edad que tienen, cuando la necesitan; estimando que es la mínima merced que tiene derecho a exigir ese dulce sexo, animador adorable de nuestra existencia. Y con este sencillo expediente, cuando aparece el tema, las encuentro siempre jóvenes y bien dispuestas.
En tres etapas he pensado que se divide el recorrido incierto de la vida de un hombre. En tres tercios de venticinco a
ños cada uno.
Atribúyole, a la primera etapa, quince a
ños de semi inconsciencia, y diez de algún provecho. Los años poderosos, bulliciosos, opulentos, en los que se derrocha la vida y las energías. ¡Quién no tira su fortuna por la ventana a esa edad!
En la segunda etapa desarróllase la vida en todo su esplendor. El amor, la fuerza, las pasiones, las esperanzas, las ambiciones...
Adviértese, en la tercera, singular analogía con la primera, Concédoles diez a
ños tolerables, ya que en los últimos quince, copiosas y tenues cenizas sofocan las llama del amor, de la fuerza, de las pasiones, de las esperanzas, de las ambiciones... La antorcha, ya trémula, quiere extinguirse, parpadea, se estremece, con un resplandor incierto.
No he llegado aún a ese extremo; y todavía puedo pensar y actuar. Lo que no es poco, y disfruto de ese privilegio que nos acuerdan los a
ños: de la experiencia tardía.
Soy un hombre fuerte todavía. Soy lo que se dice, un hombre  conservado; pero ya sabemos lo que significa este lugar común tan justo y apropiado en estos casos. Su origen es la palabra "Conserva: Carne, pescado, legumbres, etc., que mediante una preparación especial se conservan mucho tiempo." Y, so, como muchos hombres, pertenezco a la primera clasificación, a la de la carne. Y es doloroso decirlo; pero la carne conservada no tendrá jamás el voluptuoso sabor de la fresca.
Además, mi experiencia y mi buen sentido, que aún no me abandonaron, me amparan de adoptar posturas inoportunas, que infinidad de hombres suelen exteriorizar, no exentas, muchas veces, de cómicas actitudes.
La falla fundamental de este error de apreciación, estriba en la excesiva miopía, en el desgaste de la vista. No nos vemos como realmente somos. Y reincido, haciendo causa fundamental de nuestro físico. La vida está, ante todo, en nuestra carne. Es la médula de nuestra existencia.
A la edad provecta de cincuenta a
ños no se percibe la realidad física como a los veinticinco. La lucidez de los ojos, los tintes firmes y brillantes de las poblabas cabelleras, la lozanía del semblante, las sinuosidades de las arrugas, la tez marchita por el desgaste... Para distinguir esas finezas en todas las etapas de su proceso, como lo alcanzan los dichosos que sólo pueden contar veinticinco años, tendríamos que ayudarnos apoyados en una lupa. Y qué triste decepción sería!
Y es forzoso pensar que así nos ven los jóvenes. Pero sin perjuicio de este juicioso razonamiento que me escuda lastimosamente, con no poca ironía, toques de atención que me conducen a la realidad de las cosas.
Cumplía, yo, un día, cincuenta a
ños. Sentíame fuerte y hasta gallardo. Me levanté, esa mañana, de buen talante. Veíame - sin lupa - con mi vista normal, de esa edad. Me encontraba bien, relativamente feliz. Y exclamé: ¡Estas cinco décadas no han dejado grandes rastros en mí!  ¡Me siento jóven! Y en seguida se anunció el Destino travieso, con una jugarreta imprevista y burlona.
Pone en mis manos, ese mismo día, una comedia de la Ilustración Francesa. No recuerdo el nombre ni hace al caso. Abro la primera página. Se describía en ella, el proscenio del primer acto. "En París, el Café de la Paix. A esa hora desierto y en silencio. Sólo se ve la cajera en su pupitre. Un mozo recostado en una puerta. En una mesa una se
ñorita, y en otra, solitario, leyendo un periódico, "un vieux monsieur de cinquante ans". Un viejo señor de cincuenta años!
No seguí leyendo. Busqué al autor de la comedia. Encontré su retrato. Era un hombre muy joven. Evidentemente podría apreciar las realidades de la vida sin lupa.
Quedé pensativo, con una sombra de melancolía. Ya miraba mi existencia con distinta apreciación. Pensé en el pasado con tristeza, en el presente con bastante indiferencia y en el porvenir con alguna inquietud.
Pero ese estado de ánimo fué fugaz; pasó, y pasó rápidamente. No le guardé rencor a esa divinidad ciega e impía. Supe olvidar y olvidé. Y transcurrieron, después, algunos a
ños sin cambios muy visibles de decadencia en mi persona. Alimentando, siempre, cierto optimismo. Conservando mi identidad física, sin enfermedades. Llega en ese período una hija mía, a darme una nietita. Olguita. Me llaman abuelo. Se hace chacota del advenimiento.  ¡Y qué tiene, si soy el mismo! No veo diferencia alguna. Así razonaba. Y aquí se anunció, de nuevo, el Destino, con un llamado mordaz a la realidad, refrenándome por contumacia.
Visitaba, yo, una sobrina, que tenía una hijita de tres o cuatro a
ños. La saludaba prodigándole algunas caricias. La niña, algo huraña, no contestaba. Entonces, la madre, para animarla, le dijo: "No conoces a este señor?... ¡Si es el abuelo de Olguita!"
La exclamación no podía pasar inadvertida para mí. Yo me veía, yo, con un bastoncito, caminando encorvado. Reaccioné impulsivo.
¡Erguí mi cuerpo airado! ¡Pero si no puede ser! Si es ridículo lo que dice esa señora! Era esa la voz interior de la protesta de mi inocente engaño... Vana rebeldía... Ya se habían manifestado con ingenua evidencia los hechos... Para alguien ya era "El abuelito de Olguita".
Enero 29. - Regreso de una estancia. Evoca mi memoria el singular desenlace amoroso en la vida de un vecino, que yo ignoraba hasta hoy.
Se trata de un hombre que cuenta ahora setenta y cinco a
ños y que había vivido, en su campo, toda su existencia, hasta hace un lustro, solitario como un ermitaño. Jamás nadie conoció ni vió mujer alguna en sus dominios.
Al cumplir los setenta, teniendo en cuenta su edad ya algo avanzada, intervienen los hermanos y lo convencen de que tome a su servicio una mujer. Le llevan una vieja. El paisano no congenia con ella y la despide. Se comprende.
Insiste, la familia, y le llevan una jamona bastante más joven.
Con miras al porvenir - el hombre es rico - cuida, esta última, amorosamente a su amo; y para mejor atenderlo, lleva consigo una jovencita de diez y seis a
ños.
Poco tiempo después, despide el viejo a la jamona, y esta es la hora en que dos nenitos alegran los ranchos cantando su inocencia con ruidosa algarabía.
Pues bien: Yo siento, ahora, que ceden los cimientos y vacilan confusos mis juiciosos, melancólicos y crepusculares razonamientos sobre la edad en los hombres.
Estoy desorientado. Y no sé qué pensar...
¡Pero, libre de todo prejuicio, es menester convenir, que aún existen máquinas nobles!" (p. 77-82)


Vagando por la ciudad

La fantasía popular, o más bien, la fantasía comercial, nos obsequia frecuentemente con ocurrencias extravagantes y caprichosas.
La necesidad, entre otras, imperiosa y placentera, que nos ha impuesto la naturaleza de comer todos los días, aguza el ingenio de los hombres que lo ponen de manifiesto bajo múltiples aspectos.
Sería infinito el análisis de esos particulares; no voy a referir grandes cosas; pero quiero se
ñalar algunos inspirados casos que el azar y la observación brindáronme en esta risueña metrópoli de Montevideo.
Salí de mi casa, a paso lento, en una ma
ñana templada de esta primavera, mirando inocentemente los verdes retoños de los  árboles que bordean las veredas. Mi mirada, algo vaga e indiferente, en esa proyección elevada, enfoca, de pronto, una insignia que decía: "El Mago de la Lustrada".
El título me pareció sugestivo, y yo que siento una inclinación decidida por la magia, la alquimia y por todas las cosas extraterrenales, que hieren y agitan mi imaginación, y que tenía, además, en ese momento, los botines bastante sucios, me precipito en ese antro fabuloso.
Como cualquiera habrá podido advertir, se trataba solamente de un modesto salón de lustra botas.
Miro con curiosidad. Inquiero por el nigromante. Quería verlo. Quería oírlo. me contestaron que no había tal mago ni nada parecido. que el supuesto taumaturgo, era un sujeto negro y estafador que sólo había demostrado su poder sobrenatural haciéndose humo con el cajón del mostrador llevándose toda la moneda.
Era, para mí, un caso de magia ordinaria y vulgar, que me causó una amarga decepción, que no valía la pena analizar, y resolví seguir mi camino, previa una lustrada de botines que se llevó a cabo correctamente, mientras me relataban ese lamentable episodio.
Y en marcha, pues, de nuevo, y con la vista siempre en alto, y sin haber recorrido gran trecho, advierto otro letreto que me pareció un monumento. Decía así: "La Catedral de las Camisas".
Ese título es prodigioso. Concebir uan catedral para las camisas, tiene queser un caso único en las historias de las catedrales y de las camisas. Sólo una impetuosa vocación camisera puede inspirar semejante extremo.
Quise investigar. Quise conocer el digno pontífice de ese templo. Quise ver el ábside, el arco triunfal, las naves, la majestad conmovedora de la basílica. Quería recogerme en la penumbra, en el silencio, respirar el aire frío. Sentir esa tranquilidad, esa beatitud que nos invade en presencia de las imágenes sagradas.
Pues nada de particular. Otra decepción. Una tienda peque
ña atestada de camisas, Mucho olor a zaraza. Ni la imaginación prodigiosa de Don Quijote, ni la de Ariosto habrían transformado a ese respetable comercio en un templo sagrado. Naturalmente, yo ya estaba adentro. No sabía qué hacer. Decidí comprar una camisa por dos noventa y cinco, muy bonita, y aquí me tienen de nuevo en la calle con un paquete debajo del brazo.
Y adelante.
¡Y con qué me he de topar! Con otro raro anuncio que dice: "Guarda Polvos Marca Seis Dedos". Se ve una mano pintada con seis dedos. Otro fenómeno. No muy extraordinario, si se quiere, como fenómeno anatómico; pero como reclame de seguro no muy común.
La naturaleza caprichosa y pródiga, pensé, habrá adjudicado a ese buen hombre, en una mano, un dedo de más, y el espíritu sagaz se reveló en ese digno comerciante. Explotó su defecto físico, si así puede llamarse a ese excedente, para llamar la atención en su fabricación de guardapolvos. Podría pensarse que los guardapolvos fabricados con un mano de seis dedos son superiores a los hechos con cinco, y seto sería una ventaja. Quise comprobar la exactitud del caso. Hice una inspección ocular brevísima, compré un guardapolvo, no ví el fenómeno, y me alejé pensando que la aplicación de ese miembro en cualquier actividad violenta de la vida lleva un regargo del veinte por ciento, lo que no es poco.
Y ya me encuentro de nuevo en la calle con dos paquetes.
Pero era el día de las sorpresas, no había duda. Otro letrero original me impresiona. "Calzoncillos Marca El Hornero". Se refiere al pajarito que está pintado sobre un palo de teléfono.
Yo me pregunto: ¿A quién se le ocurre, se
ñor, semejante enormidad?
El hornero es un pajarito de color suave, alegre, delicado; con un canto original, voluble y ligero cual el inquieto motivo de la casquivana Musetta de La Bohème.
¿Cómo es posible asociar la idea de esa ave tan delicada y poética a la más prosaica de las prendas íntimas de vestir de los hombres?
Sólo podría justificarse el caso, si tuvieran algo muy extraordinario. Pues nada se
ñor. Un vulgar calzoncillo, como puedo comprobarlo, con el que compré por uno veinte, que constituyó mi tercer paquete.
Había resuelto regresar a mi casa, cuando advierto esta insignia:
"El Primer Rey de la Ca
ña".
Y quién no se impresiona con semejante letrero!
Una monarquía alcohólica y alcoholizante incorporada a esta libérrima república.
Me tiro del autobús. Penetro en ese austero reinado. Aquí también quería conocer al magno monarca, Primer Rey de la Ca
ña, fundador de esa ilustre dinastía.
Era un bar con emanaciones violentas. Los súbditos bebían tranquilamente. Yo no tuve el coraje de hacerlo y pagué mi tributo comprando una botella de ca
ña. Y en este, como en los otros casos, la fantasía de la leyenda había superado a la realidad de su objetivo; y eran las doce, cuando yo, con la cabeza gacha, meditaba en silencio.
¿Cómo poder explicar mi ilógica y casi inconsciente actitud, cuando me encontraba cargado con cuatro paquetes de cosas dispares que no pensaba comprar ni necesitaba?
Pues sólo en las altas regiones de la filosofía se revelan claras las razones de nuestros actos más o menos inconscientes: y no tardé mucho en despejar mi enigmática situación recordando el sutil raciocinio de un talentoso psicólogo que dice así: "El entendimiento se esfuerza en recortar la vida dentro del marco de sus categorías lógicas, y cuando pretende tenerla asida, ella le obliga a obedecer a sus mandatos supremos. Los pensadores piensan a la vida y la vida se vive a sí misma gobernada por potencias extrarracionales".
Era evidente. Yo había obedecido, en esa ma
ñana, a los mandatos supremos y a las potencias extrarracionales, los que, acompañados de algunas ligeras reflexiones mías, hiciéronme brillar los botines y regresar a mi casa cargado con cuatro paquetes de cosas imprevistas que no necesitaba." (p. 151-156)





