JUAN BAUTISTA CAPURRO(1798 - 1872)
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Juan
Capurro Ruano era hermano de Haroldo Capurro Ruano quien se
casó con
Elida Etchegaray. Su hijo Mario Capurro Etchegaray y Raquel
Fonseca Piaggio son los padres de Rafael
Capurro Fonseca. En los Anexos incluimos
los siguientes textos: 1. La
historia de la familia de Castro
relatada por Ricardo Goldaracena en el "Libro de los Linajes" (Tomo 1,
Arca
Editorial, Montevideo 1976, p. 118-122). 2. Textos y fotos
publicados en el libro "El Prado" editado por Denise
Caubarrère. 3. Un texto de Federico
E.
Capurro sobre "El Prado". 4. Un texto de
Ricardo
Goldaracena
("Los barrios de Montevideo") sobre el barrio Capurro. 6. Un extracto del libro de Carlos Pérez Montero: "La calle del 18 de Julio (1719-1875). Antecedentes para la historia de la ciudad nueva" (Montevideo, Imprenta "El Siglo Ilustrado" 1942) donde el autor dedica un capítulo a la obra de Juan Alberto Capurro. 7. Imágenes y un
texto de Mario Benedetti sobre el Parque Capurro y su casa en la calle
Capurro.
De acuerdo a la
información de la Parrocchia S. Ambrogio (Voltri),
Giovanni Battista Capurro nació el 19 de Febrero de 1798.
Algunos datos fueron completados gracias a diversas fuentes familiares
así como a la colaboración del Arq. Marcelo Paysse. |
![]() La primera
edición de este trabajo fue publicada, en edición
familiar, en 1970. No se
trata de una investigación histórica que el autor no
tiene capacidad ni
experiencia para realizar; se trata más bien de una modesta
recopilación de
datos, que fue iniciada originalmente porque un biznieto de Juan
Bautista
Capurro se sorprendió por la falta de conocimientos que
tenían sus parientes
sobre la persona y la vida del marino genovés ("capitano di
longo
corso"), que se afincó en el país a principios del siglo
pasado y fundó
una familia que se ha ramificada notablemente. Todavía, pese a
sus pacientes empeños, le faltan al autor datos importantes
sobre el tema, pero
cree que por primera vez se han ordenado las informaciones disponibles,
lo que
fue motivo para la primera edición. En ésta se han
corregido numerosos errores
y bastantes omisiones de aquella. Es de creer que interese a sus
numerosos
descendientes de varias generaciones (y quizá a alguna otra
persona), leer
estas páginas sobre la personalidad del "cavaliere" Capurro, que
fue
un hombre de progreso en épocas difíciles, estuvo
vinculado a actividades
fundamentales que han dejado huella en el país y dejó su
nombre a un barrio de
la ciudad.
![]() Vista de la ciudad y puerto de Montevideo tomada desde el NO, 1826. Dedicada al Exmo. Sr. Dn. Juan José Durán Caballero Comendador de la orden de Cristo y Oficial de la Imperial del Cruzero Brigadier de los Egércitos (sic) Nacionales e Imperiales y Gobernador Intendente de la Provincia Fuente: http://glaucus.fcien.edu.uy/pcmya/ecos/sodre/Mvah103.html Ver también: Montevideo Antiguo ![]() Juan Bautista Capurro era
marino
mercante. El 25/1/819, el gobierno de Turín, donde estaba
entonces la capital
del reino, le expidió la patente de "capitán de gran
cabotaje", No.
1.071 de CAPURRO GIOBATTA D'ALBERTO, nativo de Voltri, de acuerdo
con los reglamentos respectivos y en razón de haber demostrado
los
conocimientos técnicos necesarios y la aptitud moral requerida,
contando la
edad exigida de 24 años. La patente es expedida por orden del
Secretario de
Guerra y Marina de "Vittorio Emanuele per
Grazia di Dio Re di Sardegna, di Cipro, e di Gerusalemme, Duca di
Savoja, e di
Genova, Principe di Piemonte ec. ec. ec." (Documento
propiedad de la familia Capurro-Aguirre). En los registros de Lloyds
de
Londres figura con anterioridad como armador de los bergantines de
madera
"Annina", "Amalia" y otros, los que se cree viajaron al Mar
Negro por cargas de trigo. Seguramente navegaba en ellos
también, pero, en todo
caso, era capitán del barco en que arribó a Montevideo (quizá
el "Esmeralda"), en
fecha que no se conoce exactamente. Esa radicación en nuestro país tiene
que haber sido anterior a 1829, pues en ese año figura como
miembro de la
Masonería Oriental, lo que hace presumir que estaba en
Montevideo desde algún
tiempo antes. Después se
vinculó por
matrimonio a la familia Castro y aparentemente dejó de navegar,
dedicándose a
sus negocios exclusivamente; aunque, como después se
verá, prosiguió en
actividades relacionadas con el tráfico marítimo. No tuvo
actuación pública, pero era una persona importante en la
colectividad italiana,
(muy numerosa ya entonces), en representación de la cual fue
designado por el
Gobierno en 1870 para integrar la Comisión de Comerciantes y
Propietarios, en
la que actuó poco tiempo. También formó parte del
grupo fundador del Banco
Italiano, el Ferrocarril Central, el Hospital Italiano, la
Compañía de Aguas
Corrientes y el Teatro Solís, en unión con notorias
figuras de la época,
manteniendo además sus propias empresas. J.B.C. vivió
primero en la "Ciudad Vieja", donde nacieron sus
hijos mayores. El 17 de julio de 1853 hubo una fiesta en su casa de la
calle
Piedras e Ituzaingó que, según cuenta el Licenciado
Peralta en
"Resonancias del Camino" estaba a las nueve y media de la noche toda
iluminada. Después construyó una hermosa casa en la calle
Capurro esq. Gutiérrez,
en las proximidades de lo que había sido antes el Caserío
de los Negros, con
macetones de mármol de Carrara sobre cada uno de los pilares de
la verja. Allí
vivió con su familia y numerosos agregados hasta su muerte,
frente al panorama
de la bahía y de los barcos. Esa propiedad, que formaba parte de
los terrenos
de "La Meca", pasó
luego a su hijo menor Eduardo y se vendió posteriormente,
habiendo sido
demolida la casa para edificar una moderna escuela.
Durante su vida de
intenso
trabajo consiguió acumular una cuantiosa fortuna: el total de
los bienes que
dejó, fue tasado en cerca de 900.000 pesos, lo que era
considerable en el año
1872. Es de hacer notar que no dejó campos en herencia: sus
inversiones eran
todas inmobiliarias urbanas o financieras Infortunadamente se ha
perdido
el archivo de sus papeles, que eran muchos según el inventario
de la
testamentaría. Su correspondencia personal y comercial
podría haber dado muchos
datos de interés. Las pocas cartas que se conservan de
él, lo revelan como
hombre de cierta cultura, en razón de la soltura de la letra y
la corrección de
la redacción y la ortografía. Escribía tanto en
italiano como en español. Hay dispersos numerosos
testimonios de su generosidad, ejercida en beneficio de la causa de la
unificación italiana (ayudó a Garibaldi a armar el
barco en que éste regresó a su patria) y de
la colectividad italiana en el Uruguay, como se demuestra en su
donación al
Hospital Italiano. En cuanto a su
carácter, hay un
significativo episodio transmitido por tradición de la familia.
Parece ser que
accedió a dirigir la maniobra de colocar la estatua de La
Libertad sobre su
columna en la plaza Cagancha. Cuando estaban en plena tarea
llegó un militar de
alta graduación y empezó a dar algunas indicaciones sobre
la manera de realizar
el difícil trabajo. J.B.C. le habría dicho que los
militares mandaban en el
Fuerte, pero que él lo hacía en la plaza; y que si
alguien más iba a
intervenir, él estaba de más. Y el militar fue quien se
retiró. ![]()
Fuente: http://www.e-transhotel.com/montevideo_antiguo.htm Nota: La estatua de
la
Libertad es obra del escultor italiano José Livi y fue
erigida
el 20 de febrero de 1867. En realidad es una imagen de la Paz, pero
siempre se la llamó Libertad (RC) Hay bastante
documentación
gráfica sobre su aspecto físico. Además del
óleo de Cayetano Gallino, que (poco
fiable porque este artista acostumbraba a embellecer a sus modelos),
hay varias
fotografías y un retrato de un pintor desconocido muy parecido a
ellas (óleo
propiedad del autor). Por lo que se vé, era hombre de estatura
más bien baja,
pero robusto, con cabeza grande y cara ancha con frente amplia, cabello
castaño, ojos claros (como muchos de sus descendientes) y
grandes patillas al
estilo de la época. Una foto en que está con su esposa y
su hijo menor lo
muestra sentado y en atuendo de ceremonia con yaqué,
plastrón y la medalla de
la orden a la que pertenecía. Los padres de J.B.C.
fueron
Alberto Capurro y Magdalena Consigliere (también figura como
Consigliero o
Concillera en partidas de la Iglesia Matriz), que se casaron
posiblemente en
Génova en fecha que se ignora. Alberto Capurro vivió
aparentemente en Voltri y
murió también en ese pueblo cercano a Génova el
16/6/862. Hubieron otros tres
hijos del matrimonio: Luis, que también era marino y parece
haber perecido en
un naufragio (algunos creen que una familia Capurro de Gibraltar es
descendiente de él); en todo caso, murió antes que
J.B.C., pues éste lo heredó. Otras hijas: Marina,
casada con Carlos G. Rossi
(tenían una hija llamada Elodia); y Angela o
Angiolina, casada
con Pietro Pietranera, del cual matrimonio hubieron dos hijas, Adelaida
y
Eduarda, y un hijo, Césare. Todos los nombrados se radicaron
posteriormente en
Montevideo. Pietranera mandó barcos de J.B.C. y Rossi, fue su
asociado en
negocios; en cuanto a Césare, trabajó primero en la
destilería de alcohol de
Capurro y luego en Salud Pública. Las mencionadas sobrinas
recibieron pensiones
a la muerte de su tío en 1872.
