JUAN BAUTISTA CAPURRO

(1798 - 1872)

Datos sobre su persona y su vida

2a. EDICION - MONTEVIDEO 1982

Raúl Capurro Castells


Edición Digital:

Rafael Capurro Fonseca  - Magdalena Capurro Stemmer

Karlsruhe (Alemania) - Montevideo (Uruguay) 2006


Sitio archivado en la Biblioteca Estatal de Baviera (Alemania)

 



El texto que presentamos en edición digital sobre la vida de Juan Bautista Capurro Consigliere fue publicado por Raúl Capurro Castells en Montevideo en 1982 (
Estudios Gráficos de CBA s.r.l. Juan Carlos Gómez 1439). Raúl Capurro Castells era hijo de Juan Capurro Ruano (rama de Federico Capurro) y Elina Castells. La hija de Raúl Capurro Castells, Magdalena Capurro Stemmer, es la heredera de este documento y co-editora de este sitio junto con Rafael Capurro Fonseca.

Juan Capurro Ruano era hermano de Haroldo Capurro Ruano quien se casó con Elida Etchegaray. Su hijo Mario Capurro Etchegaray y Raquel Fonseca Piaggio son los padres de Rafael Capurro Fonseca. Sobre la familia Capurro Etchegaray ver este sitio.

Sobre la historia de la familia Castells ver aquí.


ANEXOS

En los Anexos incluimos los siguientes textos:

1. La historia de la familia de Castro relatada por Ricardo Goldaracena en el "Libro de los Linajes" (Tomo 1, Arca Editorial, Montevideo 1976, p. 118-122).

2. Textos y fotos publicados en el libro "El Prado" editado por Denise Caubarrère.

3. Un texto de Federico E. Capurro sobre "El Prado".

4.  Un texto de Ricardo Goldaracena ("Los barrios de Montevideo") sobre el barrio Capurro.

5. Un reportaje de César di Candia a Lía Capurro de Quijano publicada en el semanario "Búsqueda" el 6 de octubre de 1994.

6. Un extracto del libro de Carlos Pérez Montero: "La calle del 18 de Julio (1719-1875). Antecedentes para la historia de la ciudad nueva" (Montevideo, Imprenta "El Siglo Ilustrado" 1942) donde el autor dedica un capítulo a la obra de Juan Alberto Capurro.

7. Imágenes y un texto de Mario Benedetti sobre el Parque Capurro y su casa en la calle Capurro.


Recomendamos este artículo en Wikipedia sobre el barrio Capurro así como este sitio de la Intendencia de Montevideo.

Una anécdota al margen: el autor de los famosos versos "O sole mio" se llamaba Giovanni Capurro (1859-1920), originario de Nápoles. Los versos fueron escritos en 1898. La música la compuso Eduardo Di Capua (1865-1917), también napolitano, un amigo de Giovanni Capurro, mientras estaba en Odessa (Mar Negro) recordando al sol de Nápoles y también a alguna hermosa napolitana ("Ma n'atu sole cchiu' bello, oi ne' / ‘O sole mio / sta 'nfronte a te! / ‘O sole, ‘o sole mio / sta 'nfronte a te, / sta 'nfronte a te!") (Ver aquí).

De acuerdo a la información de la Parrocchia S. Ambrogio (Voltri), Giovanni Battista Capurro  nació el 19 de Febrero de 1798. Algunos datos fueron completados gracias a diversas fuentes familiares así como a la colaboración del Arq. Marcelo Payssé.


 



 
 

INDICE

Prólogo

Algunos datos personales

Padres y hermanos

Nacimiento y muerte

Casamiento

Prudencia de Castro de Capurro

Los hijos de J.B.C.

Los terrenos de "La Meca" (Playa Capurro)

Las empresas de J.B.C.

Otras actividades

La masonería

El Hospital Italiano

Acciones

Créditos

Estirpe de Juan Bautista Capurro

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ANEXOS

Familia de Castro

Denise Caubarrère: El Prado

Federico E. Capurro: El "Prado" y su época

Ricardo Goldaracena: El barrio Capurro

Reportaje de César di Candia a Lía Capurro de Quijano

Carlos Pérez Montero: "La calle del 18 de Julio"

Mario Benedetti y el Parque Capurro

Desde Génova, con amor


 
 


jbcapurro



PROLOGO

La primera edición de este trabajo fue publicada, en edición familiar, en 1970. No se trata de una investigación histórica que el autor no tiene capacidad ni experiencia para realizar; se trata más bien de una modesta recopilación de datos, que fue iniciada originalmente porque un biznieto de Juan Bautista Capurro se sorprendió por la falta de conocimientos que tenían sus parientes sobre la persona y la vida del marino genovés ("capitano di longo corso"), que se afincó en el país a principios del siglo pasado y fundó una familia que se ha ramificada notablemente.

Todavía, pese a sus pacientes empeños, le faltan al autor datos importantes sobre el tema, pero cree que por primera vez se han ordenado las informaciones disponibles, lo que fue motivo para la primera edición. En ésta se han corregido numerosos errores y bastantes omisiones de aquella. Es de creer que interese a sus numerosos descendientes de varias generaciones (y quizá a alguna otra persona), leer estas páginas sobre la personalidad del "cavaliere" Capurro, que fue un hombre de progreso en épocas difíciles, estuvo vinculado a actividades fundamentales que han dejado huella en el país y dejó su nombre a un barrio de la ciudad.

Si es así, el propósito de la tarea estará cumplido.

RAUL CAPURRO

Montevideo, marzo de 1982


Juan Bautista Capurro, Patente: Turin 1819


Vista de la ciudad y puerto de Montevideo tomada desde el NO, 1826.
Dedicada al Exmo. Sr. Dn. Juan José Durán
Caballero Comendador de la orden de Cristo y Oficial de la Imperial del Cruzero
Brigadier de los Egércitos (sic) Nacionales e Imperiales y Gobernador Intendente de la Provincia
Fuente: http://glaucus.fcien.edu.uy/pcmya/ecos/sodre/Mvah103.html

Ver también: Montevideo Antiguo


Montevideo 1826


ALGUNOS DATOS PERSONALES

Juan Bautista Capurro era marino mercante. El 25/1/819, el gobierno de Turín, donde estaba entonces la capital del reino, le expidió la patente de "capitán de gran cabotaje", No. 1.071 de CAPURRO GIOBATTA D'ALBERTO, nativo de Voltri, de acuerdo con los reglamentos respectivos y en razón de haber demostrado los conocimientos técnicos necesarios y la aptitud moral requerida, contando la edad exigida de 24 años. La patente es expedida por orden del Secretario de Guerra y Marina de

"Vittorio Emanuele per Grazia di Dio Re di Sardegna, di Cipro, e di Gerusalemme, Duca di Savoja, e di Genova, Principe di Piemonte ec. ec. ec." (Documento propiedad de la familia Capurro-Aguirre).

En los registros de Lloyds de Londres figura con anterioridad como armador de los bergantines de madera "Annina", "Amalia" y otros, los que se cree viajaron al Mar Negro por cargas de trigo. Seguramente navegaba en ellos también, pero, en todo caso, era capitán del barco en que arribó a Montevideo (quizá el "Esmeralda"), en fecha que no se conoce exactamente. Esa radicación en nuestro país tiene que haber sido anterior a 1829, pues en ese año figura como miembro de la Masonería Oriental, lo que hace presumir que estaba en Montevideo desde algún tiempo antes.

Después se vinculó por matrimonio a la familia Castro y aparentemente dejó de navegar, dedicándose a sus negocios exclusivamente; aunque, como después se verá, prosiguió en actividades relacionadas con el tráfico marítimo. No tuvo actuación pública, pero era una persona importante en la colectividad italiana, (muy numerosa ya entonces), en representación de la cual fue designado por el Gobierno en 1870 para integrar la Comisión de Comerciantes y Propietarios, en la que actuó poco tiempo. También formó parte del grupo fundador del Banco Italiano, el Ferrocarril Central, el Hospital Italiano, la Compañía de Aguas Corrientes y el Teatro Solís, en unión con notorias figuras de la época, manteniendo además sus propias empresas.

J.B.C. vivió primero en la "Ciudad Vieja", donde nacieron sus hijos mayores. El 17 de julio de 1853 hubo una fiesta en su casa de la calle Piedras e Ituzaingó que, según cuenta el Licenciado Peralta en "Resonancias del Camino" estaba a las nueve y media de la noche toda iluminada. Después construyó una hermosa casa en la calle Capurro esq. Gutiérrez, en las proximidades de lo que había sido antes el Caserío de los Negros, con macetones de mármol de Carrara sobre cada uno de los pilares de la verja. Allí vivió con su familia y numerosos agregados hasta su muerte, frente al panorama de la bahía y de los barcos. Esa propiedad, que formaba parte de los terrenos de "La Meca", pasó luego a su hijo menor Eduardo y se vendió posteriormente, habiendo sido demolida la casa para edificar una moderna escuela.


Playa Capurro


PC

PCap


Durante su vida de intenso trabajo consiguió acumular una cuantiosa fortuna: el total de los bienes que dejó, fue tasado en cerca de 900.000 pesos, lo que era considerable en el año 1872. Es de hacer notar que no dejó campos en herencia: sus inversiones eran todas inmobiliarias urbanas o financieras

Infortunadamente se ha perdido el archivo de sus papeles, que eran muchos según el inventario de la testamentaría. Su correspondencia personal y comercial podría haber dado muchos datos de interés. Las pocas cartas que se conservan de él, lo revelan como hombre de cierta cultura, en razón de la soltura de la letra y la corrección de la redacción y la ortografía. Escribía tanto en italiano como en español.

Hay dispersos numerosos testimonios de su generosidad, ejercida en beneficio de la causa de la unificación italiana (ayudó a  Garibaldi a armar el barco en que éste regresó a su patria) y de la colectividad italiana en el Uruguay, como se demuestra en su donación al Hospital Italiano.

En cuanto a su carácter, hay un significativo episodio transmitido por tradición de la familia. Parece ser que accedió a dirigir la maniobra de colocar la estatua de La Libertad sobre su columna en la plaza Cagancha. Cuando estaban en plena tarea llegó un militar de alta graduación y empezó a dar algunas indicaciones sobre la manera de realizar el difícil trabajo. J.B.C. le habría dicho que los militares mandaban en el Fuerte, pero que él lo hacía en la plaza; y que si alguien más iba a intervenir, él estaba de más. Y el militar fue quien se retiró.

Libertad

Fuente: http://www.e-transhotel.com/montevideo_antiguo.htm

Nota: La estatua de la Libertad es obra del escultor italiano José Livi y fue erigida el 20 de febrero de 1867. En realidad es una imagen de la Paz, pero siempre se la llamó Libertad (RC)

Hay bastante documentación gráfica sobre su aspecto físico. Además del óleo de Cayetano Gallino, que (poco fiable porque este artista acostumbraba a embellecer a sus modelos), hay varias fotografías y un retrato de un pintor desconocido muy parecido a ellas (óleo propiedad del autor). Por lo que se vé, era hombre de estatura más bien baja, pero robusto, con cabeza grande y cara ancha con frente amplia, cabello castaño, ojos claros (como muchos de sus descendientes) y grandes patillas al estilo de la época. Una foto en que está con su esposa y su hijo menor lo muestra sentado y en atuendo de ceremonia con yaqué, plastrón y la medalla de la orden a la que pertenecía.


PADRES Y HERMANOS

Los padres de J.B.C. fueron Alberto Capurro y Magdalena Consigliere (también figura como Consigliero o Concillera en partidas de la Iglesia Matriz), que se casaron posiblemente en Génova en fecha que se ignora. Alberto Capurro vivió aparentemente en Voltri y murió también en ese pueblo cercano a Génova el 16/6/862. Hubieron otros tres hijos del matrimonio: Luis, que también era marino y parece haber perecido en un naufragio (algunos creen que una familia Capurro de Gibraltar es descendiente de él); en todo caso, murió antes que J.B.C., pues éste lo heredó.

Otras hijas: Marina, casada con Carlos G. Rossi (tenían una hija llamada Elodia); y Angela o Angiolina, casada con Pietro Pietranera, del cual matrimonio hubieron dos hijas, Adelaida y Eduarda, y un hijo, Césare. Todos los nombrados se radicaron posteriormente en Montevideo. Pietranera mandó barcos de J.B.C. y Rossi, fue su asociado en negocios; en cuanto a Césare, trabajó primero en la destilería de alcohol de Capurro y luego en Salud Pública. Las mencionadas sobrinas recibieron pensiones a la muerte de su tío en 1872.


NACIMIENTO Y MUERTE


Nació en
Voltri, cerca de Génova, en fecha que se ignora; las gestiones hechas por carta ante el párroco de esa ciudad no han dado resultado. Murió en Montevideo el 26/11/872 (partida de defunción en la Iglesia Matriz, libro 18). Allí figura su edad como de 73 años, por lo que su nacimiento habría ocurrido en 1799. Versión de su nuera Ema Ruano de Capurro: murió a los 75 años.

El primer documento de fecha cierta existente es la patente de capitán expedida en 1819. En ella se dice que se le concedía por tener 24 años cumplidos de edad, lo que no coincide con los datos anteriores.


CASAMIENTO

En la Iglesia Matriz (libro 8, folio 11) está la partida de casamiento de Juan Capurro, nacido en Génova, hijo de Alberto Capurro y Magdalena Consellera, con Prudencia de Castro, nacida en Montevideo, hija de Agustin de Castro y María Genoveva Castro, en fecha 4/10/836.


Giovanni Battista Capurro - Prudencia de Castro
Oleo de Cayetano Gallino (1804-1884)
Propiedad de la Sra. Elvira Mousqués de Capurro

Juan Bautista Capurro   Prudencia de Castro de Capurro


PRUDENCIA DE CASTRO DE CAPURRO (1821-1888)

Tenía solamente 15 años cuando se casó con J.B.C., quien debía contar cerca de 40 en 1836. Se dice que su padre la llamó un día a la sala y le presentó un caballero de grandes patillas, diciéndole: Prudencia, he resuelto que te cases con este señor.

Pudieron vivir muy confortablemente dada su posición económica y deben haber viajado más de una vez a Europa, ya que el hijo menor Eduardo, nació en Génova en 1853. Tanto éste como su hermano Agustín perdieron la razón en su juventud.

Ambos cónyugues fueron retratados por el pintor Gallino, que también lo hizo con gran cantidad de figuras del Montevideo de ese tiempo. (Cuadros, propiedad de la familia Capurro-Mousqués).

A la muerte de su marido, viajó a Italia para hacer atender y cuidar a sus hijos incapaces, de los cuales Agustín era de tipo violento. Se ignora la fecha del viaje, del cual ya no regresaría, pero en 1881 estaba instalada en Milán, según carta de ese año a su nuera Elina Charry de Capurro. Primero vivió en una villa de Fiésole, próxima a Florencia, y luego se mudó a Milán, donde tenía un gran departamento en Porta Romana 100. Allí la visitaron sus hijos Juan Alberto y Federico quedando el último acompañándola varios años con su esposa Ema Ruano de Capurro y sus hijos Juan Bautista, Federico, Ema y Haroldo (Olga nació allí en 1886). Agustín Capurro murió en la misma ciudad en 1885. Finalmente Doña Prudencia pasó a vivir en Monza, cerca del sanatorio donde internó a su hijo menor Eduardo y donde éste murió muchos años después. Federico regresó a Montevideo con su familia, debido al mal estado de los negocios familiares. Un mes después (4/4/888) murió Doña Prudencia de un ataque cerebral cuando tenía alrededor de 67 años.