Citamos a continuación textos publicados en diarios con motivo del
fallecimiento de Juan, Rafael, así como de Haroldo Capurro Ruano
y su esposa Elida Etchegaray
reproducidos por su hermano Federico E. Capurro Ruano
en su libro "Una Memoria Más 1948-1968" (citado anteriormente)
(ver el sitio Juan Bautista Capurro)

UnaMemoriaMas 18-19


Una Memoria Mas pag. 20-21

Una Memoria mas pag. 22-23


 

Una Memoria Más 1948-1958
pág. 289

 Junio 12, 1958

Muere mi cuñada Elida Etchegaray, viuda de Haroldo.  Espléndida mujer en su juventud, que se conservó bellísima y santa mientras vivió su esposo.  El desapareció hace un par de años.  Elida o Minguita, como todos los familiares la llamaban, fue entonces dejando de mostrarse tan bella, pero siguió siempre santa. El mundo se había extinguido para ella. Su mundo era Haroldo.  Y no quiso vivir.  No se suicidó, pero se dejó morir.  Aun tuvo aliento para admirar a sus siete hijos, cinco varones y dos mujeres, conjunto de singulares valores morales aparejados a favorecidas presencias físicas.  Y adoró a su treintena de nietos.  Por todos ellos Elida admitió que su vida se prolongara un tanto; pero sobre los afectos presentes iban triunfando los hondos, los inmutables recuerdos.  Ella había de irse al lado de Haroldo.


 




IV. CAPURRO Hnos.

MARIO Y EDUARDO CAPURRO ETCHEGARAY

En esta sección presentamos en primer lugar un informe publicado en "El Observador Agropecuario" viernes 20 de setiembre de 1996, p. 12. (Enlaces) seguido de fotos de la Cabaña "EL AGUARÁ"  (Dpto. Durazno) de sus fundadores, Mario y Eduardo Capurro Etchegaray.

Mario y Eduardo Capurro adquirieron en la década de 1990 el campo "Rincón de las Mulas" (Dpto. Río Negro) y agrandaron la sociedad. Ofrecemos el texto de un folleto con el título "50 años criando Corriedale" que se publicó con este motivo.

Luego reproducimos un texto redactado por Mario Capurro Etchegaray con el título "Memorias. La transformación de las ovejas en el Uruguay". Sobre este tema ver el trabajo de Magdalena Bertino y Héctor Tajam  "La ganadería en el Uruguay 1911-1943" (2000).

Finalmente transcribimos una entrevista (no publicada) que le hizo María Frick Capurro a Mario Capurro Etchegaray en 1996 sobre su trabajo en el Ministerio. María Frick Capurro es nieta de Raúl Capurro Castells y de Irmgard Stemmer. Sus padres son Carlos Frick Iewdiukov y Magdalena Capurro Stemmer. Carlos Frick Iewdiukov es hijo de Carlos Frick Davie - quien fue Ministro de Ganadería siendo Mario Capurro Etchegaray Sub Secretario -  y de Xenia Iewdiukow.

I. Informe

II. 50 años criando Corriedale

III. Memorias

IV. Entrevista




Uruguay




I. INFORME

"El Aguará"  obtuvo el Gran Campéon Corriedale



"Han respetado una línea de trabajo en más de 50 años de sociedad y ahora consechan los merecidos lauros. Es que los fundadores de "El Aguará", don Mario y don Eduardo Capurro, tienen bien claro cuál es el objetivo de la cabaña. Superados ya los 15.000 tatuajes registrados, saben que vendrán muchos más, porque sobre todo han sabido imprimir a sus hijos su misma "afinidad por las ovejas".



Un camino de 50 años al servicio del
mejoramiento genético del Corriedale



por Lucía Viana

de la redacción de "El Observador"


Gran Campeon Corriedale 1996

(Foto de F. Gutiérrez. Subtítulo: "La mejora del Corriedale es una pasión familiar"; en el centro de la foto don Mario y don Eduardo Capurro)


El Gran Campeón

Nombre. Aguará 4747
Premios anteriorers. Reservado Campeón Borrego en la Expo Prado 1995. Campeón de Res Carnicera en Expo Prado 1995.
Peso vellón. En Expo Prado 1995, 8,5 kg (con media lana)
Flock Testing
Peso de vellón sucio: 129%
Peso de vellón limpio: 121%
Peso de Cuerpo: 21,81% (sobre el promedio)
Largo de Mecha (en cm): -0,38 (sobre el promedio)
Diámetro (en micras): + 0,95 (sobre el promedio)



La cabaña 'El Aguará' fue fundada en 1941 por Mario y Eduardo Capurro a partir de 220 ovejas puro por cruza. Si bien el comienzo fue en el campo del padre de los hermanos Capurro ('La Pastoral'), Haroldo Capurro, ya al poco tiempo "nos instalamos en un campo nuestro al que llamamos 'El Aguará', en el departamento de Durazno" cuenta don Eduardo reviviendo los primeros años de la prestigiosa cabaña Corriedale. Dos años más tarde la cabaña compró un lote de 15 ovejas y 10 borregas pedigrí, de la cabaña 'La Rábida'.

 

Sin embargo, recuerda entre risas don Eduardo, el primer accidente no demoró en venir "cuando una de las borregas recién llegadas se cayó a uno de los pozos que habíamos cavado para hacer los bretes de la estancia". Este fue el origen de la cabaña y desde aquel entonces a la fecha 'El Aguará' no volvió a comprar vientres pedigrí. Pero Mario y Eduardo siguieron apostando a la raza y desde hace ya varios años encarneran mil vientres pedigrí por año.

 

Durante todos estos años, 'El Aguará' encaró la evolución de la cabaña manteniendo los "principios básicos" de la raza: 50% producción de carne y 50% de lana.

 

Objetivos del mejoramiento

 

"Trabajamos para aumentar la cantidad y calidad de la lana así como el peso y las condiciones de la res carnicera, y creo que lo hemos logrado", reflexiona don Eduardo. "Para conseguir los objetivos en 'El Aguará' creemos que hay que imprimir caracteres similares en todo el plantel de ovejas", dice don Mario, porque "los hijos que van naciendo no son sólo hijos del carnero padre sino también de las madres, por lo que hay que procurar la uniformidad del plantel de ovejas". Mientras esto no se logre "será muy difícil obtener producciones parejas", reafirman los Capurro.

 

Con el tiempo, los objetivos de corto y mediano plazo de la cabaña en cuanto a producción fueron cambiando, en la medida que las pautas iniciales en cantidad y calidad de lana se fueron cumpliendo. 'El Aguará' comenzó entonces a recorrer el difícil camino de la "conformación". "Tantos años lleva alcanzar las metas deseadas en este sentido", sostiene don Mario, "que recién ahora estamos logrando aquello que visualizamos 50 años atrás: grandes esqueletos con grandes masas de carne, conservando las características del vellón".

 

'El Aguará' mantendrá el carnero Gran Campeón para uso propio, en lo que los hermanos Capurro consideran "una apuesta al futuro".

 

La cabaña ha comprado en su historia muchos carneros, tanto de cabañas nacionales como de Nueva Zelandia y Australia. Entre los carneros de mejor producción se destacan Strathblane, Collie Hills, Conniston, Cliffton y Chispa de Marybetty. Cuando uno compra un carnero debe tomar en cuenta que sus hijos con el plantel de ovejas producirán una dispersión, "porque es la introducción de una sangre nueva", dice don Mario.

 

Pero lo que en definitiva se juzgará de ese carnero es su capacidad para transmitir a un "buen porcentaje" de sus hijos, dentro de un grupo reducido de madres, aquella cualidad para la cual él fue adquirido.

 

Una vez que la cabaña alcanza ese objetivo el carnero queda rlegado en favor de sus hijos, que trabajarán en todo el plantel procurando imprimir el mismo carácter.

 

Esto hace que si bien un determinado carnero puede ser muy importante, mucho más aún lo es el sistema empleado, "que no se basa en la producción de un padre, sino que utiliza a muchos padres".

 

Todos los años se renueva el 50% de los carneros utilizados el año anterior y cada carnero trabaja en la cabaña no más de dos años.

 

El porqué, a juicio de don Mario, es sencillo. Para progresar hay que hacer una apuesta al futuro, dice, y "en la medida que se renueven más rápidamente las generaciones, más rápida será la evolución genética lograda."


La cabaña, la familia y los grandes premios


Don Mario (79 años) y don Eduardo (76 años) Capurro son ingenieros agrónomos y "jamás" en más de 50 años de sociedad han tenido, según cuentan, una "discusión seria". "Siempre respetamos algo para la cabaña: cuando producimos un carnero muy bueno, si uno de los dos quiere guardarlo, así se hace. Siempre nos pusimos fácilmente de acuerdo y las nuevas generaciones también lo hacen "porque comparten una enseñanza y una afinidad muy especial con la oveja".

Si bien todos intervienen de alguna forma en la cabaña, se destaca la participación de Martín Capurro, administrador de 'El Aguará', Alvaro Capurro, en Río Negro y Gabriel Capurro contribuyendo en la selección de carneros padres. Pero cuando las opiniones están divididas, entonces "alguien decide y en éste caso somos nosotros", dicen los fundadores de 'El Aguará'.



Premios importantes


'El Aguará' logró en la presente
Expo Prado el premio a gran campeón pedigrí y primer premio borrego. A su vez, el gran campeón fue premio a la mejor cabeza y a la mejor pareja de vellones hijos de un mismo padre, mientras que el borrego obtuvo el premio al mejor tren posterior. En 1992 la cabaña estuvo presente en El Prado con el reservado gran campeón, Aguará 2693.