El primer documento de
fecha
cierta existente es la patente de capitán expedida en 1819. En
ella se dice que
se le concedía por tener 24 años cumplidos de edad, lo
que no coincide con los
datos anteriores. En la Iglesia Matriz
(libro 8,
folio 11) está la partida de casamiento de Juan Capurro, nacido
en Génova, hijo
de Alberto Capurro y Magdalena Consellera, con Prudencia de Castro,
nacida en
Montevideo, hija de Agustin de Castro y
María Genoveva Castro,
en fecha
4/10/836. Giovanni Battista Capurro - Prudencia de
Castro
Oleo de Cayetano Gallino (1804-1884) Propiedad de la Sra. Elvira Mousqués de Capurro
PRUDENCIA
DE CASTRO DE CAPURRO (1821-1888) Tenía solamente 15
años cuando
se casó con J.B.C., quien debía contar cerca de 40 en
1836. Se dice que su
padre la llamó un día a la sala y le presentó un
caballero de grandes patillas,
diciéndole: Prudencia, he resuelto que te cases con este
señor. Pudieron vivir muy
confortablemente dada su posición económica y deben haber
viajado más de una
vez a Europa, ya que el hijo menor Eduardo, nació en Génova en 1853. Tanto
éste como su hermano Agustín
perdieron la razón en su juventud. Ambos cónyugues
fueron
retratados por el pintor Gallino, que también lo hizo con gran
cantidad de
figuras del Montevideo de ese tiempo. (Cuadros, propiedad de la
familia Capurro-Mousqués). A la muerte de su marido,
viajó
a Italia para hacer atender y cuidar a sus hijos incapaces, de los
cuales
Agustín era de tipo violento. Se ignora la fecha del viaje, del
cual ya no
regresaría, pero en 1881 estaba instalada en Milán, según
carta de ese año a su nuera Elina Charry de
Capurro. Primero vivió en una villa de Fiésole,
próxima a Florencia, y luego se mudó a Milán,
donde tenía un gran departamento en Porta Romana 100.
Allí la visitaron sus
hijos Juan Alberto y Federico quedando el último
acompañándola varios años con
su esposa Ema Ruano de Capurro y sus hijos Juan Bautista, Federico, Ema
y
Haroldo (Olga nació allí en 1886). Agustín Capurro
murió en la misma ciudad en
1885. Finalmente Doña Prudencia pasó a vivir en Monza, cerca del
sanatorio donde internó a su hijo menor
Eduardo y donde éste murió muchos años
después. Federico regresó a Montevideo
con su familia, debido al mal estado de los negocios familiares. Un mes
después
(4/4/888) murió Doña Prudencia de un ataque cerebral
cuando tenía alrededor de
67 años. Durante su vida de casada
reunió
un hermoso conjunto de muebles, porcelanas, platería y joyas,
parte de lo cual
está todavía en la familia. Se advierte que era mujer de
gusto refinado.
Después de su entierro, su viejo mucamo Vicenzo viajó a
Montevideo con las
joyas y otras cosas, trayendo además dos urnas con las cenizas
de ella y de
Agustín. Vicenzo sirvió luego en la casa de Federico
Capurro Castro. Según la
tradición, Doña
Prudencia fumaba cigarros de hoja y tomaba rapé. Era muy sorda y
sus familiares
tenían que escribirle en vez de decirle las cosas. Por sus
cartas desde Italia
a sus hijos, se vé que pasó una vejez infeliz debido a
sus hijos dementes. Juan Alberto nació
en Montevideo el 17/3/841 (Iglesia Matriz, libro 23, folio 82).
Murió en
Montevideo el 29/11/906 y fue enterrado con Honores de Ministro de
Estado. Había
sido diputado, senador, ministro de Gobierno y de Fomento de Herrera y Obes,
ministro de Fomento de Batlle y Ordóñez y factor
importante de la construcción
de los ferrocarriles, de la red de carreteras y del puerto de la
capital. Fue
en especial un arquitecto notable,
graduado en Turín, autor de hermosos edificios como el Palacio
Santos, la quinta de Raffo, la
casa de Carlos de Castro en la calle Bartolomé Mitre, la casa de
Agustín de
Castro en la calle 25 de Mayo, etc. También realizó el
primer catastro de la
ciudad y fue además un progresista industrial. Prudencio
Agustín nació en
Montevideo el 8/8/842 (Iglesia Matriz, libro
23, folio 180) y murió en Milán el 18/1/885, sin dejar
descendencia. Luis Federico nació
en Montevideo el 2/10/843 (Iglesia Matriz, libro 24, folio 146),
figurando
también inscripto en la Iglesia San Francisco (libro 24, folio
156). Murió en
Montevideo el 10/10/905 en la quinta de Haedo de la calle Lucas Obes,
donde
residía entonces con su familia. Fue diputado, senador, miembro
del Consejo de
Estado, del Banco Nacional y del Banco de la República, fundador
y primer
gerente de la Caja Nacional de Ahorros y Descuentos, creada para
impedir la
usura sobre los sueldos de los funcionarios públicos y actuar
como Monte de
Piedad. Tuvo establecimiento de campo con viñedos en el paraje
ahora denominado
Margat y una hermosa quinta en Santa Lucía (Dpto. de Canelones) y se
asoció con su hermano Juan Alberto en diversas empresas
industriales. Fue además pintor
y
fotógrafo de gran calidad. Luis
Federico Capurro de Castro y Ema Ruano de Arteaga
![]() ![]() ![]() Eduardo Pedro
Pablo (Edoardo Pietro Paolo)
nació en Génova el 1/2/853
(Parroquia de Na. Signora delle Vigne, No. 31). Murió en Monza (Italia) el
30/6/927 sin dejar descendencia. Los hermanos Capurro
Castro
fueron enviados desde niños a Italia. Estuvieron primero en el
colegio de los Padres Escolapios de Savona y
después pasaron Juan Alberto y
Federico a la Real
Escuela de Bellas Artes de Turín, donde el
primero se recibió de ingeniero-arquitecto. Federico no
terminó los estudios,
dedicándose tal vez a su vocación pictórica. De la época de los
estudios en
Italia es el retrato al óleo donde aparecen Juan Alberto,
Agustín y Federico
con el sacerdote Degrossi, que era su preceptor. (Cuadro del pintor
Angelo
Pogessi di Roma, 1859, propiedad de la familia Muñoz del
Campo-Capurro).
Por escritura que
autorizó el
Escribano Salvador Tort el 29/12/837, Juan Bautista Capurro, en
condominio con
José Lapuente, adquirió en 2.000 patacones de
Tomás Basáñez una extensión de
terreno situada en la margen izquierda del arroyo Miguelete en su
desembocadura
en la bahía de Montevideo y con un amplio frente sobre la misma
bahía (llegaba
por el este hasta el paraje conocido por el Caserío de los
Negros). Esos
terrenos los hubo Basáñez por donación de Teodora
Cuenca, quien a su vez los
compró al Gobierno por escritura autorizada por el Escribano
Francisco Araucho
el 2/5/832. Existe un expediente del
año
1840, en el que Juan Bautista Capurro solicitaba se le adjudicara una
restinga
de piedras y terrenos submarinos con frente a su propiedad, pero no se
dictó
resolución al respecto. En el año 1861,
Juan Bautista
Capurro se presentó al Gobierno pidiendo autorización
para construir un muelle
y demás obras accesorias sobre la bahía, destinado a
lastrar los buques de
ultramar, frente a los terrenos de su propiedad situados en la margen
izquierda
del arroyo Miguelete y con frente a la bahía. El permiso fue
concedido por
decreto del Ministerio de Hacienda de 7/2/861. En el año 1872
(exp.No. 160), se
presentó al Gobierno denunciando terrenos submarinos frente a su
propiedad, en
la parte comprendida entre la rambla Sud-América en
construcción entonces y la
orilla del río proyectada. Esta gestión terminó
con la escritura autorizada por
el Escribano Tomás de Tezanos en 21/12/888 por la cual se
reconocía la
propiedad de 22.640 mts.2 que resultaban excedente del área
fiscal denunciada. La
escritura fue hecha a favor de Juan Alberto, Federico y Eduardo Capurro
por
haber fallecido ya Juan Bautista Capurro y su esposa. La manzana de terreno
donde
estaba el muelle (cuyos restos todavía existen) fue adjudicada
posteriormente a
Eduardo Capurro y vendida a la muerte de éste por sus herederos,
a Juan
Restelli, quien tuvo algunas dificultades para probar la salida fiscal
de esa
parte de "La Meca", resolviéndose el asunto recién en
1937
(Ministerio de Hacienda, carpeta No. 919) con la comprobación
que la salida
fiscal ya había ocurrido en 1832. En otra parte de los
terrenos
tenían su ubicación en tiempos de Juan Alberto y Federico
Capurro, la Gran
destilería Oriental y la Cervecería Germania, que fueron
vendidas después. En cuanto al resto de las
tierras presumiblemente habían sido vendidas poco a poco. En
todo caso, lo
adjudicado de ellas a Eduardo Capurro fue la manzana referida sobre el
mar y el
predio ocupado por la quinta de Juan Bautista Capurro. El autor se ha extendido
en
detalles sobre esta propiedad porque no solamente era un centro
importante de
la actividad de Juan Bautista Capurro, sino también porque en
ella tenía su
casa, todo lo qual hizo que la calle que va desde Agraciada hasta la
playa se
llamara también Capurro, lo mismo que el barrio. El nombre
original de "La Meca" ha sido completamente olvidado por las
generaciones siguientes. En una época, la playa era la
más concurrida de
Montevideo, lo mismo que el parque que hizo la compañía
de tranvías, con su
famosa pista de patinaje. Después Capurro perdió su playa
y se transformó en un
barrio industrial y de edificación modesta, aunque sin perder
naturalmente su
hermoso panorama de la bahía. ![]() Siguió navegando
por lo menos
hasta 1830, pues en enero de ese año declaró en la
Capitanía de Aduana que unos
días antes el barco "Penguin" del que era capitán
había sido "sorprendido
por un fuerte viento soplando del W y del SW, descubriéndose
entonces que la
embarcación hacía agua". No se sabe si
continuó
activamente en la marina después, pero hay numerosas noticias
sobre su
actuación como armador o consignatario marítimo: Anuncio
en "El
Nacional" de 24/9/835: "Para
Génova en derechura saldrá sin falta a fin de mes el muy
velero, forrado y
clavado en cobre, bergantín "Príncipe Eugenio",
Capitán Miguel A.