Durante su vida de casada reunió un hermoso conjunto de muebles, porcelanas, platería y joyas, parte de lo cual está todavía en la familia. Se advierte que era mujer de gusto refinado. Después de su entierro, su viejo mucamo Vicenzo viajó a Montevideo con las joyas y otras cosas, trayendo además dos urnas con las cenizas de ella y de Agustín. Vicenzo sirvió luego en la casa de Federico Capurro Castro.

Según la tradición, Doña Prudencia fumaba cigarros de hoja y tomaba rapé. Era muy sorda y sus familiares tenían que escribirle en vez de decirle las cosas. Por sus cartas desde Italia a sus hijos, se vé que pasó una vejez infeliz debido a sus hijos dementes.


LOS HIJOS DE J.B.C.

Juan Alberto nació en Montevideo el 17/3/841 (Iglesia Matriz, libro 23, folio 82). Murió en Montevideo el 29/11/906 y fue enterrado con Honores de Ministro de Estado. Había sido diputado, senador, ministro de Gobierno y de Fomento de Herrera y Obes, ministro de Fomento de Batlle y Ordóñez y factor importante de la construcción de los ferrocarriles, de la red de carreteras y del puerto de la capital. Fue en especial un arquitecto notable, graduado en Turín, autor de hermosos edificios como el Palacio Santos, la quinta de Raffo, la casa de Carlos de Castro en la calle Bartolomé Mitre, la casa de Agustín de Castro en la calle 25 de Mayo, etc. También realizó el primer catastro de la ciudad y fue además un progresista industrial.

Prudencio Agustín nació en Montevideo el 8/8/842 (Iglesia Matriz, libro 23, folio 180) y murió en Milán el 18/1/885, sin dejar descendencia.

Luis Federico nació en Montevideo el 2/10/843 (Iglesia Matriz, libro 24, folio 146), figurando también inscripto en la Iglesia San Francisco (libro 24, folio 156). Murió en Montevideo el 10/10/905 en la quinta de Haedo de la calle Lucas Obes, donde residía entonces con su familia. Fue diputado, senador, miembro del Consejo de Estado, del Banco Nacional y del Banco de la República, fundador y primer gerente de la Caja Nacional de Ahorros y Descuentos, creada para impedir la usura sobre los sueldos de los funcionarios públicos y actuar como Monte de Piedad. Tuvo establecimiento de campo con viñedos en el paraje ahora denominado Margat y una hermosa quinta en Santa Lucía (Dpto. de Canelones) y se asoció con su hermano Juan Alberto en diversas empresas industriales. Fue además pintor y fotógrafo de gran calidad.

Luis Federico Capurro de Castro y Ema Ruano de Arteaga

Federico Capurro de Castro Ema Ruano de Arteaga


Quinta "Santa Lucía"


ver más detalles aquí

quinta capurro


quinta santa lucia

Eduardo Pedro Pablo (Edoardo Pietro Paolo) nació en Génova el 1/2/853 (Parroquia de Na. Signora delle Vigne, No. 31). Murió en Monza (Italia) el 30/6/927 sin dejar descendencia.

Los hermanos Capurro Castro fueron enviados desde niños a Italia. Estuvieron primero en el colegio de los Padres Escolapios de Savona y después pasaron Juan Alberto y Federico a la Real Escuela de Bellas Artes de Turín, donde el primero se recibió de ingeniero-arquitecto. Federico no terminó los estudios, dedicándose tal vez a su vocación pictórica. Ver aquí.

De la época de los estudios en Italia es el retrato al óleo donde aparecen Juan Alberto, Agustín y Federico con el sacerdote Degrossi, que era su preceptor. (Cuadro del pintor Angelo Pogessi di Roma, 1859, propiedad de la familia Muñoz del Campo-Capurro).


LOS TERRENOS DE "LA MECA" (PLAYA CAPURRO)

Por escritura que autorizó el Escribano Salvador Tort el 29/12/837, Juan Bautista Capurro, en condominio con José Lapuente, adquirió en 2.000 patacones de Tomás Basáñez una extensión de terreno situada en la margen izquierda del arroyo Miguelete en su desembocadura en la bahía de Montevideo y con un amplio frente sobre la misma bahía (llegaba por el este hasta el paraje conocido por el Caserío de los Negros). Esos terrenos los hubo Basáñez por donación de Teodora Cuenca, quien a su vez los compró al Gobierno por escritura autorizada por el Escribano Francisco Araucho el 2/5/832.

Existe un expediente del año 1840, en el que Juan Bautista Capurro solicitaba se le adjudicara una restinga de piedras y terrenos submarinos con frente a su propiedad, pero no se dictó resolución al respecto.

En el año 1861, Juan Bautista Capurro se presentó al Gobierno pidiendo autorización para construir un muelle y demás obras accesorias sobre la bahía, destinado a lastrar los buques de ultramar, frente a los terrenos de su propiedad situados en la margen izquierda del arroyo Miguelete y con frente a la bahía. El permiso fue concedido por decreto del Ministerio de Hacienda de 7/2/861.

En el año 1872 (exp.No. 160), se presentó al Gobierno denunciando terrenos submarinos frente a su propiedad, en la parte comprendida entre la rambla Sud-América en construcción entonces y la orilla del río proyectada. Esta gestión terminó con la escritura autorizada por el Escribano Tomás de Tezanos en 21/12/888 por la cual se reconocía la propiedad de 22.640 mts.2 que resultaban excedente del área fiscal denunciada. La escritura fue hecha a favor de Juan Alberto, Federico y Eduardo Capurro por haber fallecido ya Juan Bautista Capurro y su esposa.

La manzana de terreno donde estaba el muelle (cuyos restos todavía existen) fue adjudicada posteriormente a Eduardo Capurro y vendida a la muerte de éste por sus herederos, a Juan Restelli, quien tuvo algunas dificultades para probar la salida fiscal de esa parte de "La Meca", resolviéndose el asunto recién en 1937 (Ministerio de Hacienda, carpeta No. 919) con la comprobación que la salida fiscal ya había ocurrido en 1832.

En otra parte de los terrenos tenían su ubicación en tiempos de Juan Alberto y Federico Capurro, la Gran destilería Oriental y la Cervecería Germania, que fueron vendidas después.

En cuanto al resto de las tierras presumiblemente habían sido vendidas poco a poco. En todo caso, lo adjudicado de ellas a Eduardo Capurro fue la manzana referida sobre el mar y el predio ocupado por la quinta de Juan Bautista Capurro.

El autor se ha extendido en detalles sobre esta propiedad porque no solamente era un centro importante de la actividad de Juan Bautista Capurro, sino también porque en ella tenía su casa, todo lo qual hizo que la calle que va desde Agraciada hasta la playa se llamara también Capurro, lo mismo que el barrio. El nombre original de "La Meca" ha sido completamente olvidado por las generaciones siguientes. En una época, la playa era la más concurrida de Montevideo, lo mismo que el parque que hizo la compañía de tranvías, con su famosa pista de patinaje. Después Capurro perdió su playa y se transformó en un barrio industrial y de edificación modesta, aunque sin perder naturalmente su hermoso panorama de la bahía.


montevideo



LAS EMPRESAS DE J.B.C.

Siguió navegando por lo menos hasta 1830, pues en enero de ese año declaró en la Capitanía de Aduana que unos días antes el barco "Penguin" del que era capitán había sido

"sorprendido por un fuerte viento soplando del W y del SW, descubriéndose entonces que la embarcación hacía agua".

No se sabe si continuó activamente en la marina después, pero hay numerosas noticias sobre su actuación como armador o consignatario marítimo: Anuncio en "El Nacional" de 24/9/835:

"Para Génova en derechura saldrá sin falta a fin de mes el muy velero, forrado y clavado en cobre, bergantín "Príncipe Eugenio", Capitán Miguel A. Geriola, teniendo dos terceras partes de su carga pronta. Los señores que gusten de cargar el resto o ir de pasaje, teniendo excelentes comodidades al efecto, pueden concurrir para tratar a sus consignatarios Capurro y Castro".

En otro diario del 2/8/841:

"Para Valparaíso en el Pacífico saldrá este mes la barca "Prudencia". Su capitán Pietranera vende carga y pasajeros, a los cuales ofrece las mejores comodidades y buen trato. Dirigirse a su consignatario J.B. Capurro".

Esta embarcación hacía también viajes a El Callao, naturalmente navegando a vela por el estrecho de Magallanes. Hubo también otras empresas de J.B.C. también vinculadas al tráfico marítimo:

a) La explotación de los arenales y pozos de agua potable de "La Meca", donde existían las instalaciones necesarias para servir a los buques de ultramar, que en ese tiempo solían volver sin carga a Europa y necesitaban lastre y naturalmente agua dulce, de la cual había abundancia en esa extensión que abarcaba unas 24 cuadras cuadradas. Isidoro De María relata en su libro "Montevideo Antiguo":

"En el año 1866 hubo una gran seca que ocasionó se agotaran todos los aljibes de Montevideo. Faltaba completamente el agua. Capurro se ofreció a traer toda la precisa de su establecimiento en la playa del Arroyo Seco. Aceptada la generosa oferta, se traía embarcada desde esa playa. En sólo 18 días se repartió al vecindario la friolera de 2.133 pipas de agua, costando este serviciode transporte a la Dirección de Salubridad, 1.514 pesos".

El capataz de "La Meca" era el genovés Ambrosio Rotondo, que había servido con J.B.C. cuando éste navegaba. Más adelante recibió la concesión para los baños en la playa y el negocio de la arena fue transferido al inglés William Evans.

b) Los depósitos de Aduana que fueron construídos por él en la costa de la bahía, más o mens frente a las calles Ituzaingó y Treinta y Tres. En esos grandes locales con muros de piedra los importadores depositaban sus mercaderías, pagando una tasa por almacenamiento. No existía el puerto entonces y el desembarque se hacía en lanchones que atracaban luego a los muelles inmediatos a los depósitos. Hubieron dos de ellos: "Capurro viejo", que fue adquirido por el Estado en N$ 400.000, durante el gobierno de Flores (1865-68) debido al gran movimiento portuario que motivó la guerra del Paraguay (Eduardo Acevedo, "Anales Históricos", tomo III, pag. 438); y "Capurro Nuevo", que siguió siendo propiedad de J.B.C. hasta la muerte de éste, pues consta en el inventario de la herencia. La gente del puerto llamaba antes "Capurro" al barrio contiguo a ese depósito, que ha sido después reedificado.

c) La Compañía Oriental de Seguros Maritimos, que fundó en 1854 con Juan Bautista Charry, gerente de la línea naviera Messageries Imperiales (que fue luego su consuegro) y su cuñado Carlos G. Rossi (E. Acevedo, ob. cit., tomo II, pag. 552). El seguro marítimo había estado hasta entonces a cargo de firmas extrangeras y parece ser que la Oriental fue la primera aseguradora del Plata en ese ramo de capitales nativos.


OTRAS ACTIVIDADES

También tuvo J.B.C. fuerte activa intervención y fuerte capital en la Sociedad de Edificación y Crédito Hipotecario "Progreso Oriental" (dejó a sus herederos un importante paquete de acciones). Esta sociedad se ocupaba de negocios inmobiliarios, especialmente de loteos en la ciudad de Montevideo.

Era accionista del Banco Italiano, lo que es natural dada su posición en la colectividad, pero se ignora si integró alguna vez su directorio. También estuvo entre los accionistas fundadores del Teatro Solís.

Durante el gobierno de Flores se sancionó el decreto-ley de 8/10/866 que acordaba a una sociedad anónima denominada "
Compañía del Ferro-Carril Central del Uruguay" la concesión para la construcción y explotación de una línea férrea entre Montevideo y Durazno. El grupo iniciador estaba compuesto por Daniel Zorrilla, Antonio Ma. Márquez, Jaime Cibils, Juan Mac Coll, Joaquín Requena, J.B.C., Juan Proudfort, Juan Miguel Martínez y Juan D. Jackson. La sociedad tuvo inconvenientes para integrar el capital necesario y en 1868 los derechos de concesión fueron transferidos a una empresa formada en Londres, que llevó adelante la obra (ampliando también las líneas) y siguió actuando en el país hasta la venta del ferrocarril al Estado en 1949. En el expediente sucesorio de J.B.C. figuraban todavía algunas acciones de la primitiva sociedad.

Un dato poco conocido fue dado al autor por el Prof. Juan E. Pivel Devoto: en cierta ocasión J.B.C. propuso al gobierno la emisión de moneda fraccionaria, que escaseaba mucho en algunos períodos del siglo pasado. La propuesta fue aceptada y la emisión se hizo poco después.

Esta breve reseña da una idea del espíritu de progreso e iniciativa del marino italiano que, como tantos de sus compatriotas, contribuyó eficazmente al desarrollo de la economía de su país de adopción.


LA MASONERIA

J.B.C. pertenecía a la orden masónica. En el museo de ella en Montevideo figura un diploma que dice así:

"A.L.G.D.G.A.D.U. (a la gloria del Gran Arquitecto del Universo). Nos y los demás miembros que componen la regla de los hijos del secreto, provisionalmente y regularmente constituída al Oriente de Montevideo, a todos los hermanos masones esparcidos sobre la superficie de la tierra, S.F.U. (salud, fuerza, unión), sabed que nuestro muy querido hermano Juan Capurro es aprendiz compañero del Antiguo Rito Escocés aceptado y que por sus servicios y virtudes que loadornan ha obtenido en nuestra Sagrada Orden el grado de Maestro Simbólico, con las formalidades del Rito ha sido incorporado a nuestro seno previos los juramentos de estatuto y ha asistido a nuestro trabajo con el celo propio de un buen Hermano, cumpliendo las obligaciones de tal; y por cuyo motivo os encargamos y suplicamos le reconozcáis en el referido Grado, lo recibáis fraternalmente y le auxiliéis como es debido. Dado en Lugar Cubierto, el día 9 del 7o. mes del año 1829, era vulgar. Firman P. Cavia, J.M. Numa, José Masera Sirio, y otras firmas ilegibles."

Este diploma fue expedido por una logia de la Masonería cuyo nombre no se conoce, pues no figura en el documento. En la copia se han usado las palabras completas en lugar de las frecuentes abreviaturas del original. También en el mismo museo hay otro diploma fechado el 9 de enero de 5830 (esta cronología masónica corresponde al año 1830 de la corriente). Fue expedido en ocasión de concederse a J.B.C. el grado 7 de la orden, firmando Juan Melo Rodríguez, José Brito del Pino, Joaquín Sagra, Angel Rini, Carlos San Vicente y otros. Este diploma corresponde a una rama diferente de la Masonería: la filosófica.


EL HOSPITAL ITALIANO

En la reseña publicada en folleto por el Ospedale Italiano Umberto Primo en 1949 se lee lo siguiente:

"Año 1852. Entre algunos italianos residentes en Montevideo surge la idea de cooperar con las autoridades nacionales de la República en la obra de asistencia médica, que en forma precaria prestaba el Hospital de Caridad de esta ciudad. Para ello se pensó en fundar un hospital que sería constituído y mantenido luego con la contribución voluntaria de los italianos y que serviría para atender a los compatriotas enfermos necesitados. En ese año se nombra una comisión compuesta por los señores A. Benvenutto, Dr. G. Bottini, Juan B. Capurro, P. Cassarino, Presbítero J. B. Cúneo, A. Folle, V. Gianello, J. Mazzini, G. Narizano, L. Nascimbene, A. Paullier y A. Riccordi. A ellos se encomendó la tarea de iniciar los trabajos conducentes a la realización de la idea".