En 1994 obtuvieron el reservado campeón borrego, repitiendo el premio en 1995 con el mismo carnero, que en ésta oportunidad fue premiado gran campeón. En la prueba de progenie organizada por el
SUL y la Sociedad de Criadores de Corriedale, Aguará 2746 resultó primero en porcentaje de animales superiores, en resistencia genética a los parásitos gastrointestinales y en largo de mecha, y cuarto en peso de vellón limpio."




Cabaña "EL AGUARÁ" 

Capurro Hnos.


Aguara


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Don Mario y don Eduardo trabajando

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Don Mario

Mario Capurro


Don Eduardo protegiendo su cabeza de los rayos solares

Don Eduardo


Don Mario en los bretes

En los bretes


María Cristina Alvarez de Capurro, Dora Varela de Baethgen
Annette Fiek de Capurro, don Eduardo
en el "Aguará"

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II. "50 años criando Corriedale"


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Andres Capurro Alvarez




III. MEMORIAS

LA TRANSFORMACION DE LAS OVEJAS EN EL URUGUAY


Memorias de Mario Capurro de lo visto y actuado como Ingeniero Agrónomo, como experto, como productor, como cabañero.


por


Mario Capurro Etchegaray



En el a
ño 1940 entré a trabajar como técnico de Mejoramiento Ovino lo que me permitió apreciar, contribuir y seguir la transformación de las majadas del país.


El cambio fue un esfuerzo importante realizado por los productores y técnicos y que lamentablemente se perdió en gran parte al achicarse el stock por la disminución de las ovejas como resultado de los bajos valores de la lana. Creo que vale la pena recordar el extraordinario cambio que se realizó con el acuerdo y esfuerzo de todas las partes interesadas. Resultó importante la atracción y el cari
ño especial que tenía el productor por la oveja que probablemente provenía de su origen vasco.


El país en aquellos a
ños empezó a llenarse de lanares, resultado de los valores de la lana en donde los recursos provenientes de la misma aseguraba un buen negocio a la explotación. Fue así que con el deseo de mejorar las ovejas se importaban carneros para mejorar, dando como resultado un gran entrevero de razas sin un programa establecido, con una extraordinaria variación en los tipos de los animales y de la lana. También se traían planteles de distintas razas que a su vez producían carneros que actuaban en las majadas como criadores. Se encontrabanlos planteles de Merino que tenían alguna preferencia dando por resultado la oveja cruza amerinada. También se traía Romney y Lincoln para conseguir más tamaño. Así fue que los productores cruzaban las ovejas con el interés en mejorar y seguir su apreciación de agrandar el tamaño o afinar la lana.


Pero se hacía necesario un cambio importante en la producción ovina, por ello nació la gran idea del Mejoramiento Ovino. Lo primero era orientar y organizar las majadas generales y para conseguir este objetivo había que entrar en la clasificación y orientación de los reba
ños generales; el segundo paso era conseguir un buen adelanto en el uso de los buenos carneros. Para poder realizar un programa que abarcara toda la producción, fundamentalmente, se necesitaba expertos. Los técnicos tenían que tener una buena preparación y a su vez adquirir un gran criterio práctico y una forma de actuar que atrajera la simpatía del productor para aceptar sus criterios y la orientación; en concreto que le inspirase confianza. Se trataba de formar hombres capaces de interpretar que se estaba pensando para llevar a la práctica un gran cambio en el manejo de las majadas. Necesitábamos por tanto técnicos que no fueran a imponer sino a convencer y a demostrar con hechos la conveniencia de aplicar criterios prácticos de acuerdo con el productor. Los técnicos tenían que tener mucha experiencia de brete, de manera que no solo el productor los respetase por esta condición sino además por su experiencia práctica. Se necesitaban además muchos clasificadores si se querían cambiar las ovejas del país. Para resolver este problema se los tenía que ir formando, lo que se consiguió, haciendo que los aspirantes salieran de compañeros con expertos experimentados. Los primeros maestros fueron técnicos, prácticos, conocedores del campo. Había buena disposición del productor para con los técnicos que siempre fueron bien recibidos como un amigo.


Indudablemente lo más duro fue el trabajo práctico en los bretes en vista de la clasificación. El poder comparar lo aceptado con el refugo y mostrar las razones por las cuales se rechazaba un animal y explicar y mostrar el porqué no había que aceptar ciertos defectos que presentaban algunos vellones y que disminuirían la calidad y por lo tanto el valor del lote de lana. Se trataba de convencer al productor a valorar este trabajo.  El apartar un animal no sólo tenía relación con la belleza sino que estaba fundamentalmente relacionado con el valor de la producción, ya fuera lana o carne, por la calidad o la cantidad, es decir buscando incrementar el beneficio.


Permítaseme citar una anécdota que me viene a la memoria: En una oportunidad me tocó ir a un establecimiento bastante modesto, en donde había dos majadas que presentaban en buenas condiciones. Después de hacer el trabajo y dar las explicaciones correspondientes a los problemas y bondades de las ovejas, entramos en otros temas y me enteré que el padre y el hijo ocupaban el mismo campo aunque cada lote de los animales tenía su due
ño. El hijo buscaba independencia ya que hacía poco se había casado y no estaban muy conformes viviendo todos juntos, por lo tanto se estaba construyendo otro rancho en el otro extremo del campo. Entre charla y charla me convenció para ir a ver la nueva construcción. Así fue que fuimos y vi las bases de la obra, me enteré que no tenía recursos para continuar y no tenía como conseguirlos. En el momento pensé en lo bien que estaba todo, que era ejemplar y por lo tanto yo le podría dar una mano para conseguir los recursos que le permitieran terminar la obra. Fue así que me comprometí a hablar con el gerente del Banco República y que él fuera después a preguntar por el resultado de mi gestión. Tuve suerte ya que el gerente era un excelente persona, me prometió, que él solucionaría todo. Nos fuimos continuando la gira y recién al año siguiente volvimos a un exposición de la zona. Fue grande mi sorpresa cuando me encontré con el productor que no dejaba de agradecerme, ya que había podido solucionar todo y que deseaba recibirme en el rancho nuevo con un asado. Comimos el asado y nos volvimos a ver en años posteriores.


Los productores que aceptaban o solicitaban la visita del experto por lo general buscaban el mejoramiento de la lana. Durante la clasificación conversaban dando su opinión o requiriendo la opinión del técnico y apreciando el resultado del trabajo. El criador se iba capacitando y él mismo hacía el trabajo y presentaba a la venta lotes clasificados. Sin duda el trabajo en los bretes fue la base indiscutida. Facilitó la creación de un criterio uniforme y positivo que, al difundirse, obtuvo el mejoramiento y cierta uniformidad en las majadas del Uruguay. La preparación del cuerpo de técnicos fue un problema que requirió bastante tiempo ya que se consideraba importante que tuvieran una base práctica y un criterio similar, lo que permitiría conseguir animales relativamente mejores. Cuando empiezan a actuar los expertos, encuentran ovejas de todo tipo, con grandes variaciones en la lana. Existía entre los productores deseo de progreso, de cambio, que se traducía en algunos casos en la cría de planteles de distintas razas con el interés de producir carneros mejoradores de las  crías y con ello el mejoramiento de sus ovejas. Como había intereses por varias razas, encontramos en el Uruguay el Merino Rambouillet, el Romney, el Lincoln, también algunos Hampshire y, al final, aparecen las razas más modernas como el Ideal, el Merino Australiano y el Corriedale.


Recuerdo que en una gira para clasificar majadas en el departamento de Flores fui a visitar una majada que tenía fama de buena. El productor era muy prolijo en el cuidado de sus ovejas. Nos tocó un día de llovizna no muy agradable para trabajo de bretes. El due
ño prefería clasificar en corrales bastante grandes dejando los bretes chicos para trabajos menores. Allí fuimos haciendo la clasificación por tipo y el hombre muy interesado siguiendo mi trabajo y preguntando las causas de los rechazos. Fue un trabajo lento bajo aquella llovizna y algunos que nos acompañaban quedaron afuera admirados de mi paciencia. Así clasificamos todas las ovejas que tenían muy buen estado que me llamaban la atención. Al final del trabajo el productor me preguntó que impresión me producían sus ovejas. Mi respuesta creo que fue sincera y clara: era una buena majada, que me llamó la atención por su excelente estado, pero encontraba ovejas inferiores entreveradas en un conjunto de buenos ejemplares, donde, a mi criterio, no debían estar. Sin embargo lo que me llamaba la atención era el muy buen estado de los animales. Conversando sobre temas ovinos me dijo que el estado de sus ovejas era famoso y que él hacía un manejo especial para conseguir esos resultados. Le pregunté cuál era ese manejo y me contestó que era muy simple su sistema. No le echaba carneros a las ovejas paridas y en borregas esperaba a los 4 dientes. Me preguntó que opinaba. Le contesté que si lo que le interesaba era tener ovejas gordas, el resultado era bueno, lo estábamos viendo, pero que desde el punto de vista económico y de producción yo creía que era un desastre. Empezamos a intercambiar ideas y me pidió que le explicara mi opinión. Le dije que con mucho gusto pero que en los bretes iba a resultar muy incómodo y muy difícil demostrarlo, sería mejor con una mesa y así lo hicimos. El criador quedó no solo convencido, sino también agradecido. Años después nos volvimos a ver y recordamos aquél día de trabajo.



Mejoramiento Ovino


Un grupo de productores, comprendiendo el avance de la producción así como la necesidad y la complejidad de realizar un mejoramiento de las ovejas en el Uruguay, formaron la Comisión de Mejoramiento Ovino. Su objetivo fue de intercambiar ideas sobre distintas medidas que se pudieran tomar para mejorar las majadas, considerando la clasificación de las ovejas generales. Se pensó que el mejoramiento se conseguiría con el uso de buenos carneros y cuando los criadores comprendieran la importancia de mantener cierta uniformidad, es decir de no usar animales de varias razas. El primer paso para el mejoramiento de las majadas se produciría por la selección y eliminación de animales defectuosos. Pero una transformación importante sólo se conseguiría con el uso de buenos carnernos mejoradores. Planteado así el problema tenía que enraizarse la producción, es decir la formación de buenos planteles controlados. Vista así la situación, se requería en primer lugar la disposición de suficientes técnicos para inspeccionar todos los planteles del país y el mayor número de majadas. Fue así como los primeros expertos fueron formando otros. Esto se consiguió llevando en las giras de inspección a técnicos interesados en capacitarse. Se fueron formando expertos, lo cual llevaba por lo menos un a
ño de preparación de recorrida por el país.


Así fue como Mejoramiento Ovino preparó los hombres que fueron a recorrer el país seleccionando majadas, planteles y lo que resultaba muy importante, las producciones. De esta forma los animales aceptados de los planteles se marcaban con un tatuaje en la oreja para reconocerlos como aptos y aconsejados para el mejoramiento. Este tatuaje llegó a tener especial importancia ya que en la venta de carneros en las exposiciones, los mismos tenían una prima a cargo de Mejoramiento Ovino. De esta manera los carneros tatuados fueron preferidos por los compradores.


Creo que tiene interés conocer quienes fueron los primeros expertos que realizaron este trabajo, el cual los obligó a recorrer todo el país y revisar gran cantidad de planteles y majadas. Es bueno recordar que los viejos tiempos no eran siempre de placer, que las grandes distancias se hacían en ferrocarril y después, para llegar al establecimiento, se convenía con los due
ños cualquiera fuera la locomoción disponible. Las condiciones para el trabajo no siempre eran las más apropiadas, pero no hay duda que se fueron venciendo las dificultades y el trabajo se realizó en todo el país.