Geriola, teniendo dos terceras partes de su carga pronta. Los
señores que
gusten de cargar el resto o ir de pasaje, teniendo excelentes
comodidades al
efecto, pueden concurrir para tratar a sus consignatarios Capurro y
Castro". En otro diario del
2/8/841: "Para
Valparaíso en
el Pacífico saldrá este mes la barca "Prudencia". Su
capitán
Pietranera vende carga y pasajeros, a los cuales ofrece las mejores
comodidades
y buen trato. Dirigirse a su consignatario J.B. Capurro". Esta embarcación
hacía también
viajes a El Callao, naturalmente navegando a vela por el estrecho de
Magallanes. Hubo también otras empresas de J.B.C. también
vinculadas al tráfico
marítimo: a) La explotación
de los arenales y
pozos de agua potable de "La Meca", donde existían las
instalaciones
necesarias para servir a los buques de ultramar, que en ese tiempo
solían
volver sin carga a Europa y necesitaban lastre y naturalmente agua
dulce, de la
cual había abundancia en esa extensión que abarcaba unas
24 cuadras cuadradas. Isidoro
De
María relata en su libro "Montevideo Antiguo": "En el
año 1866 hubo
una gran seca que ocasionó se agotaran todos los aljibes de
Montevideo. Faltaba
completamente el agua. Capurro se ofreció a traer toda la
precisa de su
establecimiento en la playa del Arroyo Seco. Aceptada la generosa
oferta, se
traía embarcada desde esa playa. En sólo 18 días
se repartió al vecindario la
friolera de 2.133 pipas de agua, costando este serviciode transporte a
la
Dirección de Salubridad, 1.514 pesos". El capataz de "La Meca"
era el genovés Ambrosio Rotondo, que había servido con
J.B.C. cuando éste
navegaba. Más adelante recibió la concesión para
los baños en la playa y el
negocio de la arena fue transferido al inglés William Evans. c) La Compañía
Oriental de Seguros Maritimos,
que fundó en 1854 con Juan Bautista Charry, gerente de la
línea naviera
Messageries Imperiales (que fue luego su consuegro) y su cuñado
Carlos G. Rossi
(E. Acevedo, ob. cit., tomo II, pag. 552). El seguro marítimo
había estado
hasta entonces a cargo de firmas extrangeras y parece ser que la
Oriental fue
la primera aseguradora del Plata en ese ramo de capitales nativos. También tuvo
J.B.C. fuerte
activa intervención y fuerte capital en la Sociedad de
Edificación y Crédito
Hipotecario "Progreso Oriental" (dejó a sus herederos un
importante
paquete de acciones). Esta sociedad se ocupaba de negocios
inmobiliarios,
especialmente de loteos en la ciudad de Montevideo. Era accionista del Banco
Italiano, lo que es natural dada su posición en la colectividad,
pero se ignora
si integró alguna vez su directorio. También estuvo entre
los accionistas
fundadores del Teatro Solís. Un dato poco conocido fue
dado
al autor por el Prof. Juan E. Pivel Devoto: en
cierta ocasión J.B.C. propuso al gobierno la emisión de
moneda fraccionaria,
que escaseaba mucho en algunos períodos del siglo pasado. La
propuesta fue
aceptada y la emisión se hizo poco después. Esta breve reseña
da una idea
del espíritu de progreso e iniciativa del marino italiano que,
como tantos de
sus compatriotas, contribuyó eficazmente al desarrollo de la
economía de su
país de adopción. J.B.C. pertenecía
a la orden
masónica. En el museo de ella en
Montevideo
figura un diploma que dice así: "A.L.G.D.G.A.D.U.
(a la gloria del Gran Arquitecto del Universo). Nos y los demás
miembros que
componen la regla de los hijos del secreto, provisionalmente y
regularmente
constituída al Oriente de Montevideo, a todos los hermanos
masones esparcidos
sobre la superficie de la tierra, S.F.U. (salud, fuerza, unión),
sabed que
nuestro muy querido hermano Juan Capurro es aprendiz
compañero del
Antiguo Rito Escocés aceptado y que por sus servicios y virtudes
que loadornan
ha obtenido en nuestra Sagrada Orden el grado de Maestro
Simbólico, con las
formalidades del Rito ha sido incorporado a nuestro seno previos los
juramentos
de estatuto y ha asistido a nuestro trabajo con el celo propio de un
buen
Hermano, cumpliendo las obligaciones de tal; y por cuyo motivo os
encargamos y
suplicamos le reconozcáis en el referido Grado, lo
recibáis fraternalmente y le
auxiliéis como es debido. Dado en Lugar Cubierto, el día
9 del 7o. mes del año
1829, era vulgar. Firman P. Cavia, J.M. Numa, José Masera Sirio,
y otras firmas
ilegibles." Este diploma fue expedido
por
una logia de la Masonería cuyo nombre no se conoce, pues no
figura en el
documento. En la copia se han usado las palabras completas en lugar de
las
frecuentes abreviaturas del original. También en el mismo museo
hay otro
diploma fechado el 9 de enero de 5830 (esta cronología
masónica corresponde al
año 1830 de la corriente). Fue expedido en ocasión de
concederse a J.B.C. el
grado 7 de la orden, firmando Juan Melo Rodríguez, José
Brito del Pino, Joaquín
Sagra, Angel Rini, Carlos San Vicente y otros. Este diploma
corresponde a una rama
diferente de la Masonería: la filosófica. En la reseña
publicada en
folleto por el Ospedale Italiano Umberto Primo en 1949 se lee lo
siguiente: "Año
1852. Entre algunos italianos residentes en Montevideo surge la idea de
cooperar con las autoridades nacionales de la República en la
obra de asistencia
médica, que en forma precaria prestaba el Hospital de Caridad de
esta ciudad. Para
ello se pensó en fundar un hospital que sería
constituído y mantenido luego con
la contribución voluntaria de los italianos y que
serviría para atender a los
compatriotas enfermos necesitados. En ese año se nombra una
comisión compuesta
por los señores A. Benvenutto, Dr. G. Bottini, Juan B. Capurro,
P. Cassarino,
Presbítero J. B. Cúneo, A. Folle, V. Gianello, J.
Mazzini, G. Narizano, L.
Nascimbene, A. Paullier y A. Riccordi. A ellos se encomendó la
tarea de iniciar
los trabajos conducentes a la realización de la idea". "Año
1853. Presentes el Encargado de Negocios y el Cónsul de Su
Majestad el Rey de
Cerdeña y numerosos y distinguidos miembros de la
población italiana de
Montevido, el 23 de abril de ese año se realiza una
reunión. En ella se aprueba
con entusiasmo el proyecto de creación de un "Hospital Italiano"
y se
nombran comisiones para promover la suscripción del cao (sic) a
capital necesario.
El señor Juan B. Capurro ofrece la donación del terreno
situado en la esquina
suroeste de las calles Soriano y Queguay (hoy Paraguay), para que en
él se
levante el edificio destinado al Hospital Italiano."
El 24/6/860, la
Comisión
Edilicia del Ospedale Italiano se dirige a J.B.C. agradeciéndole
en términos
expresivos su contribución a la fundación del hospital.
Firman todos los
miembros de la comisión y el secretario; entre otros, Andrea
Carassale, Gaetano
Gavazzo, Andrés Folle, Bartolomeo Odicini, Francisco Canessa, S.