"Año 1853. Presentes el Encargado de Negocios y el Cónsul de Su Majestad el Rey de Cerdeña y numerosos y distinguidos miembros de la población italiana de Montevido, el 23 de abril de ese año se realiza una reunión. En ella se aprueba con entusiasmo el proyecto de creación de un "Hospital Italiano" y se nombran comisiones para promover la suscripción del cao (sic) a capital necesario. El señor Juan B. Capurro ofrece la donación del terreno situado en la esquina suroeste de las calles Soriano y Queguay (hoy Paraguay), para que en él se levante el edificio destinado al Hospital Italiano."


El 22 de mayo se coloca la piedra fundamental de la nueva obra
, que se levantaría con los planos del Arquitecto Pedro Fossatti, elegido por concurso; el mismo profesional tomó a su cargo los trabajos de contratista.

El 24/6/860, la Comisión Edilicia del Ospedale Italiano se dirige a J.B.C. agradeciéndole en términos expresivos su contribución a la fundación del hospital. Firman todos los miembros de la comisión y el secretario; entre otros, Andrea Carassale, Gaetano Gavazzo, Andrés Folle, Bartolomeo Odicini, Francisco Canessa, S. Raffo, Carlos Scotti, etc. (Documento en poder de la familia Capurro-Aguirre).

El hospital fundado por los italianos fue arrendado al Gobierno del Brasil durante la guerra del Paraguay (1865-1870), para tratar a los soldados heridos o enfermos. Se llamó en ese tiempo Hospital Brasilero. Luego de terminada la guerra, volvió su destino primitivo.

El 16/9/883 la misma comisión se dirige a los hijos de J.B.C., Juan Alberto y Federico, para comunicarles que el edificio construído en el predio donado generosamente por su padre había quedado reducido para las actuales necesidades de la colectividad, por lo que se había resuelto construir un nuevo hospital en el paraje conocido por Las Tres Cruces. Agregan que uno de los primeros cuidados de la Comisión al terminar la obra será el de perpetuar en ella dignamente la memoria de tan meritorio ciudadano.
Firma Gaetano Guarni, Presidente. (Documento en poder de la Familia Capurro-Aguirre).

El nuevo hospital, proyectado por el Ing. Luis Andreoni, que es un hermoso edificio, se inauguró en el año 1890, pero el nombre de "Gio Batta Capurro" sólo figura en una placa de mármol evidentemente prevista para varios nombres de fundadores y benefactores del establecimiento, pero que está casi vacía de inscripciones, sin mencionar siquiera a los integranges del grupo de 1852.

hospedale italiano


En cuanto al viejo edificio de la calle Soriano, fue sucesivamente sede de la Masonería y liceo femenino, estando ahora ocupado desde hace años por dependencias militares.

J.B.C. fue en algún momento Presidente del Hospital Italiano (por lo menos fue designado para el cargo), pues una comunicación informándole del nombramiento figura inventariada en la testamentaría.

Por razones ignoradas, el sepulcro del
Cementerio Central no consta en la lista de bienes. Se trata de una hermosa capilla de mármol blanco de Carrara en la proximidad de la Rotonda. Este sepulcro fue adjudicado a Juan Bautista Capurro por resolución de la Junta Económico-Administrativa de 28/1/863, con el No. 132, pero no fue utilizado hasta 1879, precisamente para el fundador de la familia.
 

ACCIONES

5 de la Cía. Oriental de Seguros Marítimos, $ 10.000,- v/n.
1601 de la Sociedad de Edificación y Crédito Hipotecario "Progreso Oriental", de $ 160.100.- de v/n.
20 del Banco Italiano; $  10.000.- v/n.
10 del Ferrocarril Central del Uruguay; $ 2.350.- v/n.


CREDITOS

Hay una cantidad crecida de vales, conformes, letras de cambio, etc., representando créditos a favor del testador, entre ellos ocho vales del Gobierno por un total de $ 68.000.-, que corresponden al saldo adeudado por la compra de los depósitos de Aduana ("Capurro viejo"). También figuran títulos de deuda pública en escaso monto y documentación sobre otras propiedades inmobiliarias que por alguna razón no fueron tasadas, entre ellas el nicho No. 113 en el "cementerio de la ciudad". Se detallan además gran cantidad de documentos varios, correspondencia, etc.

El total de los bienes fue tasado en $ 884.138.73, que se dividió entre los herederos después de algunos ajustes en la proporción de 4/8 para la viuda y 1/8 para cada uno de los hijos

 

ESTIRPE DE JUAN BAUTISTA CAPURRO
(hasta la cuarta generación)

JUAN BAUTISTA CAPURRO                        PRUDENCIA DE CASTRO
(Hijo de Alberto Capurro                                    (Hija de Agustín de Castro
y Magdalena Consigliere)                                  y María Genoveva de Castro)
      (1798 - 1872)                                                              (1821 - 1888)

JUAN ALBERTO CAPURRO
(1841-1906)
Elina Charry
(Hija de Juan Bautista Charry
y Nelly Duroux Guillien)

PRUDENCIO AGUSTIN CAPURRO
(1842-1885, Milán)
(No dejó desdendencia)

LUIS FEDERICO CAPURRO
(1843-1905)
Ema Ruano
(Hija de Rafael Ruano
  y Lucía de Arteaga)

EDUARDO CAPURRO
(1853 Génova -1927 Monza)
(No dejó descendencia)


RAMA DE JUAN ALBERTO CAPURRO y ELINA CHARRY DUROUX

 Juan Alberto Capurro Elina Charry

Ver en el Anexo el extracto del libro de Carlos Pérez Montero: "La calle del 18 de Julio (1719-1875). Antecedentes para la historia de la ciudad nueva" (Montevideo, Imprenta "El Siglo Ilustrado" 1942) donde el autor dedica un capítulo a la obra de Juan Alberto Capurro. Ver también aquí (al final de este sitio)

ALBERTO CAPURRO CHARRY
(No dejó descendencia)

ENRIQUE CAPURRO CHARRY
(Lia Aguirre Antuña, hija de Martín Aguirre Pérez
y Rosa Antu
ña)

Lia Capurro Aguirre (Ver: Reportaje en este sitio)
(Carlos Quijano)

Enrique Capurro Aguirre
(Olga Quintela)
(Ma. Isabel Acevedo)


MARIA CLARA CAPURRO CHARRY
(Daniel García Acevedo, hijo de Ildefonso
García Lagos y Julia Acevedo Vasquez)

Daniel García Capurro
(Sofía Vidal)

Mario García Capurro
(Elena Urioste)

Ma. Clara García Capurro
(Luis Alberto Urioste Lema, hijo de
Santos Urioste Montaño y Adela Lema Guerrero)

Elina García Capurro

Alberto García Capurro
(Celia Scheitler)
(Mercedes Cuenca)


ELINA CAPURRO CHARRY
(hermana melliza de Elena)
Dr. Alfredo Arocena Artagaveytia (1870-1945) (hijo de Ramón Arocena y Matilde Artagaveytia Gómez)
Co-fundador de la Sociedad Anónima Balneario de Carrasco (1911).
Ver el capítulo "Carrasco" en Federico E. Capurro "Una memoria más" .
Miembro del The Carrasco Hotel and Casino (Uruguayan) Company Limited (Londres 1913).
Director de la Empresa Transatläntica de tranvías a caballo y luego eléctricos en sociedad con Esteban Elena.
Fundador junto con Don Elbio Fernández del Banco La Caja Obrera (Director durante 28 años).

Ver: Denise Caubarrère y Toti Monzón: Carrasco. El misterioso encanto de un barrio, Montevideo, p. 13.
Ver también: Pablo Arocena: De Ramones y Matildes. Crónica de una familia rioplatense (Montevideo 2004.

Alfredo Arocena Capurro
(Margarita Lussich)

Diego Arocena Capurro
(Laura Vázquez Varela)

Raúl Arocena Capurro
(Julia Shaw)
(Elena Guimaraens)

Julio Arocena Capurro
(Ma. Rosa Christophersen)
(Isabel Miles)

Juan Alberto Arocena Capurro
(Raquel Real de Azúa)

Oscar Arocena Capurro
(Matilde Ortiz de Taranco y García, hija
de Felix Ortiz de Taranco y Elisa García
de Zúñiga Villegas)

Elina Arocena Capurro
(Jorge Basabilbaso)

Raquel Arocena Capurro


ELENA CAPURRO CHARRY
(hermana melliza de Elina)
(Enrique Arocena Artagaveytia, hijo de
Ramón Arocena Castro y Matilde Artagaveytia Gómez)

Enrique Arocena Capurro
(Violeta Olivera)
(Elena Morador)

Ines Arocena Capurro

Elena Arocena Capurro
(Ernesto Leborgne)

Horacio Arocena Capurro
(Ma. Isabel Novoa)


MERCEDES CAPURRO CHARRY
(Julio Aberto Castells Carafi (1910-1978)
hijo de Jaime Miguel Castells Montestruch
y Laura Carafi Zas)
Fundador, junto a Raúl Castells Carafí, de
la revista Mundo Uruguayo (Ver aqui).

Julio Castells Carafi
Julio Alberto Castells Carafi e hijos (Julio y Enrique)

Julio Alberto Castells Capurro, casado con
- Ema Chalar:
    -- Julio Alberto Castells Chalar casado con Teresa Barthaburu: Mercedes y Julio Alberto;
    -- Juan Bautista Castells Chalar casado con Elsa  Ruffinelli: Rosario, Adriana y Pablo
- Olga Castells Silveira - Federico Etchegaray Carve
- Olga Montero:
   -- Carlos Castells Montero casado con Stella Alvarez Lados:
        --- Andrea Carolina casada con Rodrigo Abal Soneira: Sol, María Pía;
        --- Carlos Julio casado con María Olga Arbiza: Agustín, Alberto y Alfonso;
        casado con Liliana Massa Mastrangelo: Juan Ignacio Castells Massa.


Notas de Carlos Castells Montero

"El próximo 26 de junio se cumplirán cincuenta años del fallecimiento del pintor y acuarelista Julio Alberto Castells Capurro.
Hermano del más famoso de los hermanos Enrique Castells Capurro y hermanados en la pintura de escenas gauchescas Julio Alberto, mi padre, fue menos prolífico en su producción artistica, explicado esto entre otras cosas por su muerte a los 47 años. Habia nacido un 12 de octubre de 1911 hijo de Julio Castells Carafi y Mercedes Capurro Charry siendo el primer hijo de dos el otro ya mencionado Enrique.
Hicieron los dos hermanos algunas exposiciones conjuntas trabajo para Capurro Publicidad y también para el Semanario Marcha. al que lo vinculaba ademas su parentezco con Lía Capurro Aguirre, esposa del Dr Carlos Quijano, que era como hermana pues al ser huérfana ella y su hermano Cote se criaron en la casa paterna de mi padre en el barrio de Capurro Prado.
Julio Alberto Castells Capurro tuvo cuatro hijos, dos de los cuales, Juan Bautista, fallecido en el 2003 y Olga se dedicaron y dedican a la pintura. Falleció un 26 de junio de 1959. Vayan pues estas líneas en recuerdo de alguien que algo aportó a  la cultura del Uruguay.
Montevideo, 8 de junio de 2009.

"Centenario del nacimiento del pintor Uruguayo Enrique Castells Capurro 1913-2013
El próximo 9 de Marzo del 2013 se cumple el primer centenario del nacimiento de Enrique Castells Capurro, de mas está decir la profusa obra pictórica realizada por el referido artista vinculada a nuestra vida rural especialmente que fue plasmada en óleos, acuarelas, aguazos, bronces, murales y demás. Lamentablemente a pesar de los esfuerzos realizados ante las autoridades culturales municipales y nacionales no se ha podido lograr hasta el día de hoy concretar un homenaje en consonancia con su relevancia para la cultura nacional. Esperemos que alguien pueda sensibilizarse a partir de de este mensaje."
Córdoba, 17 de febrero de 2013.


 
Enrique Castells Capurro (1813-1987)
casado con Violeta Molinelli:
- Enrique (sin descendencia)
- Federico - Ana Lazo: Gabriel Enrique (fallecido a  los 23 años)
- Virginia

Enrique Castells Capurro
Enrique Castells Capurro

Enrique fue influenciado por su tío Carlos Castells Capurro (1880-1933)
Sobre la familia Castells ver aquí.


BENJAMIN CAPURRO CHARRY
Elvira Mousques

Elvira Capurro Mousques
(Juan C. Sáenz)


NELLY CAPURRO CHARRY

(Ramón Arocena Blanco, hijo de Ramón Arocena Artagaveytia y Celedonia Blanco Sienra)

Ramón Arocena Capurro
(Margarita San Vicente)

Luis A. Arocena Capurro
(Renée Larraburu)

German Arocena Capurro
(Mercedes Linn)
-   Rodrigo Arocena Linn (1947-)

Rodrigo Arocena Linn

Rector de la Universidad de la República (2006-2010; 2010-)

Nelly Arocena Capurro
(Jorge Hughes)

Eduardo Arocena Capurro
(Raquel Armas)

Marta Arocena Capurro
(Juan Ferreira Aldunate)


SIMONA CAPURRO CHARRY

Alberto Muñoz del Campo, hijo de
Enrique Mu
ñoz Vidal y de Gumersinda del Campo Pagola

Dolores Muñoz Capurro
Ernesto Oribe


RAMA DE LUIS FEDERICO CAPURRO y EMA RUANO DE ARTEAGA GOMEZ

Federico Capurro de Castro Ema Ruano de Arteaga


JUAN CAPURRO RUANO (ver aquí)
Elina Castells Carafí, hija de Jaime Miguel Castells
Montestruch y Laura Carafí Zas

Elina Castells
Blanca y Elina Castells Carafi de Capurro




Fuente: Federico E. Capurro: Una memoria más.1958 - 1963 (Montevideo 1963, pág. 201-202)

ELINA CASTELLS DE CAPURRO

Febrero 21 de 1962


Yo mismo octogenario, estoy rodeado, en mi familia y viejas amistades, también de octogenarios. Y la naturaleza no transige en la aplicatión de sus leyes que imponen a su tiempo el retiro, para dar lugar al elemento renovador activo propio de las generaciones que nos siguen. Hemos de resignarnos.
Hoy desapareció mi cuñada Elina, viuda desde hace varios años de mi hermano Juan. Todas las virtudes reuníanse en esta dama noble, inteligente, esposa digna y madre afectuosa.
Respetando sus ideales religiosos, solía yo conversar con ella cordialmente acerca de temas familiares y literarios a los cuales era afecta. Muy lectora y culta, ofrecía gratos momentos de amenos comentarios sobre pasados recuerdos y sucesos de actualidad.
Su sensible temperamento, tanto en lo sentimental como en lo mental, quedó demostrado poco antes de cerrar sus ojos para siempre, con una de sus últimas disposiciones por la cual manifestaba su deseo de que fueran ellos cedidos para devolver la vista a quien le faltara. Se cumplió su voluntad sin que su pálido semblante se alterara. La placidez y tranquilidad de su apagado rostro parecía reflejar su entera existencia, toda dulzura, bondad, sencillez, amabilidad, complacencia...
Profundamente conmovido, pongo aquí estas líneas, en las cuales van unidos mis sentimientos consagrados a la memoria de aquel hermano querido, con el dolor de este día de duelo.