Técnicos de los primeros tiempos


Juan Schaunchte fue el primer técnico nombrado en 1936

Carlos Fonseca 1936
Carlos Silveyra 1937
Carlos Pereira Iraola 1939
Alberto Oyama Acosta 1939
Alberto Dighiero 1940
Mario Capurro 1940
José María Rodriguez Escalada 1940
Miguel Elhordoy 1940
German Staehle
Mario Irazábal
Alberto Cayssials
Gilberto Pareja Pi
ñeyro
Luis López Videur
Raúl Arocena
Emilio De León
Humberto Iraola
Juan P. Barsiola
Luis Daniulat
Washington Trujillo
Nicanor Comas



Ver: Sociedad de Criadores de Corriedale del Uruguay (SCCU) (desde 1935)




Inspección de los planteles de las distintas razas


No resultaba fácil inspeccionar planteles de las distintas razas que no eran muy conocidas por el técnico, donde siempre algo podíamos apreciar analizando las conformaciones y la lana. Recordamos el Merino Rambouillet de aquellos a
ños, que mucho se usó buscando buena lana y fina. Había mucho Merino y también productores que le tenían especial simpatía. El Merino de aquellos años era muy arrugado, cuerpo mas bien chico y lana muy fina. Es interesante recordar que siendo una raza tan difundida se buscaba para las ovejas generales que se les parecieran, lo que resultaba si se quiere lógico. Muchos creían que la lana tenía que llegar hasta la punta del hocico y a las pezuñas, lo que era lógico ya que así veían el animal de su preferencia. Con el paso de los años trataron de ir formando una nueva raza que llamaron Merilín. Buscaron un animal más grande sin arrugas, bien conformado. Trataron que tuvira buena visión, la lana más larga aunque no tan fina como la del Merino. Con este criterio trataron de ir fijando las nuevas condiciones para que las mismas se trasmitieran de padres a hijos y crea una raza nueva el Merilín. También interesa recordar el Lincoln y el Romney que se usaron mucho en las majadas buscando dar más tamaño y mecha más larga tratando de conseguir más peso de vellón. Recordamos también la raza Ideal que tenía cuerpo más chico, la lana fina y larga de color blanco, y el Merino Australiano.


Por último apareció una raza nueva que tenía cierta similitud con las ovejas cruzas, el Corriedale, creado en Nueva Zelandia, producto del cruzamiento entre el Merino y el Lincoln que apareció por estas tierras en una exposición de Palermo, creo que, por 1910. El Corriedale que vino a llenar una necesidad ya que esta nueva raza presentaba algún parecido con las ovejas cruzas. Esta condición hizo que se difundiera mucho ya que facilitaba la clasificación en la búsqueda de un tipo uniforme en conformación y lana buena. El principal problema era que la producción de carneros mejoradores no alcanzaba a las necesidades, ya que el Corriedale venía a reemplazar a otras razas y a carneros cruzas que se usaban. Esta situación hizo que se produjeran carneros cruzas con el nombre de Corriedale. 
¿Cómo aumentar la producción lo antes posible? Había que producir el mayor número de ovejas capaces de producir carneros definidos y aceptados como Corriedale. La solución posible era formar planteles con buenos caracteres raciales, capaces de producir hijos definidos que a su vez reprodujeran sus condiciones.


Fue así que los técnicos se vieron en la necesidad de hacer una selección de las mejores ovejas para ir formando preplanteles. Se identificaban las madres generales y las hijas para saber si después de controlar se notaba uniformidad en la producción. Para esto se presentaron varios productorers con el interés de formar un plantel con las hijas de los preplanteles que podían producir carneros aptos para usar en las majadas generales. Estos se distinguían con un tatuaje. Así fue que los técnicos de Mejoramiento Ovino además de la selección de las ovejas generales, hicieron la clasificación de planteles, y con el tiempo, una super selección de las mejores ovejas, distinguiéndolas con un doble tatuaje. Los carneros fueron considerados como padres de planteles. Fue así como tanto los animales tatuados o con doble tatuaje fueron adquiriendo más interés y mayor valor. Se cumple asi que los expertos, a través de sus conocimientos técnicos, su actuación práctica y asesoramiento a distintos niveles, consiguieron una transformación extraordinaria en las ovejas del Uruguay a todos los niveles..


Me viene a la memoria una anécdota: recorriendo una zona para clasificar majadas generales fui a visitar a un productor que tenía además un plantel de Lincoln. Trabajamos en los bretes, todo bien sin problemas. Al final vimos los Lincoln y trajo un lote de 5 carneros seleccionados, posiblemente racionados y cuidados bajo techo. Lamentablemente uno de los carneros tenía un defecto que impedía el tatuaje, y cuando informé que los animales eran buenos pero que uno no se podía tatuar por el defecto que tenía, mi informe no le cayó bien y me dijo que si no tatuaba ese carnero mejor que no tatuara ninguno. Traté de explicarle cual era el problema, pero que lamentablemente mantenía mi resolución y por supuesto respetaba la suya y lamentaba el incidente. Le recordé que no había ninguna obligación de las partes, lamentando tener que retirarme, confiando que ese hecho no afectara nuestra amistad. Al final el productor aceptó mi criterio y terminamos el trabajo en perfectas condiciones.


Impresiones de la transformación


Primero, creo que es justo se
ñalar los distintos factores que resultaron de fundamental importancia par que se produjera la transformación de las majadas del Uruguay. La colaboración de los productores, su apoyo a los cambios, su buena disposición para aceptar las transformaciones se debía posiblemente al origen vasco de muchos de ellos, a la relación con la cría de las ovejas, así como al cariño a estos animales. Desde el comienzo pudimos apreciar la comprensión sobre la importancia de clasificar para mejorar. Lo vimos en los lotes presentados para la venta en exposiciones y remates.


Con el paso de los años fuimos viendo una importante mejora en los lotes presentados. Más adelante cuando se empezaron a usar mejores y más seleccionados carneros, vimos en las crías el progreso alcanzado en las majadas. Se apreció su conformación y buena lana y en muchos animales bastante definidos sus caracteres raciales. Estos cambios los fuimos viendo a medida que pasaba el tiempo hasta llegar a la formación de planteles tatuados y productores de dobles tatuajes.


Debo completar mis recuerdos con algo que me fue más importante, me refiero a la sanidad. A medida que mejoraban las ovejas, mejoró extraordinariamente el cuidado, el manejo y la sanidad. Creo que lo más extraordinario que vimos fue la transformación de las majadas del Uruguay. Posiblemente el tipo del Corriedale y su lana vino a llenar una necesidad dado que su tipo y lana respondían al tipo de ovejas cruza que buscaban los productores. Pero insisto que la comprensión, el interés y el cariño por la cría del lanar fue el aporte fundamental para que se lograra tan importante transformación de las ovejas en todo el Uruguay.




IV. ENTREVISTA

María Frick Capurro - Mario Capurro Etchegaray


1996



María Frick (MF): Ud. era Secretario del Ministerio...


Mario Capurro (MC): Es verdad, cuando tu abuelo fue Ministro, yo fui Subsecretario, ahora la historia de la relación con él es muy anterior; viene de cuando yo me recibí de Ingeniero Agrónomo, empecé a trabajar en Mejoramiento Ovino y él integraba la Directiva de Mejoramiento Ovino. Ahí trabajé y fuimos haciendo una relación bastante importante, yo iba a clasificar ovejas a la estancia de don Carlos en Durazno. Fueron pasando los años y luego coincidimos muchas veces en la integración de distintas directivas de las gremiales, principalmente de la Asociación Rural del Uruguay. Después él fue Presidente de Mejoramiento Ovino, en la época en que yo fui Inspector; la relación fue muy grande en ese momento, pero se intensifica cuando los problemas de los movimientos estudiantiles anteriores al golpe de Estado (1973). El Presidente era Pacheco (1967-1972). Hubo un momento que se complicó tanto la situación con la oposición que Pacheco decidió cambiar varios Ministerios y uno de los que cambió fue el de Ganadería nombrando a Carlos Frick Ministro. Ahí empieza la mayor intimidad, cuando Frick precisó un Secretario me vino a buscar a mí. Me preguntó si lo acompañaba en el Ministerio y le dije que sí.
¿A cualquier precio? me preguntó. A lo que contesté que si. Mi mujer recuerdo me dijo que estaba loco. Yo le dije que era un razonamiento muy simple: en la vida a algunos hombres les toca ir a la guerra y a otros les toca jorobarse. Empezamos a trabajar juntos con mucho entusiasmo.


MF: Empezaron con mucho entusiasmo y luego se vieron bloqueados
¿puede ser?


MC: Algo así, trabajábamos mucho y con mucho entusiasmo. El iba muy temprano al Ministerio, pero yo como Secretario, no tenía más remedio que ir más temprano, tomaba muchísimo café. Ahí me acostumbré yo a tomar café. Llegaba a las 8.30 y me decía, a ver qué tenemos para hoy. Se ponía a tomar un café y yo le daba toda la información técnica. El cargo de él era más político, el mío técnico. En media hora, a veces un poco más, yo le presentaba un resumen de todos los expedientes que había, y que eran muchos, porque estaban muy atrasados. Yo me quedaba hasta las 8 de la noche. Así nos pusimos al día en el Ministerio. Trabajamos durante un año de esa forma. Frick tenía una gran preparación como persona, como práctico, como agricultor, de la pecuaria. Fue por eso que coincidíamos tanto.


Eso fue el comienzo de nuestro trabajo en el Ministerio. Hizo muchas cosas muy importantes, yo traté de acompañarlo y de informarlo. Sacamos varias cosas difíciles de sacar, como por ejemplo el informe del impuesto. Eso fue una de las cosas más importantes que hicimos. El ministro anterior había sido Wilson Ferreira Aldunate, anterior no exactamente de nosotros, sino en el gobierno blanco y Wilson había hecho un estudio muy profundo de la realidad agropecuaria uruguaya en una Comisión que se le llamó la Comisión del Siglo, que presidía Iglesias, el que está ahora en el Banco, fijáte a qué nivel. Entre las cosas que proyectaron ellos, sacaron siete leyes básicas para presentarlas al gobierno, pero se les acabó el período. No quedaron los blancos ni los colorados y las leyes quedaron en la nada. Cuando pasó un Ministro o dos antes de nosotros. Cuando nosotros entramos al Ministerio, Frick conocía estos proyectos de ley y yo también. Nos pusimos de acuerdo en que había que sacarlas de todas maneras.


MF:
¿Aunque no fueran blancas?


MC: Nosotros estábamos para el país, ambos éramos colorados, Batllistas, pero íbamos con espíritu constructivo; no sé si te aburren tantos detalles.


MF: Justamente es lo que me interesa.


MC: Entonces vimos que era lo más importante. La gran dificultad que había era cómo se llegaba a determinar la capacidad productiva de todos los campos del Uruguay, que eran muchos. Frick me dijo un día si yo me animaba. Hablé con unos técnicos, de cómo se podría hacer. Se vió que en general los elementos existían. El entonces Ministro de Economía que era el Dr. [César] Charlone y Forteza, su Secretario, nos dijo que era imposible hacerlo. Había que estudiar primero la metodología. Nos metimos a hacer el estudio de lo que es ahora el impuesto.


MF:
¿Todavía sigue existiendo ese impuesto?


MC: Sigue existiendo, pero ahora es distinto. La idea básica del IMPROME, que después se fue cambiando, era eso: que a cada fracción de campo, a cada establecimiento, se le calculaba que tuviera una producción "x". De acuerdo a eso, tenía que pagar un impuesto, como si fuera un arrendamiento. Había que determinar la capacidad productiva en carne y lana. Después se modificó, vino el IMAGRO. Eso fue lo que empezamos a hacer. A lo que Frick me autorizó. Vino un técnico de la Dirección de Suelos y Fertilizantes. Empezamos a ver cómo se podía hacer. En el ínterin, paralelamente, fue cuando se convulsionó todo. Algo ya estaban haciendo los tupamaros. Estaban en pa
ñales. Pero ya habían empezado a actuar.