Raffo, Carlos
Scotti, etc. (Documento en poder de la familia Capurro-Aguirre). El hospital fundado por
los
italianos fue arrendado al Gobierno del Brasil durante la guerra del Paraguay (1865-1870), para tratar
a los
soldados heridos o enfermos. Se llamó en ese tiempo Hospital
Brasilero. Luego
de terminada la guerra, volvió su destino primitivo. El nuevo hospital, proyectado por el Ing. Luis Andreoni, que es un hermoso edificio, se inauguró en el año 1890, pero el nombre de "Gio Batta Capurro" sólo figura en una placa de mármol evidentemente prevista para varios nombres de fundadores y benefactores del establecimiento, pero que está casi vacía de inscripciones, sin mencionar siquiera a los integranges del grupo de 1852.
5 de la Cía. Oriental de Seguros
Marítimos, $ 10.000,-
v/n. Hay una cantidad crecida
de
vales, conformes, letras de cambio, etc., representando créditos
a favor del
testador, entre ellos ocho vales del Gobierno por un total de $
68.000.-, que
corresponden al saldo adeudado por la compra de los depósitos de
Aduana
("Capurro viejo"). También figuran títulos de deuda
pública en escaso
monto y documentación sobre otras propiedades inmobiliarias que
por alguna
razón no fueron tasadas, entre ellas el nicho No. 113 en el
"cementerio de
la ciudad". Se detallan además gran cantidad de documentos
varios,
correspondencia, etc. El total de los bienes
fue
tasado en $ 884.138.73, que se dividió entre los herederos
después de algunos
ajustes en la proporción de 4/8 para la viuda y 1/8 para cada
uno de los hijos JUAN
BAUTISTA CAPURRO
PRUDENCIA DE CASTRO
(Hijo de Alberto
Capurro
(Hija de Agustín de Castro
y Magdalena
Consigliere)
y Maria Genoveva de Castro)
(1798 - 1872) (1821 - 1888) JUAN ALBERTO CAPURRO PRUDENCIO AGUSTIN CAPURRO LUIS FEDERICO CAPURRO EDUARDO CAPURRO
RAMA DE JUAN ALBERTO CAPURRO y ELINA CHARRY
DUROUX Ver en el Anexo el
extracto
del libro de Carlos Pérez Montero: "La calle del 18 de Julio
(1719-1875). Antecedentes para la historia de la ciudad nueva"
(Montevideo, Imprenta "El Siglo Ilustrado" 1942) ALBERTO
CAPURRO CHARRY ENRIQUE
CAPURRO CHARRY Lia Capurro Aguirre (Ver: Reportaje en este sitio) Enrique Capurro Aguirre
Daniel García Capurro Mario García Capurro Ma. Clara García Capurro Elina García Capurro Alberto García Capurro
Alfredo Arocena Capurro Diego Arocena Capurro Raúl Arocena Capurro Julio Arocena Capurro Juan Alberto Arocena Capurro Oscar Arocena Capurro Elina Arocena Capurro Raquel Arocena Capurro
Enrique Arocena Capurro Ines Arocena Capurro Elena Arocena Capurro Horacio Arocena Capurro
Julio Alberto Castells Capurro El próximo 26 de
junio se cumplirán cincuenta años del
fallecimiento del pintor y acuarelista Julio Alberto Castells Capurro. Montevideo, 8 de junio de
2009
Elvira Capurro Mousques
Ramón Arocena Capurro Luis A. Arocena Capurro German Arocena Capurro Nelly Arocena Capurro Eduardo Arocena Capurro Marta Arocena Capurro
Dolores Muñoz
Capurro
RAMA DE LUIS FEDERICO CAPURRO y EMA RUANO
DE ARTEAGA GOMEZ
![]()
Elina Capurro Castells Ema Capurro Castells Raul Capurro Castells Elsa Capurro Castells Beatriz Capurro Castells Ivana Capurro Castells
(Dolores Marta Avellaneda) ![]() Federico E. Capurro Ruano
Julia Capurro Calamet Federico Capurro Calamet Jorge Capurro Calamet Eduardo Capurro Avellaneda Beatriz Capurro Calamet Ivana Capurro Calamet Eduardo Capurro Avellaneda
Élida Capurro
Etchegaray
(1910 - 1968) Haroldo Capurro
Etchegaray (1913 - 1998) Susana Capurro Etchegaray
(1914 - 1971) Mario
Capurro Etchegaray (1917 - 2006) Luis Capurro Etchegaray
(1919 - 1999) Eduardo
Capurro
Etchegaray (1920 - 2004)
EMA CAPURRO RUANO Horacio García
Lagos Capurro Federico García
Lagos
Capurro Rodolfo García
Lagos Capurro Jaime García Lagos
Capurro Ema García Lagos
Capurro Rafael García
Lagos
Capurro
Jacobo Adrian Varela
Capurro Mireya Varela Capurro
Ricardo (Cao) Capurro Fonseca Augusto (Nené) Capurro Fonseca Juan A. (Poro) Capurro Fonseca
Olga Barcia Capurro Lucía Barcia Capurro Alberto Barcia Capurro
|
FAMILIA DE
CASTRO Sobre
el origen de la familia de Castro ver el artículo en Wikipedia que
comienza así: "La Casa de Castro, linaje
que se cree de procedencia
castellana y profundo arraigo en Galicia, cuyo probable origen se
encuentra en la villa de Castrogeriz
(provincia
de Burgos)."
"Fue un gallego
de la
villa de Padrón
[ver también aquí] el padre de Carlos y
fundador de esta estirpe
en el Uruguay. Se llamaba Agustín de Castro y era hijo de Juan
de Castro y Gregoria de Castro. En 1815 ya estaba casada en Montevideo
formando una compañía
mercantil con Manuel Fernando Ocampo, "la
que siguieron hasta 1823 en que procedieron amistosa y
extrajudicialmente al ajuste de cuentas, liquidación y
finalización de aquella sociedad" según
está inscripto en un protocolo notarial. Luego sus negocios
prosperaron más y mejor y al llegar la época
constitucional debió ser muy rico don Agustín a juzgar
por las repetidas veces que aparece su nombre en los negocions –algunos de ellos peligrosos– de aquel entonces. Pero alguna
inversión desafortunada lo llevó a la ruina y en esa
penosa situación lo encontró la muerte en 1838. El
30 de noviembre de 1819 Agustín de Castro se había casado
con María Genoveva del Carmen de Castro –¿pariente
suya? Apabullante derrota la de Carlos de Castro como Canciller
de Flores. Cuando cometió el desliz tal vez no calibró
las consecuencias: le había pasado el plenipotenciario
inglés, un tal Mr. Letson –el endémico problema de la consulta previa al
tutor de turno–
una copia de los originales secretos del Tratado
de la Triple Alianza,
del que Castro había sido sin duda el artífice. Mr.
Letson, a su vez, pasó la copia a Londres y al Primer
Ministro
Lord Rusell... ¡la leyó en la Cámara de los Comunes! Un
diario antimitrista de Buenos Aires se enteró, publicó la
jugosa noticia con gran alharaca, ardió Troya y Castro
voló en un santiamén del Ministerio. Cualquier otro
gobernante, después de una infidencia tan torpe hubiera quedado
para siempre sepultado en el más oscuro de los olvidos, o por lo
menos sometido a severo juicio político. Pero a Castro no le
pasó ni una cosa ni la otra: salió airoso de la
situación, y tres años después
estaba sentado en el Senado, donde permaneció hasta 1872. En
1874 se le llamó a ingresar al Superior Tribunal de Justicia –la antigua cámara suprema judicial– en cuya sala de
acuerdos también se mantuvo sentado muchos años,
intocado durante el gobierno de Latorre y aún después, no
obstante los vaivenes y cambios políticos. En octubre de 1882 un
conflicto de poderes con la Presidencia de la República culmina
en una digna y altiva renuncia del Tribunal Santos, que no acostumbra a
perder el tiempo, se apresura a aceptar las dimisiones y a sustituir de
inmediato a los dimitentes. Pero por alguna razón muy secreta en
la que a ningún historiador se le ocurrió nunca ahondar –claro: sería meterse en camisa de once
varas, váyase a saber cómo se manejan los hilos muy
secretos a nivel de las estructuras de poder–,
apenas doce días después el camarista renunciante Carlos
de Castro ingresaba al gabinete de Santos como Ministro de Gobierno.
Figuras
de menor talla
que la de su hermano Carlos, fueron las de Agustin y Juan Pedro, ambos
legisladores de la República. El primero, también muy
rico, tuvo palacete en la calle 25 de Mayo, construída por su
sobrino Juan Alberto Capurro
en 1885. El segundo hizo buenos negocios en el rubro inmobiliario, sin
despreciar tampoco otros rubros, y alcanzó el grado 33 dentro de
la organización masónica. Agustín se había
casado el 24 de marzo de 1845 con Laura Mentasti. A su muerte, en 1897,
dejaba tres hijos: un homónimo Agustín; Laura, casada con
Amadeo Geille; y María, esposa del ilustre médico Pedro
Visca. Juan Pedro, por su parte, había contraído nupcias
el 9 de octubre de 1869 con Catalina Caravia, hermana de la mujer de
Carlos y viuda de Coriolano Márquez, un militar blanco que no
estaba emparentado con la familia del patricio don Ramón, y que
murió fusilado en el Paraguay en 1868. Fueron hijos de Juan
Pedro y Catalina: Sofía, que se casó con Antonio
María Rodriguez, hijo de Antonio María Rodríguez y
Gregoria de las Carreras, abogado, magistrado, legislador y
político; Agustín; Catalina; María Luisa, mujer
del afamado médico Manuel Quintela; Juan Pedro, casado con
Amalia Blixen Clarer, hermana de Samuel, entroncado con los
Ramírez del clan Obes; y Enrique, casado con Malvina
Vásquez, hija del Dr. Alfredo Vásquez Acevedo y Juana
Varela. "IN DEO FIDUCIA NOSTRA; Ilust." -
y "Pod.". II." Juan P. Castro, 33
(P.E.S.T.). El Muy Pod. ".Sup.". Consej." y Sr." Gr.". Oriente del
Uruguay, invitan á los MMas.'. RReg..' y en particular a los
MMiembr.' de esos Altos Cuerpos, para el entierro de aquel distinguido
finado, que tendrá lugar hoy 3 de Octubre á las 4 de la
tarde. Casa mortuoria, calle Soriano núm. 198, El Gran
Secretario General." ("El Siglo", Montevideo, 3 de octubre de 1888).