Fuente: Federico E. Capurro: Una memoria más.1972 - 1974 (Montevideo 1974, pág. 125-144) (extractos)

Juan y Federico Capurro Ruano


"RORSCHACH"

Punta del Este, Enero 20 de 1974

Poco significa esta palabra. Con ella solo se distingue un villorrio de la Suiza Alemana a orillas del lago de Constanza. Pero adquiere cierta entidad por el hecho de abrigar uno de los más renombrados colegios de aquella República, tan pequeña en extensión, como grande en sus progresos culturales.

Lleva esta escuela de internados el nombre de su fundador, Viget, padre de quien fuera el último director. Y es precisamente por su alta reputación, que al regresar nuestra familia a Montevideo desde Italia, fue resuelta la internación de Juan, mi hermano mayor, que apenas contaba quince años de edad, y ya previéndose también que yo le seguiría dos años más tarde.

Nada queda ahora, ni el edificio demolido para sustituirlo por una playa para maniobras de ferrocarriles.

Prescindiendo, por innecesario, repetir las causas de nuestra residencia en Milán, ya aludidas en mis "Memorias", sin objeto hoy su reproducción aquí.

Desde entonces pues, empieza esta historia familiar, 1887, para terminarla en 1890. Tres años de extensión, durante los cuales había de desenvolverse una correspondencia entre mi hermano Juan, el mayor exilado en Suiza, y sus padres, en Montevideo, que alcanzó a 140 cartas. Nada sabía yo de todo ello, ni que se hubieran trasmitido por herencia todas esas hojas envueltas en un grueso paquete, felizmente conservado con otras reliquias.

Sin otro motivo especial, sino como casual noticia acerca de tal correspondencia, descubierta entre otros papeles por mi sobrino Raúl, se me dio conocimiento de ella. Ensequida, en efecto, despertóse mi curiosidad, llevándome a pedir el total contenido de los tres años de exacta escolaridad, hace noventa años, en tal instituto.

Se trataba de un establecimiento ejemplar, en cuanto a planes de estudio y de régimen de internado, muy recomendado en una época en que surgían nuevas corrientes docentes.

No diré por supuesto, nada fundamental en el transcurso de los sucesos, pero sí un extracto de la vida estudiantil en un país extraño, con impresiones y sentimientos sinceramente expresados dentro de la verdad familiar y la ingenuidad infantil.

Acaso en mi trabajo no haya suficiente orden en la redacción, ni puntualidad en las transcripciones y recopilaciones de párrafos, pero puedo afirmar que la todalidad responde a un auténtico respecto a la entera realidad.

No está demás advertir que Juan recurre a tres idiomas, para redactar sus cartas: al italiano cursado en Milán, francés llevado, en parte, de Montevideo con el español. De modo que la traducción había de ponerse a menudo en juego sin preferencia aparente.


1887

Setiembre 12

Comienzo por describirte la vida en el Instituto. Dado que he llegado en plenas vacaciones. Nos levantamos a las 7 y, por tanto, en primer término tomamos el café con leche. Desde las 8 se estudia o se lee. A las 10 baño y, en seguida, el almuerzo. Desde las 2 a las 6, largos paseos. Al llegar a cualquier pueblito nos ponen delante un plato de queso con pan y un vaso de cerveza. Luego, se vuelve a casa y se cena. Después nos traen varios juegos de mesa, damas, dominó, etc., en los que interviene la Directora. A las 9, a la cama.
Esta señora es buenísima. Asistió a un compañero enfermo todas las noches a su lado durante varios días. Tengo ya amigos simpáticos: un peruano y otro boliviano con los cuales nos entendemos muy bien. No habríase podido encontrar un colegio mejor.
Horario de todas las semanas. 38 horas de estudio general, entre 15 de alemán, 3 de francés, 3 de caligrafía, 3 de latín, 3 de aritmética, 2 de música y otros variados estudios. Los lunes, martes, viernes, y sábados nos levantamos a las seis y media, alumnos y profesores.


Rorschach

Me ha sorprendido que, sin excepciones, comprendido el personal de servicio, a pesar de ser un colegio laico, todos bajan al comedor con los libros religiosos en las manos, cantan acompañados del armonio, durante diez minutos, de pie. Luego, en el mismo local se sirve el café con leche con tres terrones de azúcar y un mediocre pancito. Para endulzar mi café tomo unos buches sin azúcar, de modo que pese a la escasa dosis, así me parece dulce.

Sigue después el desarrollo del programa de materias: estudios especializados, ejercicios físicos y esparcimientos

[...]

1888

Enero 6

El idioma exige grandes esfuerzos. El alemán es difícil. No se adquiere con facilidad en seguida. No ocurre como con el italiano y el francés. Las multas por no practicarlo resultan un método auxiliar muy eficaz.
Un fuerte dolor de garganta me obligó a hacer cama. Sólo entraba a mi cuarto la directora, Frau Berta, y una monja.
No fue larga la convalescencia. Sin embargo, mucho extrañé los cuidados de la "mamma". Durante la fiebre soñaba... sentía sus manos sobre mi frente.
Todo pasó. Ya estoy bien. Pude participar de las fiestas de Navidad. como siempre, la glotonería constituyó el principal atractivo de la organización. Fuí también al circo ecuestre. En Milán había visto mejores.

La Carta anterior había sido escrita en italiano; ésta en francés.


Enero 10

La orilla del lago está helada. Ya se puede patinar sobre una parte muy ancha. Mucho me divierte este ejercicio. Da la impresión de volar. Además hacemos observaciones físicas. Se forman en el hielo burbujas de gases que nosotros abrimos con el patín para luego arrimarles un fósforo. El efecto es fantástico.

Enero 12

Los estudios son muy serios. El profesor de matemáticas es muy competente, pero se ha vuelto estúpido de tanto estudiar. Hace multiplicaciones de memoria entre cantidades de dos o tres cifras. Me escriben expresando el temor de que el football pueda hacerme mal. No creo. En nuestro club, formado sin ingleses, sólo con suizos, italianos y de otros países, nadie hasta ahora se ha lastimado. Los ingleses pueden, entre ellos, romperse la cabeza por su cuenta. Claro está que no faltan caídas y patadas, pero sin consecuencias.
Me interesa tomar más lecciones de aritmética, pero para ésto es necesaria la consulta a la familia. Tiene importancia, si yo sigo la rama comercial.

Marzo 18

He ingresado en un club de remeros. No podemos navegar sinser acompañados y se debe saber nadar. Además, no lejos de la orilla del lago, donde se puede desembarcar y tomar un vaso de cerveza.
No comprendo por qué mi certificado pudo ser peor que el anterior.
Nuestro Director debió someterse al servicio militar, como todos los suizos. Y muchos alumnos ya están prontos en caso de guerra. Están obligados a presentarse a cumplir tal exigencia.

Abril 2

Han tenido ustedes razón al no mandarme antes al colegio. Veo aquí lo que ocurre con los más jóvenes. Se les enseña a fumar y a otras cosas peores.
Si Federico insiste en ser ingeniero, en nuestro colegio puede adquirirse la preparación para ingresar en el Politécnico de Zurich.

Abril 4

Muere la abuela Prudencia Castro de Capurro en Monza. "Io sono stato molto addolorato e lo sono ancora..." ¡Pobre Mama Prudencia! Sigo pensando en ella... Me he abstenido de toda diversión. El Director me ha llevado al sastre para que me hiciera un traje de luto. También me he puesto luto en el sombrero.

Mayo 4

Oímos un concierto en la iglesia protestante. Entre las piezas que más me gustaron fue el Ave María de Gounod. El maestro de música me dijo que estaba al alcance de mi violín. Ensayaré después de estudiar "Il Trovatore". Nos divertimos bastante. En diciembre y noviembre nos permitieron ir al teatro y dos veces a la iglesia protestante y una a la católica, donde se organizaron conciertos muy buenos. Sigo escribiendo en hojas de papel con margen de luto.
Conocí a Schelling, gran talento musical, asombro de toda Europa. Paso mi vida discretamente oyendo música y entretenido con el football y el remo, de lo que ya los he enterado.

Junio 17

Estoy pensando en que las fábricas de almidón y alcohol de la familia continúen prosperando.
Hemos ido en barco a Frieebreschafen [sic, Friedrichshafen] para ver el castillo del Rey de Wurtemberg. Se trata de un palacio muy lindo y su parque también, pero creo que los jardines de Santa Lucía son más grandes y las plantas más raras que las del Rey.

[...]

Agosto 6

He vuelto de Munich luego de un viaje muy agradable que realicé invitado por el tío Alberto. Todo fue muy agradable para mí. Conocí nuevas ciudades, diferentes medios de transporte, ferrocarriles, barcos y omnibus urbanos. Además hoteles, teatros, avenidas, en fin, sin entrar en detalles, cuanto ofrece al turismo la organización europea. Y hasta cito especialmente los restaurantes y cervecerías de gran concurrencia en Alemania. Tampoco he de olvidar, acaso, lo que más me impresionó: los museos y el teatro.
Aparte de todo ello, he obsrvado que nuestra religión impone ciertos sacrificios que yo no me los explico bien. todos los domingos dos horas y media en la Iglesia parados o arrodillados, lo que mucho me cansa. Nuestro clérigo exagera su misión, obligando a oir largos sermones y leyendo interminables páginas de la Biblia.
Dos temas, los anteriores, que llevaría muchas páginas sin ninguna originalidad, sino propias de un viajero inexperto por un lado, y de consisderaciones religiosas, por otro, que tampoco acusen nuevas intimas confesiones que den más o menos luz a la sincera fe siempre acreedora del más silencioso respeto.

[...]

Diciembre 31

Para demostrar las dificultades del idioma alemán, transcribiré una palabra que, por su longitud, no se descubre el significado Deutschnationalkusntgewerbeausstellungslose.
Visité el palacio del rey de Baviera que murió loco, Luis II. Este mismo hizo construir uno de sus palacios que llevó diez años de operaciones. En la cama, trabajaron cincuenta obreros sin interrupción y su costo alcanzó a dos millones de francos. Y como hecho que parece inverosímil, añado que en la cabeza de una estatua ecuestre de Munich caben cinco personas. (La página muy estropeada no da mayor claridad para su lectura).


1889

Febrero 2

Espero que ningún diputado votará a favor de Santos. Quien lo hiciere, aparecerá como enemigo de la patria y de la libertad.
Aquí donde hay tantas patrias diferentes, cada uno habla de la suya. Y se advierte, entonces, como aparece en cada uno el amor a su modo. Me gustaría ver la exposición de París. Me dicen que es esférica. Pero... Se me está ocultando una buena noticia.

Febrero 2

Muy bueno resultó el secreto. Dentro de tres meses podré viajar a Montevideo. No pienso ahora en otra cosa. Cuántas cosas tendré que decirles! Un sueño... Hablaremos de mi carrera... De mi futuro viaje ya no sé que pensar...
Hemos empezado el estudio de "Guglielmo Tell" de Schiller. No me parece muy difícil... Todo ahora me inquieta.

Abril 18

Mucho me ha alegrado la determinación de que Federio venga a mi vuelta conmigo. Podremos estar juntos todavía un año. En cuanto a los fondos todo se resolverá bien, según el proyecto. Lo agentes de aquí Agnelli y Recagno, lo facilitan.
Vamos a menudo a St. Gallen, ciudad en la altura, más importante que Rorschach. Ahí no falta nada. Ahí puede comercializarse con la reputada fábrica de relojes. "Chaux des Fonds", Encargué uno, es magnífico. Pronto lo llevaré. Ya estamos en los preparativos del viaje. El Sr. Recagno escribe diciendo que dos barcos de "La Veloce" saldrán hacia América el próximo mes, desde Génova: El "Mateo Bruzzo" el 8 y el "Duchessa di Genova", el 14. De manera que en uno o en el otro me embarcaré.  Qué placer me causa esta conversación! En cambio, mis ascenso a la ciudad de St Gallen responden a un motivo poco grato: mis dientes. Sufro enormemente. Pero, me estoy curando. Por lo demás, todo lo que necesito lo comprarén en Milán, algunos regalitos y perfumes y demás artículos de tocador. De todo esto tomo nota, hasta de farmacia. Aunque de algunos frascos nunca hago uso. Regalos. Después de aquel vergonzoso incidente en que caímos enfermos por excesos de bebidas y fiambres, me cuido ahora para no recaer en tales intemperancias.

Junio 25

Ya tengo reservado pasaje en el "Duchessa di Genova". Es posible que, respondiendo a mis planes, permanezca un día en Milán. Con las libras esterlinas que me mandaron puedo darme todos los gustos.


DE VUELTA AL COLEGIO CON  FEDERICO

Octubre 13 . A bordo del "Nord America"

Si quieren aceptar un consejo, les diría que nunca intenten embarcarse en ese vapor, porque se mueve de tal manera que es imposible defenderse contra el mareo. Federico pasó los primeros días en cama. Y yo, levantado, no estaba mejor que él. Monótona la travesía, aburrida, pocos pasajeros. Mañana llegaremos a Las Palmas y poco después a Barcelona. Deseando bajar en Génova. Por fin! ya estamos en el colegio pero sin los baúles: éstos vendrán mañana.
En seguida subí a St. Gallen, atormentado por mi dolor de muelas. Recibirán cartas nuestras muy pronto. La novelería de la llegada y reencuentro con los compañeros nos distrajo y Federico ya está muy contento. Pronto empezarán las vacaciones.

Diciembre 14

Ya estamos aclimatados y, por otra parte, mañana comienzan las vacaciones. Y de entrada fuimos a un concierto en St. Gallen. Organo y orquesta en una iglesia protestante, IX Sinfonía de Bethoven [sic]. Aunque no la entendí muy bien, me pareció magnífica. Muy completa, con coros imponentes. Una hora y cuarto.
Llegaron los comestibles de Milán, con obras de Goethe y Schiller. Federico está "en su gloria". No podía creer que en un colegio se diera a los internados tanta libertad.

[...]

Solo como epílogo añadiré una de las mas inolvidables impresiones de mi niñez: la recibida en la bahía de Montevideo, en el momento que acercábase una embarcación menor a nuestro transatlántico que recién apagaba sus calderas. No había muelles entonces. Desde el más alto de los puentes agitaba mis brazos: a la vez que, como desde un espejo, reflejábanse otros allá lejos, al tiempo que lágrimas de emoción y risas de placer, juntas bañaban mis ojos entre confundidas imágenes y anhelos de aproximación."