Te voy a explicar muy sintéticamente como era el trabajo. Se trataba de estudiar todos los suelos del país. De los suelos había unos mapas que había hecho el Instituto Geográfico, donde mirando con unos lentes especiales se estudiaban las fotografías. Todos los mapas de los campos eran hechos desde aviones. Pero el avión se mueve, así que en la foto había cosas que corregir. Luego los técnicos daban una recorrida y veían si lo que se estaba en la fotografía coincidía con lo que se había visto en el campo. Fueron seis a
ños de trabajo. Vaya técnico, venga técnico, estudie la fotografía, y qué se yo... Paralelamente, había que hacer todo un puzzle, de todos los patrones del Uruguay, porque eso no existía. La Dirección de Catastro me dijo como se hacía esto. Se armó como un puzzle: todo el país estaba dividido por Agrimensores. El problema que había era hacer coincidir todos los planos. Se fue haciendo de a poco y se ponía dentro de cada Sección Judicial, los distintos padrones. Después que teníamos todos los padrones con todos los dueños y el estudio de los suelos, pusimos uno encima de otro y marcamos cada padrón. Paralelamente hicimos un estudio de capacidad vacuna y lanar que tenían los distintos suelos y por eso fuimos viendo la posibilidad de lo que se podía producir. Lo trasladamos todo a planillas, llamamos a productores, prácticos, agrónomos, gente de experiencia de todo el país, hicimos como cuarenta reuniones y les dimos la información, diciéndoles lo que había que producir. Este trabajo lo comenzó Carlos Frick, yo siempre lo traigo a colación, pero se terminó mucho tiempo después. Esa fue su visión y su compromiso y una de las cosas realmente importantes para mí.


Después que nos fuimos nosotros, vino otro Ministro. Alguien le dijo que había quedado eso sin terminar, preguntó quién lo estaba haciendo esto. Le dijeron: fulano. Dijo que si quería venir que venga, te podés imaginar a dónde lo mandé. Después que me fui del Ministerio seguí como particular. Después que se fue el Ministro vino otro amigo al Ministerio, vinieron dos amigos, primero Bordaberry y Viana, que era abogado nuestro, pero nosotros ya nos habíamos ido. Me llamaron otra vez y volví a terminarlo. Seguí como cuatro años más como Presidente de la Comisión. Así que ese trabajo se terminó. [Juan María] Bordaberry estaba ya de Presidente. Vino [Benito] Medero de Ministro y Viana era el Sub Secretario cuando me reintegraron a mí. Con Medero yo sí tenía mucha amistad. Me dijo que terminara el trabajo. Le dije que lo terminaba, pero
¿los recursos? pregunté. Todos los que quiera, me contestó. Me contrataban como si fuera una empresa para que terminara el trabajo. El trabajo se hizo. El que haya salido fue para mí una cosa importante.


El otro trabajo muy importante que hicimos se perdió y vino a renacer ahora 30 años después, y es la Ley de Forestación. Frick sacó una ley de Forestación pero para aplicarla acá fuimos a Chile, con una Doctora, para ver como se había aplicado allá. Pero el concepto era distinto. La idea como lo había hecho Chile era de que las ganancias de la explotación no pagaban impuestos si invertías en forestación. Así hizo Chile y así sacamos nosotros la primera ley. Después vino lo que vino y quedó en la nada.


MF:¿Son cosas de avanzada las que hicieron no?


MC: Eran de avanzada, exactamente. Como lo que corrrespondía al Ministro y al Sub Secretario. Con Frick hicimos un buen equipo, porque él era un buen técnico agropecuario, habrá tenido confianza en mí. Tan era así que yo muy pocas veces hablaba con los técnicos. Incluso cuando Frick tenía que ir a las Comisiones de Agricultura o a la Cámara a hablar de la parte técnica me mandaba a mí. A mi no me gustaba mucho, pero hacíamos un buen equipo. Repartía mucho el trabajo. Había amistad entre nuestras esposas, la relación era muy buena.


MF:
¿Por qué renunciaron?


MC: Renunciamos porque entre todos los problemas que habia, habia un problema de la carne, por todos conocido. Lo que nos llevó a la renuncia fue una diferencia con el Frigorífico Nacional, porque nosotros entendimos que era el que defendía a los productores, en base a los precios en momentos en que la economía estaba muy dirigida, pensemos en 50 años atrás. El Ministro de Industria, Peirano, quería imponer y casi sacar el Frigorífico Nacional. Hubo un enfrentamiento total: o Peirano o Frick. Se llegó a ese punto, por más que eran muy amigos. Peirano quería sacar los frigoríficos porque le costaban mucho al país. Había una economía muy dirigida, y él no estaba de acuerdo con la defensa de los productores en cuanto a los precios; a la lana se le ponía un impuesto para que la lana se pagara tanto y con la diferencia se quedaba el Estado. Tuvimos una discusión muy grande, porque uno decía que la lana tenía que valer, aplicándose ciertos cálculos, la suma de 29 pesos. A mí los cálculos, decía, me dan 35. Al final con Frick hicimos todos los cálculos y con el tipo de cambio se llevaba al precio que quería el productor. Lo de la carne fue terminante. Frick y yo pensábamos igual. Sobre el fin de las discusiones me dice que no había acuerdo, que no se podía levantar el precio de vida, que no se podía disparar el precio de la carne etc. Pacheco resolvió hacerle caso a Periano, me acuerdo como si fuera hoy. Me llamó don Carlos, me dijo que yo hiciera lo que quisiera, pero que él se iba. Yo renuncié con él.


Esas cosas en ese momento eran así. Había un enfrentamiento muy grande entre los Ministerios. Yo tuve una discusión, que nunca lo quiso discutir, sobre el precio del girasol. Venía Peirano y empezaba a hablar del precio del girasol. Pensá lo difícil que era moverse en aquella época. Se manejaba todo de otra manera. Entonces, decían: A ver,
¿qué precio se le pone al girasol?  Frick me dijo un día que nosotros no podíamos seguirles el tren, porque si no la gente no iba a producir más. Peirano venía y decía que el aceite tenía que valer tanto para que no suba el costo de vida, entonces el girasol tiene que ser tanto. Yo le decía que el precio del girasol tenía que ser tanto, porque históricamente, el girasol tiene que estar relacionado con el precio del trigo, y otras cosas más. Pero Peirano no entendía. Quiero que entiendas qué diferente es ahora la cosa de como era en aquella época. Nunca nos pusimos de acuerdo y nos fuimos. Aumentaron el precio del aceite y en tres años no se sembró más girasol en el país. Hubo que importarlo de Argentina. Todo lo que le habíamos dicho nosotros. Además sacamos otras leyes. Ya en esa época tenía un cargo técnico en Mejoramiento Ovino. Después no quise volver más. Entonces se terminó nuestro período. Duró un año y pico. Me fui con sentimiento y Frick también. Pasa el tiempo, me ofrecen la Presidencia de la Rural, y lo llevo a él como compañero de Directiva (se invirtieron los papeles). El fue un gran colaborador.


Mientras tanto a nivel nacional el bochinche era cada vez mas grande. Las Cámaras no se ponían de acuerdo y se empezó con los líos estudiantiles, la represión de la policía etc. Una época muy dura. Cuando yo entré a la Rural, que llevé a Frick, ya estaban actuando los tupamaros. Entré en agosto del 70. A principios de marzo del 71, siendo yo presidente de la Rural, secuestran a Frick. ¿Por qué lo secuestran? Porque era la técnica: mataban a algunos, pero a él lo secuestraron para sembrar terror. Hubo también un técnico americano al que secuestraron, pero después lo largaron. A Frick lo secuestraron saliendo de su casa. Le abrieron la puerta del auto. Eramos los grandes oligarcas. Y al haber sido Ministro se la ligó. Por ser el Presidente de la Rural, después que lo secuestraron a Frick, un día me llaman de Inteligencia y Enlace para mostrarme lo que habían encontrado en una tatucera. Me mostraron un bibliorato donde estábamos todos fichados, en hojas con la historia de cada uno. Me llamaron especialmente para decirme que me cuidara. Era el gran oligarca. Era una lista enorme.


La Asociación Rural fue y es un gremio técnico, no político. La que fue y es más politica es la Federación Rural. Esta separación de la Asociación y la Federación es del año
16. Nosotros estábamos en las cuestiones técnicas. Ese año que secuestraron a Frick todos tuvimos problemas con los tupas. Fue el año del Centenario de la Asociación Rural. Nos habían tirado una bomba de alquitrán. Se habían metido en el local. Tuvimos que sacar todos los archivos y meterlos en un banco. Ahora sería mucho más fácil con los diskettes. Tuvimos bastantes problemas. Había que cuidarse, no se sabía qué podía pasar cuando uno salia. Era algo muy molesto. En la exposición del Centenario, en lugar de camas de paja que regularmente se hacen para los toros, ese año se hicieron de arena, para que no fueran a incendiar la paja. Eso lo implanté yo cuando estaba de Presidente. Hubo que tomar muchas medidas para cuidarse. El día del discurso del Centenario también hubo que tener mucho cuidado. Fue un discurso muy breve. Hacía poco que habían secuestrado a Frick y dije algo muy improvisado. Ese día no pasó nada. Pero el año fue totalmente irregular. La fiesta misma fue muy pequeña. Así pasó el año del Centenario. Al año siguiente lo encontraron a Frick y en agosto de 1972 tuvimos a Frick nuevamente en el Palco.


MF: Estuve von Pereyra Reverbel, quien me dijo que cuando se acercaba la fecha del Centenario de la Asociación Rural, Frick pidió para escribir porque tenía que terminar un artículo, por supuesto que le dijeron que no, insistió, le volvieron a decir que no. Así fue como lo reconoció Pereyra Reverbel, por la Rural.


MC: Frick al final hizo el trabajo. Es el libro del Centenario de la Rural. Frick conocía mucho y escribía muy bien. Si no lo hacía Frick, a quién se lo íbamos a encargar!!


MF: El tema de toda la especulación del agro
¿era tan infernal como se dice?


MC: Hay un poco de todas las cosas. No es ni tanto ni tan poco. Hay una especie de estancamiento, pero no es tanto porque la agropecuaria, aunque no ha aumentando mucho, siguió evolucionando. Hay que tener en cuenta que una producción agropecuaria no sólo en el Uruguay sino en el mundo entero, al igual que la pecuaria ganadera, es muy, muy lenta, vamos a decir que lo que se puede es tratar de aumentar la producción. Se mejoró un poco el manejo, un poco la sanidad. Pero eso no alcanza para mejorar la producción. Ahora las cosas han cambiado. O aumentás la producción o te fundís. En el mundo entero el productor agropecuario es muy conservador de tal manera que técnicas nuevas se vienen a aplicar cuando ya están bien probadas. Pero paralelamente se produce sensiblemente un cambio general de toda la agropecuaria en sí. Es muy difícil cambiar una producción agropecuaria con los viejos.


MF: Es lo que dice papá: nunca manejes el campo que maneja tu padre.


MC: Porque ahí está el lío.
¿Cómo lo cambia hasta que venga una nueva generación? No se puede hacer milagros. Todavía están con la cabeza de los padres. Rerspecto a las comunicaciones antes no las había. Recién muchos años después empezó la radio rural. Antes no llegaba la comunicación. La gente no se da cuenta lo que estamos cambiando. Yo cuando empecé a trabajar, la lana de la casa la tuve que sacarla en carreta porque no se podía entrar con nada y ahora se manda un camión sin ningún problema. Cuando yo empecé a trabajar el personal y yo, a veces, íbamos hasta el boliche a caballo. Ahora uno va por la carretera. Ve a los paisanos en bicicleta. Hay cambios pero se precisa tiempo. La producción no puede cambiar de golpe. Aparecen las nuevas tecnologías, pero ¿quién las aplicaba? Después fuimos a Australia y Nueva Zelandia y trajimos toda la tecnología. La vimos aplicar allá, donde la gente tiene otra mentalidad al Uruguay. No es un problema de los productores en sí, sino del medio ambiente que es totalmente distinto. No tenían preparación para cambiar. Y cuando no tenés preparación y vos hiciste las cosas toda la vida de una manera, viene un técnico y te dice que tenés que hacerlo de otra manera. No lo hacés si no tenés preparación.