De las cinco hijas mujeres que tuvo el genearca gallego Agustín de Castro con su mujer María Genoveva del Carmen de Castro, tres dejaron prole; Prudencia fundó la larga y conocida familia de los Capurro; Carmen fue la ascendiente de una rama de los Risso y Faustina la de una rama de los Illa. En
1836 se casó Prudencia con
Juan Bautista Capurro,
marino
genovés y también masón, hijo de Alberto Capurro y
Magdalena Consegliere. El cavaliere
Capurro acumuló envidiable fortuna como agente marítimo,
accionista de distintas compañías y
hombre de excelente tacto para las inversiones y los negocios, tanto
que a su muerte, en 1872, dejó a sus herederos un voluminoso
capital situado casi en el millón de pesos, lo que en aquel
entonces era una enormidad. La descendencia Capurro se prolongó
a través de sus hijos Juan Alberto y Federico; el primero,
rutilante ingeniero, arquitecto y empresario, constructor de hermosas
mansiones finiseculares, amén de legislador y Ministro, casado
con Elina Charry; y el segundo casado con Ema Ruano Arteaga. De Juan
Alberto procedieron las generaciones Capurro Aguirre, García
Capurro, Arocena Capurro –tres ramas–; Capurro Mousqués, Castells Capurro y Muñoz
Capurro. De Federico las generaciones Capurro Calamat, Capurro
Castells, Capurro Etchegaray, García Capurro, Varela Capurro,
Capurro Fonseca y Barcia Capurro. Carmen se
casó en
1841 con Esteban Risso, también comerciante rico, natural de
Gibraltar, hijo de Pedro Risso y Rosa Bunone. El matrimonio Risso
Castro, dejó cinco hijos: Pedro, Rosa, María, Enrique y
Balbina. De ellos descendieron, entre otras familias, la de Cassarino y
una rama varonil entroneada con la de los primos Illa. El matrimonio
de Faustina
con Juan José Illa y Viamonte, hermano de la mujer de Florentino
Castellanos, de linaje colonial, y guerrero en el ejército
sitiador de Montevideo, está anotado en San Agustín en
1851. Su descendientes fueron las familias de Illa Moreno, Penco Illa,
Frías Illa, García Illa, Illa Aguirrezábal, Illa
Moratorio y Risso Illa. Gran señor fue
Carlos de Castro. No aparece su nombre en los anales de los grandes
negocios del siglo XIX –aunque sí los
de sus hermanos Agustín y Juan Pedro– lo que autoriza a
imaginar que vivió de los ingentes ingresos de su estudio
jurídico y de los sueldos de sus altos cargos públicos,
estipendios y honorarios que debieron ser excelentes a juzgar por su
opulento tren de vida. Mansión en el centro –el Palacio Castro, frente al Solís, en la esquina
Bartolomé Mitre y Buenos Aires que su sobrino Juan Alberto Capurro le
construyó en 1870– y quinta en el Prado –en Camino Castro–
remanso delicioso a la hechura de los jardines florentinos. Suntuosa
mesa –que hizo época– donde los
mejores vinos se dieron la mano con los más increíbles
manjares. La castellana de aquellas principescas moradas se
llamó Isabel Caravia –hija de
Bernabé y de Dolores Gutiérrez, y hermana de la mujer de
Juan Pedro– dama de señorío
muy especial, apta para seguir en sus veleidades de aristócrata
al Gran Maestre que se habia casado con ella el 12 de octubre de 1861. Varios hijos perpetuaron el linaje de
Carlos de Castro: María se casó en 1885 con
el distinguido abogado Pedro Figari, de quien nadie podía sospechar en
ese momento que pasaría a la Historia como el artista que
revolucionó la pintura uruguaya derramando innovaciones que
algunos contemporáneos suyos interpretaron espandados como un
horror; Isabel fue la mujer del estanciero Felipe Lacueva Stirling;
Dolores, familiarmente llamada Lola, se casó con Antonio
María Marques, hijo del magnate del mismo nombre; Emma fue la
esposa de Javier Larrain Irarrazábal, de vieja cepa chilena. De
los varones, el homónimo Carlos, marido de Elía
Pérez Crosa, hija del Gral. Luis Eduardo, del linaje
Pérez
Castellanos, fue interventor del Banco de la República y
presidente de Ancap; alguna vez decidió terminar sus días
voluntariamente y entonces lo hizo con un gesto digno de las
aristocracias feudales, en un banco de los jardines de la ex-quinta de
su padre, que entonces ya había sido expropiada y anexada al
Prado. Agustín, que fue Cónsul en Burdeos y
Marsella, se casó en 1885 con Lucía Ruano
Arteaga, hermana de la mujer
de su primo Federico
Capurro; Julio se casó
en 1905 con María Angélica Martinelli Gianelli; Alfredo,
abogado y diplomático, con Idilia de Azevedo Tourem; y Eduardo
con Olivia Dupont Martínez. Este último había
integrado la Asamblea Constituyente de la que salió la Carta de
1918, pero acaso fue más célebre como dandy y sportsman
del 900; en setiembre de 1903 era jugador de Nacional en el equipo que
obtuvo para el Uruguay la primera resonante victoria
futbolística internacional. Eran aquéllos los tiempos en
que el deporte aún no había sido invadido por la plebe y
se mantenía como coto cerrado de una jeunesse
dorée que
quemó en los fuegos artificiales de la belle
époque hasta
el último de sus refulgentes destellos y que al llegar el
año 1941, cuando Eduardo murió, peinaba canas y
vivía de recuerdos."
ESTIRPE DE LOS DE CASTRO
Juan
de Castro - Gregoria
de Castro
Agustin de Castro -
María Genoveva del Carmen de Castro
(hija de José
Ambrosio de Castro y Bernarda Buela)
Agustín (Legislador) - Laura Mentasti Agustín Laura María - Pedro Visca Juan Pedro (Legislador) - Catalina Caravia Sofía - Antonio Maria Rodríguez Agustín Catalina María Luisa - Manuel Quintela Juan Pedro - Amalia Blixen Claret Enrique - Malvina Vázquez Carlos (Canciller de Venancio Flores) (1835-1911) - Isabel Caravia (hija de Bernabé Caravia y Dolores Gutiérrez) Maria - Pedro Figari Isabel - Felipe Lacueva Stirling Dolores- Antonio María Marques Emma - Javier Larrain Irarrazábal Carlos - Elía Pérez Crosa Agustín - Lucía Ruano (de) Arteaga (hermana de la mujer de su primo Federico Capurro) Julio - María Angelica Martinelli Gianelli Alfredo - Idilia de Azevedo Tourem Eduardo - Olivia Dupont Martínez Félix Enrique -> Prudencia (1821 - 1888) - Juan Bautista Capurro Juan Alberto - Elina Charry Agustín Federico - Ema Ruano (de) Arteaga Eduardo Carmen - Esteban Risso (hijo de Pedro Risso y Rosa Burone) Pedro Rosa María Enrique Balbina Balbina Faustina - Juan José Illa y Viamonte María en su quinta del Prado Montevideo, ca. 1903 Fuente: Historias de la vida privada en el Uruguay. Bajo la dirección de José Pedro Barrán, Gerardo Caetano y Teresa Porzecanski Montevideo, Ediciones Santillana 1996, Tomo 1 "La prole
familiar rodea al anciano matrimonio en un gesto ritual
que consagra, en la vida cotidiana de 1900, la continuidad histórica de la "familia modelo", cuyas pautas de privacidad emergieron en aquella generación formada por los jóvenes de clase alta, entre 1860 y 1870." (p. 59) "El pater familiae retratado en 1860 y
1870 era ya, a principios del Novecientos,
un venerable anciano que había logrado imprimir continuidad a la empresa familiar y contaba entonces con una prolífica descendencia, reunida en amplísimos grupos familiares imposibles de ser captados por el pintor y casi inabarcables para la lente fotográfica. Al mismo tiempo que se afirmaba lentamente cierto consenso en torno al matrimonio tardío y a la contención de la familia, las fotografías registraban dilatados núcleos familiares, propios de ciertas capas sociales ya consolidadas durante la belle époque del Novecientos. Por lo general, esos retratos se ubicaban en un marco de frondosos follajes característicos de las casasquintas del Prado y de Colón o de amplios y decorados patios interiores pertenecientes a las masiones del Centro. Hay en este período un "descubrimiento" del entorno cotidiano como escenario de lo privado, que busca ser registrado en la fotografía de grupo familiar." (pag. 60) Detrás de Isabel Caravia
de de Castro
(sentada junto a Carlos de Castro) se encuentran María de Castro Caravia de Figari y su marido Pedro Figari (con barba) ![]() Retrato
de María de Castro de Figari (1907)
Oleo de Pedro Blanes Viale (1879-1926) Museo Nacional de Artes Visuales Montevideo, Uruguay ![]() La casa de los Quinteros Oleo de Pedro Blanes Viale ![]() Pedro Figari (1861-1938) ![]() Atardecer en la Quinta de Castro Oleo de Pedro Figari ![]() |
Extractos
(textos y fotos) tomados de: EL
PRADO
URBANISMO
Y ARQUITECTURA DEL PRADO. Desde sus orígenes hasta los
años
veinte
Prof. Daniela Tomeo Daniela Tomeo Gaiero: Profesora de Historia (egresada del IPA), especializada en Historia del Arte y del Diseño en talleres de plástica del Ministerio de Educación, Universidad ORT, etc. Tareas de investigación en la Cátedra de Historia del Uruguay de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de cuya Licenciatura de Historia completó los cursos. Coautora de "Enciclopedia del Uruguay" y del libro "Carrasco: el misterioso encanto de un barrio." Ejerce la docencia en Enseñanza Secundaria (Preparatorios de Arquitectura), en talleres de Plástica de la IMM y con grupos particulares. . De chacras a un
barrio montevideano
"Las "chácaras" que fueron el orgullo
de los orientales.