Elina Capurro Castells

Ema Capurro Castells
(Rafael Rodríguez Marcenal)

***Raul Capurro Castells (editor de este texto sobre Juan Bautista Capurro)
(Irmgard Stemmer)
- Magdalena Capurro Stemmer (co-autora de este sitio)
(Carlos Frick
Iewdiukow:  María Frick Capurro)

Elsa Capurro Castells
(Fabio Zás Allende, hijo de Fabio Zas Martínez y Dolores Allende Martirene)

Beatriz Capurro Castells
(Horacio Olivera)

Ivana Capurro Castells
(Eduardo Crispo Ayala)


FEDERICO E. CAPURRO RUANO
- Julia Calamet, hija de Alberto Noel Calamet Camino y Marcela Álvarez Díaz
- Dolores Marta Avellaneda
(ver aquí)

Federico Capurro Ruano
Federico E. Capurro Ruano

Federico Capurro Ruano
Federico E. Capurro Ruano

Julia Capurro Calamet
(Arturo Varela Acevedo)

Federico Capurro Calamet
(Sara Acevedo)

Jorge Capurro Calamet
(Isabel Llovet Capdeville)
(Gwendolyn Coates)

Beatriz Capurro Calamet

Ivana Capurro Calamet

Eduardo Capurro Avellaneda
(María Josefina Villegas)


HAROLDO CAPURRO RUANO
Élida Etchegaray Etchepareborda

Haroldo Capurro y Elida Etchegaray
Haroldo Capurro Ruano y Elida Etchegaray

Élida Capurro Etchegaray (1910 - 1968)
(Gilberto Pratt De María)

Pedro Capurro Etchegaray (1912 - 1974)
(Elina Ameglio)

Haroldo Capurro Etchegaray (1913 - 1998)
(Concepción Alzola +2007)

Susana Capurro Etchegaray (1914 - 1971)
(Iván Pérez Gomar Cordero) (1911-1967)

Mario Capurro Etchegaray (1917 - 2006)
(Raquel Fonseca) (1921-1946)
- Rafael Capurro Fonseca (co-autor de este sitio)
(Matilde Fonseca)

Luis Capurro Etchegaray (1919 - 1999)
(Raquel Touris Wilkins +2006)

Eduardo Capurro Etchegaray (1920 - 2004)
(María Cristina Alvarez Storm)

Capurro Etchegaray
Haroldo Capurro y Concepción Alzola, Elina Ameglio,
Eduardo Capurro y Maria Cristina Alvarez, Luis Capurro y Raquel Touris,
Mario Capurro y Matilde Fonseca (de izquierda a derecha)

EMA CAPURRO RUANO
(Horacio García Lagos Rodriguez Larreta, hijo de
Horacio García Lagos y Teresa Rodriguez Larreta)

Horacio García Lagos Capurro
(Sofía Pastori)

Federico García Lagos Capurro
(Ida Brum)

Rodolfo García Lagos Capurro
(Ema Giménez Zapiola)
(Lucía Castro)

Jaime García Lagos Capurro
(Margarita Jiménez de Aréchaga)

Ema García Lagos Capurro
(Enrique Larraechea)

Rafael García Lagos Capurro
(Margarita Méndez)


OLGA CAPURRO RUANO
Jacobo Varela Acevedo,
hijo de José Pedro Varela y Berro y Adela Acevedo Vazquez

Olga Capurro Ruano
Olga Capurro Ruano de Varela


Adela Varela Capurro
(Carlos F. Pollak)

Jacobo Adrian Varela Capurro
(Nilda Traverso)
(Lilia García Austt)
(Elena Reyes)

Mireya Varela Capurro
(Walter Muller)
(Sergio Montt)


RAFAEL CAPURRO RUANO
(no dejó descendencia)
(ver aquí)

Rafael Capurro Ruano
Dr. med. Rafael Capurro Ruano


FERNANDO CAPURRO RUANO

- Margarita Fonseca Montaldo, hija de Rodolfo Fonseca Hernández y Amalia Montaldo Capurro
- Julia Elena Arata


Fernando (Bubú) Capurro Fonseca
(Rosa Artagaveytia)
(Alicia Stanham)

Ricardo (Cao) Capurro Fonseca
(Violeta Marín)

Augusto (Nené) Capurro Fonseca

Juan A. (Poro) Capurro Fonseca
(Eleonora Boltenthal)


LUCÍA CAPURRO RUANO
(Pedro Alberto Barcia)

Lucia Capurro Ruano
Lucía Capurro Ruano con sus hijos Olga y Alberto (1923)

Olga Barcia Capurro
(Helmut Kasdorf)

Lucía Barcia Capurro
(Roland Pucci)

Alberto Barcia Capurro
(Dora Arteaga)


MARIA LUCÍA CAPURRO RUANO
(no dejó descendencia)





ANEXOS


FAMILIA DE CASTRO


Sobre el origen de la familia de Castro ver el artículo en Wikipedia que comienza así:

"La Casa de Castro, linaje que se cree de procedencia castellana y profundo arraigo en Galicia, cuyo probable origen se encuentra en la villa de Castrogeriz (provincia de Burgos)."

Ver también este blog de Diego Castro Arrúe, M. Gwoland y Plantilla Awesome.


Escudo de la familia de Castro

Condado de Lemos

escudo Lemos _ de Castro



Ricardo Goldaracena escribe en el "Libro de los Linajes" (Tomo 1, Arca Editorial, Montevideo 1976, p. 118-122):

"Fue un gallego de la villa de Padrón [ver también aquí] el padre de Carlos y fundador de esta estirpe en el Uruguay. Se llamaba Agustín de Castro y era hijo de Juan de Castro y Gregoria de Castro. En 1815 ya estaba casada en Montevideo formando una compañía mercantil con Manuel Fernando Ocampo, "la que siguieron hasta 1823 en que procedieron amistosa y extrajudicialmente al ajuste de cuentas, liquidación y finalización de aquella sociedad" según está inscripto en un protocolo notarial. Luego sus negocios prosperaron más y mejor y al llegar la época constitucional debió ser muy rico don Agustín a juzgar por las repetidas veces que aparece su nombre en los negocions algunos de ellos peligrosos– de aquel entonces. Pero alguna inversión desafortunada lo llevó a la ruina y en esa penosa situación lo encontró la muerte en 1838.

El 30 de noviembre de 1819 Agustín de Castro se había casado con María Genoveva del Carmen de Castro ¿pariente  suya?– nacida aquí, en Montevideo, en 1803, hija de los también gallegos José Ambrosio de Castro y Bernarda Buela, originarios de la feligresía de Santa María do Dobro. En su testamento de 1838 menciona don Agustín los diez hijos que tuvo con su mujer: Agustín, Juan Pedro, Carlos, Félix, Enrique, Prudencia, Carmen, Balbina, Faustina y María. María Genoveva del Carmen se vuelve a casar en 1840. Su segundo marido, Cayetano Gavazzo, italiano nativo de Levanto, comerciante rico, cuidará de sus hijastros y será él quien costeará su educación. Los varones mayores serán enviados a estudiar a Italia.

Apabullante derrota la de Carlos de Castro como Canciller de Flores. Cuando cometió el desliz tal vez no calibró las consecuencias: le había pasado el plenipotenciario inglés, un tal Mr. Letson el endémico problema de la consulta previa al tutor de turno  una copia de los originales secretos del Tratado de la Triple Alianza, del que Castro había sido sin duda el artífice. Mr. Letson, a su vez, pasó la copia a Londres y al Primer Ministro Lord Rusell... ¡la leyó en la Cámara de los Comunes! Un diario antimitrista de Buenos Aires se enteró, publicó la jugosa noticia con gran alharaca, ardió Troya y Castro voló en un santiamén del Ministerio. Cualquier otro gobernante, después de una infidencia tan torpe hubiera quedado para siempre sepultado en el más oscuro de los olvidos, o por lo menos sometido a severo juicio político. Pero a Castro no le pasó ni una cosa ni la otra: salió airoso de la situación, y tres años después estaba sentado en el Senado, donde permaneció hasta 1872. En 1874 se le llamó a ingresar al Superior Tribunal de Justicia la antigua cámara suprema judicial  en cuya sala de acuerdos también se mantuvo sentado muchos años, intocado durante el gobierno de Latorre y aún después, no obstante los vaivenes y cambios políticos. En octubre de 1882 un conflicto de poderes con la Presidencia de la República culmina en una digna y altiva renuncia del Tribunal Santos, que no acostumbra a perder el tiempo, se apresura a aceptar las dimisiones y a sustituir de inmediato a los dimitentes. Pero por alguna razón muy secreta en la que a ningún historiador se le ocurrió nunca ahondar claro: sería meterse en camisa de once varas, váyase a saber cómo se manejan los hilos muy secretos a nivel de las estructuras de poder–, apenas doce días después el camarista renunciante Carlos de Castro ingresaba al gabinete de Santos como Ministro de Gobierno.

Figuras de menor talla que la de su hermano Carlos, fueron las de Agustin y Juan Pedro, ambos legisladores de la República. El primero, también muy rico, tuvo palacete en la calle 25 de Mayo, construída por su sobrino Juan Alberto Capurro en 1885. El segundo hizo buenos negocios en el rubro inmobiliario, sin despreciar tampoco otros rubros, y alcanzó el grado 33 dentro de la organización masónica. Agustín se había casado el 24 de marzo de 1845 con Laura Mentasti. A su muerte, en 1897, dejaba tres hijos: un homónimo Agustín; Laura, casada con Amadeo Geille; y María, esposa del ilustre médico Pedro Visca. Juan Pedro, por su parte, había contraído nupcias el 9 de octubre de 1869 con Catalina Caravia, hermana de la mujer de Carlos y viuda de Coriolano Márquez, un militar blanco que no estaba emparentado con la familia del patricio don Ramón, y que murió fusilado en el Paraguay en 1868. Fueron hijos de Juan Pedro y Catalina: Sofía, que se casó con Antonio María Rodriguez, hijo de Antonio María Rodríguez y Gregoria de las Carreras, abogado, magistrado, legislador y político; Agustín; Catalina; María Luisa, mujer del afamado médico Manuel Quintela; Juan Pedro, casado con Amalia Blixen Clarer, hermana de Samuel, entroncado con los Ramírez del clan Obes; y Enrique, casado con Malvina Vásquez, hija del Dr. Alfredo Vásquez Acevedo y Juana Varela.


"IN DEO FIDUCIA NOSTRA; Ilust." - y "Pod.". II." Juan P. Castro, 33 (P.E.S.T.). El Muy Pod. ".Sup.". Consej." y Sr." Gr.". Oriente del Uruguay, invitan á los MMas.'. RReg..' y en particular a los MMiembr.' de esos Altos Cuerpos, para el entierro de aquel distinguido finado, que tendrá lugar hoy 3 de Octubre á las 4 de la tarde. Casa mortuoria, calle Soriano núm. 198, El Gran Secretario General." ("El Siglo", Montevideo, 3 de octubre de 1888).



De las cinco hijas mujeres que tuvo el genearca gallego Agustín de Castro con su mujer María Genoveva del Carmen de Castro, tres dejaron prole; Prudencia fundó la larga y conocida familia de los Capurro; Carmen fue la ascendiente de una rama de los Risso y Faustina la de una rama de los Illa.

En 1836 se casó Prudencia con Juan Bautista Capurro, marino genovés y también masón, hijo de Alberto Capurro y Magdalena Consegliere. El cavaliere Capurro acumuló envidiable fortuna como agente marítimo, accionista de distintas compañías y hombre de excelente tacto para las inversiones y los negocios, tanto que a su muerte, en 1872, dejó a sus herederos un voluminoso capital situado casi en el millón de pesos, lo que en aquel entonces era una enormidad. La descendencia Capurro se prolongó a través de sus hijos Juan Alberto y Federico; el primero, rutilante ingeniero, arquitecto y empresario, constructor de hermosas mansiones finiseculares, amén de legislador y Ministro, casado con Elina Charry; y el segundo casado con Ema Ruano Arteaga. De Juan Alberto procedieron las generaciones Capurro Aguirre, García Capurro, Arocena Capurro tres ramas–; Capurro Mousqués, Castells Capurro y Muñoz Capurro. De Federico las generaciones Capurro Calamat, Capurro Castells, Capurro Etchegaray, García Capurro, Varela Capurro, Capurro Fonseca y Barcia Capurro.

Carmen se casó en 1841 con Esteban Risso, también comerciante rico, natural de Gibraltar, hijo de Pedro Risso y Rosa Bunone. El matrimonio Risso Castro, dejó cinco hijos: Pedro, Rosa, María, Enrique y Balbina. De ellos descendieron, entre otras familias, la de Cassarino y una rama varonil entroneada con la de los primos Illa.

El matrimonio de Faustina con Juan José Illa y Viamonte, hermano de la mujer de Florentino Castellanos, de linaje colonial, y guerrero en el ejército sitiador de Montevideo, está anotado en San Agustín en 1851. Su descendientes fueron las familias de Illa Moreno, Penco Illa, Frías Illa, García Illa, Illa Aguirrezábal, Illa Moratorio y Risso Illa.

Gran señor fue Carlos de Castro. No aparece su nombre en los anales de los grandes negocios del siglo XIX –aunque sí los de sus hermanos Agustín y Juan Pedro– lo que autoriza a imaginar que vivió de los ingentes ingresos de su estudio jurídico y de los sueldos de sus altos cargos públicos, estipendios y honorarios que debieron ser excelentes a juzgar por su opulento tren de vida. Mansión en el centro –el Palacio Castro, frente al Solís, en la esquina Bartolomé Mitre y Buenos Aires que su sobrino Juan Alberto Capurro le construyó en 1870–  y quinta en el Prado –en Camino Castro–  remanso delicioso a la hechura de los jardines florentinos. Suntuosa mesa –que hizo época– donde los mejores vinos se dieron la mano con los más increíbles manjares. La castellana de aquellas principescas moradas se llamó Isabel Caravia –hija de Bernabé y de Dolores Gutiérrez, y hermana de la mujer de Juan Pedro–  dama de señorío muy especial, apta para seguir en sus veleidades de aristócrata al Gran Maestre que se habia casado con ella el 12 de octubre de 1861.

Varios hijos perpetuaron el linaje de Carlos de Castro: María se casó en 1885 con el distinguido abogado Pedro Figari, de quien nadie podía sospechar en ese momento que pasaría a la Historia como el artista que revolucionó la pintura uruguaya derramando innovaciones que algunos contemporáneos suyos interpretaron espandados como un horror; Isabel fue la mujer del estanciero Felipe Lacueva Stirling; Dolores, familiarmente llamada Lola, se casó con Antonio María Marques, hijo del magnate del mismo nombre; Emma fue la esposa de Javier Larrain Irarrazábal, de vieja cepa chilena. De los varones, el homónimo Carlos, marido de Elía Pérez Crosa, hija del Gral. Luis Eduardo, del linaje Pérez Castellanos, fue interventor del Banco de la República y presidente de Ancap; alguna vez decidió terminar sus días voluntariamente y entonces lo hizo con un gesto digno de las aristocracias feudales, en un banco de los jardines de la ex-quinta de su padre, que entonces ya había sido expropiada y anexada al Prado. Agustín, que fue Cónsul en Burdeos y Marsella, se casó en 1885 con Lucía Ruano Arteaga, hermana de la mujer de su primo Federico Capurro; Julio se casó en 1905 con María Angélica Martinelli Gianelli; Alfredo, abogado y diplomático, con Idilia de Azevedo Tourem; y Eduardo con Olivia Dupont Martínez. Este último había integrado la Asamblea Constituyente de la que salió la Carta de 1918, pero acaso fue más célebre como dandy y sportsman del 900; en setiembre de 1903 era jugador de Nacional en el equipo que obtuvo para el Uruguay la primera resonante victoria futbolística internacional. Eran aquéllos los tiempos en que el deporte aún no había sido invadido por la plebe y se mantenía como coto cerrado de una jeunesse dorée que quemó en los fuegos artificiales de la belle époque hasta el último de sus refulgentes destellos y que al llegar el año 1941, cuando Eduardo murió, peinaba canas y vivía de recuerdos."