Las primeras cosas que se hicieron para mejorar las praderas fue que trajimos miles de toneladas de trébol subterráneo, aquellas plantas famosas de Australia. Gastamos plata en semilla y se comió todo. En Australia yo hice todas esas experiencias, y perdí todo. Los pocos que lo hicieron tenían que hacerlo a costa y riesgo del proprio productor. Eso no pasa en ningún país del mundo donde hay institutos de investigación que dicen lo que hay que hacer. Ahora viene una nueva generación. Pero 50 años para atrás, cuánto demoraba el cambio generacional! Tú sabés que antes cuando se terminaba una generación y empezaba otra era cada treinta años; ahora se estima que es cada quince, y cada día se acorta más. Te voy a explicar porque yo con mi padre tuve una diferencia. Pero ya los padres de 35 o 40 años tienen una diferencia con los hijos. Viene otra generación empujando con 15 años de diferencia. Los cambios, la evolución es hoy mucho más rápida. Antes los cambios se producían en períodos más largos, del 40 al 70 y pico. Se precisó que viniera una generación joven, dedicada, preparada, que abriera camino. Y hablando de abrir caminos, antes, como técnico de Mejoramiento Ovino, no había caminos. Para ir de una estancia a otra tenía que ir a caballo. No había nafta. Y eso produce la lentitud en el campo.


Bueno, seguimos con Frick. Felizmente después lo largaron. En realidad el problema de los tupamaros fue que eran radicales y no hay quien convenza. Entonces es fuerza contra fuerza por más que uno sea demócrata, porque a mí lo que me interesa es la libertad. Entonces es muy difícil quedar en el medio y quedamos en el medio. Tal quedamos en el medio que en esos años recuerdo que mis hijos entraban a la Facultad, muchas veces los llevaron presos por estar parados en una esquina. Me acuerdo una Semana Santa los estábamos esperando en el campo, iban a llegar a las tres de la tarde y llegaron a las tres de la mañana porque... Entonces no hay término medio. Eso es lo terrible. Porque estás totalmente en el aire. Por un lado el poder en mano de esa gente y por otro...


MF: El ataque a los ganaderos era muy fuerte según estuve leyendo en los libros donde se citan cartas abiertas de los tupamaros. Se dicen cosas muy graves. Ponen como el mito de los oligarcas y si uno no lleva los datos económicos y eso, era un cuento chino, algo inexistente, igual que hablan del círculo de la Rosca, como las 200 familias más ricas del país. Se dice que tenían el dominio, lo que es bastante absurdo.


MC: Si será. Era un enfrentamiento sin razonamiento. Uno decía, yo no estoy de acuerdo con el enfrentamiento, pero
¿quién empezó? Es muy difícil. Había que tratar de aceptar los hechos y tratar de defenderse. A veces agarraban gente que no tenía mucho que ver. Cuando Frick estuvo preso un día tocan el timbre de mi casa y dejan... era de Frick que me la había mandado, una carta y me mandaba decir que la forma de encontrarla seria yendo a la calle tal, número tal. Pero el problema era otro. Sería verdad que había una carta para mí, o que me querían hacer ir para agarrarme a mi... Fui a buscarla y la carta estaba.


MF:
¿Así que tiraron bombas de alquitrán a la Sede?


MC: Si fue algo desagradable. Pero cuando se vive una situación de esa, uno se acostumbra.


MF: Qué interesantes los trabajos que hicieron en el Ministerio. Porque eso rompe un poco con la estructura que tiene la gente de que el gobierno pachequista era conservador, pero para el agro.


MC: Eso es bueno. Además Frick tenía mucho prestigio y era muy respetado. Políticamente es uno de los pocos Ministros que yo conocía que sabía tanto y que se hacía valer. Después la mentalidad de Frick: había ciertas cosas en las que no se podía ceder, de ninguna manera. En algunas sí, pero en otras es cuestión de no dejar derrumbar las cosas. A mí después que renunció Frick me mandó llamar Pacheco, me dijo si yo también renunciaba o si aceptaba el cargo. Por la propia Constitución, el día que renuncia el Ministro tenía que renunciar yo. Me dijo que bueno...


MF: Los cambios generacionales en el campo son muy difíciles


MC: La ciencia y la tecnología hacen que ahora las cosas sean más fáciles. Antes no se daba nada de eso. Cuando yo empecé a estudiar en la Facultad de Agronomía, empecé a estudiar genética. Es lo mas elemental que se sabe ahora, hoy en día se habla de clonación y todo. Es cierto que me recibí en el 40. Hay que ubicarse en la época y hay que ubicarse en que las cosas en esa época eran muy distintas.


Te voy a contar una anécdota. Un día llegué a una estancia a clasificar ganado. Entonces ahí mismo en los bretes le dije que estaba cometiendo un disparate como productor. Estuve tres horas diciéndole las cosas que estaba haciendo mal. Me lo agradeció toda la vida. Volví muchos a
ños después y vi los cambios. Estoy hablando de esa gente que era la más avanzada, la que tenía inquietud de llamar un técnico, porque el 90% no llamaban a nadie. Generalmente los productores, si son atrasados, están predispuestos ante los técnicos. Cuesta mucho entrar. Después el cambio se produjo. La gente comenzó a aplicar. Se terminó la sarna, se terminó el piojo y la lombriz. Como las ovejas estaban un poco mejor, mejoró la producción. La evolución zootécnica tambien ayudó. Porque un ternero si no se lo cuida bien no produce y lo mismo para el manejo de la pradera, para todo.


Es muy importante además la comunicación. Antes no había comunicación. Ahora con la comunicación se llega a todos. Internet por ejemplo es algo increíble. No sabés las cosas que se pueden aprender. Además está la TV. Son todas cosas que antes no se daban y para lo que es fundamental la ciencia de la comunicación.


Dr. Capurro,
¿Querés un café?


(Se acaba la grabación)




Carlos Frick Davie y su esposa Xenia Iewdiukow

Frick







V. LOS CAPURRO FONSECA

I. "Rincón de los Tapes"

II. "Santa María" y "Las Mercedes"

III. "Aguapé" y "Aguará"

IV. Viajes

V. "Pampa del Pedernal", "San Jorge" y "San Juan"

VI. Montevideo


Mario Capurro Etchegaray (1917-2006), a quien de joven le decían "el vasco" y en el campo "don Mario",  se casó con:

-
Raquel Virginia Fonseca Piaggio  (1921-1946)
Raquel María (Quela) (1941)
Rafael (+1943)
NN (+ 1944?)
Rafael (1945) - Annette Winifred Fiek (1947), hija de Klaus Fiek (1914-1981) y Luzie Drecker (1914-2013).

- Matilde Fonseca Piaggio: (1925)
Ema Matilde (Emita) (1949) - Ignacio Algorta: Guillermina
Mario (Marito) (1950)
Pablo (1951) - Juani Gari: Juan Pablo, Rafael, María José
Martín (1951) - Mariana Labat: Felipe, Martín, Manuel, Teo
Rosina (1952) - Ricardo Barbé: Ana Inés, Virginia, Florencia, Gonzalo, Sofía
Matilde (1953) - Raúl Ponce de León: Mariana, Miguel
María (1966)  - Ricardo Vecino: Lucía, Fracisco (Pancho), Pilar, Nicolás

Además de la cabaña "El Aguará" don Mario se dedicaba a la administración de estancias, entre ellas "Santa María" y  "Las Mercedes".

"El Aguará" se dividó entre los dos hermanos, creando Mario "Aguapé", administrada por Martín Capurro. Pablo Capurro administra las estancias "Pampa del Pedernal" y "San Jorge" propiedad de la familia suiza Foglia. Ignacio Algorta administra "San Juan". La estancia "Rincón de las Mulas" fue adquirida en la década del 90 por Mario y Eduardo Capurro y luego vendida. Dicha estancia pertenecía a Raúl Olaso, luego a Páez Vilaró y ahora, junto con "San Juan" a la familia francesa de Kergorlay.

Mario y Maty hicieron diversos viajes entre ellos uno oficial a Australia y Nueva Zelandia en abril de 1951 y varios privados a Europa.

I. El "Rincón de los Tapes"

Don Mario se ocupaba especialmente de la estancia "Rincón de los Tapes" de unas cinco mil hectáreas (Dpto. Durazno) ubicada sobre el río Negro que pertenecía a la familia de don Federico Bracht, una familia de origen belga parte de la cual estaba radicada en la Argentina. En dicha estancia cuyo casco fue construído por Mario Capurro Etchegaray, pasó la familia Capurro Fonseca, a menudo acompañada de muchos familiares y amigos, las vacaciones de julio y los veranos entre 1950 y 1995. Desde fines de 1950 acostumbraba a pasar algunas semanas de verano don Federico acompañado de su segunda esposa, Simone, y de sus hijas Minone y Cécile. Desde mediados de 1980 hasta su venta alrededor de 1995 esta estancia fue administrada  por Martín Capurro Fonseca.

Algunas de las poesías escritas por Ema Piaggio Garzón de Fonseca están dedicadas a sus nietos en esta estancia a la que acostumbraba a venir con su esposo Carlos (Tata) Fonseca en los meses de verano. En los primeros  años, entre 1950  y 1960,  había en el Rincón un capataz que se llamaba Don Conrado, su mujer se llamaba Flor de Lis, siendo Pablo (Pablito) Chabat el "escribiente" y sucesor de don Conrado. Además estaban el gato Egidio, el perro John, el loro Chamaco y un jardín con muchos claveles de todos colores. Se contaba que Don Conrado en otras épocas había hecho uso del facón en algunos litigios.

Entre los caballos se destabacan "la tostada" montada por Raquel (Quela) y "el tostado" (Diablo) montado por Rafael, además de algunos petisos en los que aprendíamos a andar a caballo. Salíamos a menudo a cazar perdices que Maty (Matilde Fonseca) preparaba luego 'al escabeche'. Otros platos preferidos, además de los asados, eran las tarariras y las tortillas de papa muy jugosas preparadas de forma única por la cocinera Margarita. De chicos cazábamos con escopeta de chumbos, luego con revólver y escopeta 'de verdad'. El abuelo Tata (Carlos Fonseca) nos contaba historias sobre una cañada a la que llamábamos 'el palacio de los zorrillos'. Hacíamos con él trampas para los pájaros y construíamos cometas.

Las cabalgatas en el Rincón comenzaban en verano por la mañana temprano a eso de la siete y duraban hasta las once. Las idas a bañarse y a pescar tariras al río Negro fueron antes de que se construyera la represa de Baigorria que inundó las hermosas barrancas. Tenían lugar por la tarde, a eso de las cuatro, cuando el sol picaba menos. Se viajaba al principio en un jeep land rover, con el que varios aprendimos a manejar, luego en una camioneta. El viaje duraba una media hora desde las casas, situadas en el medio del campo,  hasta el potrero de la costa número 27 ("el 27"). Algunos íbamos a caballo. Acostumbrábamos a cantar en el jeep en coro algunas coplas que nos enseñaba nuestra abuela, Ema (Meme) Piaggio, Por ejemplo las de la historia de Pascual y Juana publicada en 1892 en Caras y Caretas. Semanario Festivo (Director Ch. Schütz):


Pascual y Juana

E. de Olea

Juana graciosa morena
de diecisiete febreros
con ojos como luceros
y mejillas de azucena,
en cuya frente serena
se refleja su alma pura
ha perdido la frescura
de su rostro angelical
desde que vió de Pascual
la simpática figura.