Montevideo era solo una fortificación amurallada cuando en 1729 llegaron las primeras familias canarias a poblarla. Los valientes isleños fueron recompensados con un solar en la ciudad, una suerte de estancia y una "chácara" a orillas del arroyo Miguelete, cuya delineación había encomendada al capitán Pedro Millán dos años antes. La finalidad de las chacras sería, evidentemente, la de proveer de frutas y verduras a los vecinos, para ello todas tenían 400 varas de frente sobre el arroyo y estaban separadas entre sí por calles abrevaderos de 12 varas de ancho. Los proprietarios tenían un plazo de tres meses para construir sus ranchos y barracas y para cultivar y sembrar la tierra. ![]() Nuestra vida colocial fue breve, duró menos decien años, que sin embargo fueron suficientes para que las plantas crecieran a orillas de un arroyo que las regaba generosamente y que servía como vía de comunicación fluvial entre los vecinos. En 1749, veinte años después de su fundación, Montevideo contaba ya con 86 chacras en las que se producían todo tipo de hortalizas y frutas. El Presbítero José Manuel Pérez Castellanos señalaba desde su chacra del Miguelete hace un siglo en sus "Observaciones sobre la agricultura", que la producción era tan abundante que se exportaba a Buenos Aires, motivo de orgullo para los proprietarios: "El arroyo del Cuello, el de Toledo, el del Cerrito y sobre todo el Miguelete, están llenos de arboledas frutales y son el teatro en que estos nuevos colonos manifiestan su industria" (...) "hasta las señoras que tienen alguna posesión en el campo hacen de esta su vanidad, lo que ha provenido de que se ha ennoblecido este ramo de la agricultura." (El país de los orientales. Mont y sus campos en 1787. pág. 98) Las aguas del Miguelete además de servir de riego y comunicación, fueron fuente de energía para el primer molino de agua que tuvo la ciudad, establecido en 1750 por el jesuita Cosme Agulló. Desde entonces esa zona del Miguelete se conoce como el Paso del Molino. También se desarrollaban otras actividades económicas en los alrededores del arroyo. Entre el Miguelete y el Arroyo Seco, cerca de la costa, la Compañía de Filipinas había instalado en 1798 el "Caserío de los Negros". El Caserío consistía en un par de galpones en el que se "depositaban" los negros para cumplir con la rigurosa cuarentena exigida a su llegada al puerto antes de ser vendidos. En la misma época Francisco Antonio Maciel tenía un matadero transformado en saladero. Juan María Pérez tenía su desembarcadero de esclavos un poco más cerca de la ciudad en la zona de Arroyo Seco y Capurro tenía el suyo en la zona que hoy lleva su nombre." (págs. 17-18) ----------------------------------------- Notas
de los editores de este sitio sobre la esclavitud en el Uruguay
César Vidal Manzanares: La lucha contra la esclavitud: "A lo largo Cualquiera de estos procesos
emancipatorios es dudoso incluso que hubiera
comenzado sin los precedentes "El
Un censo practicado en 1778 indicó un total de 1368 esclavos, suma equivalente al 20% de la población montevideana de entonces. Con el crecimiento y desarrollo de Montevideo, el número de esclavos aumentó considerablemente llegando, en 1790, a 5.000 aproximadamente, más de la población total. Las condiciones sanitarias en que llegaban los pobres infelices hacinados en las bodegas, mal alimentados y sin condiciones higiénicas de ninguna clase, causaron mortandad y afecciones graves que alertaron a las autoridades responsables de la salud pública. En cierta oportunidad, el Cabildo de Montevideo, teniendo en cuenta que el depósito de los negros se hacía dentro del pueblo, procedimiento que estimó "opuesto a la piadosa mente del soberano que no vigila en otra cosa que proporcionar a sus vasallos por cuantos medios le dicta su tierno amor, la mayor sanidad y preservarlos de todo contagio"......... dispuso una serie de medidas profilácticas con respecto a la introducción de negros que viene cubiertos de sarna y llenos de otros males capaces de infectar la parroquia, por lo cual "corresponde prevenir el daño general que pueda esparcirse en la ciudad........ " Las disposiciones de orden higiénico comprendían la creación de una Junta de Sanidad, la obligación de visitar los buques que hacían tráfico de negros y la permanencia en puerto por un plazo de cuarenta días." - Alex Borucki et al.: Esclavitud y trabajo: El proceso de abolición de la esclavitud en el Uruguay (1841-1862) "El nacimiento del Estado Oriental
fue paralelo a la progresiva aprobación de leyes y decretos en
pos de la libertad de vientres y de la prohibición del
tráfico de esclavos. Sin embargo, el proceso de abolición
solo se inició decididamente a partir de la coyuntura abierta
por la Guerra Grande. Hubo manumisiones parciales vinculadas a
conflictos bélicos desde el período colonial, continuando
tales prácticas durante la revolución en el Río de
la Plata, y extendiéndose hasta las guerras de independencia
contra el Brasil. Las leyes de libertad de vientres, propias de la
legislación contra la esclavitud, se elaboraron desde los
tiempos de la revolución, de la independencia, y figuraron en la
primera Constitución. En los primeros años del
Estado Oriental se promulgaron disposiciones para prohibir el
tráfico, cuya reiteración evidencia su relativa
efectividad. Recién en 1839 se firmó un tratado con Gran
Bretaña para terminar con la trata, el cual fue ratificado en
1841. Ese mismo año se iniciaron las prácticas de
manumisión vinculadas a la Guerra Grande. Solo un contexto
político internacional favorable y una coyuntura bélica
apremiante determinaron la concreción de la abolición. Más allá de la
legislación y de los discursos contra la esclavitud, las
prácticas de manumisión del poder político fueron
signadas por una dinámica estrictamente bélica."
(pág. 11). Ver también: Wikipedia: Población
negra en Argentina. ------------------------------------------ La arquitectura doméstica: De las villas al chalet. El eclecticismo en las villas montevideanas "Durante la época
de la
colonia, la arquitectura doméstica se caracterizó por sus
fachadas simples,
technos de azotea y patios centrales. Es a partir de ese
momento que se
construyeron las más espléndidas casas quintas o villas El eclecticismo de las
quintas era
exuberante y polémico. La influencia palladiana
se manifestó
en casi todas ellas. Las columnas y las balaustradas abren amplias
logias que
invitan a la vida social y a las que se accede por importantes
escalinatas
ubicadas en el frente, que acentúan la axialidad El mirador fue un
elemento
distintivo en estas construcciones, importante por el entorno natural
en que se
ubicaban. Desde muchas de ellas se observaba la bahía, en una
ciudad muy baja,
que en 1900 apenas tenía cuatro edificios de más de cinco
pisos.
Nota de los editores
de este sitio: Se trata de la casa de Juan Pedro de Castro, hermano de
Prudencia, que fue legislador y llegó
a ser grado 33 dentro de la organización masónica, y
fue casado con
Catalina Caravia.
El
'CAVALIERE' CAPURRO Y SU LEGADO Rolf
L. Nussbaum: "Las huellas del ayer" Rolf L. Nussbaum:
nació en Frankfurt/Main, Alemania. Radicado en Montevideo desde
1941. Tiene una larga Sobre
la "Ordine dei Santi Maurizio e Lazzaro" ver aqui
![]()
Federico E.