ESTIRPE DE LOS DE CASTRO

Juan de Castro - Gregoria de Castro

Agustin de Castro - María Genoveva del Carmen de Castro
(hija de José Ambrosio de Castro y Bernarda Buela)




Agustín (Legislador) - Laura Mentasti
Agustín
Laura
María - Pedro Visca


Juan Pedro (Legislador) - Catalina Caravia
Sofía - Antonio Maria Rodríguez
Agustín
Catalina

María Luisa - Manuel Quintela
Juan Pedro - Amalia Blixen Claret

Enrique - Malvina Vázquez

Carlos (Canciller de Venancio Flores) (1835-1911) - Isabel Caravia (hija de Bernabé Caravia y Dolores Gutiérrez)
Maria - Pedro Figari
Isabel - Felipe Lacueva Stirling

Dolores- Antonio María Marques
Emma - Javier Larrain Irarrazábal
Carlos - Elía Pérez Crosa
Agustín - Lucía Ruano (de) Arteaga (hermana de la mujer de su primo Federico Capurro)
Julio - María Angelica Martinelli Gianelli
Alfredo - Idilia de Azevedo Tourem
Eduardo - Olivia Dupont Martínez

Félix

Enrique

-> Prudencia (1821 - 1888) - Juan Bautista Capurro
Juan Alberto - Elina Charry
Agustín
Federico - Ema Ruano (de) Arteaga
Eduardo


Carmen - Esteban Risso (hijo de Pedro Risso y Rosa Burone)
Pedro
Rosa
María
Enrique
Balbina


Balbina

Faustina - Juan José Illa y Viamonte

María



Familia del doctor Carlos de Castro e Isabel Caravia
en su quinta del Prado

Montevideo, ca. 1903

Fuente: Historias de la vida privada en el Uruguay. Bajo la dirección de
José Pedro Barrán, Gerardo Caetano y Teresa Porzecanski
Montevideo, Ediciones Santillana 1996, Tomo 1

"La prole familiar rodea al anciano matrimonio en un gesto ritual que consagra, en la vida cotidiana de 1900, la continuidad histórica de la "familia modelo", cuyas pautas de privacidad emergieron en aquella generación formada por los jóvenes de clase alta, entre 1860 y 1870." (p. 59)

"El pater familiae retratado en 1860 y 1870 era ya, a principios del Novecientos,  un venerable anciano que había logrado imprimir continuidad a la empresa  familiar y contaba entonces con una prolífica descendencia, reunida en amplísimos grupos familiares imposibles de ser captados por el pintor
y casi inabarcables para la lente fotográfica.

Al mismo tiempo que se afirmaba lentamente cierto consenso en torno al matrimonio tardío y a la contención de la familia, las fotografías registraban dilatados núcleos familiares, propios de ciertas capas sociales ya consolidadas durante la belle époque del Novecientos.

Por lo general, esos retratos se ubicaban en un marco de frondosos follajes   característicos de las casasquintas del Prado y de Colón o de amplios y decorados patios interiores pertenecientes a las masiones del Centro. Hay en este período un "descubrimiento" del entorno cotidiano como escenario de lo privado, que busca ser registrado en la fotografía de grupo familiar." (pag. 60)




Detrás de Isabel Caravia de de Castro
(sentada junto a Carlos de Castro)
se
encuentran
María de Castro Caravia de Figari
y su marido Pedro Figari (con barba) (1861-1938)
Ver: Museo Figari

De Castro


Retrato de María de Castro de Figari (1907)
Oleo de Pedro Blanes Viale (1878-1926)


Blanes


Las Glicinas o La casa de los Quinteros (1923)
Oleo de Pedro Blanes Viale

Quinta de Castro


Pedro Figari (1861-1938)

Figari



Atardecer en la Quinta de Castro
Oleo de Pedro Figari

Atardecer Pedro Figari




 



Extractos (textos y fotos) tomados de:

Denise Caubarrère, Flavio Monzón y Nelson Olivera, Editores:

EL PRADO

y antiguas costas del Miguelete 1860-1930


Montevideo, Editorial Caubarrère 2002


URBANISMO Y ARQUITECTURA DEL PRADO. Desde sus orígenes hasta los años veinte
Prof. Daniela Tomeo

Daniela Tomeo Gaiero: Profesora de Historia (egresada del IPA), especializada en Historia del Arte y del Diseño en talleres
de plástica del Ministerio de Educación, Universidad ORT, etc. Tareas de investigación en la Cátedra de Historia del Uruguay de
la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de cuya Licenciatura de Historia completó los cursos. Coautora de
"Enciclopedia del Uruguay" y del libro "Carrasco: el misterioso encanto de un barrio." Ejerce la docencia en Enseñanza Secundaria
(Preparatorios de Arquitectura), en talleres de Plástica de la IMM y con grupos particulares.
.

De chacras a un barrio montevideano

"Las "chácaras" que fueron el orgullo de los orientales.

Montevideo era solo una fortificación amurallada cuando en 1729 llegaron las primeras familias canarias a poblarla. Los valientes isleños fueron recompensados con un solar en la ciudad, una suerte de estancia y una "chácara" a orillas del arroyo Miguelete, cuya delineación había encomendada al capitán Pedro Millán dos años antes. La finalidad de las chacras sería, evidentemente, la de proveer de frutas y verduras a los vecinos, para ello todas tenían 400 varas de frente sobre el arroyo y estaban separadas entre sí por calles abrevaderos de 12 varas de ancho. Los proprietarios tenían un plazo de tres meses para construir sus ranchos y barracas y para cultivar y sembrar la tierra.




Miguelete

Miguelete




Nuestra vida colonial fue breve, duró menos de cien a
ños, que sin embargo fueron suficientes para que las plantas crecieran a orillas de un arroyo que las regaba generosamente y que servía como vía de comunicación fluvial entre los vecinos.

En 1749, veinte años después de su fundación, Montevideo contaba ya con 86 chacras en las que se producían todo tipo de hortalizas y frutas. El Presbítero José Manuel Pérez Castellanos señalaba desde su chacra del Miguelete hace un siglo en sus "Observaciones sobre la agricultura", que la producción era tan abundante que se exportaba a Buenos Aires, motivo de orgullo para los proprietarios: "El arroyo del Cuello, el de Toledo, el del Cerrito y sobre todo el Miguelete, están llenos de arboledas frutales y son el teatro en que estos nuevos colonos manifiestan su industria" (...) "hasta las señoras que tienen alguna posesión en el campo hacen de esta su vanidad, lo que ha provenido de que se ha ennoblecido este ramo de la agricultura." (El país de los orientales. Mont y sus campos en 1787. pág. 98)

Las aguas del Miguelete además de servir de riego y comunicación, fueron fuente de energía para el primer molino de agua que tuvo la ciudad, establecido en 1750 por el jesuita Cosme Agulló. Desde entonces esa zona del Miguelete se conoce como el Paso del Molino.

También se desarrollaban otras actividades económicas en los alrededores del arroyo. Entre el Miguelete y el Arroyo Seco, cerca de la costa, la Compañía de Filipinas había instalado en 1798 el "Caserío de los Negros". El Caserío consistía en un par de galpones en el que se "depositaban" los negros para cumplir con la rigurosa cuarentena exigida a su llegada al puerto antes de ser vendidos. En la misma época Francisco Antonio Maciel tenía un matadero transformado en saladero.

Juan María Pérez tenía su desembarcadero de esclavos un poco más cerca de la ciudad en la zona de Arroyo Seco y Capurro tenía el suyo en la zona que hoy lleva su nombre." (págs. 17-18)





Notas de los editores de este sitio sobre la esclavitud en el Uruguay



César Vidal Manzanares: La lucha contra la esclavitud:

"A lo largo del siglo XIX la emancipación de los esclavos se convirtió en una bandera utilizada en la lucha contra el poder colonial —México abolió la esclavitud en 1813; Venezuela y Colombia, en 1821 —, pero no siempre con convicción. La explicación de este comportamiento no podía ser más obvia: el proceso de abolición chocaba con los intereses de la burguesía. De hecho, Uruguay mantuvo la esclavitud hasta 1869; España, en Cuba, hasta 1886; y Brasil, hasta 1888.

Cualquiera de estos procesos emancipatorios es dudoso incluso que hubiera comenzado sin los precedentes del mundo anglosajón, puesto que fue Inglaterra la que durante el Congreso de Viena instó a las otras potencias europeas a adoptar medidas similares a las aprobadas por su Parlamento." (Extracto de "El legado del cristianismo en la cultura occidental", Espasa, 2000, pp. 208-214).

- Ing. Ponciano S. Torrado: La esclavitud en el Uruguay (Almanaque del Banco de Seguros del Estado, 1965)

"El Uruguay no pudo sustraerse a este negocio infame. La trata de negros en la Banda Oriental, igual que en sus hermanas latino americanas, constituyó un excelente negocio para los negreros y, en cierto aspecto, para las arcas del Cabildo. En particular para Montevideo, porque su puerto favorecía el tránsito de buques de ultramar. En la segunda mitad del siglo XVIII, entre los años 1750 y 1810, entraron a puerto, traídos por buques de diferentes nacionalidades unos veinte mil esclavos que aportaron, por concepto de tributos, unos trescientos mil pesos fuertes. Un negro valía unos doscientos pesos de esa moneda. En cambio, unos pocos de ellos quedaban en Montevideo.

Un censo practicado en 1778 indicó un total de 1368 esclavos, suma equivalente al 20% de la población montevideana de entonces. Con el crecimiento y desarrollo de Montevideo, el número de esclavos aumentó considerablemente llegando, en 1790, a 5.000 aproximadamente, más de la población total. Las condiciones sanitarias en que llegaban los pobres infelices hacinados en las bodegas, mal alimentados y sin condiciones higiénicas de ninguna clase, causaron mortandad y afecciones graves que alertaron a las autoridades responsables de la salud pública.

En cierta oportunidad, el Cabildo de Montevideo, teniendo en cuenta que el depósito de los negros se hacía dentro del pueblo, procedimiento que estimó "opuesto a la piadosa mente del soberano que no vigila en otra cosa que proporcionar a sus vasallos por cuantos medios le dicta su tierno amor, la mayor sanidad y preservarlos de todo contagio"......... dispuso una serie de medidas profilácticas con respecto a la introducción de negros que viene cubiertos de sarna y llenos de otros males capaces de infectar la parroquia, por lo cual "corresponde prevenir el
daño general que pueda esparcirse en la ciudad........ "

Las disposiciones de orden higiénico comprendían la creación de una Junta de Sanidad, la obligación de visitar los buques que hacían tráfico de negros y la permanencia en puerto por un plazo de cuarenta días."


- Alex Borucki et al.: Esclavitud y trabajo: El proceso de abolición de la esclavitud en el Uruguay (1841-1862)

"El nacimiento del Estado Oriental fue paralelo a la progresiva aprobación de leyes y decretos en pos de la libertad de vientres y de la prohibición del tráfico de esclavos. Sin embargo, el proceso de abolición solo se inició decididamente a partir de la coyuntura abierta por la Guerra Grande. Hubo manumisiones parciales vinculadas a conflictos bélicos desde el período colonial, continuando tales prácticas durante la revolución en el Río de la Plata, y extendiéndose hasta las guerras de independencia contra el Brasil. Las leyes de libertad de vientres, propias de la legislación contra la esclavitud, se elaboraron desde los tiempos de la revolución, de la independencia, y figuraron en la primera Constitución.

En los primeros años del Estado Oriental se promulgaron disposiciones para prohibir el tráfico, cuya reiteración evidencia su relativa efectividad. Recién en 1839 se firmó un tratado con Gran Bretaña para terminar con la trata, el cual fue ratificado en 1841. Ese mismo año se iniciaron las prácticas de manumisión vinculadas a la Guerra Grande. Solo un contexto político internacional favorable y una coyuntura bélica apremiante determinaron la concreción de la abolición.

Más allá de la legislación y de los discursos contra la esclavitud, las prácticas de manumisión del poder político fueron signadas por una dinámica estrictamente bélica." (pág. 11).

Ver este sitio de la Intendencia de Montevideo así como en Wikipedia: Población negra en Argentina.




La arquitectura doméstica: De las villas al chalet.


El eclecticismo en las villas montevideanas

"Durante la época de la colonia, la arquitectura doméstica se caracterizó por sus fachadas simples, technos de azotea y patios centrales.
Estas debían ser las características que también primaron en las viviendas cercanas al Miguelete. La única casa que queda como testimonio es la del gobernador Viana.
(...)
Luego de firmada la Paz de Octubre, en 1851, esto cambió. Los partidarios del partido blanco regresaron a Montevideo, pero la sociedad adoptó la costumbre de veranear durante los largos meses del verano en sus propiedades a orillas del arroyo.

Es a partir de ese momento que se construyeron las más espléndidas casas quintas o villas como las llamaban los contemporáneos, rememorando las espléndidas villas italianas construidas también como casas de descanso.

[...]

El eclecticismo de las quintas era exuberante y polémico.

La influencia palladiana se manifestó en casi todas ellas. Las columnas y las balaustradas abren amplias logias que invitan a la vida social y a las que se accede por importantes escalinatas ubicadas en el frente, que acentúan la axialidad del edificio. Las logias funcionan como espacios semiabiertos de transición entre el jardín y el interior. En algunas quintas, como en la de Hortal-Tucci o la de Raffo la logia recorre parte del perímetro de la casa.

El mirador fue un elemento distintivo en estas construcciones, importante por el entorno natural en que se ubicaban. Desde muchas de ellas se observaba la bahía, en una ciudad muy baja, que en 1900 apenas tenía cuatro edificios de más de cinco pisos.
(...)
El eclecticismo finisecular, no se conformó con el palladianismo y el neogótico. La quinta de Fynn (1872) (hoy desaparecida) era de estilo “chinesco”, las de Eastman y Platero moriscas, y las de Elzaurdia y Farini (desaparecidas) eran rigurosamente eclécticas.” (pags. 30-31)




Villas Capurro y de Castro


Nota de los editores de este sitio: Se trata de la casa de Juan Pedro de Castro, hermano de Prudencia, que fue legislador y llegó a ser grado 33 dentro de la organización masónica, y fue casado con Catalina Caravia.

Villas Vilaza, Platero, Fynn



El 'CAVALIERE' CAPURRO Y SU LEGADO

Rolf L. Nussbaum: "Las huellas del ayer" 
(en: Caubarrère et al., op.cit., pág.  292)

Rolf  L. Nussbaum: nació en Frankfurt/Main, Alemania. Radicado en Montevideo desde 1941. Tiene una larga
trayectoria en diversos campos culturales nacionales y también como periodista de prensa del interior.
Organizó y colaboró para diversas exposiciones y museos nacionales. Ha participado en viajes de estudio
y congresos en Uruguay y el exterior. Es fundador del Centro de Estudios Arqueológicos (C.E.A.). Miembro de
la Comisión Directiva del Consejo International de Museos (ICOM). Miembro de la Comisión Amigos del
Museo del Azulejo. Investigador y conservador de temas históricos y culturales.