Pascual joven y arrogante
de unos dieciocho marzos
con ojos grandes y garzos
y barba negra y brillante,
alegre, fino, galante
divertido y decidor,
ha perdido el buen humor,
desde que cierta ma
ñana
conoció a la hermosa Juana
prototipo del candor.

El es pobre y ella es rica
y aunque se aman con pasión
su distinta posición
entre ambos mortifica.
Ella en su amor no se explica
desde mundo la rareza,
que castiga a la pobreza
como un crimen inaudito
y ensalza hasta el infinito
el brillo de la riqueza.


Aún cuando los ven sufrir
los padres de nuestra bella
no quieren que se una a ella
un joven sin porvenir.
Quieren mas verla morir
víctima de aquel tormento
que dar su consentimiento
para unión tan desigual,
que si ella tiene metal
el solo tiene talento.

Viendo Pascual que su Juana
jura amarlo hasta la muerte
por ver si cambia su suerte,
quiere partir a La Habana.
Aunque no de buena gana
y lleno el pecho de hiel,
pensando siempre ser fiel
se despide esta pareja,
ella, sentada a la reja,
y al pie de la reja, él.

–  ¿Me amas?
–  Con frenesí,
– 
¿Me olvidarás?
– 
Cuando muera,
–   ¿ Y en el tiempo que esté fuera?
–  Viviré pensando en ti.
–  ¿Lo dices de veras?
– Si.
¿No amarás a otro?
    – En  mi vida,
Adiós, pues, Juana querida,
                        – Adiós, Pascual adorado,
¡Hoy me aparto de tu lado!
                        – ¡Cuanto siento tu partida!

II

Dos meses
han transcurrido
desde que la hermosa Juana
vió partir para La Habana
a su Pascual tan querido.
Poco a poco el dulce olvido
fue borrando su pesar,
y aunque juró no olvidar
a su Pascual, juró en vano
pues a otro amante su mano
entregó al pie del altar.

¿Y Pascual? ¿Qué a conseguido
con atravesar los mares
y dejar sus patrios lares
si todo al fin ha perdido?
¡Ah! También el dulce olvido
tuvo su asiento en La Habana
y el mismo día que Juana
se unía con lazo santo,
hizo Pascual otro tanto
con una rica cubana.

Juana dice que Pascual
hizo su promesa vana,
y  Pascual dice que Juana
es quien se ha portado mal.
Como ninguno es leal
al oírlos me confundo
y con dolor grave y profundo
digo al ver sus pareceres:
los hombres y las mujeres
son la cosa peor del mundo.


Estancia "Rincón de los Tapes" (Dpto. Durazno)

Rincon de los Tapes



Farándula matinal

El loro Chamaco
es verde y bribón
aturde gritando
trepando al jaulón.

De la tersa mañana
es madrugador
repite, rezonga
alzando la voz.

Festejan los chicos
al loro gruñon
exitan sus celos
les da un picotón.

Llega Matilde,
la recibe "John"
agita la cola
el can juguetón.

Estira las patas
dormido en el sol
el buen gato "Egidio"
tostado el color.

Corren Pablito
Rosina, Martín
Haciendo la ronda
por todo el jardín.

Vuelan mariposas
de todo color
los chicos atisban
al can juguetón.

Y todos se embriagan
de aire y de sol
liban mariposas
tiembla un picaflor.

Rezonga Chamaco
se enloquece John
Siga la farándula
se forma cotillón.

Que linda mañana
que blanco el jazmín
Emita, Marito
Pablito y Martín...

Verano 1955

Ema Piaggio Garzón de Fonseca

Ellos

Son ocho cabecitas
que me asedian
y que adoro
Son ocho corazones
que se adentran
en el mío
Y eso es todo...

Son ocho cuerpecitos
en continua pirueta
que disipan mi bruma
y me cubren de sutil espuma

Son mi planta trepadora
florecida, que se torna
frondosa en primavera.
Son tónico y blandura
Junto a ellos
mi vida
no es dura.

Bendita la inquietud
de los ocho cuerpecitos
de las ocho cabecitas.
Con su rumor de gracia
con su levedad,
con su encanto,
o con su ligero
llanto...

Son ocho cabecitas
enruladas o lacias
que me acosan
libremente, a su modo.
Son ocho corazones
en el mío,
y eso es todo...

Ema Piaggio Garzón de Fonseca

Poesía publicada en el diario "El País" el 15 de diciembre de 1955 con la siguiente introducción:

"La señora Ema Piaggio Garzón de Fonseca, que ha colaborado otras veces en esta columna, nos envía un canto dedicado a sus nietos, cuyo contenido de ternura y emoción el lector sabrá apreciar."


El río Negro (Dpto. Durazno)

Rio Negro


Cuarzo del "Rincón de los Tapes"

cuarzo


Boleadoras charrúas

boleadoras


Punta de flecha charrúa

punta de flecha


Cuchillos de piedra charrúas

cuchillos


Cinturón de fiesta gaucho

cinturon



Camino de ovejas
Estancia "Rincón de los Tapes" (Dto. Durazno)

camino de ovejas


La portera
Estancia "Rincón de los Tapes" (Dpto. Durazno)

portera


Rosina y las porteras

Hay que ver a Rosina
en las cinco porteras
descorriendo cerrojos
su atención alerta
su salto certero
como una gacela

Quien viera a Rosina
con dedos de seda
apearse del "jeep"
como ave que vuela
tan leve, tan dulce
tan toscas las puertas.

Hay que ver a Rosina
y las cinco porteras
que ya se conocen
como amigas viejas
y se abren a gusto
cuando ella se acerca!

Ema Piaggio Garzón de Fonseca


Los caballos del "Rincón"

caballos2


caballos del Rincon


Raquel (Quela) Capurro Fonseca en "la Tostada"
 y Rafael Capurro Fonseca en "Diablo"
(Rincón de los Tapes 1957)

Rincon3


En la estancia

(poesía titulada también: Cuando salen a caballo o Versos a la estancia)
Para: Marito - Rosina - Pablo, Martín y Matilde y... Rafael.

Que verdor el campo
qué limpida el alba
qué amores los nietos
qué "gracia" la estancia!

Son siete jinetes
que airosos cabalgan
suman pocos años
y varios de estancia

Uno en el "oscuro"
otro en la "tostada"
otro que es "el jefe"
monta en la "plateada"

Y la mas chiquita
que es la mas ufana
galopa y galopa
en la yegüita "baya"

Van llenos de ansias
camino del río
descubren pesqueros
... o nidos vacíos!

Acá hay un lagarto
allí una lombriz
asomó una piedra
y voló una perdiz!

Qué verdor el campo
qué límpida el alba
qué amores los nietos
qué "gracia" la estancia!...


Ema Piaggio Garzón de Fonseca

Febrero 12, 1961



Carlos Fonseca  (Tata) y Matilde  (Maty)  Fonseca  con  Matilde
pescando en el río Negro (1960)
Estancia "Rincón de los Tapes" (Dto. Durazno)

Rio Negro
 

A Pablo

Una "tararira" Pablo pescó
a nuestro oído el cuento llegó
todos dijimos que suerte tuvo
era muy grande apenas la sostuvo
mas tarde mamá le dió la sorpresa
de prepararle una mayonesa!

Este Pablo, es un sábelo-todo
es muy capaz de correr a un lobo
...
Y así digo yo de guapo que lo veo
Ojalá llegue pronto a Montevideo!!!...

Ema Piaggio Garzón de Fonseca


A caballo en el "Rincón"
Rafael Capurro y Annette Fiek de Capurro (1975)


Annete y Rafael en el Rincon


Rafael Capurro, uno de los autores de este sitio, se casó con Annette Fiek de nacionalidad alemana. Los padres de Annette, Klaus Fiek (Stolp / Pommern 1914 - Südtirol 1981) y Luzie Drecker de Fiek (n. 1914 en Dahlerau / Bergisches Land) así como su hermano Thomas, visitaron el Uruguay y disfrutaron de la vida de campo en varias estancias, entre ellas el Rincón y Valle Edén.


Thomas Fiek (primero de pie desde la izquiera),
Luzie Fiek (segunda fila, primera desde la izquierda),
Klaus Fiek (primero hincado desde la izquierda)
Annette Fiek (segunda hincada desde la derecha)
Montevideo (Juan María Pérez 2727)
(1980)

Fiek1


Raquel (Quela) Capurro, Annette Fiek, Klaus Fiek, Rafael Capurro
Estancia "Rincón de los Tapes" (1980) (Dpto. Durazno)

Fiek2


Klaus Fiek y familia Capurro
preparándose para ir al río
Estancia "Rincón de los Tapes" (Dpto. Durazno) (1980)

Fiek3


En el Río Negro
Estancia "Rincón de los Tapes" (Dpto. Durazno) (1980)

Fiek4


Playa de río...


¡Ah, playa de monte
remanso de río
sus blancas arenas
son polvo de lino.

Mil verdes se mezclan
en alardes vivos
zahumerio de selva
rumor de los trinos.

Surcan el espacio
en busca de asilo
bandadas de tordos
de un negro bruñido.

Tortuosa barranca
flanqueándole al río
titán impetuoso
azuloso y limpio.

Claveles del aire
en los espinillos
telar que las lianas
anudan sus hilos.

Ah! playa de monte
remanso de río
sus blancas arenas
son polvo de lino.




A caballo en el "Rincón de los Tapes" (Dpto. Durazno)
Annette, Klaus Fiek, Rafael (1980)

Fiek5


En el campo


Gira el molino, junto al sauzal
Y un sol de siesta se siente quemar

Se abren jazmines junto al brocal
y se oyen risas en el arenal

Retozan chiquillos - se siente piar
Que grata es la sombra del manso solar

"Construyen casitas", se surca un canal
regaderas de agua, que vienen, que van...

Pablito, Rosina, Martín y Pascual
Ahondan con palas, y listo .... el canal

¡Que vida inocente y que actividad
da gusto escucharlos a todos en paz...

El hornero y su nido

nido de hornero

hornero


nido de hornero

Nuestro hornero

Hornerito pardo

pajarito nuestro
para construcciones
eres un maestro.

Pajarito alegre
trovero del campo
de piar armonioso
y traje tostado.

Hornerito inquieto
laborioso y ágil
eres el ejemplo
de trabajo constante.

Casita redonda 
de paja y de barro
cojines de pluma
tendrás en tu cuarto.

Hornerito parado
pajarito nuestro
para construcciones
eres un maestro.

Ema Piaggio Garzón de Fonseca


Monte de eucalipto

monte de eucalipto


El recado


el recado



Don Mario con Klaus Fiek

Estancia "Rincón de los Tapes" (Dpto. Durazno) (1980)

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Klaus Fiek jugando a la pelota vasca (frontón)
con María Capurro Fonseca, Hernán Fonseca Nigro
y Mariana Capurro Ponce de León
Estancia "Rincón de los Tapes" (Dpto. Durazno) (1980)

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Klaus Fiek y Raquel (Quela) Capurro
Estancia "Valle Edén" (Dpto. Tacuarembó) (1980)

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Maty Fonseca y Luzie Fiek
Estancia "Rincón de los Tapes" (Dpto. Durazno) (1980)

Fiek 9



II. "Santa María" y "Las Mercedes"


Don Mario administraba las estancias "Santa María" y "Las Mercedes" que pertenecían a
Monclovia Bordaberry Elizondo de Comas Nin.