Capurro: "Una Memoria Más 1963-1966"
"Agosto 14 de 1964
Entro en este
tema con
cierta preocupación. Temo, por demasiado vivido, perderme en lo
baladí, en pueriles aspectos de ocasionales episodios y de
vinculaciones pasajeras. Fue el "Prado"
zona
residencial para numerosos miembros de mi familia unidos hasta el
segundo grado: mis padres en Lucas Obes y Buschental, e igualmente mi
hermana Lucía C. de Barcia; en 19 de Abril, hermanos
también Olga
C. de Varela y Juan, el primogénito, con quienes compartimos
el cerco vivo divisorio. Todo esto me ha
sugerido
un deber de consecuendia que hoy me dispongo a cumplir, pese a las
debilidades en que pueda incurrir. Es el parque
más
viejo de Montevideo, y naturalmente por viejo, no había de verlo
nacer, pero, sí, desde su pubertad lo vi crecer. Obedeciendo a
preferencias paternas, no por mi propio gusto, era un niño,
caí en el Norte, y más tarde ajustüandome a la
tendencia transmitida por herencia fijé espontáneamente
mi domicilio en sus alrededores. En aquellos
lejanos
tiempos el Norte estaba de moda. Las más valiosas quintas
lucían sus verjas en las principales avenidas. La nuestra no se
había exactamente alineado entre ellas, aunque en la misma zona
cerca de la costa con vista al mar. Vivíamos entonces en una
gran casa con amplio jardín, edificada por mi abuelo, Juan
Bautista Capurro, sobre la barranca que elevábase frente a la
playa - a la que el público dióle su nombre -, con
entrada por el camino también homónimo y único
acceso a la zona situada tras de la curva central de la bahía.
Era aquella heredad, comprada por pocos patacones, un desierto dedicado
a la explocatión de arena y agua dulce extraída de
múltiples pozos perforados en las inmediaciones del Arroyo
Miguelete, cerca de su desembocacura, con destino a los barcos anclados
en el puerto, que así llenaban sus cisternas y cargaban lastre.
Agua aquella que en cierta ocasión fuera generosamente donada
por mi abuelo, bálsamo durante una larga sequía que dio
motivo a que se agotaran los aljibes de todo Montevideo, y los
arroyuelos de sus alrededores. En el extremo
opuesto de
aquellos arenales, se había desarrollado un modesto balnerario,
importante atracción del Norte, hacia el cual durante varios años
persistió una afluencia considerable de familias, determinando
una corriente que había de contribuir a dar a las avenidas
Agraciada, Millán, Larrañaga y a algunas
calles transversales, el carácter pintoresco que aún hoy
conservan, particularmente suntuoso en las proximidades del "Prado", y
preferidas para levantar las hermosas mansiones que caracterizaron la
distinción del lugar. Escribo situado
entre
fines y principio de siglo. Sólo hasta entonces, mis recuerdos
alcanzan a dibujarse en mi memoria, y a ellos me traslado, sin
historiar el génesis del "Prado" pero sintiendo la influecia
lejana de los días en los cuales aparece, como creadora, la
descollante figura de hombre de empresa Dn. José
de Buschental. Conocí,
pues,
nuestro parque en su pristina edad y rústico aspecto, sin los
perfeccionamientos y ensanches posteriores, pero sí con la gran
avenida de eucaliptos que le dio su fisonomía, y los
plátanos de 19 de Abril - que habrían de sugerir a esta
arteria, la suya - en su primera infancia, aún sujtos a tutores.
Campo a ambos lados, surgiendo la primera cancha de fútbol al
oeste, en tierras aún baldías, y el resto salpicado
únicamente por una que otra vieja casona arraigada allí
como muestra de más pretéritos tiempos. Y no eran
enteramente
inútiles aquellos terrnos despoblados, Allí
acudíamos los muchachos del barrio a remontar cometas,
particularmente en primavera, estación de los buenos vientos.
Por supuesto, sin poner en nuestro juego el espíritu idealista
con que Somerset Maugham ve en la elevación del "kite" del
cuento, una invocación de misteriosa influencia. No; muy
diferente significado había de descubrirse en nuestros
pensamientos. Era de lucha, de guerra, instinto que se revela en la muy
temprana edad de las almas humanas. Añadíamos,
con perversa intención, una navaja afilada en el extremo de la
cola estabilizadora, con la finalidad de cortarle el hilo tendido de
las manos del vecino, a su cometa, entablándose así una
pelea en el espacio. Y lograda la travesura, caía la herida
envuelta en sus cintas y piolines, dando tumbos en el aire, como un
avión ametrallado. Seguían delirantes exclamaciones de
parte del vencedor, y lamentos y hasta lágrimas del vencido, que
corría a recoger los despojos de la combatiente dorrotada. La playa
Ramírez
iniciaba su rivalidad inclemente con el Norte, y no tardó en
seguirla Pocitos. Hubo, pues de pronto, un vuelco hacia al Sur, que, a
pesar de su ímpetu, de la tremenda absorción ejercida,
fue resistido por los opuestos norteños que
conservaron sus posiciones, aunque sólo en parte. Lograron, en
cambio, concentrar su antes preponderante influencia a fomentar la
diversificación de una heterogénea población
espontáneamente distribuída en separados barrios
sometidos, más tarde, a correctas reglamentaciones municipales. Pero, por
supuesto, con
ritmo lento en tanto que la zona austral progresaba vertiginosamente. Con todo,
prosiguió el "Prado" destacando su hermoso complemento urbano
traducido en un verde conjunto forestal, dentro del cual funcionaba un
reducido hotel que fuera ressidencia señorial del
propietario de las tierras. Construcciones dispersas emergían de
las arboledas: un chalet, anexo de la casa central posteriormente
demolido, los invernáculos y las caballerizas, conocidas
también estas últimas como granja suiza, que el Gobierno
Departamental, al recibir la administración del parque,
acondicionó para instalar servicios exigidos por la
conservación del parque. Esto era el
"Prado"
setenta años atrás.
No obstance su simplicidad, daba la impresión de un cautivante y
amplio rincón abierto de la ciudad, en el que los añosos
árboles y las perspectivas pintorescas invitaban al
esparcimiento y al ensueño. Nada
más seductor podía ser, para el público, tal
gratuíto usufructo sin salir de los confines de la planta urbana
de la capital. De ahí
que feura
solicitado para reuniones al aire libre, para fiestas sociales y
certámenes deportivos. Entre las primeras, la evocación se detiene ante los desfiles de carruajes en los corsos organizados a lo largo de la avenida de eucaliptos unida a la circular que rodeaba el hotel, sin autos asfixiantes ni serpentinas insípidas y molestas, sino con flores rebosantes de frescura, colores y perfumes elocuentes, infundiendo alegría y despertando intercambios de mudas expresiones sentimentales. Sin apoyo
municipal,
subvenciones, carrozas grotescas, ni reinas contratadas, esos corsos
eran dirigidos por comisiones designadas para tales cometidos, e
integradas con jóvenes de más o menos veinte años, que
actuaban con entusiasmo, en especial modo aquellos a quines
dábase la ocasión para cabalgar en briosos corceles
cedidos por la Policía Montada, y circular a través del
vaiven animado por la agitada batalla de proyectiles fragantes.
Caracterizados en su misión, vestían impecables jaquets y
galeritas oscuras. Cabe advertir, por lo demás, que ni la
vigilancia ni el orden reclamaban una atención sostenida. La
flamante brigada policial se ocupaba, en seguir a pocos pasos, las
volantas y los breaks en los cuales con más ardor
manifestábase la violencia de la batalla. Para colorear
el cuadro
débese también llevar el pincel frente al atardecer, que
afalta de luz artificial, contábase con los últimos
rayos del sol poniente y, en todo caso, con la luna que había
de reflejar los suyos con ventaja. Cabe hacer
presente
aquí, como homenaje a fieles vinculaciones entre antepasados,
que a pesar de la numerosa descendencia del matrimonio Rotondo, siete
hijos, sólo sobrevive, en buena edad, un nieto, Felipe,
apreciado profesor de música y Director de un Conservatorio con
sede en la Av. 19 de Abril, donde responde a la más
legítima estirpe norteña. Las familais
del Norte se
inclinaban, entoncese, a renunciar al largo viaje en tranvía de
caballos a Ramírez, ya que podían tener a mano iguales
arenas blancas, aguas claras y firmeza en el suelo, tan firme que sobre
él frecuentemente se concertaban carreras de caballos en las que
se alineaban imberbes jinetes, poseedores de caballitos más o
menos bien enjaezados, tal cual hoy, con igual libertad, conducen autos
los mismos arrogantes hijos de papás condescendientes. Y
también tal
suelo de arena se prestaba para practicar las llamadas "chinchadas"
entre percherones y fornidas mulas. Colocados en opuestas direcciones,
eran obligados a desplegar sus fuerzas musculares, hundidas las cuatro
patas en el terreno, en tanto uno de ellos no lograse arrastrar a su
ocasional adversario. Divertido
cotejo de vigor
y resistentica, en el que se jugaban sumas crecidas, con demasiada
rapidez ganadas o perdidas, no siempre a causa del poderoso dominando
al más débil, sino por falta de tenacidad en la prueba.
Buen ejemplo podrían deducir de las "chinchadas", los vacilantes
hombres que muy frecuentemente ceden por inconsecuencia que no por
incapacidad. Pero el parque del "Prado" había de sobrevivir y prosperar al amapro de las comunicaciones. Acogió entre sus avenidas arboladas la Exposición Rural que le dio categoría, no obstante su periódica escasa actividad, y la deficiencia arquitectónica de sus instalaciones: algo mejor merecía la exhibición de nuestra mayor riqueza cuyo progreso gradúa el índice de bienestar de la República. Y en el mismo local, las domas y jineteadas espectaculares, atraen considerable público en las clásicas semanas de turismo. Canchas de fútbol llevan también el entusiasmo deportivo a los que fueron campos baldíos desamparados, haciendo resosar entre las viejas arboledas el vocerío de los "hinchas" tras los goles decisivos. Asimismo dos clubes de tenis, con sedes en las opuestas entradas, contribuyen a movilizar la concurrencia. Monumentos recordatorios desparramados en el parque y eirigdos como perennes homenajes a figuras eminentes del pasado, coinciden en aportar su artística colaboración decorativa, rompiendo con mármoles y bronces, la monotononía de los verdes dominantes propios de la frondosidad del paisaje (...)."