Sobre la "Ordine dei Santi Maurizio e Lazzaro" ver aqui


Cavaliere Capurro


Cavaliere Capurro


Parque Capurro



EL "PRADO" Y SU EPOCA

Federico E. Capurro: "Una memoria más 1963-1966"
(Montevideo, 1966, Tomo IV,  págs. 156-164)


"Agosto 14 de 1964

Entro en este tema con cierta preocupación. Temo, por demasiado vivido, perderme en lo baladí, en pueriles aspectos de ocasionales episodios y de vinculaciones pasajeras.

Fue el "Prado" zona residencial para numerosos miembros de mi familia unidos hasta el segundo grado: mis padres en Lucas Obes y Buschental, e igualmente mi hermana Lucía C. de Barcia; en 19 de Abril, hermanos también Olga C. de Varela y Juan, el primogénito, con quienes compartimos el cerco vivo divisorio.

Todo esto me ha sugerido un deber de consecuendia que hoy me dispongo a cumplir, pese a las debilidades en que pueda incurrir.

Es el parque más viejo de Montevideo, y naturalmente por viejo, no había de verlo nacer, pero, sí, desde su pubertad lo vi crecer.

Obedeciendo a preferencias paternas, no por mi propio gusto, era un niño, caí en el Norte, y más tarde ajustüandome a la tendencia transmitida por herencia fijé espontáneamente mi domicilio en sus alrededores.

En aquellos lejanos tiempos el Norte estaba de moda. Las más valiosas quintas lucían sus verjas en las principales avenidas. La nuestra no se había exactamente alineado entre ellas, aunque en la misma zona cerca de la costa con vista al mar. Vivíamos entonces en una gran casa con amplio jardín, edificada por mi abuelo, Juan Bautista Capurro, sobre la barranca que elevábase frente a la playa - a la que el público dióle su nombre -, con entrada por el camino también homónimo y único acceso a la zona situada tras de la curva central de la bahía. Era aquella heredad, comprada por pocos patacones, un desierto dedicado a la explocatión de arena y agua dulce extraída de múltiples pozos perforados en las inmediaciones del Arroyo Miguelete, cerca de su desembocacura, con destino a los barcos anclados en el puerto, que así llenaban sus cisternas y cargaban lastre. Agua aquella que en cierta ocasión fuera generosamente donada por mi abuelo, bálsamo durante una larga sequía que dio motivo a que se agotaran los aljibes de todo Montevideo, y los arroyuelos de sus alrededores.

En el extremo opuesto de aquellos arenales, se había desarrollado un modesto balnerario, importante atracción del Norte, hacia el cual durante varios años persistió una afluencia considerable de familias, determinando una corriente que había de contribuir a dar a las avenidas Agraciada, Millán, Larrañaga y a algunas calles transversales, el carácter pintoresco que aún hoy conservan, particularmente suntuoso en las proximidades del "Prado", y preferidas para levantar las hermosas mansiones que caracterizaron la distinción del lugar.

Escribo situado entre fines y principio de siglo. Sólo hasta entonces, mis recuerdos alcanzan a dibujarse en mi memoria, y a ellos me traslado, sin historiar el génesis del "Prado" pero sintiendo la influecia lejana de los días en los cuales aparece, como creadora, la descollante figura de hombre de empresa Dn. José de Buschental.

Conocí, pues, nuestro parque en su pristina edad y rústico aspecto, sin los perfeccionamientos y ensanches posteriores, pero sí con la gran avenida de eucaliptos que le dio su fisonomía, y los plátanos de 19 de Abril - que habrían de sugerir a esta arteria, la suya - en su primera infancia, aún sujetos a tutores. Campo a ambos lados, surgiendo la primera cancha de fútbol al oeste, en tierras aún baldías, y el resto salpicado únicamente por una que otra vieja casona arraigada allí como muestra de más pretéritos tiempos.

Y no eran enteramente inútiles aquellos terrenos despoblados, Allí acudíamos los muchachos del barrio a remontar cometas, particularmente en primavera, estación de los buenos vientos. Por supuesto, sin poner en nuestro juego el espíritu idealista con que Somerset Maugham ve en la elevación del "kite" del cuento, una invocación de misteriosa influencia. No; muy diferente significado había de descubrirse en nuestros pensamientos. Era de lucha, de guerra, instinto que se revela en la muy temprana edad de las almas humanas. Añadíamos, con perversa intención, una navaja afilada en el extremo de la cola estabilizadora, con la finalidad de cortarle el hilo tendido de las manos del vecino, a su cometa, entablándose así una pelea en el espacio. Y lograda la travesura, caía la herida envuelta en sus cintas y piolines, dando tumbos en el aire, como un avión ametrallado. Seguían delirantes exclamaciones de parte del vencedor, y lamentos y hasta lágrimas del vencido, que corría a recoger los despojos de la combatiente derrotada.

La playa Ramírez iniciaba su rivalidad inclemente con el Norte, y no tardó en seguirla Pocitos. Hubo, pues de pronto, un vuelco hacia al Sur, que, a pesar de su ímpetu, de la tremenda absorción ejercida, fue resistido por los opuestos norteños que conservaron sus posiciones, aunque sólo en parte. Lograron, en cambio, concentrar su antes preponderante influencia a fomentar la diversificación de una heterogénea población espontáneamente distribuída en separados barrios sometidos, más tarde, a correctas reglamentaciones municipales.

Pero, por supuesto, con ritmo lento en tanto que la zona austral progresaba vertiginosamente.

Con todo, prosiguió el "Prado" destacando su hermoso complemento urbano traducido en un verde conjunto forestal, dentro del cual funcionaba un reducido hotel que fuera ressidencia señorial del propietario de las tierras. Construcciones dispersas emergían de las arboledas: un chalet, anexo de la casa central posteriormente demolido, los invernáculos y las caballerizas, conocidas también estas últimas como granja suiza, que el Gobierno Departamental, al recibir la administración del parque, acondicionó para instalar servicios exigidos por la conservación del parque.

Esto era el "Prado" setenta años atrás. No obstance su simplicidad, daba la impresión de un cautivante y amplio rincón abierto de la ciudad, en el que los añosos árboles y las perspectivas pintorescas invitaban al esparcimiento y al ensueño. Nada más seductor podía ser, para el público, tal gratuíto usufructo sin salir de los confines de la planta urbana de la capital.

De ahí que fuera solicitado para reuniones al aire libre, para fiestas sociales y certámenes deportivos.

Entre las primeras, la evocación se detiene ante los desfiles de carruajes en los corsos organizados a lo largo de la avenida de eucaliptos unida a la circular que rodeaba el hotel, sin autos asfixiantes ni serpentinas insípidas y molestas, sino con flores rebosantes de frescura, colores y perfumes elocuentes, infundiendo alegría y despertando intercambios de mudas expresiones sentimentales.

Sin apoyo municipal, subvenciones, carrozas grotescas, ni reinas contratadas, esos corsos eran dirigidos por comisiones designadas para tales cometidos, e integradas con jóvenes de más o menos veinte años, que actuaban con entusiasmo, en especial modo aquellos a quines dábase la ocasión para cabalgar en briosos corceles cedidos por la Policía Montada, y circular a través del vaiven animado por la agitada batalla de proyectiles fragantes. Caracterizados en su misión, vestían impecables jaquets y galeritas oscuras. Cabe advertir, por lo demás, que ni la vigilancia ni el orden reclamaban una atención sostenida. La flamante brigada policial se ocupaba, en seguir a pocos pasos, las volantas y los breaks en los cuales con más ardor manifestábase la violencia de la batalla.

Para colorear el cuadro débese también llevar el pincel frente al atardecer, que afalta de luz artificial, contábase con los últimos rayos del sol poniente y, en todo caso, con la luna que había de reflejar los suyos con ventaja.

[...]

Como apéndice del "Prado", me detendré un momento en la playa Capurro, adonde el sexo masculino acudía a las casillas levantadas sobre pilotes fuera del alcance de las olas, y las damas a las cabinas rodantes distribuídas a prudente distancia de las otras, de modo que la separación de sexos quedara bien establecida. La administración del balneario estaba a cargo de Dn. Ambrosio Rotondo, viejo marino y hombre de confianza de mi abuelo, convertido, pisando tierran, en supervisor de la explotación de aquellos médanos que engañosamente se creyeron inagotables. Le prestaba necesaria cooperación su esposa Doña Filomena, en la sección femenina, a la que no habían de llegar las audaces miradas de los varones sino, infringiendo severas reglas, a través de furtivos telescópicos instrumentos. Y no faltaban comodidades: los hombres podrían disponer de trampolines para zambullir, y las mujeres, siempre de acuerdo al principio de reserva ocular, gozaban del privilegio de que sus cabinas fueran internadas dentro del agua, algo más allá de la orilla, operación que era confiada a un par de mulas guiadas por un diligente empleado supuesto miope, que cumplía ciegamente con su deber.

Cabe hacer presente aquí, como homenaje a fieles vinculaciones entre antepasados, que a pesar de la numerosa descendencia del matrimonio Rotondo, siete hijos, sólo sobrevive, en buena edad, un nieto, Felipe, apreciado profesor de música y Director de un Conservatorio con sede en la Av. 19 de Abril, donde responde a la más legítima estirpe norteña.

Las familais del Norte se inclinaban, entoncese, a renunciar al largo viaje en tranvía de caballos a Ramírez, ya que podían tener a mano iguales arenas blancas, aguas claras y firmeza en el suelo, tan firme que sobre él frecuentemente se concertaban carreras de caballos en las que se alineaban imberbes jinetes, poseedores de caballitos más o menos bien enjaezados, tal cual hoy, con igual libertad, conducen autos los mismos arrogantes hijos de papás condescendientes.

Y también tal suelo de arena se prestaba para practicar las llamadas "chinchadas" entre percherones y fornidas mulas. Colocados en opuestas direcciones, eran obligados a desplegar sus fuerzas musculares, hundidas las cuatro patas en el terreno, en tanto uno de ellos no lograse arrastrar a su ocasional adversario.

Divertido cotejo de vigor y resistentica, en el que se jugaban sumas crecidas, con demasiada rapidez ganadas o perdidas, no siempre a causa del poderoso dominando al más débil, sino por falta de tenacidad en la prueba. Buen ejemplo podrían deducir de las "chinchadas", los vacilantes hombres que muy frecuentemente ceden por inconsecuencia que no por incapacidad.

[...]

Y a través de los años esos médanos se convirtieron en pavimentos urbanos y en auxiliares materiales de construcción, la playa fue invadida por industrias fabriles, y las aguas, en progresivo grado de suciedad e infección, se extendieron contaminando toda la costa de la bahía. Desapareció, desde luego, el balneaario, y con él un prestigioso factor a favor del Norte. Por otra parte, los tranvías eléctricos aceleraron los transportes colectivos, y más tarde los ómnibus aún lo mejoraron, abriendo soluciones de estímulo a la expansión. Y la playa, como playa, definitivamente se hundió.

Pero el parque del "Prado" había de sobrevivir y prosperar al amapro de las comunicaciones. Acogió entre sus avenidas arboladas la Exposición Rural que le dio categoría, no obstante su periódica escasa actividad, y la deficiencia arquitectónica de sus instalaciones: algo mejor merecía la exhibición de nuestra mayor riqueza cuyo progreso gradúa el índice de bienestar de la República. Y en el mismo local, las domas y jineteadas espectaculares, atraen considerable público en las clásicas semanas de turismo. Canchas de fútbol llevan también el entusiasmo deportivo a los que fueron campos baldíos desamparados, haciendo resosar entre las viejas arboledas el vocerío de los "hinchas" tras los goles decisivos. Asimismo dos clubes de tenis, con sedes en las opuestas entradas, contribuyen a movilizar la concurrencia. Monumentos recordatorios desparramados en el parque y eirigdos como perennes homenajes a figuras eminentes del pasado, coinciden en aportar su artística colaboración decorativa, rompiendo con mármoles y bronces, la monotononía de los verdes dominantes propios de la frondosidad del paisaje."





ex quinta de Morales, de Raffo y de García de Zúñiga


museo blanes






Fuente: Denise Caubarrère, Flavio Monzón y Nelson Olivera, Editores:
EL PRADO y antiguas costas del Miguelete 1860-1930

Montevideo, Editorial Caubarrère 2002,
Primera foto y texto: páginas 100-102
Segunda foto: página 166
Fecha: 1870 - ampliación 1929
Arquitecto: Ing. Juan Alberto Capurro (1870)
Arq. Eutenio Baroffio (1929)
Comitente: Dr. Juan Bautista Raffo
Actualmente Museo Juan Manuel Blanes




Casa quinta de Raffo

Ubicación: Millán 4070


Los Proprietarios

El primer proprietario del terreno fue Don Tomás Texera, uno de los primeros pobladores de la ciudad procedente de las islas Canarias. Luego de pasar por varias manos y de un período de abandono a causa de los acontecimientos revolucionarios, fue adquirida en 1832 por Don Francisco Xavier de Viana y continuó perteneciendo a su familia durante treinta y cinco años, sin que se construyera en ella más que una casa modesta.

En 1870 el cónsul italiano en Montevideo, el Dr. Juan Bautista Raffo solicitó al Ingeniero urugayo Juan Alberto Capurro, la realización de esta quinta, que ocupará por poco tiempo. Raffo había comprado el terreno tres años antes y había adquirido también otros terrenos linderos, con lo cual completó un predio de 8 hectáreas.

En 1872 el inmueble es comprado por Clara García de Zúñiga, y en ella nace su hijo el escritor y dandy montevideano Roberto de las Carreras. El mirador de la quinta fue construido para Clara quien pasó allí muchos años recluida por su familia.

Su último proprietario, el Sr. Morales, la habitó con su familia durante 35 años y la vendió al Municipio en 1929. el Municipio contrató su reforma y ampliación al Arq. Eugenio Baroffio con la intención de transformar la quinta en un museo dedicado al pintor nacional Juan Manuel Blanes. El museo se inauguró al año siguiente en el centenario del nacimiento del pintor.

La arquitectura

El Ing. Capurro (1) eligió un lenguaje clásico y realizó una villa "neopalladiana" con un importante pórtico oval (que estuvo cerrado temporalmente cuando perteneció a García de Zúñiga) y una logia que recorre tres lados de la casa. La simetría de la fachada y su organización tripartita: basamento, desarrollo y coronamiento, la cornisa, las balaustradas y esculturas que la rematan, confirman plenamente el clasicismo de la obra, reflejando la formación italiana de Capurro y del proprietario que era justamente el cónsul de aquel país.

La quinta fue una de las más importantes de la zona, por su severa y majestuosa apariencia y por los materiales con que se había construido que incluían mármoles de Carrara y maderas finas.

La intervención del Arq. Baroffio refleja un enorme respeto por el edificio y su proyecto original ya que no altera la fachada ni el edificio construído por Capurro. Atendiendo la nueva función que cumpliría el inmueble como museo, Baroffio agrega dos alas laterales simétricas que funcionan como grandes salas de exposición iluminadas cenitalmente y sin contacto con el exterior. Las salas cierran lateralmente un patio abierto porticado conarcos de medio punto que enfatizan la vocación clásica de la quinta. Este claustro cuenta con un estanque central. La galería posterior, abierta al jardín, lo integra al edificio, creando un eje de luz que cruza la casa a través de las puertas vidriadas que se abren respectivamente al ingreso y al claustro.