Doña Maclovia, como se la solía llamar, era hermana de María y de Domingo, quienes fueron los hijos de Santiago Bordaberry.

Domingo Bordaberry Elisondo se casó con Elisa Arocena, siendo sus hijos Elisa (Elisita), Luis Igancio, Domingo y Juan María, siendo este último presidente (1972-1973) y luego dictador (1973-1976) (+ 2011).  Domingo Bordaberry era amigo de Juan José Gari con quien compró en sociedad la Radio Rural.


Do
ña Maclovia tuvo tres hijas: Leonor, Mercedes y María Elena (Malena) ("las Comas"). Leonor Comas estaba casada con Carlos Gómez Cibils con quien tuvo cinco hijos: Carlos Alberto, María de las Mercedes (María Mercedes), José María (Pepe), Silvia y Jaime.

Según lo relata Alejandro Pérez, basándose en estudios del historiador Oscar Pradón, Santiago Bordaberry, abuelo de Juan María, había comprado (no: robado) en 1916 "para su hijo Domingo" la estancia "El Paraíso" situada en Durazno a Carlos Claudio Reyles (1868-1938) escritor, hijo de Carlos Genaro Reyles.

Carlos Genaro Reyles (inmigrante irlandés: O'Realy), fallecido en 1886, allegado al gobierno del Gral. Venancio Flores (1808-1868), hizo una gran fortuna y tenía alrededor de ciento treinta mil cuadras de campo, una fortuna que heredó y... dispalfarró su hijo y escritor Carlos.

En el hermoso libro "Estancias, arte y paisaje del Uruguay" (Dirección editorial: Manrique Zago. Idea y realización: Madelón Rodríguez Gómez; Textos: Susana Gallinal de Bonner, Fernando O. Assun
ção, Horacio Artagaveytia, Silvia Chouy de Carrera. Fotografías: Ignacio Naón. Manrique Zago ediciones, Buenos Aires 1997) se puede leer el texto siguiente sobre "Santa María":



"Se encuentra a 21 kilómetros del pueblo Carlos Reyles (Molles de Quinteros), en el departamento de Durazno. Estos campos pertenecieron a Pablo Rivera antes de 1795, a quien heredó su hijo, el general Fructuoso Rivera. El 5 de mayo de 1881 el establecimiento fue adquirido por Santiago Bordaberry.


Alrededor de 1900 se importaron los primeros reproductores vacunos procedentes de Inglaterra, que siguieron reproduciéndose con madres del señor Julio Etcheverry, de Los Cerros de San Juan, y padres del conocido ganadero Elorza.

Las majadas se originaron con la raza Merino Rambouillet cruzada con la variedad Vermont.


Bordaberry adquirió un lote de carneros perteneciente a la raza británica Ryeland, oriundos del condado de Hereford. También hubo en la estancia un número elevado de mulas.


En la tablada de Montevideo los productos de este establecimiento fueron muy reconocidos.

Señala este prestigio que las orientaciones del señor Bordaberry fueron inteligentemente aplicadas, así como el constante esfuerzo realizado por uno de los hombres de labor más renombrados en nuestro medio ganadero. Su hijo, el doctor Domingo, supo administrar la estancia durante una época, donde había molinos a viento para riego, buenos baños para vacunos y lanares de encierro, abundantes plantaciones de árboles, galpones para cabaña, para esquila y para depósitos.

María Bordaberry era la hija mayor de Santiago y heredó a su padre, pero como se mantuvo soltera donó estos campos a su hermana Monclovia Bordaberry de Comas Nin.

En la actualidad, la estancia pertenece a una sociedad familiar cuyo directorio está integrado por Leonor Comas Bordaberry de Gómez Cibils e hijos.


La casa principal es una típica estancia antigua uruguaya. Conserva su fachada original y alberga amplios dormitorios de paredes anchas y techos altos que hacen fresco el verano y placentera la siesta.


A un costado de la casa, se levantan la torre y un alero reparador para disfrutar el aire de campo. Uno vuelve al pasado cuando la visita y se llena de energía, de esa buena energía que dan algunos seres humanos con tanta vida recorrida, como así lo dejó translucir su dueña."




Gral. Fructuoso Rivera

Fructuoso Rivera

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Fructuoso_Rivera


Estancia "Santa Maria" (Dpto. Durazno) (1980)
Raquel Capurro, Rafael Capurro, Leonor Comas,
Juani Gari de Capurro, Don Mario

.
Santa Maria


"Santa María"

Santa Maria


Santa Maria

Fuente: "Estancias arte y paisaje del Uruguay" pag. 131-132. Fotos (reducida): Ignacio Naón


Estancia  "Las Mercedes" (Dpto. Durazno) (1980)
de izquierda a derecha:
Matilde (Maty) Fonseca de Capurro, Juani Gari de Capurro, Luzie Drecker de Fiek
Rafael Capurro, Annette Fiek de Capurro, Raquel (Quela) Capurro,
Mercedes Comas,  Klaus Fiek, Pablo Capurro

Las Mercedes



III. "Aguapé" y "Aguará"

Cuando Don Mario y don Eduardo se jubilaron, repartieron el campo del "Aguará" y don Mario construyó  "Aguapé".


Mario y Maty
Estancia "Aguapé" (Dpto. Durazno)


Aguape2


Rafael, Annette y Raquel (Quela)
Estancia "Aguapé" (Dpto. Durazno)


Aguapé1


Ensillando
Estancia "Aguapé" (Dpto. Durazno) (1999)


ensillando1


Preparando el asado
Estancia "Aguapé" (Dpto. Durazno)


Asado



Don Eduardo Capurro Etchegaray y Annette Fiek de Capurro
  Estancia "Aguará" (Dpto. Durazno)


Eduardo Capurro Etchegaray - Annette Fiek


Annette y Rafael en el "Aguará" (Dpto. Durazno)
fotografiados por Don Eduardo


Aguara7


Don Mario y Don Eduardo
Estancia "Aguapé" (Dpto. Durazno)


Mario y Eduardo Capurro Etchegaray


En familia
Annette Fiek de Capurro, María Cristina Alvarez de Capurro
Mariana Labat de Capurro, Martín Capurro Fonseca,  Raquel (Quela) Capurro Fonseca,
Matilde Fonseca de Capurro, Emita Capurro de Algorta, Ignacio Algorta Sosa Días,
don Eduardo
Estancia "Aguapé" (Dpto. Durazno)


En familia


IV. Viajes


Mario y Maty fueron en misión oficial en abril de 1951 a Australia y Nueva Zelandia acomp
añados por el Ing. Agr. Carlos Pereira Iraola y su esposa ("Chola") con el fin de estudiar los métodos agropecuarios, en especial el mejoramiento de ovejas de raza Corriedale, haciendo etapas en varios países durante una gira alrededor del mundo: Egipto, India, Australia, Nueva Zelandia, Hawai, Los Angeles, Cataratas del Niágara, New York.


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new zealand


También hicieron varios viajes privados a Europa visitando a Annette y Rafael en Karlsruhe (Alemania) y viajaron con ellos a Suiza y España.


Annette, Mario y Maty
Gsteig bei Gstaad (Berner Oberland, Suiza) (1976)


gsteig



Mario y Maty con Annette
de visita en la Selva Negra (Alemania) (1976)


Selva Negra


Don Mario y Rafael en Badajoz, España (1985)

Espana



V. "Pampa del Perdernal", "San Jorge" y "San Juan"


Raquel (Quela), Rafael, Mario, Maty, Martín, Emita, Rosina, Marito
hincados: Pablo, María, Matilde
Estancia "Pampa del Pedernal", Dpto. Tacuarembó (ca. 1990)


Pampa del Pedernal


Estancia "Pampa del Pedernal" (Dpto. Tacuarembó)
El patio


Pampa del Pedernal


Mario Capurro, Matilde Fonseca y familia
Estancia "Pampa del Pedernal" (Dpto. Tacuarembó)


Pama del Pedernal

Annette Fiek de Capurro y Pablo Capurro Fonseca
Estancia "San Jorge" (Conchillas, Dpto. Colonia) (1999)

Conchillas


Raquel (Quela) Capurro, Annette Fiek de Capurro
Juani Gari de Capurro, Pablo Capurro
Estancia "San Jorge" (Conchillas, Dpto. Colonia)
Vista sobre el Río de la Plata (1999)

Conchillas2


Annette y Emita con Guillermina
Estancia "San Juan" (Dpto. Río Negro)


San Juan


El Haras Palmar de Porrúa
Dpto. Río Negro
Ignacio Algorta y Guillermina Algorta Capurro

Video

"En Haras Palmar de Porrúa nos dedicamos a la cría y entrenamiento de caballos de carrera, árabes y angloárabes para raid, endurance y carreras de hipódromo.
Tenemos predilección por los caballos y esto nos lleva a estar en contacto permanente para así generar confianza mutua.
Nuestros caballos viven al aire libre, desde que el potro nace y durante su entrenamiento pasta y corre libremente.
Apostamos a un caballo de gran resistencia, velocidad y docilidad.
Por esto desde 1982 nuestras líneas de sangre son conocidas en el deporte de resistencia uruguayo.
Hoy en día no solo continuamos en esa corriente sino que también buscando acentuar estas características incorporamos el árabe.
Cruzamos padrillos árabes de conocidas líneas de endurance con nuestras viejas sangres de raid obteniendo excelentes resultados.

En el año 1982 se compran las primeras yeguas hijas de Pelillo. Nace Haras Palmar De Porrúa. Su nombre se debe a su antigua ubicación sobre el mismo palmar en el paraje Molles de Porrúa en el departamento de Río Negro. Se registra en el studbook uruguayo en el año 1985, y en el año 1986 Vermelho comienza su carrera en Maroñas, donde gana un total de 6 carreras. En esa misma época, Pelilore, ganador clásico G1, también inicia su trayectoria.
Desde el comienzo se crían yeguas SPC fondistas, y en el año 1986 se comienza a participar en pruebas largas de resistencia, más conocidas en el Uruguay como Raíd Hípico.
Varios buenos caballos pasaron y quedaron en nuestra historia de carretera: Matraca, Inmantado, Negra Mano, Mano Negra, Mostrador, Morocho Galbán, Luna Blanca y Malagant, entre otros.
Desde el año 2000 estamos participando en Endurance y concurrimos a dos panamericanos (Argentina 2005 y Uruguay 2009) y al Mundial de Malasia 2008, obteniendo muy buenos resultados en todas las competiciones.


María Capurro Fonseca
Yoga en el Uruguay

Raquel Capurro Fonseca
Psicoanalista

Mario Capurro Fonseca
Ingeniero Agrónomo y escultor

Mario Capurro Fonseca


Rosina Capurro Fonseca
Pro Plantas
Depto. de Maldonado, Uruguay


Matilde Capurro Fonseca
Campanero
Depto. de Minas, Uruguay

Campanero





VI. Montevideo

Mario Capurro Etchegaray - Matilde Fonseca de Capurro
Bodas de Oro
Montevideo 1997


Bodas de Oro


Don Mario, Annette, Rafael y Maty
Montevideo 1999

Mario, Annette, Rafael, Maty


Mario y Maty

Mario y Maty


Sin palabras

Rafael Capurro
Calamoresca, Monte Argentario (Toscana)


Últimos cambios: 12 de enero de 2016



     

Copyright © 2006 by Rafael Capurro, Susana Pérez Gomar Capurro, Mario Etchegaray Iglesias, all rights reserved. This text may be used and shared in accordance with the fair-use provisions of U.S. and international copyright law, and it may be archived and redistributed in electronic form, provided that the authors are notified and no fee is charged for access. Archiving, redistribution, or republication of this text on other terms, in any medium, requires the consent of the authors.


 
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