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Casa quinta de Raffo
Fuente: Denise Caubarrère, Flavio Monzón y Nelson Olivera, Editores:
EL
PRADO Fecha: 1870 -
ampliación 1929 "Los Proprietarios El primer
proprietario del terreno fue Don Tomás Texera, uno de los
primeros pobladores de la ciudad procedente de las islas Canarias.
Luego de pasar por varias manos y de un período de abandono a
causa de los acontecimientos revolucionarios, fue adquirida en 1832 por
Don Francisco Xavier de Viana y continuó perteneciendo a su
familia durante treinta y cinco años, sin que se
construyera en ella más que una casa modesta. En 1870 el
cónsul italiano en Montevideo, el Dr. Juan Bautista Raffo
solicitó al Ingeniero urugayo Juan Alberto Capurro, la
realización de esta quinta, que ocupará por poco tiempo.
Raffo había comprado el terreno tres años antes y
había adquirido también otros terrenos linderos, con lo
cual completó un predio de 8 hectáreas. En 1872 el
inmueble es comprado por Clara
García de Zúñiga,
y en ella nace su hijo el escritor y dandy montevideano Roberto
de las Carreras. El mirador de la quinta fue construido para Clara
quien pasó allí muchos años recluida por
su familia. Su
último proprietario, el Sr. Morales, la habitó con su
familia durante 35 años y la
vendió al Municipio en 1929. el Municipio contrató su
reforma y ampliación al Arq. Eugenio Baroffio con la
intención de transformar la quinta en un museo dedicado al
pintor nacional Juan Manuel Blanes. El museo se inauguró al año
siguiente en el centenario del nacimiento del pintor. La arquitectura El Ing. Capurro
(1) eligió un lenguaje clásico y realizó una villa
"neopalladiana" con un importante pórtico oval (que estuvo
cerrado temporalmente cuando perteneció a García de
Zúñiga) y una logia
que recorre tres lados de la casa. La simetría de la fachada y
su organización tripartita: basaamento, desarrollo y
coronamiento, la cornisa, las balaustradas y esculturas que la rematan,
confirman plenamente el clasicismo de la obra, reflejando la
formación italiana de Caurro y del proprietario que era
justamente el cónsul de aquel país. La quinta fue
una de las más importantes de la zona, por su severa y
majestuosa apariencia y por los materiales con que se había
construido que incluían mármoles de Carrara y maderas
finas. La
intervención del Arq. Baroffio refleja un enorme respeto por el
edificio y su proyecto original ya que no altera la fachada ni el
edificio construído por Capurro. Atendiendo la nueva
función que cumpliría el inmueble como museo, Baroffio
agrega dos alas laterales simétricas que funcionan como grandes
salas de exposición iluminadas cenitalmente y sin contacto con
el exterior. Las salas cierran lateralmente un patio abierto porticado
conarcos de medio punto que enfatizan la vocación clásica
de la quinta. Este claustro cuenta con un estanque central. La
galería posterior, abierta al jardín, lo intergra al
edificio, creando un eje de luz que cruza la casa a través de
las puertas vidriadas que se abren respectivamente al ingreso y al
claustro. --------------- ![]() ![]() Palacio Santos
exterior ex casa del Presidente M. Santos y actual sede del Ministerio de Relaciones Exteriores ![]() Palacio
Santos
interior ![]() ![]() ![]() Palacio
Estévez
actual Ed. Independencia fue construído en 1873 por el Ing. Edouard Manuel de Castel por encargo del comerciante Francisco Estévez para viviendas y comercios. En 1879 el edificio fue comprado por el Gobierno de Latorre y fue adaptado para funcionar como Casa de Gobierno. Le cupo al Ing. Juan Alberto Capurro proyectar y dirigir su adaptación. Más adelante, en 1987, se hizo una segunda adaptación. Actualmente el edificio se usa para cumplir funciones protocolares de la Presidencia. ![]()
Capurro Capurro playa, parque, estación balnearia y barriada montevideana, es un arraigado nombre capitalino. Es uno de los mas hermosos parajes que se recuestan sobre la bahía de Montevideo. Paraje y paisaje, porque la vista que se disfruta desde la playa de Capurro es, sin duda, una de las mas elocuentes de la ciudad, con su paisaje portuario a la izquierda, la pequeña mole del Cerro enfrente, absolutamente emblemática con fortaleza y todo, y la península estirandose como un bostezo, a lo lejos, con esos edificios que dan a Montevideo tono de urbe mayor, empezando con el Palacio Salvo y siguiendo por la Catedral, el Correo, la Iglesia de Lourdes, el edificio de la Aduana y tantos mas . . . Capurro,
entonces, paisaje elocuente de barcos fondeados o abandonados en la
bahía, paisaje costero y portuario, para el recuerdo, para la
fotografía del aficionado, para la nostalgia. Con una
iluminación distinta según sea de mañana o de
tarde. Con actividades diferentes según sea de día o de
noche. En 1836 se había casado aquí con doña Prudencia de Castro, fundando una honorable familia. A su muerte, en 1872, la fortuna que dejaba a los herederos alcanzaba el millón de pesos, suma verdaderamente caudalosa para su tiempo. A su hijo Juan Alberto, ingeniero, arquitecto y empresario, amén de legislador y ministro, Montevideo debe importantes obras públicas y privadas, entre otras muchas, el histórico puente que une Montevideo con San José, en la Barra de Santa Lucía, construído en 1925. En la zona donde había estado establecido el Caserío de los Negros, en la margen izquierda de la desembocadura del arroyo Miguelete, el armador genovés adquirió un predio donde edificó una hermosa casa quinta, de 24 cuadras cuadradas, rodeada de paradisíacos jardines, que pobló de pájaros y especies forestales. La quinta de Capurro, que estaba frente a la playa antiguamente denominada "Honda", sobre la bahía, se llamó "La Meca", y allí vivió su fundador con su esposa y demás familiares hasta que falleció. Según el
historiador Aníbal Barrios Pintos, los arenales y pozos de agua
existentes en la costa de "La Meca", sobre la "playa Honda",
continuación natural de los pozos de la Aguada, fueron
explotados por Capurro con destino a los buques de ultramar que
regresaban sin carga a Europa y necesitaban lastre y, por supuesto,
agua dulce. La instalación de la "Compañía de Tranvías al Paso del Molino y Cerro", desde 1869, trajo importantes cambios al paraje y gran afluencia de visitantes. Los trenes eran tirados por caballos y se establecieron dos ramales desde la calle Agraciada hasta la costa. Uno iba por la actual calle Capurro hasta la bahía, y el otro por la calle Francisco Gómez hasta la vía férrea, que había sido inaugurada el 1o. de enero de aquel año 1869. El tranvía popularizó la playa de Capurro como estación balnearia. En 1872, la Compañía de Carritos de Ramírez y Capurro atendía un recreo, donde se expendía agua mineral de Vichy. Las familias de Montevideo iban hasta allí en tranvía, en sus propias volantas o en coches de alquiler, con el objeto de tomar sus refrescantes baños de mar. Cuando se estableció el vaporcito que hacía la carrera desde el puerto al cerro, en las temporadas estivales, tanto en el viaje de ida como en de vuelta, existía una escala en el muelle de Capurro. Según
cuenta don Isidoro de María, en 1866, con motivo de una gran
sequía, Giovanni Battista Capurro "se ofreció a traer
toda la precisa de su establecimiento". En sólo 18 días
se repartieron entre el vecindario 2.133 pipas de agua, costando ese
servicio a la Comisión de Salubridad 1.514 pesos. La estación balnearia, hotel y parque de Capurro fueron proyectos de los hijos del genovés, Juan Alberto y Federico, quienes crearon, al finalizar el siglo XIX, la sociedad denominada "Gran Balneario de Playa Honda", cuando el paraje se conocía todavía con el nombre de la playa. Esa sociedad confió al arquitecto Juan Tosi los planos para la construcción de un hotel para 450 pasajeros, con 285 habitaciones y un restorán, terrazas, gimnasio y sala de hidroterapia. Pero la crisis del año 90 frustró este ambicioso proyecto. La quinta fué fraccionada y vendida, permaneció solo el casco, donde tuvieron su sede las escuelas públicas Nos. 47 y 108, cuyo moderno edificio sustituye hoy a la vieja casa de los Capurro. En 1910, en los terrenos de la costa, se inauguró el "Parque Capurro", trazado por el ingeniero alemán Julio Knab, cuya parte arquitectónica, de amplias y hermosas escalinatas y demás construcciones, fué obra del arquitecto florentino Juan Veltroni. El paso del siglo XX redujo a recuerdos el hermoso parque que ya casi nadie visitaba. Sin embargo, la construcción de la nueva ruta de salida al Oeste, que en algún momento amenazó destruirlo definitivamente terminó poniendolo en vigencia nuevamente. En 1988, las construcciones planificadas por Veltroni fueron recicladas por el Municipio. Nota de los editores de este sitio: Hay un error de Godaracena cuando atribuye a Juan Alberto Capurro la autoría del puente viejo de la Barra de Santa Lucía, inaugurado en 1925, cuando el autor fue Federico E. Capurro. Juan Alberto murió en 1906. |
















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