---------------

(1) Juan Alberto Capurro (1838-1906), había estudiado en el Instituto Politécnico de Turín. Su obra en general tiene un marcado carácter clásico, que recuerda en algunos casos las villas manieristas o los palacios renacentistas italianos. Se destacan entre sus construcciones la casa de Carlos de Castro (Buenos Aires y Bartolomé Mitre) y el Palacio Santos, hoy Ministerio de Relaciones Exteriores).



Villa Raffo


Villa Raffo


Palacio Santos

exterior

ex casa del Presidente M. Santos y actual sede del Ministerio de Relaciones Exteriores

palacio santos


Palacio Santos
interior



palacio santos


casa_capurro


casa_capurro2


Palacio Estévez

actual Ed. Independencia fue construído en 1873 por el Ing. Edouard Manuel de Castel
por encargo del comerciante Francisco Estévez
 para viviendas y comercios.
En 1879 el edificio fue comprado por el Gobierno de Latorre
y fue adaptado para funcionar como Casa de Gobierno. 
Le cupo al Ing. Juan Alberto Capurro proyectar y dirigir su adaptación.
Más adelante, en 1987, se hizo una segunda adaptación.
Actualmente el edificio se usa para cumplir funciones protocolares de la Presidencia.


palacio estevez




RICARDO GOLDARACENA

"Los barrios de Montevideo"
Ediciones Arca - Montevideo

fuente: ver aquí

Capurro

Capurro playa, parque, estación balnearia y barriada montevideana, es un arraigado nombre capitalino. Es uno de los mas hermosos parajes que se recuestan sobre la bahía de Montevideo. Paraje y paisaje, porque la vista que se disfruta desde la playa de Capurro es, sin duda, una de las mas elocuentes de la ciudad, con su paisaje portuario a la izquierda, la pequeña mole del Cerro enfrente, absolutamente emblemática con fortaleza y todo, y la península estirándose como un bostezo, a lo lejos, con esos edificios que dan a Montevideo tono de urbe mayor, empezando con el Palacio Salvo y siguiendo por la Catedral, el Correo, la Iglesia de Lourdes, el edificio de la Aduana y tantos mas . . .

Capurro, entonces, paisaje elocuente de barcos fondeados o abandonados en la bahía, paisaje costero y portuario, para el recuerdo, para la fotografía del aficionado, para la nostalgia. Con una iluminación distinta según sea de mañana o de tarde. Con actividades diferentes según sea de día o de noche.

El topónimo Capurro se debe al infatigable y emprendedor empresario italiano Giovanni Battista Capurro, marino genovés venido al país en tiempos de la jura de la primera Constitución. Cavaliere del reino de Cerdeña, Capurro acumuló aquí una envidiable fortuna como agente marítimo y accionista de distintas compañías. Su tacto y su buen olfato para los negocios, circunstancias que tantas veces hemos destacado en personajes similares a él, lo llevaron a cristalizar excelentes inversiones.

En 1836 se había casado aquí con doña Prudencia de Castro, fundando una honorable familia. A su muerte, en 1872, la fortuna que dejaba a los herederos alcanzaba el millón de pesos, suma verdaderamente caudalosa para su tiempo. A su hijo Juan Alberto, ingeniero, arquitecto y empresario, amén de legislador y ministro, Montevideo debe importantes obras públicas y privadas, entre otras muchas, el histórico puente que une Montevideo con San José, en la Barra de Santa Lucía, construído en 1925.

En la zona donde había estado establecido el Caserío de los Negros, en la margen izquierda de la desembocadura del arroyo Miguelete, el armador genovés adquirió un predio donde edificó una hermosa casa quinta, de 24 cuadras cuadradas, rodeada de paradisíacos jardines, que pobló de pájaros y especies forestales. La quinta de Capurro, que estaba frente a la playa antiguamente denominada "Honda", sobre la bahía, se llamó "La Meca", y allí vivió su fundador con su esposa y demás familiares hasta que falleció.

Según el historiador Aníbal Barrios Pintos, los arenales y pozos de agua existentes en la costa de "La Meca", sobre la "playa Honda", continuación natural de los pozos de la Aguada, fueron explotados por Capurro con destino a los buques de ultramar que regresaban sin carga a Europa y necesitaban lastre y, por supuesto, agua dulce.
Despues, el activo armador y hombre de negocios construyó sobre la bahía el "Muelle Capurro", para cargar arena como lastre en los barcos que regresaban desde Montevideo. De a poco, los médanos de la zona fueron desapareciendo, a consecuencia de ser trasladados a Europa a través de los buques cargados por la empresa de Capurro.

La instalación de la "Compañía de Tranvías al Paso del Molino y Cerro", desde 1869, trajo importantes cambios al paraje y gran afluencia de visitantes. Los trenes eran tirados por caballos y se establecieron dos ramales desde la calle Agraciada hasta la costa. Uno iba por la actual calle Capurro hasta la bahía, y el otro por la calle Francisco Gómez hasta la vía férrea, que había sido inaugurada el 1o. de enero de aquel año 1869.

El tranvía popularizó la playa de Capurro como estación balnearia. En 1872, la Compañía de Carritos de Ramírez y Capurro atendía un recreo, donde se expendía agua mineral de Vichy. Las familias de Montevideo iban hasta allí en tranvía, en sus propias volantas o en coches de alquiler, con el objeto de tomar sus refrescantes baños de mar. Cuando se estableció el vaporcito que hacía la carrera desde el puerto al cerro, en las temporadas estivales, tanto en el viaje de ida como en de vuelta, existía una escala en el muelle de Capurro.

Según cuenta don Isidoro de María, en 1866, con motivo de una gran sequía, Giovanni Battista Capurro "se ofreció a traer toda la precisa de su establecimiento". En sólo 18 días se repartieron entre el vecindario 2.133 pipas de agua, costando ese servicio a la Comisión de Salubridad 1.514 pesos.
Tan buen negocio se prometía, que Capurro ofreció al Municipio un servicio de agua desde sus manantiales por cañerías. Pero cuando se discutía esta oferta, llovió copiosamente y se solucionó la angustia de la sequía, los aljibes se colmaron "y Capurro - según De María - se quedó con sus manantiales, sin poder concretar su iniciativa".

La estación balnearia, hotel y parque de Capurro fueron proyectos de los hijos del genovés, Juan Alberto y Federico, quienes crearon, al finalizar el siglo XIX, la sociedad denominada "Gran Balneario de Playa Honda", cuando el paraje se conocía todavía con el nombre de la playa.

Esa sociedad confió al arquitecto Juan Tosi los planos para la construcción de un hotel para 450 pasajeros, con 285 habitaciones y un restorán, terrazas, gimnasio y sala de hidroterapia. Pero la crisis del año 90 frustró este ambicioso proyecto.

La quinta fué fraccionada y vendida, permaneció solo el casco, donde tuvieron su sede las escuelas públicas Nos. 47 y 108, cuyo moderno edificio sustituye hoy a la vieja casa de los Capurro. En 1910, en los terrenos de la costa, se inauguró el "Parque Capurro", trazado por el ingeniero alemán Julio Knab, cuya parte arquitectónica, de amplias y hermosas escalinatas y demás construcciones, fué obra del arquitecto florentino Juan Veltroni.

El paso del siglo XX redujo a recuerdos el hermoso parque que ya casi nadie visitaba. Sin embargo, la construcción de la nueva ruta de salida al Oeste, que en algún momento amenazó destruirlo definitivamente terminó poniéndolo en vigencia nuevamente. En 1988, las construcciones planificadas por Veltroni fueron recicladas por el Municipio.


Nota de los editores de este sitio:

Hay un error de Godaracena cuando atribuye a Juan Alberto Capurro la autoría del puente viejo de la Barra de Santa Lucía, inaugurado en 1925, que fue obra de Federico E. Capurro sobrino de  Juan Alberto quien murió en 1906.

Sobre los orígenes del barrio Capurro ver este sitio de la Intendencia de Montevideo.





 


Reportaje de César di Candia a

LIA CAPURRO AGUIRRE DE QUIJANO


Lia Capurro

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Lia Capurro2

                      Lia Capurro3



Carlos Pérez Montero:
"La calle del 18 de Julio (1719-1875). Antecedentes para la historia de la ciudad nueva"
Montevideo, Imprenta "El Siglo Ilustrado" 1942, pp. 335-340



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catastro



Mario Benedetti

Mario Benedetti


"En el Parque Capurro Montevideo" (página 31)


Benedetti en el Parque Capurro


"Frente a la casa de su infancia, Capurro Montevideo"
(página 30)


Casa calle Capurro



Mario Benedetti: La borra del café (1992):

"Mi familia siempre se estaba mudando. Al menos desde que tengo memoria.  No obstante, quiero aclarar que las mudanzas no se debían a desalojos por falta de pago, sino a otros motivos, quizá más absurdos pero menos vergonzantes. Confieso que para mí ese renovado trajín de abrir y cerrar cajones, baúles, grandes cajas, maletas, significaba una diversión".






Fuente
: MonteVIdEO. Arte y Paisaje. Concepción y Textos: Ramón Mérica (Montevideo 2003, pág. 200-213)


Capurro

Desde Génova, con amor


El apellido Capurro aparece cuatro veces en el nomenclátor de Montevideo: está consagrado en una calle, en un barrio, en una playa y en un parque. Los cuatro nombres están en el mismo paraje. Al borde del parque Capurro está la calle homónima que se extiende desde la ruta de acceso a Montevideo construida en los últimos años - que pasa en ese tramo junto a la playa - hasta Agraciada, paralela a la calle Gil, al norte de bulevar Artigas. Su continuación morfológica, al Norte de Agraciada, ya no se llama Capurro, sino Hermanos Ruiz, en evocación de los hermanos Laureano y Manuel Ruiz Tagale, estancieros de Soriano que proporcionaron los caballos con que inició su travesía la Cruzada Libertadora de 1825.

La calle Capurro recuerda al inteniero, político y hombre de empresa uruguayo Juan Alberto Capurro Castro (1838-1906), a quien la ciudad capital y el país todo debieron notables progresos. El ingeniero era hijo del marino genovés Giambattista Capurro y de la criolla Prudencia de Castro y Castro. Se había graduado en la Real Escuela de Bellas Artes de Milán y de regreso al país fue legislador, miembro de la JEA de la capital,  ministro de fomento del gobierno de Julio Herrera y Obes y luego del de José Batlle y Ordoñez.

Fue Capurro el autor de la lujosa mansión de Máximo Santos (18 de Julio y Cuareim), del desaparecido teatro Cibils y de las casas de sus tíos Carlos de Castro y Agustín de Castro, en la Ciudad Vieja, entre otras obras.

El país debe al ingeniero Capurro el trazado general de las líneas de ferrocarriles de la República, el proyecto de estudio sobre el puerto de Montevideo y el plano catastro de Montevideo de 1867/1870, una labor cartográfica notable. Como hombre de empresa Juan Alberto Capurro instaló, conjuntamente con su hermano Federico, en la localidad hoy llamada Capurro, una gran destilería de alcoholes, base de la actual planta de Ancap.

El barrio de Capurro y el parque tuvieron su origen, y el origen de su nombre, en la quinta La Meca, que el genovés Juan Bautista Capurro, padre del ingeniero Juan Alberto, hizo diseñar en terrenos que adquirió a Tomás Basáñez, en la margen izquierda del arroyo Miguelete, en su desembocadura en la bahía, donde en otro tiempo había estado situado el "caserío de los negros".


UN VÉRTICE DE LA VIDA DULCE

La playa de Capurro, sobre la bahía y frente al puerto, se popularizó a fines del siglo XIX, a causa de la instalación de la Compañía de Tranvías al Paso Molino y Cerro (a tracción a sangre, o sea, travías tirados por caballitos) que desde Agraciada, tenía dos ramales que llegaban hasta la costa. Tiempo después se estableció una línea de vaporcitos desde el puerto de Montevideo al Cerro. En verano, el vaporcito, en dos de sus viajes, hacía escala en el muelle de Capurro. El ingeniero Juan Alberto Capurro fue autor de la iniciativa de crear un gran balneario en la playa, con un importante hotel de 285 habitaciones, dotado de un restaurante, terrazas, gimnasio, hidroterapia y otros servicios. Este ambicioso proyecto se frustró al sobrevenir la crisis económica de 1890, la famosa crisis que arruinó también a don Emilio Reus, que tenía un proyecto similar en la península de la Ciudad Vieja, en la actual calle Juan Lindolfo Cuestas, donde durante años funcionara la Facultad de Humanidades. Hoy, ese edificio está tapiado.

En 1910, Esteban Elena, director general de la empresa de tranvías La Transatlántica, impulsó la  creación de un parque junto a la playa Capurro. El 30 de diciembre de ese año se inauguró el bonito parque, que todavía existe, aunque muy venido a menos, según se lo ve desde la nueva carretera de acceso a Montevideo. Este parque fue proyectado por el arquitecto alsaciano Jules Knab y realizado por el arquitecto florentino Giovanni Veltroni. Era una hermosa realización edilicia de su tiempo, con sus importantes terrazas, balcones y escalinatas de balaustradas, todo ornado con jarrones, macetas y medallones esculturados; tuvo gran concurrencia de público y fue una importante atracción para las familias y centro social durante mucho tiempo. Había pista de patinaje, conciertos y otras diversiones, todo frente al hermoso paisaje de la playa y la bahía. Fue un punto imperdible del Montevideo elegante de la época, lo mismo que el Hotel del Prado, también obra de Knab y Veltroni (1912).


UNA OBRA ÚNICA

La labor cartográfica del ingeniero Juan Alberto Capurro es verdaderamente notable y digna del recuerdo. Una verdadera obra maestra de la cartografía es ese plano catastro, compuesto de 350 piezas, que abarca toda la Ciudad Vieja y la Nueva, desde el extremo de la península en el Oeste, hasta la calle Santa Lucía (hoy Santiago de Chile), en el Este. Una obra maestra de un inusual virtuosismo de detalles.

Esta notable reliquia se encuentra archivada en su versión original de 350 hojas, dibujadas y pintadas una por una a la acuarela, en el Museo Histórico Municipal (Cabildo de Montevideo). Y hay que dar una voz de alerta porque corre peligro de perderse. Se va a perder, si no se perdió ya. No hay que ser tremendista, pero corresponde llamar públicamente la atención sobre un objeto museable de primera categoría que debe ser protegido de los estragos del tiempo y de los efectos de la humedad."

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"Sería buena cosa que pudiéramos disponer de una maqueta de la "ciudad vieja", extendida -por ejemplo- hasta la calle Andes. Y mejor todavía si pudiéramos disponer no de una sino de dos maquetas, para tener una clara noción de los cambios que se han procesado en esa trama, digamos entre 1870 y nuestros días. Y lo de 1870, no es caprichoso, porque fue en el entorno de esa fecha que el joven ingeniero Juan Alberto Capurro, realiza el Plano Catastro de Montevideo. Dice al respecto el arquitecto Carlos Altezor: "Dibujado a tinta china y acuarelado, mostrando las plantas de techo de cada manzana con el detalle de sus cuatro fachadas; deslindando cada parcela; los ocho tomos de láminas en los cuales está organizado el Catastro constituyen un útil de trabajo invalorable para los estudiosos de lo urbano" (*). También serán un "útil invalorable" para los maquetistas..."

Ver: ACUARELAS DE MONTEVIDEO / Reflexiones a partir del Catastro del Ing. J.A. Capurro" / Beisso, Quijano y Altezor / Impresora Gráfica 1997.




Ultimos cambios: 30 de noviembre de 2013


     

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